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La derrota de Obama

Published on: domingo, 12 de febrero de 2017 // , , , ,

Por RABIOSO

La ‘etapa Obama’ de la hegemonía americana ha sido un fracaso total para los intereses del imperialismo estadounidense, amenazando la continuidad de su hegemonía. La aparición de Trump busca dar un giro en la línea seguida por EEUU antes de que sea demasiado tarde. 
Para entender por qué es necesaria la política exterior de Trump, basta dar un repaso a los fracasos de Obama:
§  La política social de Obama estaba marcada por un neoliberalismo radical, que ha mandado a la pobreza y precarización de amplios sectores de la población. Al mismo tiempo Washington ha apoyado el ‘liberalismo identitario’, lo que ha permitido al Gobierno obtener el apoyo de amplios sectores de la población en el interior y exterior de EEUU, favoreciendo la aparición de una ‘izquierda’ domesticada y eliminando toda resistencia basada en una línea de clase. Ese apoyo se ha reducido con el paso del tiempo, llevando a la derrota de Hillary ante la evidencia de que la política económica de Obama perjudicaba a la clase trabajadora y continuaba la desintegración de la clase media, mientras el famoso 1%, la cúspide de la pirámide social, no paraba de aumentar su riqueza.
§  La política económica de Obama ha aumentado hasta la estratosfera el endeudamiento de EEUU, mientras en paralelo a nivel internacional tenía lugar el principio del fin de la globalización neoliberal. El intento de Obama de imponer diversos tratados de libre comercio (TPP, TTIP…) para reformar la economía global en beneficio de EEUU y de paso cercar a China y Rusia ha dado lugar a una resistencia creciente entre sus principales aliados (la UE y Japón), que han bloqueando de facto su puesta en marcha. La consecuencia es la actual guerra comercial no declarada entre la UE y EEUU, que ha dado lugar a las multas de miles de millones de EEUU contra BNP Paribas y el Deutsche Bank, los mayores bancos de Francia y Alemania respectivamente, y Volkswagen, una de las ‘joyas de la corona’ de la industria alemana, mientras Bruselas respondía imponiendo una multa de miles de millones a Apple y a finales de 2016 anunciaba sanciones (aún por ver) contra Google.
§  La política exterior de Obama, centrada en el uso masivo de ‘revoluciones’ teledirigidas y apoyadas por la ‘izquierda domesticada’ tan solo han servido para sembrar el caos y suministrar argumentos contra la hegemonía de EEUU a Rusia y China, sus mayores oponentes a nivel militar y económico respectivamente. Con el paso del tiempo se ha visto además que tras el camuflaje de ‘revoluciones populares’ en realidad se escondían golpes de estado, como los llevados a cabo por grupos neonazis en Ucrania o por islamistas como los Hermanos Musulmanes en el mundo islámico. El empleo de la rusofobia en el Maidan ucraniano, el salvaje linchamiento de Gadafi en Libia o el salvajismo yihadista en Siria en lugar de remodelar Oriente Medio como quería Washington han justificado la vuelta de Moscú como una gran potencia a la arena internacional.

Siria, un desastre geopolítico que amenaza la hegemonía de EEUU

Un ejemplo perfecto de la desastrosa política exterior de Obama es como Rusia ha aprovechado sus errores para recuperar el estatus de potencia global y presentarse como su principal rival.
§  En 2013, el apoyo ruso al régimen de Assad mediante un gigantesco despliegue naval en la costa siria impidió una intervención de Occidente (según se ha sabido posteriormente, Washington planeaba arrasar la defensa siria mediante el lanzamiento de 650 misiles de crucero, como se hizo en Libia). La negativa del Parlamento inglés y del Congreso estadounidense a llevar a cabo un ataque en esas condiciones forzó a Obama a capitular, provocando la rebelión de Erdogan contra EEUU que ha desestabilizado a la OTAN y ha dado lugar a la aparición del ISIS como instrumento turco para imponer sus intereses en la región.
§  En 2014, Moscú respondió al golpe pro-occidental en Ucrania con una versión pro rusa de las ‘revoluciones de colores’ en el Donbáss y Crimea, impidiendo el triunfo de los neonazis en el Maidan. De esta forma Putin forzó a la UE a negociar en Minsk dejando de lado a EEUU, cuya principal responsable del desastre ucraniano (Victoria Nuland) había dicho ‘fuck the EU’. Al mismo tiempo, la catastrófica situación económica de Ucrania forzó a EEUU, a través del FMI, a romper sus reglas para impedir el hundimiento económico del régimen golpista.
§  En 2015, Turquía intentó de nuevo derribar al régimen sirio mediante una ofensiva yihadista que tomó Idilb, combinada con una masiva e inesperada ola de refugiados teledirigida por Erdogan para forzar a Bruselas a apoyar una intervención. Moscú respondió con su primera intervención militar a gran escala en el exterior del antiguo territorio soviético desde la guerra de Afganistán, cambiando el equilibrio de fuerzas sobre el terreno y haciendo imposible derribar el gobierno sirio. Kerry, secretario de Estado de EEUU (puesto equivalente al de un ministro de Asuntos Exteriores), reconoció que habían esperado que los yihadistas del ISIS forzasen a Asad a negociar, pero en lugar de ello éste decidió buscar el apoyo de Rusia.
§  En 2016, el apoyo de Obama al YPG/PKK en Siria dio lugar a crecientes tensiones entre Turquía y Washington, provocando la retirada de los misiles Patriot desplegados por EEUU en la frontera turco-siria. Tras el fracaso del golpe contra Erdogan las tensiones aumentaron aún más, y EEUU se ha planteado retirar sus armas nucleares desplegadas en Turquía. La reacción de Erdogan fue distanciarse de la UE y la OTAN, pedir la entrada en la Organización de Seguridad de Shangái (creada por Rusia y China para hacer frente a EEUU) y llegar a un acuerdo con Rusia para la construcción del gaseoducto Turkish Stream, una versión modernizada del South Stream vetado por Washington.
§  A comienzos de 2017, mientras Obama abandonaba la Casa Blanca, el ejército sirio ha logrado expulsar a los yihadistas del este de Alepo gracias a un acuerdo entre Turquía y Rusia. Esto ha permitido al ejército turco intervenir en el norte de Siria sin que Rusia lo impidiese, haciendo imposible la unificación de los territorios en manos del YPG/PKK para impedir la aparición de facto de un estado kurdo en la frontera de Turquía, como quería Erdogan. Esto al mismo tiempo ha beneficiado al régimen de Assad, al ralentizar el avance hacia Raqqa del YPG/PKK, que había declarado que si tomaban la ciudad impedirían el regreso del gobierno sirio.

Trump al rescate

El fracaso y descrédito de las llamadas ‘revoluciones de colores’ de EEUU ha desprestigiado a su vez a la ‘izquierda’ domesticada y por último a la ‘verdadera izquierda’, que de manera mayoritaria asumió como propios los argumentos a favor del ‘imperialismo humanitario’ y del liberalismo identitario, sustituyendo a la lucha de clases.
Trump representa una reacción de un sector de las élites de EEUU consciente de las consecuencias del fracaso a nivel social, político y económico de Obama. Por ello, para hacer frente al fracaso del liberalismo identitario y evitar una vuelta a la lucha de clases como eje del discurso sociopolítico se a pasado a apoyar el discurso de Trump, nacionalista puro y duro (‘América First’). Al mismo tiempo, Trump ha puesto de manifiesto su intención de hacer frente con todas sus fuerzas a la UE y China, los principales rivales económicos de EEUU, que se niegan a aceptar dar prioridad a los intereses económicos de EEUU a los suyos propios. Consciente del carácter disolvente del discurso identitario en la UE, Trump se dedica a hacer guiños al ultraderechismo europeo al criticar la política de inmigración de Alemania (el centro de poder de la UE), y tras apoyar el Brexit ha dejado claro el carácter proteccionista de su futura política económica. Al mismo tiempo ha dejado claro su intención de hacer frente a China, cuestionando la política de ‘una sola China’ e insinuando incluso un reconocimiento de Taiwán.

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