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Noticias Amor y Rabia

1945-1946: La revuelta de los GIs, por Patric le Trehondat

Published on: martes, 2 de octubre de 2018 // , ,

El movimiento de soldados "Bring us Home!" en la postguerra, un episodio poco conocido tras la Segunda Guerra Mundial. A partir de informaciones dispersas, hemos querido recomponer algunos momentos de esta onda de choque, conscientes de que esta historia queda por escribir.

Al final de la Segunda Guerra Mundial, 15 millones de hombres y mujeres enroladas en las filas del ejército americano se encontraban alejados a miles de kilómetros de sus casas. Acabado el conflicto, esperaban con impaciencia una desmovilización que no se acababa de producir. Sin embargo el mando militar americano decidió transferir a las tropas desde el teatro europeo al Pacífico, anulando así las esperanzas de repatriación. Inmediatamente, el malestar y la protesta sorda se hace sentir entre los GIs. Estará en el origen del movimiento Bring us Home! (¡Devolvednos a casa!)

REGRESAR

El movimiento de protesta afecta en primer lugar a quienes están a punto de salir hacia Europa o hacia el Pacífico.  El 21 de agosto de 1945, la casa Blanca reconoce haber recibido un telegrama de protesta por 580 soldados de la 19 División estacionada en Shelby (Missisipi). En esa misma unidad, el general Twalde debió explicar bajo los silbidos de la tropa las razones de la partida de la unidad hacia el Japón. Según el periodista que asistía a la ceremonia, su discurso –una simple formalidad que debía durar diez minutos- acaba penosamente tras cuarenta minutos, en medio de la exasperación de los soldados. Pero a fines de 1945, los acontecimientos adquieren otro carácter: la revuelta se extiende a las tropas situadas fuera de los Estados Unidos.

Durante la protesta en Manila los soldados se reunen para mandar peticiones y protestas a la prensa de EEUU


Los GIs se manifiestan en Manila por el Bulevar Quezon y pasan por delante del cuartel general del US Army en las Filipinas


El día de Navidad de 1945, 4.000 soldados desfilan por las calles de Manila gritando: “¡Queremos barcos!”. La manifestación fue provocada por la anulación de una salida de tropas hacia Estados Unidos. La declaración del coronel J. C. Campbell a los soldados cabreados no hace sino echar leña al fuego: “Habéis olvidado que no trabajáis para la General Motors: estáis todavía en el ejército”. Esta declaración tiene una especial resonancia simbólica, puesto que es esos momentos 225.000 obreros de dicha empresa estaban en huelga.


 
La postguerra estuvo marcada por el estallido de la mayor oleada de huelgas de la historia de EEUU, que alcanzó a todos los sectores económicos, incluido Hollywood o el azucar hawayano. IZQUIERDA: Piquete delante de la sede del estudio de Paramount. DERECHA: Enfrentamientos entre huelguistas y policías delante de la sede de Warner Brothers.


De hecho, por una rara coincidencia, uno de los poderosos movimientos de huelga conocidos en Estados Unidos desde la apertura del conflicto militar se desarrolla en el momento en el que el ejército americano conoce también un poderoso movimiento de contestación. Cinco millones de trabajadores están en huelga, con piquetes ante las puertas de las fábricas, en enero de 1946, el corazón de la industria americana está prácticamente paralizado.


Reparto de alimentos en New York en apoyo de los huelguistas de General Motors. La huelga de UW y CIO duró 113 días en 1945/46. Se exigía un aumento de sueldo del 30%, y finalmente se logró un aumento del 17,5%. Fue la mayor huelga en la historia de la UAW, debido a la participación de 320.000 trabajadores en 96 fábricas.


El sindicato UAW llevó a cabo en 1945 una huelga que duró 99 días en la Ford Motor Company, recibió apoyo en otros países y acabó con la victoria sindical (IMAGENES).


Esta situación permitió una unidad entre el movimiento obrero y el movimiento de los GIs (Los GIs son, en lenguaje corriente, los miembros de las fuerzas armadas de Estados Unidos). Con lucidez, el periódico de New York, PM, constata en su edición del 13 de enero de 1946: “Cunde una fiebre de huelga entre los GIs. Casi todos los soldados expresan resentimiento y cólera. Cólera legítima, en su opinión, contra sus patrones. No se trata de sueldos. Es un elemento menor del fenómeno. No soportan sus condiciones de trabajo, la duración de su servicio: no aman a sus patronos”.


Huelguistas delante de la sede central de Chevrolet


El 26 de diciembre de 1945, al día siguiente de la manifestación de Manila, las autoridades militares declaran que 15.000 hombres serán próximamente enviados hacia sus bases de origen. Sin embargo, el 14 de enero, Stars and Stripes, el periódico más leído en el ejército, anuncia que el nivel de desmovilización se reducirá de 800.000 a 500.000 hombres al més, debido a las dificultades para encontrar reemplazos. Finalmente se reconoce oficialmente que debido a la falta de medios de transporte, los hombres que debían ser desmovilizados los tres meses siguientes no lo serán. La exasperación llega al colmo. En una carta al Congreso fechada el 23 de enero de 1946, un soldado expresa su hartura: “Al principio eran problemas de barcos, ahora son los reemplazos… Vamos a dejarnos utilizar como rehenes para la puesta en pie de una conspiración?”.


Stars and Stripes, el periódico más leido en el seno del ejército de EEUU, informa el 8 de enero de 1946 de las protestas de soldados en Manila (Filipinas).


UNA MANCHA DE ACEITE

El 6 de enero de 1946 se manifiestan una vez más miles de soldados en Manila. Tienen lugar enfrentamientos violentos con la policía militar. El 7 de enero, 2.500 soldados marchan hacia el cuartel general. En sus banderolas se puede leer: “¡Servicio si, servidumbre jamás!”, “Basta de promesas, de doble lenguaje, de dobles mentiras”. En sus panfletos, imputan la lentitud de su vuelta al país a la voluntad del gobierno de forzar así la puesta en pie del servicio militar obligatorio. Añaden: “El Ministerio quiere que el ejército sostenga el imperialismo”.

 
GIs durante la gran manifestación de Manila el 7 de enero de 1946

Según varios testimonios, durante la noche que siguió a la manifestación, de 15.000 a 20.000 soldados se reunieron en torno al parlamento filipino para organizar un mitin gigante. Denunciaron allí la política de agresión de Estados Unidos contra China e Indonesia, y reivindicaron el derecho de los filipinos a poder resolver sus propios problemas. Una nota de UPI describía la atmósfera en la capital como tensa.


 
Stars and Stripes informa el 14 de enero de 1946 de las protestas de GIs en París (izquierda) y de conflictos laborales en EEUU (derecha)


Ese mismo día, en Camp Boston, en Francia, 2.000 soldados celebran un mitin con las mismas reivindicaciones de derecho a regresar. En Saipán, 3.500 hombres de la escuadra de la 20 División comienzan una huelga de hambre. En Guam, 18.000 soldados organizan dos mítines masivos con los mismos objetivos. En Yokohama, 500 GIs deciden organizar una manifestación.


 
Soldados reunidos en Manila durante las protestas para exigir su vuelta a EEUU


En Francia, en Reims, 1.500 piden explicaciones por la lentitud de la desmovilización. En parís, se pueden ver carteles que dicen: “No dejemos solos a nuestros colegas de Manila. Manifestación en el Arco del triunfo a las 8:30”. El 8 de enero de 1946, 1.000 soldados aparecen en la cita y se manifiestan bajando por los Campos Elíseos hacia la embajada de los Estados Unidos.

En Gran Bretaña, un telegrama firmado por 1.800 oficiales y soldados en filas reclama explicaciones por el retraso en sus repatriaciones. Esperan, dicen, que “su confianza en la democracia no se vea defraudada”. En Frankfurt se manifiestan 5.000 soldados. Cuarenta de ellos son detenidos. En Calcuta, son también 5.000 los soldados que se manifiestan. Y son más de 10.000 en Hickman Field (Honolulu), mientras en Seúl varios miles de GIs firman un texto que declara: “No comprendemos por qué el Ministerio mantiene en tiempo de paz e ejército de ultramar”. En Batang (Filipinas), 4.000 soldados recolectan fondos para pagar una página de publicidad en periódicos americanos a fin de obtener la dimisión del secretario de guerra Patterson. En Hawai, un periódico de soldados denuncia a Patterson como el enemigo público número uno.

 
Manifestación de GIs en Hawai

La fuerza del movimiento es tal que incluso es utilizado el correo militar para aumentar la presión sobre el gobierno. En el correo expedido por los soldados a sus parientes, se escribe una consigna: “Si no hay barcos, no hay votos”, apoyada por una invitación al destinatario: “escribe a tu diputado para traernos a casa”. Las familias de soldados organizan también presiones. El senador Thomas se declara fatigado por tenerles encima día y noche. Según dice, llegan prácticamente 100.000 cartas cada día para reclamar la vuelta de los boys.

Reportaje de la época sobre el movimiento global de protesta de los GIs


LA CARTA MAGNA

El 13 de febrero de 1946, una declaración de 500 soldados estacionados en París es caracterizada por la agencia UPI como “un programa revolucionario de reforma militar”. Esta declaración o Carta Magna, como la bautizaron los GIs, reclama: la abolición de los menús de oficiales; raciones iguales para todos sobre la base de “el primero que llega es el primero que come”; la apertura de los clubs de oficiales y todas las instalaciones de ocio a los oficiales y la tropa; la reforma de los tribunales militares, que deben incluir a soldados rasos.

La declaración pide igualmente la dimisión del secretario de Guerra. Se elige un comité para defender esta carta ante una representación del Senado que debe llegar a Europa en quince días. Este comité se transformará en Comité de Liberación de los GIs.


La prensa obrera de la época informa sobre la Carta Magna de los GIs (izquierda) y de la huelga de los trabajadores del acero en EEUU (derecha)


El gobierno americano parece en un primer momento paralizado por la amplitud del movimiento. Se siente particularmente desarmado cuando algunos delegados de soldados comienzan a utilizar los medios de transporte militar (incluso los aviones) para reunirse. Cae entonces sobre los periódicos una censura más estricta: el 11 de enero de 1946, el Daily Pacifian de Manila anuncia a sus lectores que “habiéndose impuesto nuevas restricciones a la libertad de expresión, la redacción no será ya capaz de aportar todas las informaciones deseadas y la verdad completa a sus lectores GIs”. Cinco días más tarde, cuando la agencia UPI anuncia que un barco ha abandonado la ciudad vacío en sus dos terceras partes, el comité de soldados de Manila decide inmediatamente nuevas iniciativas para los días siguientes.

El general Eisenhower prohíbe cualquier manifestación de soldados. El general Mc Narney, comandante de las tropas en Europa, da una orden similar, precisando que “cualquier reunión de soldados puede ser perjudicial para el prestigio de las fuerzas de ocupación”. En Honolulu, el teniente general Richardson amenaza con los tribunales militares a cualquier soldado u oficial que actúe a favor de una rápida desmovilización y arresta a cuatro soldados dirigentes del movimiento. Por haber firmado una petición contra la censura impuesta a su periódico, dos soldados miembros de la redacción de Stars and Stripes son trasladados a Okinawa, que es considerado por los soldados como la Siberia del ejército americano.


 
Las protestas de los GIs en 1945/46 serán recordadas décadas después por los soldados americanos que se negaron a participar en la Guerra de en Vietnam.


LOS SINDICATOS APOYAN

Los dirigentes del comité de Manila son trasladados también a Okinawa. Uno de ellos, el sargento Emil Mazey, es el antiguo secretario de una sección sindical de la UAW (sindicato del automóvil). Ya en 1943, se había destacado en un congreso sindical por haber combatido la legislación anti-huelga y haber propuesto también la construcción de un partido obrero, independientemente del partido demócrata. En aquel momento es uno de los dirigentes de la izquierda sindical. El ejemplo de Mazey es significativo de la composición del ejército americano de entonces. Debido al alistamiento obligatorio (durante la guerra), todas las clases sociales están allí representadas. Y, por supuesto, no faltan en las unidades obreros sindicalistas capaces de organizar y llevar a cabo una lucha. La experiencia de Mazey y de sus camaradas no es ajeno al hecho de que el comité de Manila estuviera constituido por 156 delegados que representaban a 139.000 soldados y encontró una fuerza indudable debido a su representatividad.

El movimiento está muy estructurado: el comité elige un presidente, que designa a su vez un comité de nueve miembros de los que dos son oficiales. Ese grupo dirigente está compuesto, significativamente, además del sindicalista Mazey, por un negro de Carolina del Norte, un blanco de Alabama, un judío, un italoamericano y representantes de las diversas regiones de los estados Unidos.

El hecho de que los boys no fueran trabajadores de la General Motors, según las palabras del coronel Campbell, vuelve a la memoria de los soldados cuando la represión se abate sobre Mazey y sus compañeros. Inmediatamente toman contacto con el sindicato del automóvil para pedirle su apoyo. Su demanda es hecha pública y el presidente del UAW hace la siguiente declaración: “Tengo la mayor simpatía por el sentimiento ultrajado de los GIs. El Ministerio ha anunciado una desmovilización: debe ser respetada, al menos en los países no hostiles en los que están estacionadas nuestras tropas. ¿Qué necesidad tenemos de ocupar Filipinas con nuestros Marines y nuestros soldados? Plantear la pregunta muestra ya lo ridículo de esta ocupación”.



ARRIBA: Emil Mazey, que aprovechó su experiencia sindical para organizar las protestas de GIs en Manila. Posteriormente sería un importante funcionario de la UAW (Mazey está a la izquierda de la foto)


Kennedy visitando un congreso de la UAW (1962). A la derecha, Emil Mazey.


El 5 de enero, el sindicato CIO (Congress of Industrial Organisations) de Los Ángeles convoca una manifestación ante el consulado de China para apoyar las reivindicaciones de los GIs. Varios consejos de sindicatos votan declaraciones como la de Akron, que proclama: “El comité de Manila ha pedido el apoyo del movimiento obrero para acelerar el regreso a sus hogares y sus familias. El consejo de los sindicatos de Akron apoya la protesta de los soldados contra la lentitud de la desmovilización y da su apoyo a los millones de trabajadores en uniforme que desean la paz, la vuelta al hogar y la vida normal (…). El consejo se declara en completo acuerdo con los soldados que protestan contra su utilización para proteger la riqueza y la propiedad de sociedades antiobreras como la Standard Oil y la general Motors”.

Ante la amplitud del movimiento, el gobierno americano va a acelerar la desmovilización. A finales de 1946, las tropas estadounidenses fuera de Estados Unidos sólo  cuentan ya con un millón y medio de hombres. Según Fred Halstead, “la fuerza de la revuelta, su amplitud, y el apoyo masivo que recibió en Estados Unidos llevó a la maquinaria militar a una cuasi desintegración”.


 
La respuesta de Truman para hacer frente a la oleada de huelgas fue, primero, hacer uso de esquiroles...

 
... y tras el fracaso de los esquiroles, se legisló una nueva ley (Hartley-Taft Labor Bill) mediante la cual se prohibieron de facto las huelgas, mientras en paralelo se ponía en marcha la histeria anticomunista del Macartismo, repitiendo el Red Scare que se usó para aplastar a la izquierda en EEUU tras la Primera Guerra mundial.




ANEXO: La batalla de Atenas

 
Una de las consecuencias de la postguerra fue la vuelta a EEUU de veteranos con experiencia de combate. La integración de soldados ha sido siempre un asunto dificil, pero en la ciudad de Athens (Tennessee) dio lugar a un conflicto al negarse los ex-GIs a seguir soportando la mafia política que había controlado la vida de la localidad gracias a la violencia policial, que había costado la vida a dos soldados. En la década de 1930 una familia adinerada de Demócratas corruptos, los Cantrell, había tomado el control del aparato policial de su condado.  Paul Cantrell había sido elegido Sheriff en 1936, 1938 y 1940. Entonces, en 1942 y 1944 el fue elegido para el senado del estado, junto a él, su subjefe, Pat Mansfield. El Departamento de Justicia había recibido quejas de ciudadanos sobre fraude en la votación en tres elecciones distintas, pero nada se hizo. Los subjefes de la policía eran rutinariamente sobornados, intimidados otras veces, manipulando urnas y golpeando a quienes abrían la boca. Se multaba, se arrestaba y extorsionaba a los individuos para obtener dinero para fines políticos y personales. Pero entonces, en 1946, los héroes de la Segunda Guerra Mundial volvieron a casa. Y no habían combatido el fascismo en Europa para verlo llegar a sus hogares. ARRIBA: Local de los GIs, que presentaron su candidatura en las elecciones locales para derrocar a la mafia política local.


3.000 habitantes del condado, un 10% de la población, eran ex-GIs en 1946. Uno de ellos, Ralph Duggan, que había servido en la Marina en el Pacífico durante la guerra y se convirtió después en abogado, le dijo al periodista  Theodore H. White (Harper's Magazine) que había "pensado mucho más sobre el condado de McMinn que en los japoneses. Si la democracia era lo suficientemente buena para los japoneses y los alemanes, ¡también lo era para el condado de McMinn!". Los ex-GIs se organizaron creando la GI Non-Partisan League, exigiendo la cartilla militar de ex-combatiendte a los asistentes a sus actos. Finalmente decidieron presentar una candidatura propia para el puesto de sheriff, siendo su candidato Henry Knox, un soldado que había luchado en el norte de Africa contra el ejército de Rommel. El día de la elección, el sherif logró traer a la ciudad 200 ayudantes armados, para llevar a cabo el pucherazo, como era habitual. Su confianza en poder imponerse mediante la violencia fue un error: los ex-GIs eran veteranos de uno de los peores conflictos del siglo XX, y no tenían miedo a las armas del sherif y sus esbirros. ARRIBA: Restos de un enfrentamiento entre ex-GIs y los hombres del sheriff. 


A pesar de haber aumentado el número de sus ayudantes armados de 16 a 200, el sherif y sus esbirros fueron incapaces de imponerse a los ex-GIs. Del enfrentamiento con las manos desnudas (IZQUIERDA) no tardó en pasarse a un enfrentamiento a tiro limpio por la ciudad (DERECHA). La policía había confiscado las urnas y las llevó a la cárcel local para el recuento "oficial". Esto era una violación a las leyes de Tennesee de aquel entonces, que establecía que los votos debían ser contados a la vista del electorado. Los veteranos se armaron y llegaron a la cárcel local. 

 
Cuando los veteranos llegaron a la cárcel, 55 oficiales de policía se atrincheraron en un intento por tratar de resistir una fuerza que se estima desde varios cientos hasta cifras tan altas como 2.000 ex combatientes. Una vez en el lugar demandaron que se devolvieran las urnas pero se les dijo que no. Entonces abrieron fuego contra la cárcel, iniciando una batalla que duró varias horas según algunos relatos. Ya para el final dinamitaron la entrada de la cárcel (ARRIBA) y así lograron una tan ansiada brecha para entrar al edificio. Los oficiales de policía acuartelados, algunos de ellos heridos, se rindieron al ver lo serio de las intenciones de los veteranos y lo firme de su resolución a obtener las urnas de vuelta. Finalmente las urnas fueron recuperadas, y se comprobó que los ganadores habían sido cinco candidatos ex combatientes independientes. Entre las reformas que siguieron a esa elección, se cambió el método con el que los oficiales de la policía eran pagados. En el fervor del momento de la victoria, casas de apuestas bajo el patrocinio de Cantrell fueron vandalizadas y sus operaciones demolidas. Los oficiales de la policía de la administración anterior renunciaron y fueron reemplazados. Los veteranos nunca fueron perseguidos judicialmente por su resistencia armada.  Pero aunque los GIs acabaron con la violencia del sherif, no pudieron eliminar la mafia política, y parte de ellos se integraron en ella. En 1947 colapsó el gobierno local de los GIs. Algunos de ellos, decepcionados,  declararon: "Abolimos una maquinaria solo para reemplazarla con otra más poderosa que estaba formándose".


Placa conmemorativa de la batalla de Atenas, Tennessee. La placa dice: "La batalla de Atenas fue una revuelta armada que obtuvo la atención nacional. Con el fin de terminar con el control del aparato político atrincherado, veteranos de la Segunda Guerra Mundial usaron la fuerza para asegurar que el día de las elecciones locales de 1946 todos los votos fueran "contados como realmente fueron emitidos". Luego de que autoridades locales se encerraran en la cárcel con las urnas, los veteranos sospechando fraude juntaron armas y municiones e intercambiaron fuego desde la colina hasta la cárcel, cada una al otro lado de la calle. Las asediadas autoridades se rindieron. En una reunión en los tribunales locales un gobierno interino se formó, seguido de una elección anunciada por los veteranos". 





El texto sobre la revuelta de los GIs fue publicado originalmente en el número de verano de la revista francesa Utopie critique, y traducido de forma algo resumida por la revista Hika (Nr. 59, 1995ko uztaila/abuztua). El relato de la Batalla de Atenas ha sido tomado en parte de la Wikipedia, y de un texto publicado en Taringa (18.02.2015).

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