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El peligroso pensamiento de Max Stirner

Published on: miércoles, 2 de noviembre de 2022 // ,



Por Frater Ignatius


El razonamiento del anarquista alemán profundiza en un egoísmo y en un solipsismo general. Los individuos, según Stirner/Schmidt, deben obrar para su propio interés. Existe la opción de que este interés propio no rivalice con el interés de los otros e incluso que exista una recompensa al actuar de esa forma. Toda teoría y toda praxis van enfocadas a beneficiar al yo, al individuo como una subjetividad.

El egoísta es soberano de sí mismo porque la única realidad es la de su propio existir. Su vida es única e irrepetible y se da en un tiempo y un espacio únicos. Decía Stirner: “Mi causa es lo mío”. La base para juzgar el beneficio propio es el nivel de resultados concretos en la persona propia a nivel material, emocional e intelectual.

Existe un principio rector en esta filosofía y postura anarquista individualista. Lo único de lo que uno puede estar absolutamente seguro es de la existencia de la propia mente, de la propia persona, de un individualismo fincado en un cuerpo. La realidad que rodea a una persona, a una mente, a un individuo es incognoscible, aún más que lo propio. No existen ideas trascendentes, la única realidad es la del individuo, la de su persona y la de su subjetividad. Platón y todo el cristianismo, por ejemplo, hacen un desvío enfermo de una realidad que se nos presenta siempre, que está ahí para recordarnos a los individuos que es lo único que existe y que lo demás son elucubraciones enfermizas de una mente desviada.

Todas las experiencias del sujeto son absolutamente privadas e incomunicables. Lo que uno percibe y siente no puede ser transmitido a nadie. Todo pasa por una subjetividad que es el yo pero que se cruza con un cuerpo único que no puede comunicar en el fondo sus propias experiencias.

Otra idea que caracteriza el pensamiento de Stirner es la del individuo como soberano de sí mismo, como dueño de sí. El hombre como ente individual tiene el derecho de controlar su persona y su vida. Con ello se extiende y se defiende el concepto de propiedad privada. Es un principio fundamental de ideologías de corte libertario o anarquista que defiende la libertad individual, como el anarcoindividualismo o el anarcocapitalismo, donde la propiedad individual es, junto con el principio de no agresión, el punto de partida para el rechazo del Estado.

Todo es una cosificación de la mente. El centro de toda reflexión hacia una aparente realidad es el hombre como individuo material y único en un tiempo y espacio dados. El hombre o el Único como lo llama Stirner es el fundamento de toda relación posible. Todo lo que une al hombre con los otros o con la realidad, pasa forzosamente por la criba de la subjetividad del yo. La unicidad por decirlo así, todo lo “amarra” con la única realidad que existe llamada individuo.

Surge así el concepto stirneano de unión de egoístas, es decir, una asociación voluntaria entre individuos que se opone a la concepción de grupos y colectivos abstractos y no basados en el ego de los individuos.

El impacto de Stirner en el pensamiento anarquista es muy grande. También en el filosófico. Simplemente mencionaremos a Nietzsche como una de las mentes que tocó la impronta de Stirner. Otros fueron Oskar Panizza, Adolf Brand, John Henry Mackay, Benjamin Tucker, Sakae Osugi, Biófilo Panclasta, B. Traven, Enrico Arrigoni, Émile Armand o el filósofo mexicano alemán Horst Matthai Quelle.

Podemos o no estar de acuerdo con Stirner. Lo que debemos admitir es que sus tesis son prácticamente irrefutables en distintos sentidos. Y es que su filosofía apunta a una realidad incuestionable. La existencia de una subjetividad, de un yo por donde pasan todas las cosas que se perciben en el mundo. Existen puntos equidistantes con el budismo zen, aunque este pretenda anular al yo. Empero, toda filosofía se da desde la esfera de una subjetividad que es el yo como eje interpretativo. Pero también podemos sostener que es una realidad tangible y constatable ese yo del que hablamos. Su filosofía es puramente inmanente, jamás trascendente. Al mismo tiempo es peligrosa debido a lo que promueve. Para las clases dominantes o para las ideologías que inyectan debilidad y dominio a los otros, es una postura revolucionaria, reaccionaria, contestataria.


Este artículo es parte de un dossier sobre Max Stirner publicado en el número 66 de Desde el Confinamiento, que puede descargarse en formato PDF aquí. Una introducción puede leerse aquí.

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