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Noticias Amor y Rabia

En defensa de la pornografía

Published on: domingo, 16 de enero de 2022 // ,


por Anna Walters


15 de abril de 2008


Tal vez he estado escuchando demasiado Savage Love últimamente. O tal vez no soy muy feminista después de todo. Simplemente creo que la pornografía recibe unos ataques inmerecidos en nuestra cultura.


Las restricciones sobre materiales obscenos son necesarias en casos como la pornografía infantil, pero una prohibición total de la pornografía como medio de expresión constituiría una eliminación de derechos. Sin tener en cuenta cómo se produce la pornografía (es decir, los sueldos, los derechos de los trabajadores y las pruebas médicas), creo que la posición de la pornografía en nuestra cultura debe reevaluarse.


Algunos críticos se esfuerzan por prohibir totalmente la pornografía por su tendencia a fomentar la violencia, en particular la violación, contra las mujeres. El famoso estudio de 1988 realizado por el psicólogo William Marshall, a menudo citado por organizaciones religiosas que denuncian la pornografía, afirma que el 86% de los violadores condenados admitieron el uso regular de pornografía, y el 57% admitió imitar material pornográfico a la hora de perpetrar sus delitos sexuales.


Pero estas y otras estadísticas similares solo sugieren que puede existir una correlación entre la pornografía y la agresión sexual. Y, como cualquier estudiante aprende en una clase introductoria de ciencia o estadística, la correlación no es causalidad. Otras variables podrían haber reforzado con la misma facilidad la mentalidad de violador en la mente de estos delincuentes. De hecho, diría que circunstancias como sufrir abusos en la infancia o tener padres emocionalmente distantes probablemente jugaron mucho más en la formar la mentalidad sociópata de un violador que sus inclinaciones hacia la pornografía.


Además, hay datos que ayudan a desacreditar las conclusiones de Marshall, como el hecho de que Japón, una nación donde la pornografía violenta es fácilmente accesible, tiene menos violaciones per cápita que Estados Unidos, un país que restringe ferozmente la pornografía y otro material obsceno.


Además, si los críticos quieren prohibir la pornografía por reforzar las mentalidades de comportamiento negativo, ¿por qué no prohibir también los videojuegos? Los estudios han relacionado el uso frecuente de videojuegos violentos con problemas como la delincuencia, las peleas en la escuela y durante los períodos de tiempo libre, incluyendo comportamientos delictivos violentos como los ataques y el robo. Pero, ¿alguien se está organizando para prohibir Halo 3? Realmente no. En general, hay una oposición mucho más vehemente hacia la pornografía que hacia los videojuegos violentos y, la verdad es que la violencia es una forma de expresión culturalmente mucho más aceptable que mostrar sexo y la sexualidad.


Algunas feministas argumentan que la pornografía, como producto de una sociedad misógina, es inherentemente degradante para las mujeres. Por lo tanto, al consumir palabras e imágenes pornográficas, los espectadores están fortaleciendo una representación estereotipada y dominada por hombres de las mujeres. Es cierto. Las mujeres en la pornografía son retratadas comúnmente como altamente sexualizadas y, a menudo, reducidas a partes del cuerpo. Pero, ¿la cosificación de las mujeres en el contexto de fantasía de la pornografía es necesariamente incorrecta?


Debería haber un lugar en la vida de las personas para permitirse fantasías libres de culpa, restricciones y juicios. Las acciones consentidas en el dormitorio entre dos adultos y que pueden considerarse degradantes no suelen dar lugar a la degradación en el hogar, la oficina o el mundo exterior en general. Algunas mujeres disfrutan al ser cosificadas sexualmente y disfrutan de la pornografía de la misma manera. Son perfectamente capaces de distinguir entre la fantasía y la realidad.


Prohibir la pornografía no dejaría a las mujeres empoderadas, de hecho, daría lugar a todo lo contrario. Como mujer, preferiría tomar la decisión de ver o no ver pornografía teniendo en cuenta mis propios criterios personales la sobre industria pornográfica, mis propios puntos de vista sobre la sexualidad y mi religión. Puedo optar por no verlo e instar a otros a que también se opongan, o puedo navegar por Internet con regularidad. De cualquier manera, la decisión es mía.


Las opciones empoderan a las mujeres, no las restricciones, y el hecho es que algunas mujeres disfrutan de la pornografía y no se sienten desmoralizadas o degradadas al verla. Me sentiría personalmente degradada si me obligaran a asumir el papel de "ama de casa" o "mamá que se queda en casa", pero eso no significa que no respete el derecho de otras mujeres a asumir esos roles.


Es difícil ver el contenido de la pornografía en el pasado al evaluar su valor en la vida de las personas (dado que alrededor del 43% de todos los usuarios de Internet ven pornografía en los EEUU, según Family Safe Media). Por ejemplo, la pornografía ayuda a las personas que empiezan a desarrollar su sexualidad a explorarla en un entorno protegido. Lor ordenadores, las revistas y otros medios no juzgarán a un individuo mientras él o ella profundiza en prácticas sexuales que pueden considerarse tabú. Familiarizarse y sentirse cómodo con la propia sexualidad y las preferencias sexuales aumenta la confianza en uno mismo y afirma la propia identidad.


Entonces, en lugar de condenar abiertamente la pornografía simplemente por su naturaleza obscena, tómese el tiempo para pensar cómo encaja en la libertad personal y la sexualidad individual. 

Hacia el fin de la excepcionalidad

Published on: sábado, 15 de enero de 2022 // ,

por el Comité de redacción de AMF (Actualización en Medicina de Familia), órgano de la semFYC (Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria)


El cambio de año viene marcado por el sexto período epidémico de COVID-19 en España. Esta ola ha sido distinta a todas las demás: la llegada de ómicron está dejando una gran cantidad de infecciones con niveles máximos de incidencia, pero con pocos casos graves en términos relativos. Según datos del Instituto de Salud Carlos III, actualmente la mitad de las infecciones detectadas son asintomáticas y los indicadores de hospitalización y muerte están en mínimos históricos (1). Esto se debe en parte a la menor patogenicidad intrínseca de ómicron respecto a variantes previas, y también a su mayor facilidad para infectar a personas con inmunidad previa (por infección o por vacuna) y que, por tanto, presentan un riesgo bajo de enfermedad grave.

La baja frecuencia de enfermedad grave, junto a la saturación tanto de la Atención Primaria como de Salud Pública por casos leves, nos debe llevar a replantearnos cómo afrontar la pandemia a partir de este momento. Desde el Comité de Redacción de AMF queremos contribuir a este debate a partir de cinco ideas clave.

EL VIRUS NO VA A DESAPARECER

El escenario más probable es que el SARS-CoV-2 conviva con nosotros durante muchos años. Hasta el momento se ha presentado en forma de períodos epidémicos con alta concentración de infecciones durante un período corto de tiempo (8-10 semanas). No sabemos si en el futuro seguirán existiendo este tipo de olas ni con qué cadencia (por ejemplo, la gripe o el virus respiratorio sincitial (VRS) se presentan en una única epidemia anual) o si entrará en una endemia estacional con una circulación más o menos constante durante los meses fríos (como hacen muchos otros virus respiratorios, entre ellos los cuatro coronavirus catarrales que afectan a los humanos). Tampoco es descartable, aunque resulta poco probable, que acabe desapareciendo como sucedió con el SARS-CoV-1, que circuló entre 2002 y 2004.

Hay cuatro factores que determinan el nivel de circulación de un virus respiratorio en cada momento: factores del propio microrganismo (aparición de mutaciones que lo hacen más contagioso, por ejemplo), la inmunidad desarrollada por la población (ya sea por infección previa o por vacunación), la estacionalidad (cada virus tiene sus meses predilectos) y el comportamiento humano (factores no solo individuales, sino también sociales y culturales). Del equilibrio de estos factores dependerá el futuro de la epidemia.

Los virus mutan constantemente y la selección natural favorece aquellas mutaciones que devienen en una mayor contagiosidad (y, en menor medida, aquellas que provocan menos gravedad). La variante ómicron cumple ambas condiciones, y podría representar un paso en la evolución de SARS-CoV-2 hacia un coronavirus catarral; solo el tiempo dirá si es así. En sentido inverso, los humanos nos infectamos (o más recientemente nos vacunamos) y en este proceso desarrollamos una respuesta inmunológica que nos protege de nuevas infecciones y especialmente de enfermar de forma grave en el futuro. De esta forma se llega a un equilibrio o conllevancia entre virus y humanos: infecciones leves y repetidas durante la infancia y la juventud van construyendo una buena inmunidad que nos protege de infecciones potencialmente graves en la edad avanzada.

La aparición súbita de un nuevo microrganismo rompe temporalmente este equilibrio, ya que muchas personas sin inmunidad previa tienen su primer contacto con el virus a una edad con más riesgo de enfermedad grave; este hecho, junto a la gran sincronización de muchos casos iniciales por ser toda la población susceptible, puede llevar al colapso al sistema sanitario. Por suerte, vivimos en una época donde las vacunas pueden simular esas infecciones leves iniciales y generar inmunidad en personas mayores sin los riesgos que representaría una infección natural. Lo esperable sería que, una vez vacunadas las personas vulnerables, todos nos contagiemos múltiples veces en nuestros repetidos contactos con el virus, y que este hecho vaya mejorando nuestra inmunidad tanto individual como colectiva. Cada nueva ola aumenta la inmunidad poblacional hasta lograr un equilibrio entre la evolución del virus y la capacidad de nuestro sistema inmunitario para combatirlo.

VACUNACIÓN BASADA EN LA EVIDENCIA Y LA EQUIDAD

Desde el principio de la pandemia sabemos que el riesgo de enfermedad grave no es homogéneo, siendo la edad avanzada el principal factor de riesgo para hospitalización y muerte. Desde finales de 2020 disponemos de varias vacunas que han demostrado ser muy efectivas para la prevención de la enfermedad grave. Los ensayos clínicos iniciales se han visto corroborados por los datos de uso en el mundo real, que han arrojado una efectividad que pocos habríamos imaginado unos meses atrás.

No obstante, aunque las vacunas siguen siendo muy efectivas contra la enfermedad grave, no lo son tanto contra la infección y la enfermedad leve, especialmente con ómicron (2). Mientras la protección contra la infección, mediada por la inmunidad humoral, tiende a disminuir con el tiempo y la aparición de nuevas variantes, la protección contra la enfermedad grave se mantiene gracias a la inmunidad celular.

Como profesionales sanitarios, debemos intentar convencer a todas las personas de riesgo de que se vacunen, muy especialmente a aquellas que aún no se han infectado, porque estamos seguros del beneficio de las vacunas. A la gente joven y sana se les debe ofrecer la vacuna, pero vacunarlos no debe ser una prioridad del sistema de salud; en este caso hay que introducir valoraciones de beneficio-riesgo y de número de personas a vacunar para evitar una hospitalización o muerte. En el caso particular de la población infantil, la vacunación debería valorarse caso a caso entre la familia y su equipo de salud.

El papel de las dosis de recuerdo debe estudiarse con más detalle para analizar en qué grupos poblaciones pueden contribuir a una disminución adicional del riesgo de enfermedad grave. Necesitamos más estudios para aclarar a quién deben administrarse, cada cuánto tiempo, y si sería conveniente hacerlo con vacunas adaptadas a las nuevas variantes. En cualquier caso, parece claro que las dosis de recuerdo deberían reservarse para las poblaciones más vulnerables.

La disminución de la protección contra infección y enfermedad leve, especialmente con ómicron, tiene implicaciones importantes para la política de vacunación2. Vacunar a toda la población, incluyendo a la de muy bajo riesgo y la infantil, no va a evitar la circulación del virus. Vacunarse o no es una decisión individual, y no se debe presionar a nadie para que se vacune en aras de un beneficio colectivo que no sabemos hasta qué punto existe y cuánto tiempo podría durar. No lo hemos hecho nunca antes y no debemos hacerlo ahora. Los certificados de vacunación para acceder a ciertos servicios, más allá de las dudas éticas sobre su implantación, carecen de evidencia científica sobre su utilidad en la disminución de contagios y casos graves.

La situación de la vacunación a nivel mundial es profundamente inequitativa. Mientras los países ricos están vacunando a niños y niñas o administrando dosis de recuerdo a gente joven, algunos países pobres aún no han podido completar la vacunación de los mayores o los profesionales sanitarios; en África solo el 10% de la población ha completado la vacunación (3). Siendo las vacunas un bien finito, entre todos tenemos el deber de racionalizar su uso en función del beneficio esperado de cada dosis administrada.

COMUNICACIÓN PARA UNA SOCIEDAD ADULTA

Algunos gobiernos, «expertos» en COVID y medios de comunicación siguen usando el miedo como estrategia comunicativa. Los peores escenarios y las previsiones más catastrofistas siempre gozan de mayor espacio comunicativo. Errar por exceso de alarma siempre penaliza menos que errar por defecto. En general, sobra alarmismo y falta análisis y contexto.

Se retransmiten en directo cifras récord de contagios sin aclarar que la mitad son asintomáticos y que la inmunidad conseguida y la llegada de ómicron han roto por completo la relación entre contagios, enfermos, ingresos y muertes. Nunca antes ha existido tanta confusión entre el número de personas contagiadas, detectadas, contagiosas y enfermas. Tenemos que dejar de contar y reportar el número de infecciones diarias, que ya no tienen ningún interés: la sexta ola puede haber infectado a más del 10% de la población en pocas semanas, mientras que los casos graves se han mantenido en valores relativamente bajos (1).

Lo importante siempre deberían haber sido las defunciones, y en este sentido nunca volveremos a la situación catastrófica de marzo y abril de 2020. En la comunicación de las defunciones es importante introducir conceptos como el exceso sobre la mortalidad esperada, los años potenciales de vida perdidos, y distinguir si las defunciones son por COVID o con COVID. Por otro lado, tendremos que admitir como sociedad (igual que hacemos con la gripe, el tabaquismo, los suicidios o los accidentes, entre otras muchas causas) que durante los próximos años habrá un número de defunciones por o con COVID que serán inevitables. La pandemia no acabará cuando no haya defunciones, sino cuando los medios y gobiernos les den el mismo tratamiento que al resto de causas.

Se ha usado también el miedo a un posible colapso hospitalario que obligue a demorar la atención a otras patologías, como sucedió durante la primera ola. Esa situación no se ha vuelto a producir o lo ha hecho de forma muy puntual, aunque continúa siendo cierto que una proporción muy pequeña de casos graves en un contexto de un número muy grande de infecciones simultáneas puede acabar por causar un número importante de hospitalizaciones. Habrá que homogeneizar protocolos de ingreso tanto convencional como a unidades de críticos, así como distinguir si hablamos de ingresos por COVID (cuadros de infección grave), con COVID (descompensaciones de otras patologías), hallazgos casuales (por ejemplo en las pruebas de ingreso por otros procesos) o infecciones nosocomiales. Conocer la estancia media y el porcentaje de pacientes que requieren ventilación mecánica también ayudarían a comprender mejor la dimensión del problema, así como la ocupación hospitalaria global (no solo el número de pacientes con un test positivo). Sea como fuere, ha habido tiempo suficiente para elaborar planes de contingencia que permitan ampliar la capacidad hospitalaria del sistema público de forma rápida si fuera necesario; no podemos colapsar la Atención Primaria indefinidamente y seguir hipotecando la vida social y económica del país para evitar un hipotético colapso hospitalario en el futuro.

Al miedo se le une a menudo la culpabilización. Contagiarse o contagiar un virus respiratorio no es culpa de nadie. Si los casos suben, no es porque «nos hayamos relajado» o porque «nos portemos mal». Como se ha visto, la dinámica de una epidemia es mucho más compleja y en ella influyen multitud de factores. No se pueden obviar además los determinantes sociales que contribuyen a la infección: imposibilidad de teletrabajar, necesidad de desplazarse en transporte público, hacinamiento o imposibilidad de aislarse en la vivienda, dificultad laboral para hacer aislamientos y cuarentenas, etc. Los gobiernos no pueden traspasar a los ciudadanos sus responsabilidades en estos ámbitos.

RECUPERACIÓN DE LA (VIEJA) NORMALIDAD

Durante 2020 y 2021 se han ensayado multitud de medidas poblacionales para tratar de reducir la interacción social, con la asunción de que eso reduciría la circulación del virus y por ende las formas graves de la COVID-19. Estas medidas incluyen desde el confinamiento domiciliario inicial hasta confinamientos perimetrales, limitación de aforos o cierre de negocios, toques de queda, uso obligatorio de mascarillas, educación superior no presencial o limitación de reuniones. Los distintos países y comunidades autónomas han ensayado varias de estas medidas en distintos momentos, sin que hasta el momento tengamos una evaluación clara y rigurosa de cuál es la efectividad de cada una de ellas en términos de hospitalizaciones y defunciones, y cuáles son sus potenciales efectos nocivos: pérdidas económicas y de puestos de trabajo, conculcación de derechos fundamentales (circulación, reunión, propia imagen, educación), aumento de trastornos de salud mental, etc. En definitiva, ha faltado una correcta evaluación de la relación beneficio-riesgo de cada una de las medidas adoptadas y un verdadero debate social sobre su implantación. En el momento actual ya no tiene sentido mantenerlas y debe planificarse su eliminación, empezando por la absurda recuperación de la obligatoriedad de la mascarilla en espacios exteriores (4).

Los gobiernos deben centrar sus esfuerzos en proteger a las personas más vulnerables en lugar de tratar de frenar, probablemente con poco éxito, la circulación del virus a nivel poblacional, circulación que, por otra parte, sabemos que mejora nuestra inmunidad. Esta protección focalizada se puede conseguir a partir de tres ejes: vacunación de las personas de riesgo, recomendaciones específicas para las personas vulnerables (minimizar contactos cercanos con personas con sintomatología respiratoria, valorar el uso de mascarillas FFP2 en situaciones de alto riesgo de contagio en momentos de incidencia elevada) y actuaciones específicas en ámbitos como las residencias geriátricas, que en algunas comunidades autónomas han concentrado más de la mitad de todas las defunciones por COVID-19. Cualquier política de salud debe contemplar la correcta atención a las residencias como una de sus prioridades.

Debemos recuperar cuanto antes la «vieja» normalidad, es decir, la vida como la conocíamos antes de marzo de 2020: sin mascarillas ni limitaciones de la interacción social. La prevención cuaternaria también debe aplicarse a la salud pública, y es especialmente urgente en el ámbito escolar. Sabemos que los niños y niñas no sufren las formas graves de la enfermedad ni son transmisores particularmente efectivos (5), pero a pesar de ello tuvimos las escuelas cerradas durante meses, y luego les hemos impuesto las medidas más severas: uso de mascarilla durante toda la jornada, prohibición de mezcla entre grupos y pruebas y cuarentenas cada vez que se detecta un positivo. Estas medidas provocan dificultades en el aprendizaje y la socialización, además de dificultar la conciliación familiar al no existir ninguna ayuda para mantener las cuarentenas infantiles. El balance beneficio-riesgo es desfavorable y en estos casos la prudencia no es hacer muchas cosas, sino que, como sabemos en Atención Primaria, a menudo lo prudente es no hacer nada.

DEJAR DE HACER PARA PODER HACER

La mayoría de países, entre ellos España, han implantado un sistema de control individual de los contagios basado en el testeo de los casos sospechosos y su aislamiento domiciliario en caso de resultar positivos, junto con el rastreo y cuarentena domiciliaria de sus contactos. Este sistema consume mucho tiempo y recursos y, como se ha vuelto a demostrar en la sexta ola, cuando aumenta de forma importante el número de casos deja de ser viable y colapsa rápidamente.

En España, el sistema pivota sobre la Atención Primaria. La detección de casos, el estudio de los contactos más cercanos, la prescripción de las bajas correspondientes y la atención a los enfermos de COVID-19, añadida a la atención habitual, han supuesto una carga en muchas ocasiones insoportable para los centros de salud. Esta sobrecarga, añadida a una ya muy precaria situación anterior, ha hecho imposible mantener nuestras señas de identidad: accesibilidad, longitudinalidad, presencialidad y equidad. Mantener el sistema de testeo y rastreo, gestionar los casos positivos por autodiagnóstico en asintomáticos, asumir la vacunación y afrontar las consecuencias de la pandemia han desplazado las actividades preventivas, el diagnóstico de nuevas enfermedades graves o el control de enfermedades crónicas (6). Las consecuencias negativas de todo ello se verán en un futuro inmediato.

Como apuntaba Juan Simó en una excelente entrada en su blog (7), ha llegado el momento de dejar de hacer para poder hacer: dejemos de visitar y testar a personas sanas con síntomas menores, dejemos de rastrear y testar a sus contactos, abandonemos los aislamientos y las cuarentenas. Todas estas actividades, que tuvieron sentido en el pasado, se han visto superadas con la inmunidad adquirida (tanto por infección como por vacunación) y la llegada de ómicron.

El objetivo debe ser tratar la COVID como hacemos con la gripe: diagnóstico clínico y recomendaciones generales sobre autocuidado y prevención de contagios a personas vulnerables, reservando la atención sanitaria para las personas que lo necesiten por su sintomatología o vulnerabilidad. Solo así podremos atender debidamente a quien de verdad lo necesite, por COVID o por cualquier otra dolencia.

La sexta ola y el colapso que ha producido en la Atención Primaria y en Salud Pública en muchas partes del país nos han hecho avanzar en esta dirección. El Consejo Interterritorial ha propuesto medidas (8) como establecer criterios de priorización para el testeo en función de la sintomatología o la vulnerabilidad, la limitación del rastreo a ámbitos vulnerables, el acortamiento de los aislamientos o la eliminación de las cuarentenas en las personas vacunadas. Estas medidas deben consolidarse y mantenerse más allá de la actual situación de colapso, además de establecer un calendario realista para el cese progresivo del sistema de control de contagios. Es necesario un mensaje contundente y coordinado desde todas las instituciones para revertir la necesidad que hemos creado de realizar diagnóstico etiológico de las infecciones respiratorias leves, ya sea en los centros de salud o con test de autodiagnóstico; el diagnóstico etiológico debe reservarse solo para los sistemas centinela de vigilancia epidemiológica. La incapacidad temporal merece una mención especial: es el momento de apostar definitivamente por las bajas autodeclaradas para la patología aguda leve, como ya se hace en otros estados, asegurando la equidad de acceso.

Ni el sistema de salud ni la sociedad en su conjunto pueden permitirse continuar testando a personas asintomáticas o con síntomas leves y aislando a todos los positivos, con las consecuencias que ello conlleva a nivel social y económico por las bajas laborales masivas de personas sanas. Debemos acabar con la excepcionalidad: la COVID-19 debe ser tratada como el resto de enfermedades. La inmunidad adquirida y la llegada de ómicron así lo permiten.

En definitiva, 2022 debe ser el año de la recuperación no solo de la Atención Primaria, sino de nuestra vieja normalidad.

Feliz año a todos.

Las apariencias engañan: Reflexiones sobre los sucesos de Kazajastán

Published on: viernes, 14 de enero de 2022 // ,

Propaganda de untranacionalistas ucranianos en apoyo de Kazajastán

por Rabioso

Los acontecimientos que han tenido lugar en Kazajastán han dado lugar a múltiples interpretaciones. Como ya se dispone de suficiente información sobre lo ocurrido, es posible hacer un análisis objetivo de lo ocurrido, en lugar de repetir las sospechas antiamericanas y cantos triunfales de los analistas prorusos, o el apoyo a las protestas de la izquierda imperial.


¿CUI BONO?


¿A quién ha beneficiado el caos kazajo? Tras el desconcierto inicial la respuesta es ya evidente: a Rusia.  Mientras los gobiernos occidentales balbuceaban sorprendidos su tradicional discurso exigiendo al gobierno que no reprimiera a “pacíficos manifestantes” que han resultado estar armados y dedicarse a decapitar policías, Moscú respondió con una rapidez sorprendente a la petición de ayuda del gobierno kazajo surgido en medio del caos; en menos de lo que tarda uno en contarlo, había hileras interminables de vehículos militares rusos haciendo cola para ser enviados a Kazajastán, y Putin nombró como jefe de las fuerzas de intervención a Andrey Serdyukov, que participó en Chechenia y la toma de Crimea en 2014, ha estado al frente de las fuerzas rusas en Siria y formó parte de las tropas rusas que ocuparon el aeropuerto de Pristina en 2000, al final de la guerra de Kosovo, paralizando el despliegue de la OTAN para exigir poder desplegarse en la región (eso provocó la ira del general estadounidense Wesley Clark, jefe de la OTAN, que exigió a fuerzas británicas que expulsaran a las tropas rusas, a lo cual se negó el general  Mike Jackson, diciendo “no voy a empezar una tercera guerra mundial”). 



Propaganda de Radio Liberty de Oyan, grupo kazajo financiado por EEUU (FUENTE)



Washington ha luchado en vano por construir un discurso coherente para hacer frente a la crisis. Tras solicitar el gobierno kazajo ayuda a la CSTO, alianza militar liderada por Rusia de la que forma parte, la Casa Blanca dijo tener dudas de “la naturaleza de esta solicitud y si es legítima”, aunque Bush usó una petición similar a la OTAN en 2001 para ocupar Afganistán. A continuación, el  Secretario de Estado de EEUU, Antony Blinken, dijo “creo que una lección de la historia reciente es que una vez que los rusos están en tu casa, a veces es muy difícil hacer que se vayan”, quedando en ridículo ante el anuncio ruso de la retirada de sus tropas pocos días más tarde.


VENI, VIDI, VICI


La sorprendida reacción de EEUU hace difícil de creer que haya sido una revolución de colores de Washington, y más aún que haya tenido lugar casualmente días antes de las conversaciones de Rusia y la OTAN fruto de un ultimatum de Moscú, dando lugar además al derrocamiento del clan que gobernaba Kazajastán, que mantenía estrechas relaciones con Washington. El nuevo gobierno kazajo ha sustituido la política exterior del dictador eterno Nursulan Nazarbayev, basada en mantener un equilibrio entre EEUU y las potencias euroasiáticas, pasando a posicionarse claramente a favor del eje chino-ruso. Para guardar las apariencias, el nuevo hombre fuerte de Kazajastán ha incluido en su gobierno a Askar Umarov, un conocido nacionalista rusófobo.




Manifestantes derriban una estatua de Nursultan Nazarbayev, enero 2022



Asimismo, la crisis ha sido una puesta en escena perfecta de la CSTO, y ha dejado claro la profesionalidad que han alcanzado las fuerzas armadas rusas. Esto es algo que no ha pasado desapercibido en Asia central, meses después del caótico repliegue de Afganistán de EEUU y sus aliados de la OTAN. De esta manera, Kazajastán se une a Crimea y Siria en la lista de operaciones exitosas del poder militar ruso, que contrastan con la siembra del caos por Washington. Un prestigio que viene muy bien a Rusia para cementar sus posiciones en Eurasia y confirmar a China que es el aliado ideal para contrarrestar la presión militar de EEUU y sus aliados.


El éxito ruso en Kazajastán tiene lugar tras el fracaso de la OTAN en desestabilizar Bielorusia, motivo por el que hay analistas que califican a Kazajastán como el cementerio de las revoluciones de colores. Un éxito ruso tan rotundo no puede ser casual. Y como el Kremlin lleva décadas estudiando el funcionamiento del golpismo blando y la guerra híbrida de EEUU para debilitar o eliminar a sus oponentes, todo indica que se han manipulado las estructuras creadas por Washington en Kazajastán para empujarlas a un callejón sin salida, una vieja táctica rusa. De ser esto cierto, sería algo gravísimo, ya que obligaría a EEUU a reformar sus estructuras y tácticas para que no se vuelva a repetir. 



Putin ordena la retirada de tropas rusas de Kazajastán tras aplastar el caos (FUENTE)



Y COLORÍN, COLORADO....


Hay quien dice que la victoria rusa, al consolidar sus posiciones en Asia central y estrechar su alianza con Kazajastán, sólo deja a EEUU el camino de la guerra para defender su hegemonía. Cierto es que el tono belicoso de occidente aumenta, sus presupuestos militares crecen y está llevando a cabo un creciente despliegue militar ante la costa china. Pero la rápida modernización rusa de su aparato militar, la experiencia que ha ganado en las últimas décadas, y su alianza con Pekín, implican que un conflicto abierto de EEUU con China daría lugar a un enfrentamiento con Rusia, lo que impone de facto a EEUU un nuevo equilibrio del terror.

 

Pero como históricamente el principal arma de EEUU contra sus enemigos no es militar, sino económica, y en 2022 la Reserva Federal pondrá en marcha un nuevo ciclo económico, con el Tapering y la subida de los tipos de interés, está por ver como cambiará Washington la estructura económica mundial, y cómo afectará eso al bloque euroasiático. Se aproximan tiempos interesantes sin duda.


La pandemia degeneró en mascarada

Published on: miércoles, 12 de enero de 2022 // ,


por Juan Manuel Blanco


9 de enero de 2022


Es hora de regresar a la cordura, contener la pandemia social, frenar la exagerada profusión de test covid, contar solo los casos que presenten síntomas severos, como se hizo siempre en el pasado


En su sátira El enfermo imaginario, Molière narra las andanzas de Argán, un acomodado hipocondríaco cuyas dolencias son producto de su imaginación y de los innumerables remedios que consume para evitarlas. La sátira del dramaturgo francés es un buen retrato del mundo ómicron, la versión del virus más contagiosa pero mucho más leve, que ha propiciado la degeneración de la pandemia en una bacanal desenfrenada de test, en una mascarada de hipocondriacos, donde estar enfermo ya no implica tener fiebre, malestar o tos sino conseguir una rayita adicional en un dispositivo altamente adictivo. El abuso de los test, igual que Argán de sus múltiples pócimas, ha desembocado en una de las mayores astracanadas de la historia, con figuras públicas deseándose la mejoría de una enfermedad que no sufren.


La omnipresente histeria amenaza con colapsar los servicios médicos de atención primaria, incluso los de urgencia, con pacientes aterrados por una simple congestión nasal. Y es todavía peor en los países que mantienen un estricto sistema de trazado y cuarentena, pues esto impide a muchos profesionales sanitarios reincorporarse, aunque se encuentren sanos. Mientras tanto, los datos diarios de hospitalizaciones y fallecimientos, que no distinguen bien entre “por covid” y “con covid”, generan otra vez miedo y confusión.


Ómicron, que generará con muy bajo riesgo una inmunidad natural complementaria a la vacuna, ha puesto en evidencia a quienes pretenden mantener la sociedad permanentemente cerrada. Es ya evidente que no se pueden detener los contagios, que el virus se expandirá de forma natural, con independencia de las costosas restricciones, que hubiera sido mejor una protección selectiva a los vulnerables. Buena parte de la población comienza a vislumbrar que, tras las bambalinas de este increíble espectáculo teatral, actúan ciertos grupos interesados en perpetuar la excepcionalidad.





Las grandes tecnológicas multiplicaron su cifra de negocio gracias a la “nueva normalidad” y censuran indecentemente en sus redes sociales a quienes se muestran críticos con las restricciones. Tampoco le fue mal a las farmacéuticas, con su proverbial inclinación a corromper y su discutible disposición a que el mundo entero consuma una dosis de vacuna cada seis meses, de aquí a la eternidad. Por no hablar de los vendedores de test Covid, los fabricantes de medidores de CO2, o de todo tipo de cachivaches tan inútiles como lucrativos.


Ciertos profesionales cualificados han tomado el gusto a trabajar desde casa, online, por teléfono o, incluso en casos extremos, a evadir parte de su trabajo mientras se resisten a regresar a la oficina. En algunos países, los sindicatos de profesores presionan para evitar las clases presenciales. Mientras, la abundancia de test y las reglas de aislamiento refuerzan a los más inclinados a la picaresca en las bajas laborales por enfermedad. Pero los intereses han desempeñado un papel peculiar en un grupo siempre presentado como neutral y altruista: los expertos.


TOMEN A LOS EXPERTOS CUM GRANO SALIS


Pocos colectivos han adquirido tanto protagonismo como “los expertos” en Covid. Pero los hay de varios tipos. Muchos de los que pontifican en televisión no son estrictamente expertos sino meras figuras escénicas, personajes de reality show. Representar ese papel no requiere muchos conocimientos; solo expresarse con extrema seguridad y pregonar el advenimiento de catástrofes, peligros extremos o enormes calamidades. Porque este es el relato que vende en el medio televisivo. Mostrar dudas, matizar o sugerir que no ocurrirá nada grave, son mensajes que no crean morbo ni atraen espectadores.


Al primar el espectáculo al rigor, la imagen al contenido, muchos platós televisivos actúan como un poderoso imán para charlatanes y mercachifles, cuya única función es avivar el miedo. Aunque la televisión ofrece un producto con fuerte componente de ficción, los espectadores piensan que es completamente real, recibiendo así una falsa sensación de sabiduría, que conduce frecuentemente a una rocosa obstinación en la ignorancia y el error.





Los expertos que asesoran a los gobiernos sobre el Covid poseen mayor nivel de conocimiento, pero están sometidos a incentivos perversos y, con frecuencia, a conflictos de intereses. Quedándose cortos en sus previsiones, se arriesgan a una dura censura social y a una merma de prestigio profesional; pero no hay reprobación, sino suspiro de alivio, si finalmente no se cumple un sombrío pronóstico. Por tanto, la estrategia ganadora consiste en plantear sistemáticamente escenarios muy pesimistas, incluso apocalípticos, aunque ello implique no acertar nunca. Esta parece ser la imbatible línea seguida desde hace 20 años por el epidemiólogo inglés Neil Ferguson, sin que sus reiterados y estrepitosos fallos hayan mermado un ápice su prestigio académico.


Además, en los últimos tiempos, los asesores han defendido sistemáticamente restricciones más draconianas que los propios gobiernos. Graham Medley, asesor destacado del gobierno del Reino Unido, insinuó que, al hacer previsiones, los expertos tienden a sacar a la luz preferentemente los escenarios más pesimistas, los que requieren restricciones, porque son los que los gobernantes solicitan. Sin embargo, cabe sospechar que son esos expertos quienes realmente obtienen ganancia de los escenarios apocalípticos, pues el alargamiento artificial de la sensación de peligro, de la excepcionalidad, les permite mantener su posición, su relevancia, su protagonismo, incluso las sustanciosas ayudas a la investigación que riegan el Covid. Conclusión, es conveniente buscar la opinión de verdaderos profesionales con rigor y sin conflicto de intereses, contrastar la información y, en general, tomar las aseveraciones de los expertos cum grano salis.


CUIDADO CON LOS POLÍTICOS REGIONALES


Sin embargo, nada ha determinado tanto la estrategia como los intereses de los políticos. Una vez desatado el pánico, los gobernantes actuaron con la convicción de que, si no hacían algo muy llamativo, aun ineficaz, los votantes los culparían por las consecuencias de un fenómeno natural. Las desmesuradas restricciones de derechos y libertades proporcionaron la coartada. Sin embargo, los políticos nacionales se han ido apartando poco a poco de algunas recomendaciones draconianas de sus asesores e intentan evitar aquellas restricciones con graves repercusiones para la economía. Saben que, a la larga, los votantes también castigan el desempleo, la pobreza y la falta de oportunidades. Últimamente, tienden a decantarse por aquellas medidas que, aun absurdas e inútiles como la mascarilla obligatoria al aire libre, no resultan tan dañinas para la actividad económica.


Pero ni siquiera se observa este freno puntual en los gobiernos regionales, que suelen mantener un enfoque más extremo y radical que los nacionales porque los políticos de entidades subnacionales saben que, ante dificultades económicas, la gente tiende a culpar sistemáticamente al gobierno central. Este fenómeno se observa con claridad en el Reino Unido, con unos gobiernos de Escocia y Gales imponiendo medidas más extremas que el gobierno británico; en España, donde la imaginación restrictiva de muchos gobiernos autonómicos no conoce límites; o en Australia, donde el protagonismo de las restricciones correspondió a cada uno de los Estados y Territorios. Pocas experiencias atraen más a un político mediocre que sentir en sus manos el poder de humillar a sus súbditos percibiendo, además, que ellos lo agradecen.





Una vez vacunados todos los vulnerables, y mayoría de la población, poco más se puede hacer. Ni restricciones de movimiento, ni pasaportes covid, ni mascarillas modificarán el ajuste final. El único instrumento útil durante la pandemia, la vacuna, ha servido para prevenir la enfermedad grave pero, por muchas dosis adicionales que se inyecten, seguirá mostrando poca eficacia para detener los contagios, esa obsesión irrealizable que lastra la estrategia desde el principio.


Es hora de regresar a la cordura, contener la pandemia social, frenar la exagerada profusión de test covid, contar solo los casos que presenten síntomas severos, como se hizo siempre en el pasado. Y urge utilizar los recursos en los verdaderos enfermos; no en hipocondríacos asustados que, como Argán, llevan la enfermedad en su imaginación.

¿Maidan en Almaty? Oh si, pero es más complicado de lo que parece

Published on: viernes, 7 de enero de 2022 // ,
Estatua de Nursultan Nazarbayev derribada en Almaty, 6 de enero de 2022

por Pepe Escobar


Estepa en llamas: la revolución de colores de Kazajstán


Kazajstán se sumió en el caos prácticamente de la noche a la mañana, en principio, debido a la duplicación de los precios del gas licuado, que alcanzaron el equivalente (ruso) de 20 rublos por litro (compárelo con un promedio de 30 rublos en la propia Rusia).

Entonces, ¿todo ese miedo y aversión tiene que ver con el gas? Realmente no.




Esa fue la chispa de las protestas a nivel nacional que se extendieron por todo el país,  desde el principal centro comercial de Almaty hasta los puertos de Aktau y Atyrau en el Mar Caspio e incluso la capital Nur-Sultan, antes Astana.

El gobierno central se vio obligado a reducir el precio del gas al equivalente a 8 rublos el litro. Sin embargo, eso solo provocó la siguiente etapa de las protestas, exigiendo precios más bajos de los alimentos, el fin de la campaña de vacunación, una edad de jubilación más baja para las madres con muchos hijos y, por último, pero no menos importante, un cambio de régimen, con su propio lema:  Shal, ket!  ("Abajo el viejo").


Enero 2022: Manifestantes kazajo pidiendo la marcha del "viejo", Nursultan Nazarbayev 


El "anciano" no es otro que el líder nacional Nursultan Nazarbayev, de 81 años, quien incluso cuando dejó la presidencia después de 29 años en el poder, en 2019, para todos los propósitos prácticos sigue siendo la eminencia gris kazaja como jefe del Consejo de Seguridad y el árbitro de la política interior y exterior.

La perspectiva de otra revolución de color inevitablemente viene a la mente: tal vez Turquesa-Amarillo, que refleja los colores de la bandera nacional de Kazajstán. Especialmente porque justo en el momento justo, los observadores agudos descubrieron que los sospechosos habituales, la embajada estadounidense, ya estaban "advirtiendo" sobre protestas masivas el 16 de diciembre de 2021.

¿Maidan en Almaty? Oh sí. Pero es complicado.

Kazajistán, país productor del 41% del uranio del mundo y uno de los principales copales suministradores de energía de China, tiene una superficie que equivale a cuatro veces Ucrania


ALMATY SUMIDA EN EL CAOS

Para el mundo exterior, es difícil entender por qué una gran potencia exportadora de energía como Kazajstán necesita aumentar los precios del gas para su propia población.

La razón es, qué más, el neoliberalismo desenfrenado y las proverbiales travesuras del libre mercado. Desde 2019, el gas licuado se comercializa electrónicamente en Kazajstán. Por lo tanto, mantener los precios máximos, una costumbre de décadas, pronto se volvió imposible, ya que los productores se enfrentaban constantemente a vender su producto por debajo del costo a medida que el consumo se disparaba.

Todos en Kazajstán esperaban un aumento de precios, tanto como todos en Kazajstán usan gas licuado, especialmente en sus autos convertidos. Y todo el mundo en Kazajstán tiene un coche, como me dijeron, con pesar, durante mi última visita a Almaty, a finales de 2019, cuando intentaba en vano encontrar un taxi para ir al centro.


Los manifestantes prendieron fuego al edificio donde estaba situado el parlamento cuando Almaty era la capital del país (ARRIBA), así como a otros edificios (ABAJO)


Es bastante revelador que las protestas comenzaron en la ciudad de Zhanaozen, golpeando el centro productor de petróleo / gas de Mangystau. Y también es revelador que el centro del descontento se trasladase inmediatamente a Almaty, ciudad adicta a los automóviles y verdadero centro de negocios de la nación, con una gran infraestructura gubernamental en medio de las estepas, en lugar de a la aislada capital.

Al principio, el presidente Kassym-Jomart Tokayev parecía haber sido atrapado como un ciervo que ve de repente los faros de un coche. Prometió el regreso de los precios máximos, instaló un estado de emergencia / toque de queda tanto en Almaty como en Mangystau (que extendió después a todo el país) mientras aceptaba la dimisión del gobierno actual y nombraba a un viceprimer ministro anónimo, Alikhan Smailov, como primer ministro interino hasta la formación de un nuevo gabinete.


Rápidamente, las protestas por la subida del precio del gas se transformaron en una orgía de violencia, en la que eran decapitados policías (ARRIBA, Fuente) y aparecían en la red videos en los que personas desconocidas repartían armas a los manifestantes (ABAJO, Fuente)


Sin embargo, eso no podría contener los disturbios. En rápida sucesión, tuvimos el asalto de Almaty  Akimat  (oficina del alcalde); manifestantes disparando contra el Ejército; un monumento de Nazarbayev demolido en Taldykorgan; toma posesión de su antigua residencia en Almaty; Kazakhtelecom desconectando todo el país de Internet; varios miembros de la Guardia Nacional, incluidos vehículos blindados, se unieron a los manifestantes en Aktau; Cajeros automáticos muertos.

Y luego Almaty, sumida en un caos total, fue virtualmente tomada por los manifestantes, incluido su aeropuerto internacional, que el miércoles por la mañana estaba bajo seguridad adicional y por la noche se había convertido en territorio ocupado.


Para prevenir la llegada a Almaty de fuerzas militares que ayudasen a acabar con el caos en Almaty, las bandas armadas que sembraban el terror ocuparon el aeropuerto (ARRIBA), como denunció Lukashenko, jefe de gobierno de Bielorusia (ABAJO, Fuente)


Mientras tanto, el espacio aéreo kazajo tuvo que lidiar con un atasco prolongado de aviones privados que se marchaban a Moscú y Europa Occidental. Aunque el Kremlin notó que Nur-Sultan no había pedido ayuda rusa, una "delegación especial" pronto partió de Moscú. El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, enfatizó con cautela, "estamos convencidos de que nuestros amigos kazajos pueden resolver de forma independiente sus problemas internos", y agregó que "es importante que nadie interfiera desde el exterior".

ANÁLISIS GEOESTRATÉGICO

¿Cómo pudo descarrilar todo tan rápido?

Hasta ahora, el juego de la sucesión en Kazajstán se había visto principalmente como un éxito en el norte de Eurasia. Los jefes locales, los oligarcas y las élites compradoras (la burguesía, AyR) mantuvieron sus feudos y sus fuentes de ingresos. Y, sin embargo, extraoficialmente, me dijeron en Nur-Sultan a fines de 2019 que se aproximaban graves problemas cuando algunos clanes regionales vendrían a recolectar, como al enfrentar al “viejo” Nazarbayev y el sistema que él estableció.

Tokayev emitió el proverbial llamado "no sucumbir a provocaciones internas y externas" - lo cual tiene sentido - pero también aseguró que el gobierno "no caerá". Bueno, ya estaba cayendo, incluso después de una reunión de emergencia que trataba de abordar la maraña de problemas socioeconómicos con la promesa de que se cumplirían todas las "demandas legítimas" de los manifestantes.


Kazajistán es el mayor productor de uranio, y responsable del 42% de la producción mundial


Esto no se desarrolló como un escenario clásico de cambio de régimen, al menos inicialmente. La configuración era de un estado de caos fluido y amorfo, ya que las -frágiles- instituciones de poder kazajas eran simplemente incapaces de comprender el malestar social más amplio. No existe una oposición política competente: no hay intercambio político. La sociedad civil no tiene canales para expresarse.

Así que sí: hay un alboroto, para citar el rhythm'n blues estadounidense. Y todo el mundo es el perdedor. Lo que todavía no está del todo claro es qué clanes en conflicto están provocando las protestas y cuál es su agenda en caso de que tengan una oportunidad de aheches con el poder. Después de todo, ninguna protesta “espontánea” puede surgir simultáneamente en toda esta vasta nación prácticamente de la noche a la mañana.


Nurly Zhol (“Bright Path”), el megaplan de inversiones en infraestructuras del gobierno de Kazajistán, diseñado para convertir el país en el puente entre Europa y Asia, y muy especialmente entre Europa y China (FUENTE)


Kazajstán fue la última república que abandonó la URSS en colapso hace más de tres décadas, en diciembre de 1991. Bajo Nazarbayev, se involucró inmediatamente en una política exterior autodenominada de “múltiples vectores”. Hasta ahora, Nur-Sultan se estaba posicionando hábilmente como un mediador diplomático principal, desde las discusiones sobre el programa nuclear iraní en 2013 hasta la guerra en Siria en 2016. El objetivo: consolidarse como el puente por excelencia entre Europa y Asia.

Las Nuevas Rutas de la Seda impulsadas por China, o BRI, fueron lanzadas oficialmente por Xi Jinping en la Universidad de Nazarbayev en septiembre de 2013. Eso encajó rápidamente con el concepto kazajo de integración económica euroasiática, elaborado a partir del propio proyecto de gasto del gobierno de Nazarbayev,  Nurly Zhol (“Bright Path”), diseñado para impulsar la economía después de la crisis financiera de 2008-9.


Un vistazo a un mapa basta para darse cuenta de la importancia estratégica de Kazajistán para los planes de China de crear una nueva "Ruta de la Seda" (BRI)


En septiembre de 2015, en Beijing, Nazarbayev alineó a Nurly Zhol con el BRI, impulsando de facto a Kazajstán al corazón del nuevo orden de integración euroasiático. Geoestratégicamente, la nación sin litoral más grande del planeta se convirtió en el principal territorio de interacción de las visiones de China y Rusia, BRI y la Unión Económica de Eurasia (EAEU).





UNA TÁCTICA DE DISTRACCIÓN

Para Rusia, Kazajstán es incluso más estratégico que para China. Nur-Sultan firmó el tratado CSTO en 2003. Es un miembro clave de la EAEU. Ambas naciones tienen lazos técnico-militares masivos y llevan a cabo una cooperación espacial estratégica en Baikonur. El ruso tiene el estatus de idioma oficial, hablado por el 51% de los ciudadanos de la república.

Al menos 3,5 millones de rusos viven en Kazajstán. Todavía es temprano para especular sobre una posible “revolución” teñida con colores de liberación nacional si el viejo sistema finalmente colapsara. E incluso si eso sucediera, Moscú nunca perderá toda su considerable influencia política.


Sello de Kazajistán conmemorando la firma del pacto militar CSTO, liderado por Rusia


Por tanto, el problema inmediato es asegurar la estabilidad de Kazajstán. Las protestas deben dispersarse. Habrá muchas concesiones económicas. El caos desestabilizador permanente simplemente no puede tolerarse, y Moscú lo sabe de memoria. Otro Maidan está fuera de cuestión.

La ecuación de Bielorrusia ha demostrado cómo una mano fuerte puede obrar milagros. Sin embargo, los acuerdos de la OTSC no cubren la asistencia en caso de crisis políticas internas, y Tokayev no pareció inclinado a hacer tal solicitud.


El gobierno ruso advirtió e 5 de enero, al inicio de la crisis kazaja, rechazó la injerencia extranjera en el país, apoyando los intentos del gobierno de recuperar el control de la situación (ARRIBA, Fuente). El gobierno kazajo, por su parte, se negó a ceder ante los manifestantes armados y el 6 de enero declaró que los que se negasen a entregar las armas serían ejecutados (ABAJO, Fuente)  


Hasta que lo hizo. Pidió a la CSTO que interviniera para restablecer el orden. Habrá un toque de queda impuesto por los militares. Y Nur-Sultan puede incluso confiscar los activos de empresas estadounidenses y británicas que supuestamente patrocinan las protestas.

Así lo enmarcó Nikol Pashinyan, presidente del Consejo de Seguridad Colectiva de la OTSC y Primer Ministro de Armenia: Tokayev invocó una "amenaza a la seguridad nacional" y la "soberanía" de Kazajstán, "causada, entre otras cosas, por interferencias externas". Entonces, la OTSC “decidió enviar fuerzas de paz” para normalizar la situación, “por un tiempo limitado”.


El gobierno de Kazajistán denunció el 6 de enero que no estaba haciendo frente a manifestantes sino a bandas armadas que se estaban dedicando a sembrar el terror, y pidió oficialmente ayuda a la CSTO, el bloque militar del que forma parte y lidera Rusia (ARRIBA, Fuente). El gobierno ruso, por su parte, denunció que Kazajistán estaba haciendo frente a un intento de desestabilizar el estado impulsado por potencias extranjeras (ABAJO, Fuente)


Los sospechosos habituales de desestabilización son bien conocidos. Es posible que no tengan el alcance, la influencia política y la cantidad necesaria de caballos de Troya para mantener a Kazajstán en llamas por tiempo indefinido.

Al menos los propios caballos de Troya están siendo muy explícitos. Quieren la liberación inmediata de todos los presos políticos; un cambio de regimén; un gobierno provisional de ciudadanos "respetables"; y, además, que la "salida del país de todas las alianzas con Rusia".

Y luego todo llega al nivel de una ridícula farsa, ya que la UE comienza a pedir a las autoridades kazajas que "respeten el derecho a las protestas pacíficas". Como en permitir la anarquía total, el robo, el saqueo, cientos de vehículos destruidos, ataques con rifles de asalto, cajeros automáticos e incluso el Duty Free en el aeropuerto de Almaty fue completamente saqueado.


El CSTO, la alianza militar liderada por Rusia de la que forma parte Kazajistán, aprobó de inmediato acudir en ayuda del gobierno de Kazajistán (ARRIBA, Fuente). A pesar de saberse que los "pacíficos manifestantes" se había dedicado a saquear varias ciudades y decapitar policías, la UE exigió al gobierno kazajo respetar el derecho de manifestarse (ABAJO, Fuente).


Este análisis  (en ruso) cubre algunos puntos clave, mencionando que “Internet está lleno de carteles de propaganda y memorandos preestablecidos para los rebeldes” y el hecho de que “las autoridades no están limpiando el desorden, como lo hizo Lukashenko en Bielorrusia".

Hasta ahora, los lemas parecen tener su origen en muchas fuentes, ensalzando todo, desde una “orientación occidental” para Kazajstán, hasta la poligamia y la Sharia: “Todavía no hay un objetivo único, no se ha identificado. El resultado vendrá más tarde. Suele ser lo mismo. La eliminación de la soberanía, la gestión externa y, finalmente, como regla, la formación de un partido político anti-ruso”.


Coches de la policía destrozados por "pacíficos manifestantes", según la UE


Putin, Lukashenko y Tokayev pasaron mucho tiempo hablando por teléfono, por iniciativa de Lukashenko. Los líderes de todos los miembros de CSTO están en estrecho contacto. Ya se ha elaborado un plan maestro, como en una "operación antiterrorista" masiva. El general Gerasimov lo supervisará personalmente.

Ahora compárelo con lo que aprendí de dos fuentes de inteligencia diferentes y de alto rango.
La primera fuente fue explícita: toda la aventura kazaja está siendo patrocinada por el MI6 para crear un nuevo Maidan justo antes de las conversaciones entre Rusia, Estados Unidos y la OTAN en Ginebra y Bruselas la próxima semana, para evitar cualquier tipo de acuerdo.


La siembra de caos por bandas armadas en Kazajistán tiene lugar después de que Putin haya advertido a Biden que Rusia está dispuesta a cortar todos los lazos con EEUU si Washington sigue con sus provocaciones (ARRIBA, Fuente). Hundir en el caos a Kazajistán hace que se tambaleen las alianzas militar (CSTO) y Económica (EusAsEc) construidas por el Kremlin desde el fin de la URSS (ABAJO)


Significativamente, los "rebeldes" mantuvieron su coordinación nacional incluso después de que se desconectó Internet.

La segunda fuente tiene más matices: los sospechosos habituales están tratando de obligar a Rusia a retroceder frente a Occidente creando una gran distracción en su frente oriental, como parte de una estrategia progresiva de sembrar el  caos a lo largo de las fronteras de Rusia.

Esa puede ser una táctica de distracción inteligente, pero la inteligencia militar rusa la está observando. De manera detallada. Y por el bien de los sospechosos habituales, es mejor que esto no se interprete, siniestramente, como una provocación militar.

La CSTO, bloque militar liderado por Rusia.
En los últimos 2 años todos los países miembros de la CSTO (con la excepción de Rusia) han sido escenario de amplias protestas y/o desestabilizados por injerencias de potencias extranjeras.

El hilo negro de la deriva autoritaria en Italia

Published on: jueves, 6 de enero de 2022 // ,

por Assemblea Romana contro il Green Pass




Del uso de la policía para impedir el acceso de los maestros a las escuelas a la obligación del uso del pasaporte sanitario para sobrevivir


Debajo del árbol de Navidad, muchos maestros y empleados de la escuela encontraron los decretos de suspensión del trabajo y el salario hasta el 15 de junio de 2022. Según el DL 172 del 26/11/2021, el personal educativo no vacunado tiene prohibido el acceso al puesto de trabajo y no recibirá el pago del salario, negándosele incluso el derecho a la pensión alimenticia, que está garantizado incluso a quienes son suspendidos por una medida disciplinaria. Es un ataque sin precedentes a la vida y a la dignidad de las personas: no solo se niega a los maestros sus ingresos, sino que también se niega el derecho a la educación ya la continuidad educativa de los estudiantes.

Los trabajadores educativos no vacunados, sometidos regularmente a test de Coronavirus, son hoy día las personas con menor riesgo de provocar infecciones en las escuelas (donde más del 96% del personal está vacunado); pese a ello, hoy se les purga por haberse opuesto a la vacunación, una medida preventiva que ha resultado ineficaz y peligrosa, pero que el gobierno del banquero Draghi quiere imponer a toda costa. Una purga puramente política, que no tiene nada de sanitaria y que de ninguna manera protege la salud pública.

A esta legislación que lesiona gravemente los derechos fundamentales se suma una práctica de acoso por parte de muchos jefes de escuelas que están perpetrando abusos que exceden las mismas reglas que están obligados a aplicar. Tenemos noticias de suspensiones impuestas ilegítimamente cuando los trabajadores no están de servicio, de denegación de certificaciones médicas que acrediten condiciones patológicas que serían motivo de exención de la vacunación, de amenazas y chantajes por parte de los rectores y sus "juzgados", e incluso de solicitar la intervención de la policía para expulsar de un centro a un docente mientras estaba enseñando, sin siquiera darle tiempo para despedirse de sus alumnos. Este gravísimo episodio tuvo lugar el 20 de diciembre en un instituto profesional de Roma.

Los directores ahora han asumido plenamente el papel de representantes policiales, ejecutores acríticos de las políticas gubernamentales, pero también realizando tareas fuera de sus prerrogativas, violando la privacidad de los trabajadores y expresando valoraciones sobre certificaciones sanitarias.

Se ha concretado el proceso de corporativización, burocratización, vaciamiento educativo de la escuela y su rediseño en clave autoritaria, proceso se inició con la implantación de la autonomía de las escuelas, la implantación de la gestión y diversas reformas privatizadoras de los últimos veinte años.

Hoy en día, los que desobedecen son expulsados ​​de la escuela, y no es solo un enfoque represivo hacia los trabajadores no vacunados (más de 4.000 solo en Roma), sino que también es un "modelo educativo" para los estudiantes: el ejercicio del pensamiento libre no se tolera desde el poder.

Lo que ocurre en las escuelas es la llegada a un sector estratégico como la educación y la formación de lo que está sucediendo a un nivel más generalizado en la sociedad. El miedo, un clima de caza de brujas, odio social, discriminación y división, la condena de millones de ciudadanos a estar "sin derechos": estas son las coordenadas del nuevo orden, de la nueva normalidad.

Siempre hemos denunciado que la gestión capitalista de la crisis ha evitado a sabiendas adoptar las opciones más racionales y compartidas en salud, escuela y transporte: los gobiernos no han hecho nada para mejorar los servicios, mientras que se han gastado montañas de dinero para engordar a empresas y multinacionales, echar humo en los ojos e impulsar la privatización y el control digital.

Así como aumentan las infecciones entre las personas vacunadas (que son el 65% de las nuevas infecciones según el informe del Istituto Superiore di Sanità del 24/12/2021), el gobierno está furioso con quienes, no vacunados, han sido hasta ahora las personas “más seguros”, al estar sometidos a frecuentes restricciones.

El gobierno y el parlamento se han salido del armario: de hecho, debería quedar claro para todos que las medidas represivas, divisorias y discriminatorias no persiguen el objetivo de proteger la salud de los ciudadanos, del que nunca se han ocupado. La realidad es que el poder está a años luz de las necesidades de los ciudadanos y de la idea de una sociedad orientada al bienestar colectivo real.

Hay que denunciar las mistificaciones y rasgar el velo: la deseada confusión entre "contagiados" y "enfermos", la creación de una alarma creada de manera artificial por los medios de comunicación al servicio del gobierno sobre las UCIs, cuando tan sólo el 10% de las camas están ocupadas. Pero la "ciencia del poder" (Scienza Padrona) no admite la duda, las comparaciones y el debate (¡la base del método científico!), Ignorando la extensa literatura científica producida por muchos científicos acreditados que expresan críticas radicales al modelo científico y mecanicista que se han puesto hoy al servicio de poder economico.

El gobierno está llevando a cabo una discriminación basada en opciones vitales y condenando a decenas de miles de trabajadores y trabajadoras en el mundo de la educación, la atención médica y los cuerpos represivos a una muerte por inanición; esta situación pronto se extenderá al sector público y otros sectores laborales.

En la tradición de los movimientos sociales, ante los ataques patronales (y aquí, si pensamos en Draghi y los centros industriales y financieros que imponen políticas económicas, los dueños del siglo XXI), se están abriendo caminos de lucha y solidaridad. Expresamos nuestra cercanía hacia quienes se ven afectados hoy por políticas antidemocráticas y lucharemos juntos, vacunados y no vacunados, independientemente de las opiniones de quienes se ven privados de los salarios y las libertades.

Por el contrario, los sindicatos "mayoritariamente dispuestos a firmar", que siempre han apoyado los procesos de reestructuración antisocial, y también los sindicatos llamados "de base" o "conflictivos", están de hecho apoyando la política de gobierno, legitimando la expulsión de el puesto de trabajo y la limitación de los derechos fundamentales garantizados incluso por la Constitución. Afortunadamente, incluso en estas organizaciones, se están creando grietas entre las bases y la cúpula de colaboracionistas, en nombre de una renovada solidaridad entre los trabajadores.

Los procesos de discriminación y chantaje, de control social generalizado y cierre de espacios democráticos son la base funcional para rediseñar la estructura socioeconómica general del país a fin de garantizar las ganancias de los grandes grupos industriales y financieros.

En la década de los años 20 del siglo XX, los primeros en ser discriminados y perseguidos por el régimen fueron los opositores políticos, y en 1933 se impuso el uso del carnet fascista para poder trabajar. Hoy Draghi sigue ese camino, comprometido en primera fila en Europa para crear el nuevo régimen autoritario del "FASCILIBERISMO".

MOVÁMONOS POR TODAS PARTES: EN LOS LUGARES DE TRABAJO, EN LAS PLAZAS, EN LOS MEDIOS DE TRANSPORTE, EN LOS LUGARES DE CULTURA Y VIDA SOCIAL PARA RECHAZAR LA POLÍTICA SECREGACIONAL DEL GOBIERNO.

EXIGIOS LA RENUNCIA DEL FINANCIERO DRAGHI, QUE PROVOCA CONSCIENTEMENTE MISERIA Y HAMBRE, Y DE TODO EL PARLAMENTO, QUE ACTUALMENTE ESTÁ SIEMPRE SUJETO A LOS INTERESES DE LOS MAYORES PODERES.

LANZAMOS UN LLAMAMIENTO A UNA NUEVA FASE DE LUCHA QUE PONGA LAS NECESIDADES DE LAS CLASES POPULARES EN EL CENTRO, EN LA LUCHA CONTRA LA NUEVA DICTATURA AL SERVICIO DEL CAPITALISMO MÁS INHUMANO.


ECONOMÍA