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Noticias Amor y Rabia

"Hablar de anarquismo en la era de la globalización", por Dolors Marín

Published on: lunes, 25 de mayo de 2020 // ,

El pensamiento y la práctica de los anarquistas no se encuentran reunidos en un corpus doctrinario ni pueden circunscribirse a una sola escuela. A dife­rencia de otros movimientos hijos de la Ilustración, las raíces del anarquismo, centradas en la búsqueda de la libertad y la felicidad, se adentran en la historia de los hombres. De todos modos, será a partir del crisol de la Ilustración, así como de las luchas de los siglos XVIII y XIX, cuando el anarquismo se haga visible en el imaginario social de sus contemporáneos y adquiera un protagonismo fundamental en la mayoría de revoluciones que sacuden el planeta.

La memoria anarquista recuerda el esfuerzo de varias personas que se enfrentaron al poder antes de la revolución industrial. No es extraño que historiadores anarquistas como Piotr Kropotkin o Max Nettlau hablen de Lao-Tse, de Espartaco y su revuelta de los esclavos, de la escuela de los cínicos y Diógenes, de las revueltas religiosas de la Edad Media o de Prometeo, que, según la leyenda, robó el fuego a los dioses para dárselo a los hombres. Algunos anarquistas incluso se remontan al cristianismo primitivo o a los anabaptistas protestantes, que rechazaron la idea del poder y pusieron en cuestión la moral de su tiempo. Lógicamente, desde el punto de vista historiográfico estos antecedentes poco tienen que ver con una ideología nacida de la mano de la Revolución Industrial y de la primera globalización planetaria, pero la búsqueda de referentes en las luchas contra la autoridad reviste aportaciones interesantes a la construcción de la idea anarquista, en constante evolución y reinterpretación.

No hay una definición al uso del anarquismo, ya que todos sus teóricos son, al mismo tiempo, militantes activos, críticos, reflexivos y, por tanto, irreverentes con la Idea, como se conoce al ideal anarquista. Como señalaba Kropotkin en sus Memorias-. «En las conversaciones sobre el anarquismo ... yo nunca oí decir: “Bakunin decía esto...”, o “Bakunin pensaba esto otro...”, como si un par de argumentos pudiesen acabar con la discusión. Sus escritos y palabras no tienen la fuerza de un dog­ma, como por desgracia ocurre dentro de los partidos políticos. En to­das las preguntas en que la inteligencia tiene la última palabra, cada uno puede aportar a la discusión sus argumentos o razones personales».

Además de sus propagandistas y militantes, el anarquismo cuenta con una legión de seguidores: militantes culturales, gente que simpa­tiza con la revuelta social, amantes de la libertad individual o partida­rios de la colectividad. Posee, por tanto, una rara cosmogonía de au­tores y obras de pensamiento político y social que interactúan con una pléyade de obras literarias de todas las épocas en las que sus pro­tagonistas tienen en común la lucha en contra del poder y la auto­ridad. El ejemplo que dan estos héroes de ficción, como los persona­jes de Camus o Kafka, o el capitán Nemo, se refuerza con las biografías de la mayoría de militantes y propagandistas de la Idea, anarquistas que hacen de sus vidas una construcción política y ética que edifica, a su vez, un sistema vital, orgánico, en constante transformación. De este modo, se enriquecen mutuamente. Ninguna cultura social es quizá tan rica en símbolos y a la vez tan iconoclasta.

Así que describir el anarquismo, o mejor dicho, los anarquismos, no es una tarea fácil. Podríamos compararlo con el universo, con sus galaxias de pensadores, sus cometas iridiscentes y de acciones fuga­ces, sus lunas magnéticas orbitando planetas habitables y, cómo no, sus agujeros negros. Y en todo este universo, que se renueva constan­temente, el pensamiento y la acción van unidos. Ninguna filosofía ética ha sido, y es, tan vital como el anarquismo, porque si la práctica no va unida a la teoría, el anarquismo no existe. Una persona anar­quista, cooperativa, mutualista, individualista, naturista, esperantis­ta, atea, neomalthusiana o humanitarista puede siempre comportarse como tal en la vida pública y privada, en cualquier entorno cotidiano. Basta con que desafíe poderosamente cualquier autoridad y cualquier desigualdad. Por este motivo, el anarquismo puede aparecer en momentos de grandes alteraciones sociales o en periodos de calma, en zonas industriales o en el agro, en ciudades o en cuencas  mineras. Y siempre con la misma divisa: «Contra toda autoridad». Esa es la fuer­za del anarquismo, su poderosa base ideológica y vitalista que encuentra múltiples referentes históricos y literarios.

La falta de una obra de síntesis, de una ortodoxia escrita, como son las ideas de Marx, Engels o Lenin para socialistas y comunistas, que nacie­ron en el mismo periodo y con los que compartieron, o se enfrentaron, en algunas barricadas, dota al anarquismo de esta fuerza diversa. Algu­nos atacan lo que consideran una debilidad en su paradigma; otros, los más, explican que precisamente aquí radica su fuerza. A veces el anarquis­mo nace de la discusión, la complementación o la confrontación radical e irrumpe con toda su fuerza, como el torrente en el páramo tranquilo.

Organizar el caos cotidiano en que se ha transformado la humani­dad: eso quieren los anarquistas, eso defienden contra sus detracto­res, que los acusan de desorganizados o informales. Sin embargo, nada hay más comprometido que un buen anarquista, un anarquista con una sólida formación que actúa de acuerdo con su conciencia que, como un héroe de las novelas rusas que lo tomaron como modelo, es la única autoridad que reconoce.

La Enciclopedia anarquista dedica buena parte del primer tomo a de­finir — dentro de lo que es posible— la anarquía, ya que no es solo y primariamente una forma de la lucha contraria autoridad genérica­mente imaginada, sino algo más profundo. Debemos interrogarnos sobre la naturaleza de la autoridad y su origen para poder direccionar la lucha, y construir alternativas. Sébastien Faure, su editor y compi­lador, propone la siguiente definición: «En la sociedad actual la auto­ridad reside en tres formas principales: 1. La forma política: el Esta­do; 2. La forma económica: el capital; 3. La forma moral: la religión».

Así, el individuo que lucha contra estos tres tipos de autoridad es un anarquista, si bien la historia nos demuestra que la lucha contra el Estado ha sido la más intensa. La lucha en contra del capital se ha organizado siempre a través del sindicalismo revolucionario y aparece ligada al movimiento obrero mundial y sus organizaciones. Además, posee un extenso martirologio entre sus activistas. En cuanto al ter­cer apartado, para los anarquistas la esfera de la moral ha quedado relegada a la vida privada, y sus militantes han abarcado distintas tra­diciones: el agnosticismo, el ateísmo, el cristianismo tolstoyano, el espiritismo o, en la crítica más superficial a los privilegios de las grandes religiones monoteístas, un anticlericalismo a veces furibundo. Dentro de las trayectorias vitales de los militantes anarquistas, se aúnan estas tres formas de lucha y se enfatiza alguna más que otra a causa del con­texto histórico que les toca vivir.

La opresión del Estado moderno, nacido al rescoldo de la industria­lización y el reparto colonial del planeta, siempre ha sido vista por los anarquistas como la forma más violenta de autoridad impuesta contra los individuos. Una autoridad que, apoyada en leyes, amenazas, ejérci­tos, burocracias kafkianas, ordenanzas cívicas, niass media o sistemas de pensamiento único, humilla y desorienta a sus ciudadanos. Ese es el gran núcleo del pensamiento anarquista y el origen de su lucha.

Los anarquistas exponen su teoría, ya esbozada por Bakunin: «En la Humanidad hay dos tipos de personas: las que obedecen y aspiran a ser obedecidos, y las que desafían la autoridad, que ni obedecen, ni quieren ser obedecidos. Su máxima es la Libertad». Efectivamente, estos dos tipos de personas son irreconciliables, ya que tienen valores distintos. Errico Malatesta, uno de los autores más leídos y asimila­dos en el pensamiento anarquista del siglo XX, lo expresa a la perfec­ción cuando afirma que un anarquista no es solo un rebelde, sino mucho más. Los que forman parte de una clase oprimida no rechazan convertirse a su vez en represores: son individuos con mentalidad de burgués frustrado. Un anarquista debe abolir las clases.

Como afirmaba otra anarquista, la lituana Emma Goldman: «La su­perioridad de la literatura anarquista, comparada con los escritos de otras escuelas sociales, está en la sencillez de su estilo». Intentaremos, pues, seguir esta máxima anarquista y apor­tar luz a momentos importantes en la historia colectiva de la humani­dad... El autodidactismo y el criterio personal son parte de la personalidad de los anarquistas, y seguimos en buena medida en la brecha abierta por estos utopis­tas sociales. Deseamos un camino breve y fecundo que abra otras sendas personales, diversas y plenas, como fue y como son el pensamiento y la acción anarquistas... Un totum revolutum tremendamente fecundo, que abarca en un proyecto intergeneracional, e interclasista, a hombres y mujeres de todas las regiones del orbe desde los años de la Comuna de París hasta la revolución que toma las calles ahora mismo, mañana mismo. Como afirmaba Heráclito en el albor de los tiempos: «Todas las cosas suceden según discordia».

"La globalización y la financiarización están muertas, y también lo está todo lo que dependía de ellas", por Charles Hugh Smith

Published on: domingo, 24 de mayo de 2020 // ,

Todas las historias felices sobre analogías con pandemias pasadas son simples obstáculos en el camino.  Popularmente se cree que la pandemia de gripe de 1918-1919 mató a millones, pero no fue un problema, los felices años veinte (Roaring 20s) comenzaron el año siguiente. Siempre se va hacia adelante y hacia arriba, baby, una vez que nos quitamos las máscaras.

Eos es erróneo. Completamente erróneo. La globalización y la financiarización, impulsores de los últimos 75 años de crecimiento, están muertos, y con ellos todo lo que dependía de ellos para el "crecimiento" (crecimiento está entre comillas porque una vez que se tienen en cuenta los costos externos y el cambio de divisas, la mayor parte de lo que se ha glorificado como "crecimiento" no ha sido más que pérdidas cubiertas mediante trucos contables).

Lo que se entiende mal es que la  globalización y la financiarización mueren cuando dejan de expandirse.  De la misma manera en que un tiburón muere si deja de nadar hacia adelante, la globalización y la financiarización mueren una vez que dejan de expandirse, porque su viabilidad depende de la expansión.

La Globalización deja desnudas a las economías 


La globalización y la financiarización han estado perdiendo impulso desde hace años.  Bajo la apariencia de la "apertura de mercados", la globalización ha debilitado a todas las economías que no pueden imprimir una moneda de reserva y ha vaciado las economías a nivel mundial, ya que  solo los sectores competitivos a nivel mundial sobreviven a la globalización.  El resultado neto es que economías antaño dinámicas y diversificadas se han convertido en monocultivos frágiles, que dependen completamente de los flujos globales de capital y del gasto para su supervivencia.

El turismo es un excelente ejemplo: cada región que ha visto su economía local aplastada por el arbitraje global y las hegemonías corporativas, dejando al turismo global como el único sector sobreviviente, ha sido devastada por la caída del turismo, que siempre dependió de la expansión de los ingresos disponibles y la expansión eterna del crédito.

Pero el crédito no puede expandirse eternamente, por lo que en algún momento se quedan sin ingresos para pagar deudas adicionales. La financiarización no es solo la expansión del crédito y el apalancamiento para los prestatarios marginales; también  legaliza el saqueo,  ya que los verdaderos riesgos de un aumento de la deuda y el apalancamiento están ocultos en oscuros instrumentos financieros y falsas afirmaciones de "seguridad" y "cobertura".


La globalización dejó de dar beneficios tras 2008

 

 

Burbujas financieras y de consumo


Los excesos de deuda y apalancamiento canalizados a través de especulaciones arriesgadas inevitablemente acaban en impagos.  La financiarización se pone de manifiesto en burbujas de activos e hiperconsumo por personas que jamás tuvieron crédito empezaron a tomarlos y gastarlos, hasta el límite y más allá. Tanto las burbujas de activos como las de consumo explotan, empujando a la insolvencia al sector financiero que festejó la expansión insostenible del crédito.

En otras palabras, la globalización neoliberal y la financiarización -sieno ambas esencialmente una única dinámica- son inherentemente desestabilizadoras,  ya que los incentivos son perversos y explotadores. Así como las burbujas de activos y consumo son inevitables, también lo es el estallido de esas burbujas y la devastación de todo lo que se había vuelto dependiente de la expansión de esas burbujas.

El bien común, ridiculizado como  nacionalismo durante mucho tiempo por aquellos que se deleitan con los excesos de la globalización y la financiarización, ahora se vé como la resistencia y seguridad que se ha sacrificado en el altar de la globalización y la financiarización.  La seguridad alimentaria, por poner un ejemplo básico, es imposible una vez que la globalización ha destruido la producción agrícola local y la financiarización ha recompensado la agricultura industrial, ya que el sector agrario industrializado (Big Ag) puede pedir prestado capital a escalas que solo tienen sentido en un mundo de agricultura de monocultivo globalizado.

1919 no es 2020

Todo el mundo que promociona 1919 como el modelo para 2020 ignora profundamente la historia y las ontologías destructivas de la globalización y la financiarización.  Prácticamente no hay similitudes entre el mundo de 1919 y el mundo de 2020 en términos de estructuras y excesos financieros.
Que la globalización y la financiarización están muertas se revela por lo que no pueden hacer los rescates de la Reserva Federal y la barra libre fiscal:

  1. No pueden crear prestatarios solventes de la nada de la manera en que la Reserva Federal crea dólares de la nada
  2. No pueden obligar a los prestamistas que tienen que hacer frente a impagos masivos a prestar más dinero a prestatarios sin garantías de poder pagar un crédito
  3. No pueden obligar a los prestatarios solventes a pedir dinero prestado
  4. No pueden reflotar burbujas de activos y consumo que han estallado
  5. No pueden restaurar la confianza en las cadenas de suministro globales, largas y frágiles
  6. No pueden convertir mágicamente empresas no rentables en empresas rentables
  7. No pueden crear flujos de ingresos (ingresos, ganancias, salarios, etc.) con rescates que continúen los incentivos perversos de riesgo moral o "dinero gratis" diseñados para dar a los siervos de la deuda suficiente dinero en efectivo como para poder seguir haciendo frente a los pagos de sus préstamos
  8. No pueden perdonar los impagos de la deuda sin destruir la riqueza que se tiene como deuda: las hipotecas, préstamos estudiantiles, préstamos para automóviles, deudas de tarjetas de crédito, bonos basura corporativos, etc., son  activos  que pierden su valor una vez que los prestatarios no cumplen
  9. La Reserva Federal puede comprar deuda tóxica, pero eso no cambia su impotencia absoluta (puntos 1 a 7 anteriores)

La financiarización nunca fue sostenible, y tampoco lo fue la globalización destructiva que permitió. Cualquier sistema que dependiera de la explotación cada vez mayor de nuevos recursos, deudores y mercados nunca podría ser otra cosa que frágil. La ferocidad de su rapacidad enmascaró su debilidad inherente, una debilidad que ahora se expone como fatal.

Pero sigamos en los EEUU. La pandemia está teniendo un efecto dramático a largo plazo en los ingresos fiscales locales de Main Street (la población y pequeño comercio, en contraposición a Wall Street, AyR).

Efectos de primer y segundo orden 


Para entenderlo debemos considerar los efectos de primer y segundo orden. Las consecuencias inmediatas del confinameinto y los cambios de comportamiento del consumidor son efectos de primer orden: cierres de comercios (Main Street), pérdidas de empleos, rescates masivos de la Reserva Federal para el 0.1% (la alta burguesía), programas de préstamos para pequeñas empresas, cheques de estímulo para hogares con menos de 200.000 $ de ingresos en 2019 y así sucesivamente.

Los efectos de segundo orden no pueden ser rescatados ni controlados por las autoridades centrales. Los efectos de segundo orden son el resultado de consecuencias que tienen sus propias consecuencias.

Los efectos de primer orden de la pandemia en Main Street son dolorosamente obvios: pequeñas empresas que apenas han mantenido la cabeza por encima del agua, a medida que los costos se han disparado han despedido a los empleados al cerrar el negocio.

Los efectos de segundo orden aún no han acabado: ¿cuántas empresas cerrarán definitivamente porque los propietarios no quieren arriesgarse a perder todo arriesgándose a la reapertura? ¿Cuántos lo intentarán para cerrar unas semanas más tarde cuando concluyan que no pueden sobrevivir con el 60% de sus ingresos anteriores? ¿Cuántos disfrutan de un periodo breve de negocios cuando todo el mundo salga a la calle, hasta que la realidad comienza y los negocios comienzan a hundirse después de que la explosión inicial desaparece? ¿Cuántos no podrán contratar a todos los que despedieron?

Cayendo por un acantilado


En cuanto a los ingresos fiscales locales basados ​​en los impuestos a las ventas locales, los impuestos a las ganancias, las tarifas de licencias comerciales y los impuestos a la propiedad: los tres primeros caerán por un precipicio, y si las ciudades y los condados responden a la caída en los ingresos fiscales aumentando los impuestos a la propiedad, esto solo aceleraeá el colapso de las empresas que ya estaban pendientes de un hilo antes de la pandemia.

El gobierno federal puede rescatar a los gobiernos locales este año, pero ¿qué pasa con el próximo año, y cada año posterior? El golpe a los ingresos fiscales locales es permanente, ya que la economía se ha vuelto dependiente de la deuda, y la financiarización elevó los costos.

Amazon y los vendedores en internet no pagan impuestos locales, excepto en los lugares donde se encuentran sus centros de distribución. Sí, los vendedores en internet pagan impuestos sobre las ventas estatales y locales, pero estas ventas son para bienes; La mayoría de las pequeñas empresas que han apoyado los ingresos fiscales locales son de servicios: bares, cafeterías, restaurantes, etc. A medida que estos se cierran para siempre, la probabilidad de que las nuevas empresas asuman los mismos altos costos (alquiler, tarifas, mano de obra, gastos generales, etc.) es cercana a cero, y cualquier persona lo suficientemente tonta como para intentarlo quebrará a corto plazo.

Ahora que el teletrabajo (home office) se ha institucionalizado, las empresas ya no necesitan millones de metros cuadrados de espacio de oficina. A medida que los ingresos caen y las ganancias se desvanecen, las empresas buscarán reducir costos, y dejar de usar el espacio de oficina no utilizado es el primer paso obvio. ¿Cuál es el valor del espacio comercial vacío?

Intentando sacar sangre de una piedra 


Si la demanda está cerca de cero, el valor también está cerca de cero. Los gobiernos locales estarán desesperados por aumentar los ingresos fiscales, y naturalmente tendrán en cuenta las valoracionesde los bienes inmuebles de la era de la burbuja como una fuente de ingresos. Pero encontrarán que aumentar los impuestos a la propiedad de propiedades que pierden dinero solo acelerará la tasa de insolvencias de sus propietarios.

En algún momento, las valoraciones se ajustarán a la realidad y los impuestos a la propiedad recaudados se ajustarán en consecuencia. Si las municipalidades piensan que pueden compensar las pérdidas aumentando los impuestos pagados por los que han logrado sobrevivir, rápidamente se darán cuenta de que las filas de los sobrevivientes disminuyen.

Aquí no acaban los efectos de segundo orden: una vez que Main Street está medio vacía, la atracción de los negocios restantes disminuye; al no haber suficientes como para atraer clientes, y el círculo virtuoso de ventas que aumentan para todos porque el distrito es animado y atractivo se invierte: los sobrevivientes luchan y se rinden, vaciando aún más el distrito.

El problema central es que la economía de EEUU se ha financiarido por completo, por lo que los costos no son asequibles. El propietario de la propiedad comercial pagó de más por los edificios con dinero prestado barato, y ahora el propietario debe cobrar alquileres altos debido a su sutuación financiera o no podrá pagar la hipoteca y los impuestos de propiedad. Los gobiernos locales gastan cada centavo de los ingresos fiscales, ya que sus costos también son increíblemente altos. No pueden sobrevivir a una disminución del 10% en los ingresos fiscales, y mucho menos a una caída del 40%.

La lección de Yellowstone


La metáfora que he usado para explicar esto en el pasado es el incendio forestal de Yellowstone. La acumulación de deudas incobrables, apalancamiento extremo, compañías zombies y todas las demás ramas caídas de la financiarización se acumulan.

Pero los bancos centrales ya no permiten ninguna destrucción creativa de la deuda impagable y el capital mal asignado; cada pequeño incendio es apagado instantáneamente con más estímulo, más liquidez y tasas de interés más bajas. Como resultado, la madera muerta que mina la economía real de la productividad y la innovación puede acumularse más.

El único resultado posible de esta supresión es una economía repleta de riesgos explosivos. Finalmente, la naturaleza proporciona un rayo, y el incendio resultante arrasa toda la economía.

"Cómo el rescate de COVID-19 le dio a Wall Street un casino sin pérdidas", por Matt Taibbi

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Mientras los estadounidenses de a pie tienen que hacer frente al desempleo y unas pérdidas récord, el rescate del COVID-19 ha salvado a los muy ricos

A fines de abril, Marko Kolanovic, analista financiero de JPMorgan Chase, escribió a los clientes con buenas noticias. Dejando a un lado la pandemia, los inversores deberían esperar que los precios de las acciones de las compañías del S&P 500 vuelvan a cifras récord en algún momento a principios del próximo año.

“El S&P 500 debería alcanzar los máximos históricos anteriores”, escribió Kolanovic, “si las medidas monetarias se mantienen”.

La parte clave de esta frase fue la última parte, “si las medidas monetarias son sostenidas”. En cuanto a aquellos países que no disponen de un Banco de la Reserva Federal disparando una bazuca de dinero en efectivo diariamente a Wall Street, Kolanovic sugirió que el Coronavirus provocaría una disminución del 30% del valor de los ingresos actuales.

En otras palabras, sin la intervención de la Reserva Federal, los Estados Unidos en la era del Coronavirus estarían viendo una contracción económica del nivel de una depresión.


Endeudamiento de los bancos centrales para salvar al Capital


Sin embargo, suponiendo que la bazuca de la Fed siga disparando, una gran parte de la clase de inversores ya está en un camino que conduce de regreso al champán y el confeti. Y eso, como diría Robert Frost, ha marcado la diferencia.

En el camino más transitado, en el lado real de la economía del Coronavirus, el dolor ha sido histórico. Mientras se escribe este artículo, 30 millones de personas han presentado peticiones de ayuda al desempleo durante la crisis COVID-19, y millones han perdido su seguro médico que pagaba el empleador.

Al menos uno de cada tres no puede pagar el alquiler, millones más no pueden pagar los comestibles, y los trabajadores de supermercados, clínicas médicas, almacenes y otras profesiones ahora están en una carrera macabra para ver si se volverán azules y morirán antes. Los empresarios deciden recortar sus salarios o beneficios de jubilación, lo que ya les ha sucedido a los que se dedicaban a cuidador en primera línea a los enfermos en algunas ciudades.

No hay planes de ganancias récord en el futuro de tales personas. El mejor caso es la supervivencia y la sombría realidad de la disminución de sus horizontes económicos. Sin embargo, para la pequeña porción de personas cuyas fortunas no dependen de salarios, propinas y comisiones, sino de los precios de productos financieros como acciones y bonos, la respuesta al Coronavirus anuncia un mundo nuevo y valiente.

La Ley CARES de 2.3 billones $, el paquete de rescate liderado por Donald Trump y promulgado el 27 de marzo, es un replanteamiento radical del capitalismo estadounidense. Conserva todas las crueldades del libre mercado para quienes viven y trabajan en el mundo real, pero convierte la economía del papel en un protectorado estatal, rodeado de una especie de muro de dinero de Trump que está diseñado para mantener a la clase de inversores a salvo del miedo a sufrir pérdidas.

Esta economía financiera es un casino de fantasía, donde las ganancias son reales y fichas gratuitas cubren las pérdidas. Para un sector cada vez más pequeño de la sociedad, fracasar se está eliminando de los negocios capitalistas.

Esta es una nueva versión de una dinámica de largo desarrollo. Desde finales de los años ochenta, cuando el entonces jefe de la Reserva Federal (Fed), Alan Greenspan, redujo las tasas de interés después del colapso del mercado de valores de 1987, se ha entendido que el gobierno ayudaría a Wall Street a recuperarse en tiempos difíciles.

Esa creencia era tan fuerte que tenía un nombre: el “Greenspan Put”. Tim Duy, de Bloomberg, define el término como “la promesa implícita de que los banqueros centrales liderados por el presidente de la Fed, Alan Greenspan, rescatarían a los participantes del mercado que se permitieran comportamientos riesgosos”.


En EEUU se dispara la masa de dinero en circulación (M2)


La Fed intervino para inundar Wall Street con efectivo (a esto se les llama “inyecciones de liquidez”) después de una serie de problemas en los años de Clinton y Bush, desde la debacle de las divisas asiáticas hasta el colapso del fondo de cobertura de gestión de capital a largo plazo a finales de los años noventa hasta el pánico a la deflación en 2002.

Un período prolongado de inyección de liquidez a principios de la década de 2000 provocó un patrón ahora familiar de expulsar a los inversores de las inversiones tradicionalmente consideradas un refugio seguro (las bajas tasas de interés castigaban a los ahorradores) y a realizar apuestas cada vez más arriesgadas en los mercados de productos básicos, acciones y vivienda.

Los tres sectores vieron burbujas, pero fue la del mercado inmobiliario de EEUU la que explotó después de que una orgía de intrigas al estilo Ponzi que hizo que los precios de las hipotecas se dispararan por las nubes. En el lapso de unos pocos meses en 2008, los fondos de pensiones y municipios que habían sido presionados por banqueros enfermos de avaricia para invertir en un “boom inmobiliario” (en realidad una burbuja especulativa impulsada por el fraude) perdieron fortunas.

Los contribuyentes y propietarios sufrieron casi el 100 por ciento del dolor. Casi 3 millones de personas solicitaron una ejecución hipotecaria solo en 2010. En aquel entonces, la noción de usar fondos estatales para rescatar a estas personas fue rechazada como ridícula, un peligroso “riesgo moral”. Como lo expresó el multimillonario Charlie Munger en 2010, los propietarios de viviendas necesitaban “asumirlo y enfrentarlo”, y no esperar a recibir una ayuda.

Sin embargo, Wall Street consiguió la madre de todos los rescates. La respuesta no se limitó a una inyección de liquidez tradicional. Los bancos recibieron billones en rescates y préstamos de emergencia, se les permitió volcar años de malas decisiones de inversión en instalaciones especiales de basura establecidas por la Reserva Federal, y se les instó a “beber sobriamente” durante años de dinero gratis por una política de tasas de intereses cero.


El PIB de EEUU se desplomará un 48% en el segundo trimestre de 2020, según la Fed


La Fed, a partir de finales de 2008, agregó una nueva herramienta de respuesta a la crisis llamada flexibilización cuantitativa (QE), un nombre académico elegante para imprimir billones de dólares y usarlo para comprar todo, desde hipotecas hasta deuda gubernamental. Esto se hizo con el objetivo aparente de aumentar “la disponibilidad de crédito” para cosas como la compra de viviendas, pero también para “fomentar mejores condiciones en los mercados financieros en general”.

La dudosa lógica subyacente era que se decía que rescatar la economía y rescatar los mercados financieros era lo mismo. Para salvar a las personas teníamos que salvar la economía en la que operan, lo que significaba a su vez salvar las inversiones de alto riesgo de los Wall Streeters, tanto como pudiesen absorver.

Lo que está sucediendo en la crisis de COVID-19 es el siguiente paso: una burbuja financiera donde la Reserva Federal no es el mecanismo de limpieza, sino la fuente de la misma especulación. Mientras la economía real está experimentando interrupciones récord, Wall Street ha visto manifestaciones prolongadas de “exuberancia racional” por la decisión de la Fed de marcar el comienzo del “QE infinito” y esencialmente prohibir que el capitalismo financiero tenga pérdidas.

Aunque esto es un proyecto de ley de Trump (el Pompadour está tan decidido a que la Ley CARES sea recordada como su trabajo, luchó para obtener su firma en los cheques de ayuda)fue aprobado por unanimidad, por voto a voz alzada en la Cámara, y por 96 a favor y 0 en contra en el Senado
Hable con los demócratas y le dirán que este es un rescate que debe alentarse y apoyarse, que no tiene nada que ver con el rescate de 2008. Esta vez es diferente, dice el argumento: las tres cuartas partes del dinero van a personas reales.


La capitalización de la bolsa en EEUU equivale a casi la mitad de la capitalización de todas las bolsas del mundo


Esto es sólo cierto si uno entrecierra los ojos y usa una definición limitada de “dinero”. De los 2,3 billones de dólares se imagina que 560.00 millones $ son para “individuos” (incluyendo 300.00 millones $ en pagos en efectivo, en gran parte mediante los famosos cheques “Trump” de 1.200 $), más 377.000 millones $ para pequeñas empresas, así como 339.000 millones $ para gobiernos estatales y locales, y 100.00 millones $ para hospitales y otros proveedores de atención médica, además de ayuda para estudiantes y niños.

Técnicamente, “solo” alrededor de 500.000 millones $ del paquete de rescate aprobado por el Congreso se destina a los “grandes negocios”. Además, la ayuda para las grandes empresas aparentemente incluye una gama de condiciones que suenan draconianas y que prohíben travesuras codiciosas, lo que significa que si las empresas quieren recibir la ayuda no  puede haber despidos, ni recompras de acciones, ni se pagan grandes bonos, etc.

La forma de evitarlo viene a través de 454.000 millones $ creados como parte de ese paquete de grandes empresas. Este “fondo de emergencia” se depositará en un “instrumento de propósito especial” utilizado para respaldar los préstamos adicionales de la Reserva Federal.

Esos 454.000 millones $ están diseñados para crecer en un factor de 10 o más. “Podemos movilizar hasta 4 billones de dólares”, dijo Steve Mnuchin, que desempeña el papel de “secretario del Tesoro entrenado por Goldman Sachs dedicado a gastos gratuitos”, lo que aparentemente es un requisito previo para las narrativas de desastres financieros en la América moderna (detrás de cada burbuja especulativa estaban personas que habían trabajado para Goldman Sachs, AyR).

Al principio, los demócratas expresaron su preocupación por el injerto al estilo de la vieja escuela de Tammany Hall, es decir, que el fondo se utilizaría para invertir en empresas con buenas conexiones. “No estamos aquí para crear un fondo de sobornos para Donald Trump y su familia”, dijo Elizabeth Warren.

Sin embargo, una vez que los demócratas obtuvieron concesiones superficiales de supervisión (incluida la creación de una Comisión de Supervisión del Congreso), Warren y todos los demás en el comité aprobaron el concepto de “fondo para sobornos”, a pesar de los problemas mucho más radicales que plantea el injerto individual.


Tras anunciar la Fed que no permitirá que se desplome el capital financiero tuvo lugar una ola de compras de acciones de más del 90% de las empresas del S&P 500


El “fondo para sobornos” de la Ley CARES imagina un futuro en el que los mercados para todos los productos financieros están estresados, quizás permanentemente, por cierres patronales. En lugar de un despiadado mercado libre de inversores en pánico que quieran reducir sus pérdidas y vender, el plan es simular la compra y venta real de productos financieros como hipotecas y bonos con intervencuines dirigidas mediante los infinitos billones de la Reserva Federal.

Y serán interminables. La Fed, como dijo su jefe, Jerome Powell, “no se quedará sin municiones” en la guerra contra la crisis económica. Marcus Stanley, de Americans for Financial Reform, dijo: “la intención con ello de la Fed sobre es crear normalidad”. Pero, ¿qué significa “normal” en una economía que puede ser cambiada para siempre?

Los inversores huían de las acciones, los bonos, los fondos del mercado monetario, etc., en las primeras semanas de marzo por la razón perfectamente lógica de que la mayoría de repente parecían inversiones arriesgadas. Pero en el instante en que la Fed anunció sus nuevos programas de compras, la mayoría de estos mercados se recuperaron casi por completo.

Los principales fondos de bonos que estaban al borde de hundirse el 23 de marzo, como el fondo LQD de 30.000 millones $ de BlackRock, rebotaron en la bolsa y recuperaron casi todo su valor en los siguientes días. El S&P 500 se hundió un 34% en 23 sesiones de mercado al comienzo de la crisis para, tras el anuncio de la Fed el 23 de marzo, aumentar un 27% en sus siguientes 16 sesiones. El NYSE Composite alcanzó un mínimo de 8,777 puntos el 23 de marzo, y después comenzó una larga marcha de vuelta a más de los 10,000 puntos y después a los 11,000 de ese día en adelante.

Los inversores han comenzado a seguir a la Fed. Los analistas están alentando a los clientes a “comprar lo que la Fed está comprando”, porque “el estímulo parece ser interminable”. El auge no está en ningún tipo particular de empresa o producto, sino en la propia Fed.

“La Fed es el mercado, y todos los grandes jugadores lo saben, mientras que la economía real se tambaleará muy por detrás”, así lo expresa Nomi Prins, autora de “Collusion”, y experta en política de banca central.

Este plan está recibiendo apoyo tanto de la derecha como de la izquierda. Los analistas de Wall Street aplauden la decisión de Powell, el jefe de la Fed, de actuar “con fuerza, proactividad y agresividad” para prevenir el colapso financiero, mientras que los economistas liberales parecen alegrarse del espectáculo de un gobierno que abandona la desgarradora retórica conservadora sobre las restricciones fiscales para dedicarse a invertir masivamente en la economía.


El rescate del capital financiero por la Fed ha dado lugar al mayor aumento en las compras en Wall Street

 
“Simpatizo más de lo que lo habría hecho en otras circunstancias”, dice el economista progresista Dean Baker, y añade que esta crisis extraordinaria ha creado problemas reales para muchas buenas compañías que abordará n las acciones de la Fed.

Hace décadas, Estados Unidos comenzó el camino de la creación de dos mundos económicos. Nuestra antigua economía brick and mortar (literalmente ladrillo y mortero, se refiere a empresas o instituciones materializadas en un edificio, una tienda, una fábrica, etc., AyR) entró en decadencia y comenzó a exportarse al extranjero, a zonas de mano de obra barata y países con leyes ambientales menos estrictas, lugares que, como lo expresó el economista Larry Summers, estaban “muy poco contaminados”. El hecho de que este proceso dejara atrás a los trabajadores de las fábricas estadounidenses era solo su mala suerte, algo que requería adoptar una actitud para “asumirlo y hacerlo frente”.

Sin embargo, no fue así para sus jefes, que fueron rescatados del declive mediante la transición a un trabajo aún más rentable en una nueva economía “financiarizada”. Este mundo enfatizó el ganar dinero moviéndolo en los mercados de capitales, priorizando tarifas, intereses, ganancias de capital, etc. Una generación de mentes que fueron entrenadas en la lógica de la “financiarización” y sus principios subyacentes, que incluyen la idea de que los trabajadores son algo gastable, los desagües parásitos de los “creadores de riqueza” por encima de ellos aceleraron la inclinación agresiva hacia la derecha política por parte de los ricos de Estados Unidos en las últimas décadas.

Incluso los expertos de la Reserva Federal, cuyo mandato oficial incluye el alcanzar el “máximo empleo sostenible”, se fueron alejando cada vez más de su objetivo en el mundo real a lo largo de los años, pasando en lugar de ello a dedicarse a atender las necesidades de esta segunda economía de castillos de arena por encima de los problemas de personas trabajadoras privadas de sus derechos, cuyos destinos en su mayoría no pudieron evitarse. Y ¿por qué no? ¿Qué funcionario de la Fed se relaciona con alguien que no esté empleado en el sector financiero? ¿Cómo podría relacionarse con él el mundo real?

El rescate del Coronavirus podría terminar siendo el último capítulo de esta horrible historia. Aunque estamos viendo una demostración gráfica de cómo los trabajadores “no calificados”, como los asistentes de salud en el hogar y los repartidores y los empleados de supermercados, son en realidad las personas de vital importancia en nuestra sociedad, no están recibiendo el rescate radical. No hay atención médica universal repentina, no hay licencia por enfermedad garantizada, no hay un plan de trabajo masivo, tan solo tiritas. Morirán en grandes cantidades y saldrán de esta crisis, si es que termina, más pobres y más vulnerables que antes.


Pero los mercados financieros están obteniendo el compromiso financiero de “lo que sea necesario” al estilo de la Segunda Guerra Mundial, basado en la falacia de que los “creadores de riqueza” deben ser los primeros en ser rescatados en cualquier crisis. Esta fue una suposición errónea en la cubierta del Titanic, fue una suposición incorrecta después de 2008, y es una suposición criminal errónea ahora.

La creencia continua en el mito del goteo (que asegura que la riqueza se filtra hacia abajo, de los ricos a los pobles, AyR) que ha estado destruyendo y dividiendo a este país durante décadas nos matará más rápido que cualquier pandemia. Si vamos a gastar en cantidades “ilimitadas”, hagámoslo por una vez en el mundo real y para las personas que más lo necesitan.

"Nazis en Wall Street", 6ª y final: Las amistades peligrosas de la familia Bush

Published on: sábado, 23 de mayo de 2020 // ,

La familia del actual presidente de los EEUU es una de las muchas familias de industriales norteamericanos involucrados en tratos comerciales con los nazis. Todo empezó con su bisabuelo materno George Herbert Walker, un hombre de negocios de St Louis que fundó la firma bancaria e inversora G.H. Walker and Company en 1900. Más tarde la compañía se trasladó su sede al número 1 de Wall Street. En los años 20, en una época en que la economía alemana en pleno proceso de recuperación atraía a muchos inversores norteamericanos, George Herbert Walker era presidente de Union Banking Corporation, que hacía de intermediario entre la poderosa firma estadounidense Harriman & Company y el industrial alemán Fritz Thyssen, que financiaba el por entonces todavía pequeño partido de Hitler. Y llegado el año 1926, Walker decide poner a su yerno, Prescott Bush, en el puesto de vicepresidente de Harriman & Company, que vendía bonos alemanes a inversores americanos. Poco después, en 1931 esta compañía se fusionó con una compañía de inversiones Brown Brothers, Harriman.

Además Walker entró en un acuerdo para hacerse cargo de las operaciones norteamericanas de la empresa de traslado de mercancías Hamburg-Amerika Line, que era una tapadera que ocultaba una unidad de espionaje de la IG Farben. A través de Hamburg-Amerika Line entraron en los EE.UU. agentes nazis, propaganda y dinero para sobornar a políticos norteamericanos y acercarlos a posturas nazis. De hecho, en 1934, una investigación del Congreso destapó que la mencionada compañía financiaba gran parte de los esfuerzos propagandísticos de los nazis en EEUU y Alemania. Aunque Walker no lo sabía, uno de sus empleados norteamericanos, Dan Harkins, dio el soplo al Congreso sobre estas actividades de espionaje pro-nazis y Harkins acabaría por convertirse en un doble agente del presidente Roosevelt. Poco después en noviembre de 1935 en un artículo para la publicación Common Sense el general Smedly Butler acusó a la Brown Brothers, Harriman de hacer actuar a los marines norteamericanos como mafiosos y gangsters explotando a los campesinos de Nicaragua. A pesar de todo esto, Prescott Bush en vez de deshacerse del dinero nazi contrató los servicios de un abogado para ocultar sus activos. Ese abogado era Allen Dulles. Dulles ocultó el dinero del abuelo del actual presidente de los EEUU en una cuenta a nombre de Brown Brothers Harriman-Shroeder Rock. El nombre de Shroeder era el del banco nazi en el cual tenía un cargo Dulles y “Rock” era por Rockefeller, pues también había dinero de la Standard Oil. Pero poco después del episodio de Pearl Harbor, la compañía de Prescott Bush fue investigada por ayudar a los nazis en tiempos de guerra.


 Prescott Bush (en el centro) en una reunión de Brown Brothers, Harriman


Cuando las investigaciones sobre las actividades pro-nazis de Prescott Bush empezaban a dar sus primeros frutos, su hijo George abandonó sus planes de entrar en la Universidad de Yale y se alistó en la Marina de los EEUU, en lo que era un intento de limpiar la reputación de la familia. En octubre de 1942, cuando el joven George estaba en la escuela de aviación, su padre fue formalmente acusado de colaborar con el enemigo y todas las acciones de la Union Bank Corporation fueron incautadas por el gobierno.

Llegado este punto merece la pena dedicar unas líneas a los Thyssen y el secreto de su espectacular fortuna, la cual ha llamado la atención de diversos investigadores. Uno de ellos es John Loftus, antiguo fiscal del Departamento de Justicia de los EEUU encargado de la investigación de los crímenes de guerra nazis y actualmente presidente del Museo del Holocausto de Florida, además de autor de varios libros sobre el tema que nos ocupa. Según Loftus, al acabar la guerra el botín que consiguió reunir la familia Thyssen durante el III Reich, se esfumó en las barbas de los aliados gracias a lo cual el grupo Thyssen es el conglomerado industrial más fuerte de Alemania y sus propietarios, los auténticos triunfadores del III Reich. ¿Cómo fue esto posible? En los años 20 la familia Thyssen creó una intricada telaraña de instituciones financieras, un sistema de “tuberías subterráneas” para trasladar el dinero negro.

 El presidente Eisenhower y Prescott Bush

A otro estudioso del caso, William Gowen (1), las investigaciones le llevaron hasta la familia real holandesa. Gowen, que fue el primer agente de inteligencia americano que supo de la existencia de las “rutas de las ratas”, descubrió en 1999 que gran parte de la fortuna de los Thyssen fue puesta a salvo antes del fin de la guerra poniéndola a nombre de parientes lejanos en Holanda. Al ser éstos ciudadanos de un país neutral pudieron reclamar a los aliados buena parte del imperio industrial Thyssen en Alemania. En cuanto a sus ganancias en metálico, Gowen descubrió a través del periodis- ta Paul Manning (2) que Fritz Thyssen usó un banco holandés, el Bank voor Handel en Scheepvaart de Rotterdam para sacarlas del país. Se daba además la circunstancia que este banco había sido fundado por August Thyssen (padre de Fritz) en 1916 y que en 1923, Fritz Thyssen obtuvo de él un préstamo para construir la primera sede del Partido Nazi en Munich y que el abogado del banco no era otro que Allen Dulles.

Todo esto hizo a Gowen desplazarse a Holanda y allí un ex-agente de inteligencia de éste país le ayudó a reconstruir la historia de la fortuna de los Thyssen. Al parecer las pérdidas económicas que supuso para esta dinastía de empresarios alemanes las restricciones impuestas por el tratado de Versalles llevó a August Thyssen a buscarse subterfugios para que su imperio quedara intacto en caso de guerra. Así, uno de sus hijos, Fritz, se uniría a los nazis en 1923 mientras que el otro sería neutral. Éste último se casaría con una aristócrata húngara y llevaría el título de Barón de Thyssen-Bornemizsa, poseyendo las nacionalidades húngara y holandesa. En público el segundo hacía ver que odiaba a su hermano nazi pero en privado se reunía periódicamente con éste para dirigir sus actividades económicas. La maniobra era perfecta: si un hermano era privado de sus propiedades siempre podía transferir la titularidad de los bienes al otro. Para ayudar a sus hijos en estas maniobras August Thyssen había creado tres instituciones financieras: el Banco August Thyssen en Berlín, el Bank voor Handel en Scheepvaart en Rotterdam (Holanda) y la Union Banking Corporation de Nueva York, de la cual Prescott Bush fue presidente. Los hermanos Thyssen lo único que tenían que hacer es trasladar los títulos de propiedad de sus inmensos activos de un banco a otro. Cuando los nazis invadieron Holanda investigaron el Bank voor Handel en Scheepvaart por transferir dinero fuera de la Alemania nazi pero allí no estaba lo que buscaban: Fritz Thyssen lo había transferido a su banco de Berlín. Y cuando los aliados tomaron Berlín llegó la hora de que los documentos viajaran a la neutral Holanda desde donde se podía reclamar propiedad incautada por los nazis. Pero esta vez había un pequeño problema: el Banco August Thyssen en Berlín había sido bombardeado, y lo que es peor, estaba en la zona controlada por los soviéticos.


Edwin Pauley y el presidente Truman


Según pudo saber Gowen, inmediatamente se organizó una operación de inteligencia para recuperar los papeles comandada por el príncipe holandés Bernhard. Éste engañó a los rusos diciendo que lo que se buscaba eran las joyas de su esposa la princesa Juliana. La Operación Juliana tuvo éxito y se recuperaron los documentos de debajo de los cascotes. Esta maniobra constituyó una burla a los esfuerzos aliados de dar con la fortuna de los Thyssen.

Una  vez acabada la guerra tras la ocupación nazi, el director del Bank voor Handel en Scheepvaart de Rótterdam, al ser restablecido en su cargo, se dio cuenta de que su banco albergaba el secreto de los Thyssen. Quiso hacerlo público en Holanda peo los Thyssen le despidieron. Entonces muy ingenuamente decidió viajar a Nueva York para contárselo al director del Union Bank, Prescott Bush. Dos semanas más tarde fue hallado muerto en Nueva York. Muchos años después, el periodista holandés Eddy Roever viajó a Londres para preguntar sobre el particular al Barón Thyssen, que era vecino de Margaret Thatcher. Dos días más tardes también apareció muerto. “Quizá”, como iró- nicamente afirma Loftus citando a Gowen, “fue sólo una coincidencia que dos hombres sanos murieran de sendos ataques al corazón tras tratar de desvelar la verdad sobre los Thyssen”.


El presidente Roosevelt con Henry Morgenthau (al fondo)
 

Volviendo a los Bush, la influencia de los hermanos Dulles sobre éstos no acaba con Prescott Bush. Incluso cuando el hijo de éste, George, se traslada a Texas para convertirse en un próspero hombre de negocios, la conexión con los “piratas de Wall Street” perdura. Para empezar, George Bush en sus negocios petroleros en Méjico contaba con un socio, Edwin Pauley, que era un espía de los hermanos Dulles infiltrado en las filas del Partido Demócrata. Este personaje había sido nombrado en 1945 por el presidente Truman representante de los EEUU en el Comité Aliado de Reparaciones, y desde su puesto privilegiado se dedicó a proteger los intereses de los hermanos Dulles. Éstos estaban por entonces muy ocupados en transferir el dinero nazi fuera de Europa y Pauley les facilitaba el trabajo manteniendo a los rusos lejos del botín o incluso impidiendo que se dieran cuenta de que éste existía. Y después de trabajar para el gobierno, Pauley se dedicó al mundo de los negocios petroleros fundando la compañía Pauley Petroleum. Esta compañía descubrió unas reservas de petróleo muy ricas frente a la costa del Golfo de Méjico en 1959 por las cuales entró en disputas con el gobierno mejicano, que consideraba que los royalties pagados por la empresa por la explotación de los pozos eran demasiado bajos. Pero ante todo Pauley fue el hombre que inventó un sistema usado por el servicio secreto de lavado de dinero en Méjico, que fue más tarde refinado en los 70 como parte del escándalo del Watergate protagonizado por Nixon. Así, en un determinado momento, una serie de agentes de la CIA usaron Pemex, la compañía de petróleos estatal mejicana como tapadera mientras Pauley lavaba dinero que se usó para contribuir a la campaña presidencial. Aquí convendría tener en cuenta que la conexión mejicana de la CIA jugó un papel clave en la carrera política de George Bush padre. De hecho los negocios petroleros que compartía con Pauley fueron los que le catapultaron a la vida política. No es extraño pues que George Bush se refiriera a Nixon como su mentor y que éste último apoyara al primero desde sus primeros pasos en política.


Prescott Bush y su hijo, el presidente George Bush



Tras la victoria electoral de Nixon del año 72, éste hizo limpieza política en la Casa Blanca dejando sólo a sus hombres más leales. “Eliminad a todos”, dijo el corrupto mandatario americano, “excepto a George Bush. Bush está dispuesto a hacer cualquier cosa por nuestra causa”. Como consecuencia, George Bush padre fue puesto al frente del Comité Nacional Republicano. Además trabajó en la formación del núcleo de ex-fascistas emigrados a EEUU (los traía Allen Dulles) dentro del Partido Republicano, para contrarrestar la fuerza que daba el voto judío al Partido Demócrata. Y esta relación con antiguos fascistas se mantuvo incluso durante su mandato como presidente de los EEUU Tras la dimisión de Nixon por corrupción, George Bush esperaba ser el vicepresidente de Gerald Ford, pero fue nombrado embajador de EEUU en la ONU, pues el puesto de vicepresidente lo ocupó Nelson Rockefeller. Éste creó una comisión para investigar los abusos de la CIA, que estaba copada por antiguos hombres de confianza de Dulles como Ronald Reagan, el cual había dirigido una organización de lavado de dinero que se conoció con el nombre de “Cruzada por la Libertad”. Finalmente, en 1988 Project Censorship, una organización que investiga la censura en los medios de comunicación premió a un artículo sobre George Bush. El artículo revelaba cómo los principales “media” ignoraron o encubrieron al menos diez noticias críticas con el candidato a la presidencia, la mayoría conectadas con la formación de grupos nazis y antisemitas dentro del Partido Republicano. Entre ellos estaba Nicholas Nazarenko, líder de una división cosaca de las Waffen SS y Bohdan Fedorak, criminal de guerra ucraniano implicado en pogromos contra judíos durante la Segunda Guerra Mundial.

Y parece que el sino de la familia Bush pasa por “comerciar con el enemigo”. Así cuando George Bush hijo anunció su cruzada contra el terrorismo internacional, justo antes de arrasar lo poco que quedaba en pie en Afganistán, no dijo que el terrorista que supuestamente planeó el devastador atentado contra el World Trade Center de Nueva York, a saber, Osama bin Laden, era un viejo conocido de la familia Bush. En efecto, cuando George W. Bush quiso seguir los pasos de su padre en 1978 y convertirse en empresario fundó la compañía de exploraciones petroleras Arbusto, en la que el hermano mayor de Osama bin Laden, Salem bin Laden, era un importante inversor de esta compañía. Éste último, que moriría en un accidente de avión en 1988, nombró a James Bath representante en Houston (Texas) de sus negocios. Bath era un broker de la industria aeronáutica que había apoyado económicamente las campañas de Bush padre y tenía conexiones con la CIA. Según un antiguo socio de Bath, éste estaba en tratos con millonarios saudíes como el banquero Sheik Khalid bin Mahfouz, uno de los principales accionistas del siniestro BCCI (3) , un banco implicado en el lavado de dinero de la droga y del tráfico de armas, en la financiación de dictaduras y movimientos terroristas (como la Yihad Islámica) y en el uso del dinero del petróleo de Oriente Medio para influenciar a políticos norteamericanos. Y lo más importante: Sheik Khalid bin Mahfouz financia las actividades armadas de Osama bin Laden y su grupo de combatientes islámicos.


 El presidente Nixon y Prescott Bush


Pero las aventuras empresariales de George Bush hijo no resultaron y éste se involucró en turbias maniobras empresariales con el objeto de recuperar el dinero de aquellos que habían invertido en sus negocios petroleros. Para empezar cambió el nombre de su empresa para llamarla Bush Explorations y a continuación fusionarla con la Spectrum 7 Energy Corporation en 1984. Poco después la compañía de Bush hijo se camufla dentro de la Harken Energy Corp., una firma con base en Dallas. Entonces George W. Bush usa el apellido familiar para conseguir un lucrativo contrato con el gobierno de Bahrein. Y en 1990 justo antes de la invasión de Kuwait por parte de Irak y el conflicto bélico subsiguiente Bush Jr. vendió sus acciones en la empresa cuando todavía su valor estaba en alza. Se cree que un soplo de su padre le alertó.

Pero además George W. Bush recibió dinero del magnate de Arkansas Jackson Stephens, también conectado con el BCCI. Éste estaba implicado en el escándalo del BCCI porque había ayudado a esta corrupta entidad a hacerse con el control de First National Bank en Washington DC. Stephens invirtió en los negocios de los Bush e hizo donaciones para la campaña presidencial de Bush padre a través de la rama suiza del BCCI, a pesar de que en el pasado había financiado a personajes del Partido Demócrata, como Carter y Clinton. Igualmente obsequió con una generosa contribución a George W. Bush tras la controvertida votación de Florida que le hizo presidente.

ALGUNAS PRECISIONES


Lo que hemos expuesto no significa que el enfrentamiento entre los EEUU y Alemania por el liderazgo del capitalismo fuera una farsa. Nada más lejos de nuestras intenciones y de la realidad histórica. Existe una visión conspirativa de la historia por la cual se pretende hacer creer que el capitalismo es un bloque unitario dirigido por un puñado de oligarcas que forman un “gobierno invisible” a escala mundial. Según esta teoría los grandes conflictos bélicos no serían más que puro teatro. Nosotros, desde Amor y Rabia pensamos que, muy al contrario, existe una lucha feroz entre diversos sectores del capitalismo mundial (que nos parece bastante evidente en el caso de los EE.UU. y la UE liderada por Alemania, a pesar de que la mayoría de los “media” lo quieran ocultar) y que las guerras tienen que ver con planes de ampliación de la esfera de dominio de estos bloques de poder. La concepción conspirativa de la realidad histórica, por otra parte, es de la que se ha venido valiendo la Iglesia Católica en su forcejeo con el capitalismo angloamericano. Así cuando el “cristianismo de base” habla de, por ejemplo, la Comisión Trilateral, rescata para ello las teorías del “gobierno invisible” de los años 30, aunque en aquella ocasión se referían a un supuesto gobierno judío en la sombra, dispuesto a dominar el mundo. Y no es extraño detectar la misma idea en algunos sectores del llamado “movimiento antiglobalización”, en el que hay no pocos grupos de orientación católica.

En el caso que nos ocupa, no se debe pasar por alto el hecho de que tras la Primera Guerra Mundial los EEUU, al frente del bloque aliado, se propusieron reventar económicamente a Alemania para acabar con ésta como potencia rival. Cuando los EEUU vieron que tenían la posibilidad de hacerse con al hegemonía mundial idearon el Plan Young para chantajear a Alemania; ésta fue obligada a hacer frente a los pagos por las compensaciones económicas derivadas de la Gran Guerra a través de créditos emitidos por compañías norteamericanas (lo que suponía endeudarse y perder su iniciativa individual) o bien aceptar la entrada del capital estadounidense en sus empresas (es decir, que los centros de poder del imperialismo alemán pasaran a estar controlados por EEUU). La única salida de una Alemania que quería mantener su estatus de potencia era, por tanto, la guerra; mediante la guerra Alemania podía expoliar a los países del este y exprimir la mano de obra esclava de los presos de los campos de concentración para tapar el enorme agujero económico dejado por la derrota en la Primera Guerra Mundial.

Más tarde tras la Segunda Guerra Mundial, los EEUU se plantearon cómo conducir la posguerra en Europa de manera que no afectara negativamente a sus intereses geopolíticos. Entonces se enfrentaron dos líneas estratégicas muy distintas. Una era la propuesta por Morgenthau, secretario del Tesoro con Roosevelt. Henry Morgenthau, estadounidense descendiente de judíos alemanes, pretendía acabar para siempre con Alemania como potencia mundial dividiéndola en pequeños estados y desmantelando su industria. Pero el gran capital norteamericano sabía que si prosperaban los planes de Morgenthau Europa se desestabilizaría y que podría acabar firmando pactos con la URSS (algo nefasto para la política exterior de los EEUU). De hecho, algo parecido había ocurrido tras la Primera Guerra Mundial, dando alas al nacionalismo alemán más extremo (que Hitler supo explotar) y posibilitando que las empresas alemanas trasladaran su capital y centro de operaciones a Suecia, Suiza y España, y colaboraran política y militarmente con la recién nacida URSS (con el pacto de Rapallo). En su lugar los EEUU permitieron que el capitalismo alemán disfrutara de su botín de guerra (4) pero, eso sí, se preocupó muy mucho de alejar a Alemania de la URSS, para que no surgiera una nueva potencia en el bloque euroasiático (con sus enormes recursos energéticos) que acabara con la hegemonía mundial norteamericana. Con ello se acentuaba la dependencia energética de Europa occidental con respecto a EEUU (un dato curioso: el Plan Marshall impedía la financiación de refinerías en Europa).

Nuestro propósito, por tanto, no es otro que el ya habitual de denunciar que tras las guerras no hay más que intereses de poder por mucho que se aleguen motivos humanitarios. Esto continúa siendo así hoy día, en que los intereses geopolíticos de la UE y los EEUU han entrado en conflicto en lo que se refiere al tema de Irak (un país petrolero cuyo gobierno está predispuesto a entenderse con Alemania). Es, pues, un buen momento para hacer valer los planteamientos antimilitaristas del anarquismo para, sobre la base de un análisis profundo de lasluchas en el seno del capitalismo mundial, alertar a la población de la desinformación y la manipulación de que es objeto.


NOTAS

  1. El padre de Gowen fue enviado por Roosevelt ante Pío XII como emisario diplomático en un inútil intento de persuadir al Papa de que condenara la política de Hitler contra los judíos. Esto implica que la supuesta condena de Pío XII del Holocausto de la que hablan muchos autores católicos es una total y absoluta falsedad.
  2. Paul Manning se topó con una copia de los interrogatorios a que sometieron los aliados a Fritz Thyssen cuando buscaba material para escribir un libro sobre el lavado del dinero nazi. Al instante, Allen Dulles tuvo conocimiento de esto y se prestó a “ayudarle”. Tanto le ayudó que convenció a Manning para que buscara al nazi Martin Bormann en Latinoamérica. Así Dulles evitó que desenterrara información sobre su pasado de colaboracionista nazi.
  3. El tema del BCCI ya fue tratado en el número 64 (“El Estado y la Mafia”) de Amor y Rabia.
  4. Durante la posguerra este botín acabó por ser poco a poco trasferido desde Latinoamérica, donde estaba oculto, a Alemania. En esto, precisamente, consistió el llamado “milagro” Alemán.

BIBLIOGRAFIA


A) Monografías


  • Black Edwin: IBM and the Holocaust, Little Brown, 2001.
  • Higham, Charles: Trading With the Enemy: An Expose of the Nazi-American Money Plot 1933-1949, Delacorte Press, N.Y. 1983.
  • Lebor, Adam: Los banqueros secretos de Hitler, Grijalbo, Barcelona, 1998.
  • Loftus, John and Aarons, Mark: The Secret War Against The Jews: How Western Espionage Betrayed The Jewish People, St. Martin’s Press, NY. 1994.
  • Sampson, Anthony: El estado soberano de la ITT, Dopesa, Barcelona, 1974.
  • Seldes, George y Seldes, Helen: Facts and Fascism, In Fact, Inc., N Y. 1 9 4 3
  • Simpson, Christopher: Blowback: America’s Recruitment of Nazis and Its Effect on the Cold War, Weidenfeld & Nicolson, N Y. 1 9 8 8
  • Tetens, T.H.: The New Germany and the Old Nazis by Random House, NY.  1961.

B) Artículos



La globalización se resquebraja

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Cada vez es más evidente que la principal consecuencia de las reacciones a la pandemia del Coronavirus ha sido hacer posible la ruptura de las cadenas de producción globales, columna vertebral de la economía globalizada. Es una ironía que haya sido precisamente China, su principal beneficiada, quien lo hizo posible al parar su economía a un nivel nuevo en la historia para hacer frente al brote en Wuhan.

Para EEUU, la pandemia es una bendición, al suministrar poderosos argumentos contra la globalización a Trump, que ya en su campaña electoral anunció su intención de poner en marcha un modelo proteccionista. Que la pandemia empezara en China, país contra el que puso en marcha ya en 2018 una guerra comercial, ha dado lugar a muchas teorías sobre un supuesto origen estadounidense del virus; lo único cierto es que el virus está sirviendo a Trump para estrechar el cerco en torno a la economía china.

Para el gran capital, el fin de la Globalización era un paso necesario, ya que la tasa de beneficios que se obtenía con ella había dejado de crecer desde la crisis financiera de 2008/9. Con la excusa de la pandemia, el gran capital ha recibido fabulosas inyecciones financieras, que aumentarán próximamente con la excusa del apocalipsis climático.

A nivel global la pandemia tendrá consecuencias potencialmente nefastas: el derrumbe del comercio ya en marcha, y la cada vez más evidente creación de bloques económicos enfrentados recuerda peligrosamente a la situación de los años 30, en el que la creación de diversos bloques -la zona del franco, de la libra, del dólar y del Reichmark- sentaron las bases para una escalada creciente de tensiones y armamento, que desembocó en la Segunda Guerra Mundial.

Pero, a diferencia de la década de los 30, con varios aspirantes a la hegemonía global que aplicaron una autarquía basada en sus divisas, hoy día el objetivo es aislar a China para impedir que siga ganando músculo económico. La canciller alemana, Angela Merkel, lo ha dicho claro: "la renacionalización de todas las cadenas internacionales de suministros globales...  tendría un precio demasiado alto". Dicho de otra forma, las grandes empresas alemanas o estadounidenses no quieren llevar de vuelta las fábricas a su país, porque perderían la "competitividad" fruto del uso de la mano de obra barata de otros países.

Para sustituir a China hacen falta países dotados de mano de obra cualificada barata (China ya había alcanzado el poder adquisitivo de Portugal o Grecia). Para lograrlo se siembra el pánico en la clase trabajadora occidental, que facilita la aceptación de una caída salarial.

"Rescates para los ricos, el virus para el resto de nosotros", por Rob Urie

Published on: viernes, 22 de mayo de 2020 // ,

Por segunda vez en una generación, el Presidente y el Congreso están creando una economía con la excusa de “salvar la economía”. Mediante los rescates para los ejecutivos de corporaciones e instituciones cuyas arcas han sido vaciadas para su enriquecimiento, una cleptocracia corporativa está asegurando su poder de clase. Y a través de los pagos simbólicos y la especulación pandémica para las masas, el precariado estadounidense se está profundizando y ampliando para solidificar su posición desesperada y prescindible.

Con la amenaza de Donald Trump de “hacer que Estados Unidos vuelva a funcionar” antes de Pascua (12 de abril), la misma táctica que transformó la pandemia de Italia de una tragedia a una catástrofe se repite aquí a una escala mucho mayor. ¿Y para qué? En una economía en la que el 1% más rico se lleva todas las ganancias, mientras que los pobres y la clase trabajadora no han visto un aumento de sus ingresos en cuatro décadas, son los ricos quienes cosecharán los beneficios mientras los trabajadores enferman y mueren. Es el capitalismo financiero el que se está rescatando cuando debería haberse axfisiado bajo su propio peso en 2009.

¿Dónde están los rescates para la gente? ¿Cheques de 1.200 $ contra facturas por valor de 30.000 $ para pagar el tratamiento para el Coronavirus? ¿Por qué el objetivo principal de los rescates no es brindar atención médica a todas las personas? Trump dice que enviará a los trabajadores de vuelta al trabajo, mientras que los demócratas no les dejan otra alternativa que trabajar o pasar hambre. Sin proporcionarles los medios, asegurados por los escasos rescates, los demócratas son tan culpables como Donald Trump de enviar a los trabajadores a morir en una pandemia para meter algunos dólares más en las cuentas bancarias de los ricos.

De nuevo, ¿dónde están los kits de prueba de virus, los respiradores y el equipo de protección para los trabajadores de la salud y el resto de nosotros? Nick Turse, de The Intercept, miente al afirmar que la necesidad de estos no podría haberse previsto. Durante décadas, epidemiólogos y profesionales de la salud han estado gritando desde los tejados sobre la necesidad de prepararse para una pandemia causada por un virus respiratorio. Los sucesivos gobiernos neoliberales rechazaron las advertencias y aquí estamos para sufrir las consecuencias.


GRAFICO 1: En tiempos de crisis desde el poder se apela a la solidaridad a través de la unidad nacional. Sin embargo, quién posee la economía muestra poca solidaridad. Los ricos poseen la economía, representada aquí en acciones. Desde el otoño de 2019, mucho antes de que llegara el Coronavirus, la Reserva Federal ha estado rescatando a Wall Street por valor de varios billones de dólares. No hay suficientes kits de test de Coronavirus, respiradores o equipos de protección, pero al menos los ricos ya no tienen que preocuparse por no ser ricos. Fuente: Edward Wolff / NBER.


Cuando el Sr. Trump dijo que “nuestro país no fue construido para ser cerrado”, se nos tiene que perdonarpor preguntar de qué país estaba hablando y por qué no se puede cerrar. El país que habitamos la mayoría de nosotros ha estado en proceso de cierre durante unas cuatro décadas a través de la subcontratación, la privatización, la austeridad y los recortes de la red de seguridad social. La región en la que vivo se cerró por completo en 2008 y permaneció cerrada hasta hace poco. Ese es el tiempo que tardó la última ronda de rescates en llegar aquí.

Implícito en la declaración está que nosotros, la gente, debemos comportarnos siguiendo los dictados de ‘la economía’ y no al revés. En todo el parloteo sobre libertad y democracia, se teoriza que la economía existe en un ámbito donde las necesidades humanas son secundarias, una simple cuestión de opinión. No puede decirse de ninguna manera que la pandemia del Coronavirus haya sido elegida. Tampoco las existencias marginales que muchos de nosotros vivimos. De esta manera, las deferencias hacia el sistema económico son una tapadera para las relaciones de poder, no un orden natural.
Una de las verdades que se dice en voz alta en un momento de pánico político es que el gobierno federal puede crear tanto dinero como le interese y gastarlo de la manera que mejor le parezca. Neel Kashkari, presidente de la Reserva Federal de Minneapolis, volvió a confirmarlo. Esto convierte la pobreza, la deuda estudiantil, la atención médica inadecuada, las deficiencias de la Seguridad Social y la austeridad en opciones políticas, no hechos naturales. También significa que los miles de trabajadores enviados a muertes prematuras por el Coronavirus podrían salvarse con la misma facilidad.

Si bien está claro que Donald Trump es una amenaza, los demócratas aún no han asumido que están usando la misma lógica: que las personas deben ser sacrificadas para salvar ‘el sistema’, el motivo que llevó a los rescates de Wall Street por parte de Barack Obama. Los banqueros ricos recibieron rescates sin condiciones, mientras que a nueve millones de prestatarios hipotecarios les quitaron sus casas para restaurar las ganancias bancarias. Se citó la “santidad de los contratos” para otorgar bonos a los banqueros rescatados, mientras se negaba el alivio a los propietarios no podían pagar sus hipotecas por el “riesgo moral”.

A medida que el gobierno federal, bajo los auspicios de Donald Trump, Nancy Pelosi y Chuck Schumer, conjura “de la nada” cinco billones de dólares (estímulo del gobierno federal + estímulo de la Reserva Federal) para rescatar a los especuladores financieros y la clase dedicada al saqueo corporativo, ¿dónde estaba esta capacidad cuando Joe Biden afirmó que “nosotros” no podemos permitirnos un sistema de salud que funcione? ¿Dónde estaba esa capacidad cuando Nancy Pelosi afirmó usando ese “nosotros” para decir que no podemos permitirnos un Green New Deal? El programa de austeridad de los demócratas nacionales durante décadas siempre ha sido un fraude cínico.

La razón por la que esto importa es que los demócratas de alto rango han asumido en general la afirmación de que el gobierno federal debe ‘vivir dentro de sus posibilidades’ al pie de la letra, incluso cuando soportaron el peso de las políticas de austeridad, como están a punto de volver a hacer. Si los fondos de cobertura, el capital privado y varios especuladores financieros pueden ser rescatados, entonces ¿por qué no se pudo rescatar a los propietarios afroamericanos en 2010? Si los ejecutivos corporativos corruptos e incompetentes pueden ser rescatados, entonces ¿por qué no podrían rescatarse los trabajadores cuyos trabajos fueron subcontratados a través del TLCAN? (el tratado de libre comercio entre EEUU, Canadá y México, AyR). Si los demócratas hubieran obligado a la administración Obama a rendir cuentas de los rescates de Wall Street, tendrían derecho a criticar hoy a Donald Trump. Pero no lo hicieron.

La mayoría de los lectores probablemente no lo saben, pero la Reserva Federal comenzó a rescatar a Wall Street a principios del otoño pasado, mucho antes del golpe del Coronavirus. Por qué esto importa es porque indica que basicamente nada se solucionó mediante los rescates financieros previos. Los fondos de cobertura (hedge funds) del tipo que paga a sus ejecutivos decenas de millones de dólares crearon las dislocaciones del mercado que dicen ser capaces de explotar. En 2007, estas estrategias se ridiculizaron como ‘recoger centavos delante de una apisonadora’ por su tendencia a obtener ganancias regulares hasta que les toca devolverlo todo y algo más cuando explotan.



GRAFICO 2: A partir del otoño pasado (2019), la Reserva Federal reinició las compras de bonos a gran escala para proporcionar ‘liquidez’, es decir, la capacidad de realizar transacciones, a los mercados financieros. Las dislocaciones en el mercado Repo (contrato de recompra) donde los grandes fondos de cobertura (hedge funds) especulan comenzaron a aparecer. Tanto si esto se debió a que los grandes bancos prefirieron poner sus fondos en otro lugar (forex) como si se debió a que las estrategias de arbitraje de los fondos de cobertura no funcionaron, las compras de bonos representan un subsidio público de ganancias privadas. Fuente: Reserva Federal de St. Louis.


La solución social y económicamente racional para este tipo de estallidos es deshacer los intercambios, el rescate, y luego cerrar los fondos de cobertura y hacer que sus gerentes encuentren trabajo honesto en otras industrias. Sin embargo, lo que ha estado haciendo la Reserva Federal, a raíz de la decisión de la administración Obama de mantener a los bancos insolventes en soporte vital a perpetuidad, es administrar los mercados para que las operaciones no generen pérdidas.

Entonces, de nuevo, los demócratas que intentan retratar las tendencias homicidas perezosamente articuladas de Donald Trump como una ruptura con el pasado necesitan explicar por qué uno de los suyos (Obama) usó las mismas divisiones de clase para organizar y distribuir los rescates financieros de 2009. Trump y sus compañeros oligarcas son exactamente aquellos a quienes la administración de Obama ‘salvó’ con sus rescates. Ahora que Donald Trump está siguiendo el ejemplo de Obama, aunque en tiempos más desesperados y políticamente cargados, la guerra de clases bipartidista contra el resto de nosotros finalmente puede estar aclarándose.

Esto nos lleva a la naturaleza y estructura de la economía que se está ‘salvando’. El problema en una pandemia es que nadie está produciendo las cosas que el dinero podría comprar. Trump y el Congreso pueden desear que existan grandes cantidades de dinero. Pero hacerlo solo produce el dinero, no las cosas para comprar. Y sin las cosas para comprar, el dinero no tiene valor. Entonces es justo decir que los trabajadores crean la riqueza y que Wall Street existe para redistribuirla hacia arriba.

Pero considere esto en el contexto de los rescates financieros actuales. Donald Trump, el Congreso y la Reserva Federal desean que existan billones de dólares y deciden cómo repartirlo. Los que ya son ricos y están bien conectados: especuladores financieros, ejecutivos corporativos y otros oligarcas, obtienen la mayor parte. Esto les da el poder de comprar las cosas que producen los trabajadores. Los trabajadores reciben lo suficiente como para no pasar hambre durante un par de semanas, y luego vuelve a trabajar para morir en la pandemia. Y aquí aparece la frase clave: siempre ha sido así. La pobreza y los deseos son elecciones políticas.

Los economistas de izquierda moderados parecen aceptar que las corporaciones se mantengan como instituciones dominantes en el centro de la economía política estadounidense. Recomiendan darles dinero de rescate para que sean administrados, con restricciones, para mantener a los trabajadores “atados” como empleados. Esto, a pesar de que los ejecutivos que aún controlarán estas compañías las hicieron frágiles mediante la emisión de deuda para beneficiarse ellos mismos. El endeudamiento se ha utilizado como arma contra el trabajo desde la década de los 80 para decir que las empresas no pueden permitirse pagar salarios dignos.

La amplitud de los rescates de 2020 indica la creciente fragilidad del capitalismo financiero. Según los informes, la Reserva Federal está en el proceso de comprar todo: acciones, bonos corporativos, valores respaldados por hipotecas, etc. para salvar la fortuna de los ricos, las instituciones del capitalismo financiero y las corporaciones que han sido saqueadas sistemáticamente durante décadas. Los rescates comenzaron mucho antes de que se conociera el Coronavirus. Y a diferencia de 2008, hay pocas pretensiones de que estos rescates tienen que ver con salvar un sistema que funcione.

Estar obligado a trabajar durante una pandemia (por Trump) o enfrentar el hambre y la falta de vivienda (por el Partido Demócrata) deja a los trabajadores y a los pobres con mucho menos que perder que hace unas semanas. Estas circunstancias recuerdan el capitalismo del siglo XIX, que se ajusta a la ideología anterior a la Gran Depresión que actualmente forma la lógica económica. Trabajar o morir ha sido ‘interrumpido’ para convertirse en trabajar y morir. Creer que los demócratas van a salvar a cualquiera que no sean ellos mismos es un autoengaño tras lo visto en varias crisis en el pasado. La solidaridad es estas circunstancias significa solidaridad de clase. Organizar seo morir es el mensaje que se está envíando desde lo alto del poder.

"Humillados y ofendidos", por Gregorio Morán

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Si ustedes quieren saber cómo se humilla a un pueblo fíjense bien en lo que están haciendo con los griegos. Aparquen sus obviedades sobre Grecia. Su historia, de Pericles a los turcos, con Byron disfrazado de sultán. Olvídense de nuestros helenistas de secano, que reverencian al Partenón y llenan de cagarrutas nuestro patrimonio. También de los profesores homéricos que no conocen Ítaca y de los poetas que emulan a Cavafis sin visitar la espantosa Alejandría. No tengan en cuenta la resistencia, ni su guerra civil, más larga que la nuestra. Ni los golpes de Estado de sus coroneles que les montaban en Washington y aquellas películas francesas con fondo musical de Theodorakis.

Conozco algo de Grecia. Subí a los monasterios de Meteora. Viví en el territorio sagrado de Athos. Incluso gocé de las islas y el azul que imita su bandera. A mí, Grecia y su Partenón me importan un carajo; sé que vivirán siempre por más que sean las ruinas más tópicas del planeta. Las que sus usureros admirarán extasiados y ampliarán sus saberes con los textos de Lledó y las traducciones de García Calvo.

Pero, ¿y los griegos? Los que están fuera del museo de la historia, los residuos que quedaron de Kazantzakis y el rebético, los que sin ser Zorba el tramposo, ni cantantes de cabaret tronado, vivían en una país sufrido pero amable. La gente que cumplía. ¿Qué es de ellos? ¿Asumirán el papel que les han asignado de trabajar gratis durante décadas como los ilotas antiguos? Ya no les quedará ni la posibilidad de marcharse a Roma y hacerse preceptores de los nuevos ricos. Esa imagen del ministro de Economía alemán, Wolfgang Schäuble, rellenando un crucigrama mientras se debate el futuro de los griegos vale un potosí.

Dentro de ese papel de orquestina del Titanic que tenemos reservados los periodistas españoles, me gustaría que alguien me explicara quién se quedó con los créditos, por qué se falsearon durante muchos años las cuentas del Estado, por qué nadie con posibles pagaba a Hacienda, por qué la Iglesia griega, segundo hacendado del país, está exenta. Una economía falseada no es una sociedad tramposa, sencillamente es una torre de clases, donde unos se benefician mucho y los otros callan. La corrupción griega es un chiste comparada con la italiana o con nuestros paraísos autóctonos. ¿Hablamos de la Caja de Ahorros del Mediterráneo? ¿De la Valencia de Camps donde lo único disculpable, por frivolidad, eran esos trajes de petimetre que se gastaba?

Bueno, hemos llegado a la conclusión de que la crisis económica que padecemos la han provocado los parados y la clase media funcionarial. Lo leo todos los días y por más que se me dispare la perplejidad no logro encontrar algún medio que explique la gran estafa. Alguien se quedó con los dineros que habremos de pagar todos, empezando por los griegos. ¿Cómo se puede humillar a un pueblo de esa manera? Son pocos, es verdad, apenas once millones, pero la gente olvida que hubo una guerra mundial porque se echó sobre los alemanes unas deudas que habían contraído sus clases dirigentes. Una práctica de usureros. Castigar al débil, para que escarmienten los demás. No son los griegos un pueblo suficientemente tupido de personal como para provocar un conflicto exterior, pero no se confíen. La ira que provoca la humillación tiene siempre respuestas de onda larga.

¿Y qué hacemos nosotros? Sufrir y acojonarnos. La orquestina del Titanic, que somos nosotros, precisa que debemos apretarnos el cinturón hasta hacernos daño. ¿Y ustedes creen que la gente va a aguantar? Bertolt Brecht tiene unos versitos muy complejos, como él, en los que dice que cuando el pueblo no responde a las expectativas de los dirigentes, lo que se debe hacer es cambiar de pueblo. En esas estamos. Liquidado el PSOE por manifiesta incompetencia, por usar el término más leve, hay quien cree que la vida va a seguir igual; que los de abajo se conformarán porque no hay alternativa. Y en verdad que no la hay, pero la gente no tarda en inventársela. Lo que sucede es que no resultará a gusto del canon.

Creen tenerlo todo tan a mano que hasta catalogan cómo deben ser las protestas, como en aquellas escenas memorables de Adivina quién viene a cenar estar noche. No somos racistas, pero los negros deben comportarse como blancos educados. Esa es la condición. Pero me temo que la cosa no va a ir por ahí. Los derechistas conversos, que aseguraban vivir en el mejor de los mundos posibles, tendrán que pelear como hienas para mantener sus privilegios. No se puede humillar a un pueblo con la CAM, la SGAE, el honorable Millet y familia, pobres, que están sufriendo el acoso mediático. Y Javier de la Rosa. ¿Se acuerdan de aquel estafador, que los malvados de Madrid llamaban “el banquero catalán”? Me lo encontré en una cafetería, tan tranquilo, al fin y al cabo lo peor ya ha pasado. (Yo prefiero el estilo protestante de la Alemania del norte, más que la desvergüenza de la Sicilia del sur. Cuando alguien es basura social. Un estafador, por ejemplo, conviene ser discreto; la arrogancia ha sido uno de los acicates para las atrocidades de nuestro pasado.)

¿Cómo podemos pedirle a la gente que sea responsable de los recortes sin que se nos caiga la cara de vergüenza? Nadie, que yo sepa, puso condiciones a las subvenciones de los bancos, ni siquiera obligó a esos señores a que repusieran el dinero, a cuenta de sus suculentos salarios. La ley del embudo no es legislable y cuando se impone provoca consecuencias que luego lamentamos. Tenemos dos opciones, o considerar que estamos sobre un barril de pólvora o sobre una poza de mierda.

Cualquiera que sea la opción, habrá que hacer algo y asumir riesgos. Es decir, que cuando un alto responsable de la CEOE sostiene que nadie tiene derecho a rechazar un trabajo en Laponia, ese mismo señor tiene que admitir que cuando yo llegue a lugar tan singular me encontraré al veterano presidente en la CEOE, Díaz Ferrán, delincuente probado, que está trabajando a destajo en las industrias pesqueras laponas. Y soy benévolo, porque este reo de la justicia debería haber sido destituido inmediatamente como representante del gremio hoy llamado, creo que sarcásticamente, “emprendedor”. Si somos duros, lo somos para todos, no sólo para los de abajo. La golfería no es delito pero conlleva un castigo social. A menos que nos rijamos por el código mafioso.

La mafia norteamericana se “dignificó” y blanqueó sus negocios gracias a Las Vegas. Está en los manuales. Ya puestos a ponerles las cosas tan fáciles a empresarios norteamericanos dentro de toda sospecha para que instalen casinos y casas de prostitución en Madrid o Barcelona, deberíamos evitar el despilfarro y entrar en negociación con las mafias que operan en España. Pedirían menos y están más adaptadas a nuestra legislación y costumbres.

Estamos en ese momento en el que a la orquestina del Titanic empiezan a faltarle las partituras. Por eso quisiera aprovechar para corregir un error aparecido en el anterior artículo, donde coloqué a Marina Vladi allí donde sólo podía estar Alida Valli. La memoria es ingrata, porque a ella dediqué una sentida necrológica en mayo de 2006, “La mirada de Alida Valli”. Cuando algo no está claro hay que echarle las culpas al abuelo Freud. ¿Quizá el efluvio de Orson Wells, que trabajó con las dos, me incitó al desvarío?

De todas maneras este error me sirvió para detectar algo entrañable; nunca había recibido tantas llamadas como en esta ocasión, para advertirme de la pifia, lo cual es de agradecer, y me anima a que si alguna vez me baja el tesón provocaré una equivocación poniendo a Robert Mitchum, que es un actor para gente aviesa, en el lugar de Gregory Peck, al que ningún bien nacido dejará de adorar. Los escritores de opinión no tertulianos tenemos la impresión de mandar mensajes en una botella. Algo así como el clarinete de la orquestina del Titanic, que se puede ir a tomar vientos sin que se note para nada en el vals de las olas, o en la sinfonía de los adioses.

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