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Noticias Amor y Rabia

Jinetes del Apocalipsis del Caballo Muerto​

Published on: domingo, 30 de marzo de 2025 // ,

por Dmitry Orlov

Cuando tu caballo se desploma, es hora de dejar de intentar montarlo. Castigarlo no sirve de nada. Y, sin embargo, esto es precisamente lo que suele ocurrir, metafóricamente hablando, lo que ha hecho que sea bastante popular la expresión “castigar a un caballo muerto”. Por ejemplo, aquí hay una breve lista de maneras en que Donald Trump está actualmente azotando metafóricamente al caballo muerto que es Estados Unidos, junto con su difunto proxy ucraniano:

- Reemplazar a los mozos de cuadra, alegando que no hicieron un buen trabajo y que sus reemplazos le darán nueva vida a tu digno corcel.

- Explicar a cualquiera que escuche que tu caballo muerto es el mejor que existe porque está “bajo una nueva dirección” a cargo de una persona excelente -tú mismo.

- Contratar economistas especializados en caballos muertos para que afirmen en los medios de comunicación que tu caballo muerto está menos muerto que otros caballos muertos y, por lo tanto, es una excelente inversión.

- Organizar conferencias con otros propietarios de caballos muertos con la esperanza de que muchos caballos muertos sean más efectivos que uno solo

- Imponer aranceles al forraje importado, alegando que sus socios comerciales no compran suficiente pienso para caballos (su principal exportación), provocando un desequilibrio comercial.

- Afirmar que su caballo muerto come menos y, por lo tanto, es más eficiente, tras haber organizado un Departamento de Eficiencia Equina dirigido por el oligarca más rico del mundo y encargado de poner el caballo muerto a dieta.

- Afirmar que tu caballo muerto sigue siendo valioso porque se puede convertir en artículos de cuero, salchichas y harina de huesos, como se hace con los minerales que podrían obtenerse de tu caballo muerto ucraniano.

- Intentar robar los caballos de otros (algunos de los cuales podrían estar muertos) y afirmar que son tuyos para montarlos: de Panamá, por ejemplo, o Groenlandia, o (hablando de caballos muertos) de Canadá.

- Afirmar que tu caballo muerto sigue siendo un buen caballo de guerra y amenaza con la guerra contra algún enemigo real o imaginario (Yemen, por ejemplo, o Irán, o China).

- Organizar un grupo de enanos serviciales (oligarcas) para que te apoyen y te empujen mientras intentas montar tu caballo muerto.

- Finalmente, intentar vender tu caballo muerto a los rusos amenazándolos con sanciones aún más inútiles, como se está haciendo con el falaz alto el fuego de 30 días.

¡Cuando tu caballo muera, bájate!

Conoce al Trump de la Antigua Roma, un demagogo populista que ayudó a hundir la República

Published on: domingo, 19 de febrero de 2017 // , ,
Por Philip Freeman

El populismo tiene una historia larga y colorida en la política americana, de Huey Long en la izquierda (gobernador de Luisiana durante la Gran Depresión, con un amplio apoyo popular debido a su programa de ayudas sociales; murió ‘casualmente’ cuando amenazaba con romper el sistema bipartidista de EEUU -AyR) a George Wallace en la derecha (gobernador derechista de Alabama, defensor del apartheid en EEUU, «segregación ahora y segregación siempre» dijo -AyR) hasta —más recientemente— Ross Perot en 1992 y Donald Trump hoy día.

Durante la mayoría de su historia, la República romana estuvo gobernada por viejas familias políticas y de intermediarios políticos de confianza que sabían cómo mantener controladas a las masas. Se llevaban a cabo elecciones, pero estas estaban diseñadas deliberadamente para dar la parte del león del voto popular a las clases dominantes. Si la aristocracia romana, que votaba primero, elegía a una persona para mandar, los funcionarios a menudo ni siquiera se atrevían a contar los votos de las clases bajas.

De vez en cuando, campesinos descontentos, dueños de tabernas y transportistas dueños de burros se alzaban y exigían a sus gobernantes que les aliviasen sus deudas y tener una voz propia en el gobierno, pero esas revueltas eran rápidamente aplastadas mediante promesas de que venían mejores tiempos y pagando a gladiadores que ya no estaban en activo para partir la cara a los principales alborotadores. A finales del siglo II antes de Cristo, los aristocráticos hermanos Graco intentaron llevar a cabo una revolución política desde dentro, pero solo lograron ser asesinados por la nobleza conservadora.

Quien finalmente derribó el sistema  era un rico y ambicioso noble llamado Publio Clodio Pulcro, un demagogo populista que se negó a seguir las reglas del juego. Clodio siempre había sido impredecible de maneras que habían sorprendido y divertido al populacho romano. Siendo joven, incitó un amotinamiento contra las tropas de su cuñado. Después, cuando unos piratas le capturaron, se ofendió profundamente por el pequeño rescate que aceptaron por liberarle.

Nada era sagrado para Clodio. Cuanto más audaz era su comportamiento, más le quería la opinión pública por ello. En Roma, por ejemplo, Clodio —un conocido mujeriego— cometió un sacrilegio al disfrazarse de mujer e infiltrarse en el festival religioso sólo para mujeres dedicado a la diosa Bona Dea, con el objetivo de seducir a Pompeya, la esposa de Julio Cesar. El escándalo llevó a Cesar a divorciarse de Pompeya y llevó al famoso sofismo de que la mujer del Cesar debía estar fuera de toda sospecha.

Tras escapar el castigo empleando un amplio equipo legal y pagando generosos sobornos, Clodio entró en la política en un intento de asegurarse el respeto de la clase dominante, la cual rápidamente le despreció como a un bufón. De lo que los críticos de Clodio no fueron capaces de darse cuenta es que era inteligente, estaba decidido y estaba muy en contacto con las frustraciones del pueblo llano.

Después de que la élite le rechazase, Clodio empezó a romper todas las reglas en su lucha por llegar al poder. Repudió su estatus de noble y pasó a formar parte de la clase de los plebeyos de manera oficial, posicionándose como líder de la enfadada clase trabajadora romana. Usando su atractivo natural, su fiera retórica y un agudo sentido de cómo hacer que los políticos del establishment se enfrentasen entre ellos, consiguió imponerse a las leyes y llevó a cabo el primer reparto gratuito de grano de la historia de Occidente. Esto le generó enormes apoyos entre el pueblo llano, especialmente entre aquellos que habían perdido su trabajo en las recientes crisis económicas. Se convirtió en el rey de las calles de Roma y desató un alzamiento populista como no se había visto antes en la historia de la República.

Las clases dominantes de Roma no tenían ni idea de cómo someter a Clodio a su control, al cual seguían despreciando. Si la República iba a ser destruida, dijo Cicerón, famoso orador y político del establishment, dejemos al menos que caiga por la acción de un hombre de verdad.

Exigiendo venganza, Clodio organizó el exilio de Cicerón y preparó sus planes para llegar a la cúspide de la pirámide del poder político. Durante su campaña para ser elegido pretor, cargo romano de magistrado electo que tenía una posición justo por debajo de los cónsules que dirigían Roma, las elecciones tuvieron que posponerse dos veces debido a las luchas callejeras entre sus seguidores y los de su enemigo, Annio Milo. Cuando Clodio se encontró con Milo en la Vía Apia, se desató una lucha entre sus bandas y Clodio fue herido de gravedad. Consciente de que un rival muerto era menos amenazador que uno vivo y enfadado, Milo ordenó a sus hombres que le rematasen.

Asesinato de Clodio

Pero pese a que Clodio había sido asesinado, las fuerzas populistas que había desatado siguieron muy vivas y rápidamente encontraron nuevos líderes, en especial Cesar. Las clases dominantes estaban aturdidas e indefensas cuando el control del Estado que habían dirigido desde hacía siglos se les fue de las manos.

En el año 49 a.C., Cesar cruzó el Rubicón y sumergió a Roma en una guerra civil. El asesinato de Cesar en los Idus de Marzo dio paso a una revuelta que destruyó, de una vez por todas, el poder de las clases dominantes. Surgió un Imperio basado en la autocracia, y la República Romana desapareció para siempre.

La derrota de Obama

Published on: domingo, 12 de febrero de 2017 // , , , ,
Por RABIOSO
La ‘etapa Obama’ de la hegemonía americana ha sido un fracaso total para los intereses del imperialismo estadounidense, amenazando la continuidad de su hegemonía. La aparición de Trump busca dar un giro en la línea seguida por EEUU antes de que sea demasiado tarde. 
Para entender por qué es necesaria la política exterior de Trump, basta dar un repaso a los fracasos de Obama:
§  La política social de Obama estaba marcada por un neoliberalismo radical, que ha mandado a la pobreza y precarización de amplios sectores de la población. Al mismo tiempo Washington ha apoyado el ‘liberalismo identitario’, lo que ha permitido al Gobierno obtener el apoyo de amplios sectores de la población en el interior y exterior de EEUU, favoreciendo la aparición de una ‘izquierda’ domesticada y eliminando toda resistencia basada en una línea de clase. Ese apoyo se ha reducido con el paso del tiempo, llevando a la derrota de Hillary ante la evidencia de que la política económica de Obama perjudicaba a la clase trabajadora y continuaba la desintegración de la clase media, mientras el famoso 1%, la cúspide de la pirámide social, no paraba de aumentar su riqueza.
§  La política económica de Obama ha aumentado hasta la estratosfera el endeudamiento de EEUU, mientras en paralelo a nivel internacional tenía lugar el principio del fin de la globalización neoliberal. El intento de Obama de imponer diversos tratados de libre comercio (TPP, TTIP…) para reformar la economía global en beneficio de EEUU y de paso cercar a China y Rusia ha dado lugar a una resistencia creciente entre sus principales aliados (la UE y Japón), que han bloqueando de facto su puesta en marcha. La consecuencia es la actual guerra comercial no declarada entre la UE y EEUU, que ha dado lugar a las multas de miles de millones de EEUU contra BNP Paribas y el Deutsche Bank, los mayores bancos de Francia y Alemania respectivamente, y Volkswagen, una de las ‘joyas de la corona’ de la industria alemana, mientras Bruselas respondía imponiendo una multa de miles de millones a Apple y a finales de 2016 anunciaba sanciones (aún por ver) contra Google.
§  La política exterior de Obama, centrada en el uso masivo de ‘revoluciones’ teledirigidas y apoyadas por la ‘izquierda domesticada’ tan solo han servido para sembrar el caos y suministrar argumentos contra la hegemonía de EEUU a Rusia y China, sus mayores oponentes a nivel militar y económico respectivamente. Con el paso del tiempo se ha visto además que tras el camuflaje de ‘revoluciones populares’ en realidad se escondían golpes de estado, como los llevados a cabo por grupos neonazis en Ucrania o por islamistas como los Hermanos Musulmanes en el mundo islámico. El empleo de la rusofobia en el Maidan ucraniano, el salvaje linchamiento de Gadafi en Libia o el salvajismo yihadista en Siria en lugar de remodelar Oriente Medio como quería Washington han justificado la vuelta de Moscú como una gran potencia a la arena internacional.

Siria, un desastre geopolítico que amenaza la hegemonía de EEUU

Un ejemplo perfecto de la desastrosa política exterior de Obama es como Rusia ha aprovechado sus errores para recuperar el estatus de potencia global y presentarse como su principal rival.
§  En 2013, el apoyo ruso al régimen de Assad mediante un gigantesco despliegue naval en la costa siria impidió una intervención de Occidente (según se ha sabido posteriormente, Washington planeaba arrasar la defensa siria mediante el lanzamiento de 650 misiles de crucero, como se hizo en Libia). La negativa del Parlamento inglés y del Congreso estadounidense a llevar a cabo un ataque en esas condiciones forzó a Obama a capitular, provocando la rebelión de Erdogan contra EEUU que ha desestabilizado a la OTAN y ha dado lugar a la aparición del ISIS como instrumento turco para imponer sus intereses en la región.
§  En 2014, Moscú respondió al golpe pro-occidental en Ucrania con una versión pro rusa de las ‘revoluciones de colores’ en el Donbáss y Crimea, impidiendo el triunfo de los neonazis en el Maidan. De esta forma Putin forzó a la UE a negociar en Minsk dejando de lado a EEUU, cuya principal responsable del desastre ucraniano (Victoria Nuland) había dicho ‘fuck the EU’. Al mismo tiempo, la catastrófica situación económica de Ucrania forzó a EEUU, a través del FMI, a romper sus reglas para impedir el hundimiento económico del régimen golpista.
§  En 2015, Turquía intentó de nuevo derribar al régimen sirio mediante una ofensiva yihadista que tomó Idilb, combinada con una masiva e inesperada ola de refugiados teledirigida por Erdogan para forzar a Bruselas a apoyar una intervención. Moscú respondió con su primera intervención militar a gran escala en el exterior del antiguo territorio soviético desde la guerra de Afganistán, cambiando el equilibrio de fuerzas sobre el terreno y haciendo imposible derribar el gobierno sirio. Kerry, secretario de Estado de EEUU (puesto equivalente al de un ministro de Asuntos Exteriores), reconoció que habían esperado que los yihadistas del ISIS forzasen a Asad a negociar, pero en lugar de ello éste decidió buscar el apoyo de Rusia.
§  En 2016, el apoyo de Obama al YPG/PKK en Siria dio lugar a crecientes tensiones entre Turquía y Washington, provocando la retirada de los misiles Patriot desplegados por EEUU en la frontera turco-siria. Tras el fracaso del golpe contra Erdogan las tensiones aumentaron aún más, y EEUU se ha planteado retirar sus armas nucleares desplegadas en Turquía. La reacción de Erdogan fue distanciarse de la UE y la OTAN, pedir la entrada en la Organización de Seguridad de Shangái (creada por Rusia y China para hacer frente a EEUU) y llegar a un acuerdo con Rusia para la construcción del gaseoducto Turkish Stream, una versión modernizada del South Stream vetado por Washington.
§  A comienzos de 2017, mientras Obama abandonaba la Casa Blanca, el ejército sirio ha logrado expulsar a los yihadistas del este de Alepo gracias a un acuerdo entre Turquía y Rusia. Esto ha permitido al ejército turco intervenir en el norte de Siria sin que Rusia lo impidiese, haciendo imposible la unificación de los territorios en manos del YPG/PKK para impedir la aparición de facto de un estado kurdo en la frontera de Turquía, como quería Erdogan. Esto al mismo tiempo ha beneficiado al régimen de Assad, al ralentizar el avance hacia Raqqa del YPG/PKK, que había declarado que si tomaban la ciudad impedirían el regreso del gobierno sirio.

Trump al rescate

El fracaso y descrédito de las llamadas ‘revoluciones de colores’ de EEUU ha desprestigiado a su vez a la ‘izquierda’ domesticada y por último a la ‘verdadera izquierda’, que de manera mayoritaria asumió como propios los argumentos a favor del ‘imperialismo humanitario’ y del liberalismo identitario, sustituyendo a la lucha de clases.
Trump representa una reacción de un sector de las élites de EEUU consciente de las consecuencias del fracaso a nivel social, político y económico de Obama. Por ello, para hacer frente al fracaso del liberalismo identitario y evitar una vuelta a la lucha de clases como eje del discurso sociopolítico se a pasado a apoyar el discurso de Trump, nacionalista puro y duro (‘América First’). Al mismo tiempo, Trump ha puesto de manifiesto su intención de hacer frente con todas sus fuerzas a la UE y China, los principales rivales económicos de EEUU, que se niegan a aceptar dar prioridad a los intereses económicos de EEUU a los suyos propios. Consciente del carácter disolvente del discurso identitario en la UE, Trump se dedica a hacer guiños al ultraderechismo europeo al criticar la política de inmigración de Alemania (el centro de poder de la UE), y tras apoyar el Brexit ha dejado claro el carácter proteccionista de su futura política económica. Al mismo tiempo ha dejado claro su intención de hacer frente a China, cuestionando la política de ‘una sola China’ e insinuando incluso un reconocimiento de Taiwán.

Los malos perdedores (y lo que temen perder)

Published on: sábado, 28 de enero de 2017 // , , ,
DIANA JOHNSTONE, 19 de diciembre de 2016 (Counterpunch)
París.
Si la campaña presidencial de 2016 fue una desgracia nacional, la reacción de los perdedores es un espectáculo aún más vergonzoso. Parece que la máquinaria política que apoya a Hillary Clinton no puede soportar perder unas elecciones.
¿Y por qué?
Porque que están decididos a imponer la hegemonía "excepcional" de los Estados Unidos en todo el mundo, usando cambios de régimen respaldados por los militares, y Donald Trump parece dispuesto a estropear sus planes. Todo el establishment occidental, compuesto en gran medida por ideólogos neoconservadores, intervencionistas liberales, poderes financieros, la OTAN, los principales medios de comunicación y políticos tanto en los Estados Unidos como en Europa Occidental, que e comprometió a reorganizar el Oriente Medio para satisfacer a Israel y Arabia Saudita, han caido en un pánico histérico ante la perspectiva de que su proyecto conjunto de globalización sea saboteado por un intruso ignorante.
El deseo explícito de Donald Trump de mejorar las relaciones con Rusia arroja una llave inglesa a los planes respaldados por Hillary Clinton para "hacer pagar a Rusia" por su mala actitud en Oriente Medio y otros lugares. Si hiciera lo que ha prometido, eso podría ser un duro golpe para el agresivo despliegue de la OTAN en las fronteras europeas de Rusia, sin mencionar las graves pérdidas de la industria armamentista estadounidense, que planea vender miles de millones de dólares de armas superfluas a los aliados de la OTAN con la excusa de la "amenaza rusa".
Los temores del partido de la guerra pueden ser exagerados, ya que los nombramientos de Trump indican que la afirmación de que EEUU es una nación "excepcional" e indispensable probablemente los altos mandos sobrevivirá a los cambios en lo alto del escalafón. Pero el énfasis puede ser diferente. Y los que están acostumbrados al dominio absoluto no pueden tolerar ese desafío.
Malos perdedores de las altas esferas
Los miembros del Congreso de Estados Unidos, los principales medios de comunicación, la CIA e incluso el Presidente Obama se han engañado a sí mismos y a la nación al afirmar que la camarilla Clintonita perdió por culpa de Vladimir Putin. En la medida en que el resto del mundo se tome en serio estos lloriqueos, aumentará aún más el ya considerable prestigio de Putin. Si es cierto, la noción de que la piratería moscovita podría derrotar al candidato favorito de la todo el establishment del poder de EEUU sólo puede significar que la estructura política de los Estados Unidos es tan frágil que la filtración de unos pocos correos electrónicos puede causar su colapso. Un gobierno notorio por husmear en la comunicación privada de todo el mundo, así como por derrocar a un gobierno tras otro por medios menos sutiles y cuyos agentes se jactaban de asustar a los rusos para reelegir a Boris Yeltsin en 1996, que era inmensamente impopular, ahora parece estar llorando patéticamente , "¡Mamá, Vlady está jugando con mis juguetes de hackear!".
Por supuesto que los rusos preferirían naturalmente a un presidente estadounidense que quiera evitar abiertamente la posibilidad de iniciar una guerra nuclear con Rusia. Eso no hace que Rusia sea "un enemigo", es sólo un síntoma de sentido común. Tampoco significa que Putin sea tan ingenuo como para imaginar que Moscú podría decantar a su favor las elecciones con unos cuantos trucos sucios. Los actuales líderes rusos, a diferencia de sus homólogos de Washington, tienden a tener una visión más a largo plazo, en lugar de imaginar que el curso de la historia puede ser cambiado por una cáscara de plátano.
Todo este miserable espectáculo no es más que una continuación de la rusofobia explotada por Hillary Clinton para distraer de sus múltiples escándalos. Como la peor perdedora de la historia electoral de Estados Unidos, debe culpar a Rusia, en lugar de reconocer que había múltiples razones para votar en contra suya.
La máquina de propaganda ha encontrado una respuesta a las informaciones desagradables: tienen que ser "fake news" (noticias falsas, AyR). Los teóricos de la conspiración de Washington se están superando esta vez. Los frikis rusos supuestamente sabían que al revelar unos pocos mensajes internos del Comité Nacional Demócrata, podrían asegurar la elección de Donald Trump. ¡Qué clarividencia más tremenda!
Obama prometió represalias contra Rusia por tratar a los Estados Unidos de la manera en que los Estados Unidos tratan, por ejemplo, a Honduras (e incluso a la propia Rusia hasta que lo impidió Putin). Putin replicó que hasta donde él sabía, EEUU no es una república bananera, sino una gran potencia capaz de proteger sus elecciones. Washington lo está negando a gritos. Los mismos medios de comunicación que vendieron lo de las "armas de destrucción masiva" de Saddam están ahora difundiendo la absurda teoría de la conspiración con caras serias.
Cuando las agencias de inteligencia toman conciencia de las actividades de las agencias de inteligencia rivales, generalmente guardan esa información para sí mismas, como parte del juego mutuo del espionaje. Al difundir esta increible historia han demostrado que el objetivo era persuadir a la población estadounidense de que la elección de Trump es ilegítima, con la esperanza de derrotarlo en el colegio electoral o, si eso fallase, de paralizar su presidencia al etiquetarle el ser un "secuaz de Putin".
Malos perdedores de las capas bajas de la sociedad
Al menos los malos perdedores de las altas esferas saben lo que están haciendo y tienen un propósito. Los malos perdedores de las capas bajas de la sociedad en el fondo están expresando emociones sin objetivos claros. Es una engañosa auto-dramatización el llamar a la "Resistencia" como si el país hubiera sido invadido por extraterrestres. El sistema electoral de Estados Unidos es anticuado y extraño, pero Trump respetó las reglas del juego. Hizo campaña para ganar en las "Regiones Bisagra" (los llamados 'Swing States’ de EEUU, donde ningún partido tiene una mayoría clara pero quien gana en ellos obtiene la victoria en las elecciones, AyR), y no una mayoría de la población, y lo logró.
El problema no es Trump, sino un sistema político que reduce la participación de la población en las elecciones a dos candidatos odiados, respaldados por grandes cantidades de dinero.
Sea lo que sea lo que piensen y crean los manifestantes anti-Trump, en su mayoría jóvenes, en las calles dan una imagen de mocosos malcriados de la sociedad de consumo hedonista que se enfadan cuando no consiguen lo que quieren. Por supuesto, algunos están genuinamente preocupados por amigos que son inmigrantes ilegales y temen ser deportados. Es muy posible organizarse para defenderlos. Los manifestantes pueden ser partidarios de Bernie Sanders muy decepcionados pero, les guste o no, sus protestas equivalen a una continuación de los temas dominantes en la campaña electoral negativa de Hillary Clinton. Ella se centró en el miedo. Al carecer de un programa económico que respondiera a las necesidades de millones de votantes que mostraban su preferencia por Sanders, y para aquellos que se interesaban por Trump simplemente debido a su vaga promesa de crear empleos, su campaña exageró las tendencias más políticamente incorrectas de Trump, creando la ilusión de que Trump era un racista violento cuyo único programa era despertar el odio. Peor aún, Hillary estigmatizó a millones de votantes acusándoles de ser "un cúmulo de deplorables racistas, sexistas, homofóbos, xenófobos, islamófobos, como les quieras llamar". Estas declaraciones fueron hechas en una manifestación LGBT, como parte de su campaña política identitaria para ganar votantes entre las minorías, difamando a la menguante mayoría blanca. La premisa de la política de identidad es que las minorías étnicas y sexuales están oprimidas y son por tanto moralmente superiores a la mayoría blanca, que es el opresor implícito. Es esta tendencia a clasificar a las personas en categorías moralmente distintas que lo que enfrenta a los estadounidenses unos contra otros, tanto -o más- que la hipérbole de Trump sobre los inmigrantes mexicanos o islámicos. Ha servido para convencer a muchos devotos de la corrección política que considerar a los estadounidenses de clase trabajadora blanca de las "flyover regions" (el territorio se EEUU situado entre las dos costas de EEUU, predominántemente rural, AyR) como invasores enemigos que amenazan con enviarlos a todos a los campos de concentración.
Aterrorizados por lo que pueda hacer Trump, sus oponentes tienden a ignorar lo que estos patosos están haciendo en realidad. La última rabieta de la campaña clintonita, culpar de la derrota de Hillary a "Fake News" supuestamente inspiradas por El Enemigo –Rusia- es una forma de la creciente campaña para censurar la Internet -anteriormente para combatir la pornografía infantil o el antisemitismo-, y con el pretexto de combatir "Fake News", es decir, todo aquello que vaya en contra de la línea oficial. Esta amenaza a la libertad de expresión es más siniestra que el machismo de Trump típico de un vestuario de onceañeros. 
Habrá y tiene que haber una fuerte oposición política feente a cualquier política doméstica reaccionaria que sea adoptada por la administración Trump. Pero esa oposición debe definir los temas y trabajar para alcanzar objetivos específicos, en lugar de expresar un rechazo global que no vale para nada.
La histérica reacción anti-Trump es incapaz de comprender las implicaciones de la campaña electoral para culpar a la derrota de Hillary sobre Putin. ¿Los niños de la calle quieren realmente la guerra con Rusia? Lo dudo. Pero no se dan cuenta de que, pese a todos sus flagrantes errores, la presidencia de Trump ofrece una oportunidad de evitar una guerra con Rusia. Esta es una ventana de oportunidad que se cerrará de golpe si se salen con la suya el establishment clintonita y el "Partido de la Guerra" (War Party, aquellos sectores del establishment más favorables a un enfoque belicista en la política exterior de EEUU, AyR). Tanto si se dan cuenta como si no, los manifestantes callejeros están ayudando a ese sector del establishment a delegitimatizar a Trump y sabotear el elemento positivo en su programa: la paz con Rusia.
Correcciones en la lista de enemigos
Por sus preferencias fatalmente erróneas en el Medio Oriente y en Ucrania, el establishment de la política exterior de Estados Unidos se ha dirigido hacia una confrontación con Rusia. Incapaz de admitir que los EEUU apostaron por el caballo equivocado en Siria, el Partido de la Guerra no ve otra opción que demonizar y "castigar" a Rusia, con el riesgo de hundirse en el vasto arsenal de armas nucleares del Pentágono. La propaganda antirusa ha llegado a extremos superiores a los de la Guerra Fría. ¿Qué puede poner fin a esta locura? ¿Qué puede servir para crear actitudes y relaciones normales con respecto a esa nación orgullosa que aspira primordialmente a ser simplemente respetada y a promover el derecho internacional anticuado basado en la soberanía nacional? ¿Cómo pueden los Estados Unidos hacer las paces con Rusia?
Está claro que en la América capitalista y chauvinista no hay perspectivas de cambiar a una política de paz poniendo a David Swanson a cargo de las relaciones exteriores de Estados Unidos, por deseable que sea.
Desde un punto de vista realista, la única manera que la América capitalista pueda hacer la paz con Rusia es a través de negocios capitalistas. Y eso es lo que Trump propone hacer.
Un poco de realismo ayuda cuando se trata de hacer frente a la realidad. La elección del director ejecutivo de Exxon Rex W. Tillerson como Secretario de Estado es el mejor paso para terminar con la actual carrera hacia la guerra con Rusia. "Hacer dinero y no la guerra" ('Make money not war', adaptación del lema pacifista 'Make love no war' –Haz el amor y no la guerra- de los manifestantes contra la Guerra de Vietnam, AyR) es el lema pragmático americano en favor de la paz en esta etapa.
Pero la "resistencia" a Trump no es probable que apoye esta política pragmática de paz. Ya está encontrando oposición en el Congreso, que ama la guerra. En lugar de ello, gritando "¡Trump no es mi Presidente!", Los izquierdistas desorientados están reforzando sin darse cuenta esa oposición, que es peor que Trump.
Evitar la guerra con Rusia no transformará a Washington en un refugio de dulzura y luz. Trump es una personalidad agresiva, y las personalidades agresivas oportunistas del establishment, en particular sus amigos pro-Israel, le ayudarán a redirigir la agresividad estadounidense en otras direcciones. El apego de Trump a Israel no es nada nuevo, pero parece ser particularmente intransigente. En ese contexto, las palabras extremadamente duras de Trump para Irán son siniestras, y solo podemos tener la esperanza de que también en este caso se aplique su rechazo declarado a las guerras del "cambio de régimen" (Regime Change, el derrocamiento por todos los medios de gobiernos contrarios a los intereses de EEUU, AyR). La retórica anti-China de Trump también suena mal, pero a la larga hay poco que él o Estados Unidos pueden hacer para impedir que China vuelva a ser la "nación indispensable" que solía ser durante la mayor parte de su larga historia. Los acuerdos comerciales más duros no conducirán al Apocalipsis.
El fracaso del establishment intelectual
La lamentable imagen actual de los estadounidenses como malos perdedores, incapaces de afrontar la realidad, debe atribuirse en parte al fracaso ético de la llamada generación de intelectuales de 1968. En una sociedad democrática, el primer deber de hombres y mujeres dotados del tiempo, la inclinación y la capacidad de estudiar la realidad seriamente es compartir su conocimiento y entendimiento con personas que carecen de esos privilegios. La generación de académicos cuya conciencia política fue se alzó temporalmente por la tragedia de la guerra de Vietnam debería haber comprendido que su deber era utilizar su posición para educar al pueblo estadounidense, sobre todo sobre el mundo al que Washington propuso rediseñar y su historia. Sin embargo, la nueva fase del capitalismo hedonista ofrecía las mayores oportunidades a los intelectuales para manipular a las masas en lugar de educarlas. El marketing de la sociedad de consumo incluso inventó la nueva fase de la política de identidad, con el mercado juvenil, el mercado gay, y así sucesivamente. En las universidades, una masa crítica de académicos "progresistas" se retiró al mundo abstracto del posmodernismo, y ha terminado centrando la atención de los jóvenes en cómo reaccionar ante la vida sexual de otras personas o la "identificación de género". Este tipo de cosas esotéricas alimenta el síndrome de "publica o muere" (en la universidad quien más textos logra publicar refuerza su curriculum vitae y puede llegar más lejos, algo que ha provocado un montón de escándalos –incluso con Premios Nobel- y es una de las fuentes de la endogamia universitaria, AyR) y evita que los académicos del sector de humanidades tengan que enseñar cualquier cosa que pueda ser considerada crítica hacia el gasto militar estadounidense o sus esfuerzos fallidos para afirmar su dominio eterno sobre el mundo globalizado. La peor controversia que sale de las universidades se refiere a quién debe usar el inodoro (se refiere a la discusión en marcha en EEUU sobre eliminar los servicios separados por género másculino-femenino por otros "neutrales" en términos de género, AyR).
Si los snobs intelectuales de las costas (las costas este y oeste de EEUU, donde se concentra el establishment intelectual liberal americano, AyR) pueden burlarse con auto satisfacción de los 'deplorables' pobres de las "flyover regions", es porque ellos mismos han ignorado su deber social primario de buscar la verdad y compartirla. Regañar a la gente por sus actitudes "erróneas" mientras difunden el ejemplo social de la promoción personal sin restricciones sólo puede producir la reacción anti-élite llamada "populismo". Trump es la venganza de las personas que se sienten manipuladas, olvidadas y despreciadas. Por muy deficiente que pueda ser, es la única opción que tenían para expresar su revuelta ante una elección podrida. EEUU está profundamente dividido ideológicamente, así como económicamente. EEUU está amenazado, pero no por Rusia, sino por sus propias divisiones internas y la incapacidad de los estadounidenses no sólo de comprender el mundo, sino incluso de entenderse entre ellos.

Los rusos, Trump y el Estado Profundo (en ascenso)

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Antiwar.com, 9 de enero de 2017
La gente habla del Estado Profundo (“Deep State”), una especie de simplificación para referirse a sectores firmemente arraigados en el aparato gubernamental, particularmente dentro de las comunidades militar, de inteligencia y de seguridad, que no se cambian dependiendo del ciclo electoral. La información que poseen, y su longevidad, les permite influenciar significativamente, quizás incluso controlar, las decisiones de gran alcance que cambian la forma en que América actúa a escala global. Quiénes son los enemigos, dónde se debe usar el poder, qué guerras empezar y qué gobiernos extranjeros deben caer.

Una de las características del Estado Profundo es que prefiere trabajar detrás del escenario, en las sombras si se prefiere. Los políticos más conocidos están fuera, sonriendo para las cámaras, y los menos importantes tienen que dedicarse a las tareas cotidianas del gobierno. El Estado Profundo no se preocupa por regular la agricultura o decidir qué proyecto de infraestructura hay que financiar. Eso es en gran parte el motivo por el que nunca habrá un golpe de estado completo ¿Por qué tendría que querer el Estado Profundo asumir la responsabilidad del Departamento de Transporte?
Cuando el Estado Profundo se expone a la luz pública de manera, es a menudo por accidente, como en el pánico que tuvo lugar justo después del 11 de septiembre cuando el presidente estaba sentado leyendo un libro para niños mientras que Cheney, Rice y Rumsfeld se encargaban de tomar decisiones. Lo mismo sucedió en la década de los ochenta, cuando un conjunto de errores destapó las ventas de armas a Irán para financiar a las fuerzas apoyadas por EEUU en América Central, mientras que con el apoyo estadounidense los saudíes pagaban a los yihadistas para luchar en Afganistán, sentando las bases de lo que se convertiría en la Guerra contra el Terror.
Olvídate por un momento lo que piensa de sus actividades, pero preste atención: tanto nuestro servicio de inteligencia nacional (el FBI) ​​como nuestro servicio de inteligencia en el extranjero (la CIA) desempeñaron papeles importantes en las pasadas elecciones. ¿Todavía no está seguro de lo que es el Estado Profundo? Es eso.
Olvídate de lo que estás "de acuerdo" y enfócate en lo que pasó. En julio, el FBI exoneró a Hillary Clinton de cualquier falta cometida en relación con su servidor privado de correo electrónico. Sí, había material altamente clasificado, pero eso no importaba. No, los rusos y / o todo el mundo nunca hackearon su servidor, y nadie en su personal nunca hizo clic en un enlace con fraude electrónico (Phishing) como Podesta (el jefe de la campana electoral de Hillary Clinton, AyR). Circulen, aquí no había nada que ver. Y luego, en octubre, el FBI dio un nuevo giro y dijo que tal vez había algo que ver, enterrado cómodamente en el ya conocido ordenador portátil de Anthony Weiner (marido de Huma Abedin, asesora de Hillary Clinton acusado de exhibicionismo, AyR) que ya estaba en su poder. Es gracioso. ¿Alguien visto a Huma Abedin ir últimamente a los sitios “donde hay que estar”?
En cuanto a la CIA, se las arreglaron para organizar más filtraciones que los pañales para adultos del abuelo durante toda la campaña diciendo cualquier cosa sobre Trump y Putin. Trump debe dinero a Rusia. Las computadoras de Trump se comunican con Rusia. Los asesores de Trump trabajan para Rusia. Trump quiere construir hoteles en Rusia. Cuando nada de eso realmente se confirmó, resultó que los hackeos en los servidores del DNC (la dirección del Partido demócrata, AyR) fueron hechos por rusos -en cooperación con el archi-villano Julian Assange (de Wikileaks, AyR)- y ordenado personalmente por Putin para que Trump saliera elegido. Todo porque Trump era el estratega de Putin, con lo que se cerraba el círculo argumental.
Si Trump no podía ser derrotado, él sería deslegitimado. De la noche a la mañana izquierdistas/ liberales/progresistas/lo que sea se convirtieron en partidarios enrojecidos de la CIA y de los guerreros de la Guerra Fría del siglo XXI y cualquiera, desde ese imbécil de Facebook con el que discutías hasta periodistas premiados con el Pulitzer que no estaban de acuerdo con ellos, eran etiquetados como secuaces rusos, espías, compañeros de viaje y similares.
¿El resultado? Una nueva Guerra Fría, vendida al pueblo estadounidense en el curso de aproximadamente un mes.
Cuando la Unión Soviética se derrumbó y la vieja Guerra Fría se acabó, quedó un agujero para el Estado Profundo. Casi literalmente no tenían nada que hacer. Los presupuestos estaban siendo reducidos, y su poder en Washington desactivado. El 11-S fue un accidente útil y oportuno; La Guerra contra el Terror proporcionaría el motivo necesario para aumentar los gastos y reconstruir su estatus y poder.
Y la Guerra contra el Terror comenzó como una gran promesa para el Estado Profundo, encajando muy bien con los proyectos conservadores tan buscados desde hace mucho tiempo, como la reordenación de Oriente Medio y el control del Golfo Pérsico. El futuro estaba abierto, Afganistán era un estúpido pero necesario preludio del verdadero primer acto en Irak.
Pero a pesar del poder del Estado Profundo, se cometen errores y la naturaleza encuentra un camino. La Guerra contra el Terror se convirtió en un desastre global. Fracasos acumulados: Irak y Afganistán, por supuesto. Libia, Siria, la desordenada primavera árabe, las relaciones con Pakistán. Realmente no se puede confiar en ninguna de esas personas para conseguirlo, queremos una guerra que no termina pero que se ve bien. Las decapitaciones en la televisión simplemente agitan a la gente en casa y no hay mucho que podamos hacer al respecto.
Pero, para ser justos con la Guerra contra el Terror, tuvo una buen trayecto. Logró normalizó el espionaje doméstico y la omnipresencia de la seguridad en todas partes en América, y estableció una burocracia agradable para manejar todo eso, la Homeland Security. Los estadounidenses se acostumbraron a ver policías armados y militarizados en las calles.
Pero lo que se necesitaba era una lucha global que nos hiciera parecer que estábamos ganando sin que  terminara nunca.
Si hubiera algún tipo de modelo para eso...
Los rusos. Todos los temores estadounidenses se enrollaron en torno a un tipo, Putin, que también podría venir de una fábrica de super villanos de Hollywood. A diferencia de los terroristas caóticos, que querían lo que fuera, la Sharia o un califato, malditas palabras extranjeras, Rusia quería territorios, a la antigua usanza, cosas en mapas como Crimea y Ucrania que no importaban a América, pero podían ser empleadas internamente como Luchas por la Libertad ©. Los rusos tenían tropas con uniformes de verdad, y todos los viejos materiales de propaganda estaban a disposición. Los rusos también sabían jugar este juego, respondiendo a través de sus canales de comunicación Russia Today (RT) y Sputnik que nadie mira realmente, pero que están ahí para poderlos etiquetar como amenazas a nuestra democracia. Y la versión rusa del estado profundo también sabe reconocer una ganga cuando ve una.
Clinton era la figura perfecta para encabezarlo, siendo amiga de Henry Kissinger, uno de los últimos luchadores disecados de la Guerra fría, y estando más que predispuesta para poner a los rusos en su sitio. Trump, bueno, no parecía entenderlo, y cuando estaba cada vez más claro que podría ganar, había que conseguir hacérselo entender. El Estado Profundo parecía tener cierta disensión interna; esto se hizo público cuando se vio que el FBI y la CIA no estaban seguros de qué a qué caballo apostar en los últimos días de la campaña electoral y cómo hacerlo. Pero oye, se cometieron errores, lo siento, incluso el Estado Profundo es un poco humano.
Bueno, la situación era un caos y se arrastró más allá de las elecciones, pero ahora todo está resuelto. El informe de inteligencia que acaba de salir dejó las cosas claras: Rusia es el tipo malo, Trump ahora el servidor del Estado Profundo, y las cosas están de vuelta a la "normalidad". Se aumentará la financiación de los sectores militares, de inteligencia y de seguridad. Dado que la guerra será fría, los Estados Unidos pueden declarar victorias periódicas como en los viejos tiempos sobre cosas como las Olimpiadas, las competiciones de ajedrez, los disidentes salvados, las cosas de espionaje que No Podemos Contarle, pero saldrán de todos modos. Podemos tener guerras a través de intermediarios y escaramuzas que parecen grandes cosas, pero por lo general se puede manejar sin problemas. Cualquier perturbador en casa, dentro o fuera de la Casa Blanca, puede ser etiquetado de simpatizante rusos en la CNN y Maddow (comentarista de la cadena MSNBC) para librarse de él rápidamente.
En general, la década de 1950 no era tan mala, ¿no es verdad?

EXTRA: Una pregunta pendiente es si las manipulaciones del Estado Profundo de nuestras elecciones se hicieron públicas por accidente, como después del 11 de septiembre, o si alguien (¿nosotros? ¿Trump? ¿Putin?) Teníamos que enterarnos por algún motivo. Mantengamos esta cuestión como algo pendiente.

MÁS EXTRAS: Sí, sí, todo esto es una conspiración absurda. Los aterrizajes de la luna fueron falsificados y el 9/11 fue un trabajo interno del Mossad. No hay ningún Estado Profundo, o Trump realmente es un Candidato de Manchuria ruso (en referencia a una famosa película de la guerra fría sobre como la URSS intenta hacerse con el poder en EEUU a través de un candidato al que han lavado el cerebro, AyR), o las arañas de Marte están realmente tirando de los hilos, o estoy leyendo esos Geocities extraños -como sitios web para adolescentes y pronto se publicará en llamativos GIFs animados con banderas ondeando-, lo que sea. También soy ruso, o Edward Snowden, o me paga alguien para escribir esto. Sea lo que sea lo que quieras decirte a ti mismo, nunca deberías creer lo que te digo ni decir que es lamentable en qué nos hemos convertido. Mataré a un cachorro en tu honor. ¡Gracias!

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