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Roberto Conesa, el policía franquista experto en infiltraciones entrenado por la CIA

Published on: miércoles, 20 de enero de 2021 // , ,

por Lucas Marco y Pablo Alcántara Pérez


16 de enero de 2020 /  17 de enero de 202018 de enero de 2020



1- EL EXPERTO EN INFILTRACIONES DE LA BRIGADA POLÍTICO SOCIAL


Las 865 páginas del expediente, al que ha tenido acceso eldiario.es, desvelan la frenética actividad represiva en la posguerra del joven Conesa que se llevó por delante a las '13 rosas', entre muchos otros antifranquistas - Roberto Conesa, falangista y agente de la Brigada Político Social, se infiltró en innumerables organizaciones de la oposición al franquismo en Madrid, Zaragoza, Lleida o Toulouse (Francia) - "Para el mejor conocimiento de los manejos de los enemigos del régimen, y con riesgo evidente de su vida, se infiltra en sus propias filas", afirma el jefe superior de Policía de Madrid en una carta de 1952


El policía de la Brigada Político Social Roberto Conesa Escudero (Madrid, 15 de mayo de 1917-26 de enero de 1994) fue uno de los más sombríos represores de la dictadura franquista reciclado después en las cloacas de la lucha antiterrorista. Tan conocido (y temido) fue entre las filas de la oposición democrática al franquismo que incluso se asoma como personaje literario en la novela Veinte años y un día (Tusquets, 2011) del escritor Jorge Semprún, quien, tras años de actividad clandestina en España, describe al comisario Roberto Sabuesa y "su crispada sonrisa de desprecio —¿o de odio? ¿o de miedo?— en el despacho de la Dirección General de Seguridad, en la Puerta del Sol".


Un cuarto de siglo después de su muerte, el expediente de Conesa, custodiado en el Archivo General del Ministerio del Interior y al que ha tenido acceso eldiario.es, sale a la luz pública. "A los policías no nos conviene en absoluto la notoriedad", le dijo el comisario a Pilar Urbano en una loa del personaje que publicó la periodista en ABC. "Él sabrá de cuánto delincuente atrapado y de cuánto crimen descubierto en su hoja de servicios", añadía lisonjera. Las 865 páginas que conforman su hoja de servicios oficial muestran una realidad bien distinta del panegírico firmado por Pilar Urbano.


El policía de la Brigada Político Social Roberto Conesa


Durante la Guerra Civil, siendo mozo de un ultramarinos de la calle del General Lacy número 15, en Madrid, estuvo a las órdenes de la Falange. Exactamente igual que muchos otros destacados agentes de la represión franquista, como el comisario Antonio Cano González (futuro jefe de la BPS en València), Conesa participa en la quinta columna a las órdenes de Falange y del espionaje franquista. "Dada mi significación falangista, me dediqué a la organización de la Falange clandestina y, en particular, de la 2ª y de la 44ª Bandera", dice Conesa en una declaración jurada que consta en su expediente.


El ultramarinos donde trabajaba fue requisado y el joven, según su relato posterior, fue obligado en 1937 a pertenecer a la CNT, de la que fue expulsado. Conesa fue detenido en dos ocasiones, asegura, por facilitar comida del establecimiento en que trabajaba a "embajadas y personas perseguidas". En junio de aquel año pasó a las oficinas del Parque de Intendencia de Madrid. "En las que presté mis servicios hasta que conseguí ser declarado inútil total", señala.


Tras la caída de Madrid y el final de la contienda, Roberto Conesa ingresa con 22 años de edad como agente provisional en la Brigada Político Social el 25 de agosto de 1939 en la comisaría del distrito de Palacio de Madrid. El joven falangista iniciaba así una larga carrera en la policía política del régimen, denunciada en incontables ocasiones por salvajes torturas y maltratos, hasta su jubilación en 1979.


El periodista y escritor Gregorio Morán sostiene en una serie de reportajes que publicó en Diario 16 en plena transición que Conesa ya era durante la guerra una suerte de infiltrado. "Numerosos militantes de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) le recuerdan entrando como un militante más en la sede", escribe Morán en la primera entrega de la serie sobre el policía, su primer trabajo periodístico fuera de la clandestinidad por el que fue detenido. El jefe superior de Policía de Madrid confirma en una carta enviada al director general de Seguridad que Conesa, "para el mejor conocimiento de los manejos de los enemigos del régimen, y con riesgo evidente de su vida, se infiltra en sus propias filas".



El primer trabajo de Conesa fue infiltrarse en el Socorro Rojo en la inmediata posguerra. Aquella operación acabó con 13 militantes de la JSU menores de edad —las trece rosas—, fusiladas contra las tapias del cementerio del Este de Madrid. El testimonio de la militante comunista Lolita Márquez, conservado en el archivo del PCE, confirma que Conesa estuvo detrás de la detención de las muchachas. La mujer, que fue engañada por el joven policía, se lo encontraría de nuevo en la Dirección General de Seguridad cuando la detuvieron por segunda vez en 1943.


El 4 de diciembre de 1939, Conesa recibe una felicitación del ministro de la Gobernación, Ramón Serrano Súñer, por las "medidas preventivas y de mantenimiento del orden público" durante el traslado de los restos del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, desde Alicante hasta San Lorenzo del Escorial.



La frenética actividad del policía en los años de posguerra tuvo en su punto de mira al Partido Comunista, al PSOE y a la UGT, a la CNT, a la JSU y a la FUE, entre otros sectores de la deshecha oposición republicana al régimen del general Francisco Franco. El PCE, perseguido "una y cien veces", consideraba a Conesa como "su más implacable enemigo, como lo prueba el odio (...) en su órgano de difusión Mundo Obrero, en el que raramente se le deja de amenazar", escribe el jefe superior de Policía. La "extensa e intensa labor profesional" de Conesa tiene indicadores precisos de su eficacia: se incautó de "11 imprentas clandestinas, más de 30 multicopistas e infinidad de máquinas de escribir, dos emisoras, armas, explosivos, propaganda, etc.".


El joven agente de la Brigada Político Social, con número de placa 2486, también se infiltró durante aquellos aciagos años en el PCE en Madrid y en la JSU de Catalunya (en 1939), en el Comité Provincial del PCE en Zaragoza y en el de Lleida (en 1943), según detalla su expediente. En 1942, tuvo un papel relevante en la detención de diez guerrilleros antifranquistas tras haberse infiltrado en Toulouse (Francia), iniciando así una constante actividad policial fuera de las fronteras españolas que se alargaría durante toda su carrera (en 1950, por ejemplo, se trasladará a Portugal). Los hombres de la Brigada Político Social, con la colaboración de la Gestapo nazi que campaba a sus anchas por España durante la posguerra, consiguieron abortar sistemáticamente los intentos de reconstrucción de la oposición clandestina al régimen.


Su ascensión en la policía del régimen le permitió emparentar con una de las familias más acaudaladas de su barrio. Roberto Conesa, conocido como El Orejas entre los chavales con los que se crió, se casó el 17 de abril de 1942 con Francisca Larrad Torrecilla, hija de los propietarios del establecimiento donde trabajó durante la guerra, y el matrimonio se instaló en un ático de la calle de Narváez número 48 de Madrid. La obra sindical de la Falange, de la que era entusiasta militante, le adjudicó el local nº1 de la Colonia Virgen del Pilar en la avenida de América para instalar un "despacho de aceites".


A excepción de algún problema de estómago por el que tuvo que ser operado, el antiguo mozo de ultramarinos había prosperado en la vida especializándose con éxito en las tareas represivas de la policía franquista, con un sueldo, una casa y una familia acaudalada. Sólo hubo un tropiezo grave. El 18 de enero de 1946 la carrera de Conesa en la policía franquista a punto estuvo de irse al garete en una escena digna de una película de cine negro. Acusado por un superior de "haber infligido malos tratos a un detenido", Conesa fue amonestado con un traslado forzoso a Maó, en la isla de Menorca, que finalmente nunca llegaría a producirse.


El policía de la Brigada Político Social Roberto Conesa


El policía, en estado de "inconsciencia y ofuscación" producido por una "fuerte excitación nerviosa", según consta en su declaración por estos hechos en el expediente disciplinario, dejó placa y pistola en la mesa del secretario de su superior y se fue "sin dar ninguna explicación de su proceder". Un médico tuvo que atenderlo en su casa y el policía explicó luego que pensaba que lo iban a echar de la Policía. El traslado forzoso nunca llegó a producirse aunque Conesa fue suspendido de empleo y sueldo y amonestado con la pérdida de 30 puestos en el escalafón, una decisión contra la que el policía dará la batalla durante años.


En 1947 se convierte en "el hombre de confianza del dirigente máximo del Partido [Comunista] en España", afirma el jefe superior de Policía de Madrid. Aquel año, Roberto Conesa será "uno de los hombres clave para la desarticulación del PC en el interior", escribe Morán en otra entrega de su investigación (cuyos datos el expediente que ahora sale a la luz confirma casi punto por punto). Aquel año recibe dos felicitaciones públicas y sendos premios en metálico.


En aquel ambiente de la posguerra española, podrido de hambre y estraperlo, Conesa tuvo algún encontronazo por indecorosas actuaciones, como un vecino suyo dueño de un establecimiento de mercería que en 1948 lo acusó de haber hecho una "pirula" en una turbia operación contra el contrabando. Años más tarde —en 1952— la Junta Administrativa de Contrabando y Defraudación de San Sebastián acusó a Conesa y a otros tres funcionarios de la policía por detener a un vecino de Irún y confiscarle una "bicicleta con motor" sin que existiera delito alguno.


Ninguno de los tropiezos que protagonizó el agente le impidieron seguir prosperando en su turbia y ascendente carrera. El joven Conesa recibe durante la posguerra una veintena de felicitaciones y premios en metálico por sus tareas represivas en la Brigada Político Social. Su "recia personalidad" y su "insuperable identificación con los postulados" de la dictadura franquista, según los elogios que recibe de sus jefes, lo convierten en un conocidísimo policía entre los jerarcas del régimen y los opositores de todo signo político. Su carrera no había hecho más que empezar.



2- LA CIA FORMÓ A LA BRIGADA POLÍTICO SOCIAL: ENTRENÓ DOS MESES A CONESA EN SABOTAJE Y ANTICOMUNISMO EN WASHINGTON


El policía estuvo un año de excedencia en la República Dominicana y a su vuelta a España se especializó en los grupos a la izquierda del PCE - El Sha de Irán concedió a Conesa la medalla de oro de la orden de Hamayoun y su segunda esposa fue condecorada con una cruz al mérito policial - Roberto Conesa, siendo ya comisario, asciende en 1974 a jefe de la Brigada Central de la Comisaría General de Investigación Social


El policía Roberto Conesa Escudero, con número de placa 2486 y nuevo domicilio en la calle Comandante Fortea de Madrid, era en la década de 1950 uno de los agentes más activos de la Brigada Político Social tras haber acumulado una veintena de felicitaciones y premios en metálico por sus actividades de infiltración en la oposición democrática al régimen de Franco.


El escritor y exministro de Cultura Jorge Semprún fue durante aquellos años un activista clandestino del PCE enviado desde Francia, una experiencia llevada al cine por Alain Resnais en 1966 con La guerre est finie. Semprún, que nunca cayó en manos de Conesa y sus hombres de la Brigada Político Social (sí lo hicieron, entre otros muchos, dirigentes comunistas como Simón Sánchez Montero) aventura una explicación sobre el tétrico trabajo de la policía política: "La policía franquista, la policía de Conesa, era una mierda, digámoslo claramente", escribe en Autobiografía de Federico Sánchez (Planeta, 1977). Para Semprún, la Brigada Político Social —"capaz únicamente de trabajar a base de confidentes y palizas"— sólo "era eficaz en el control de los viejos militantes con antecedentes, todos ellos salidos de las cárceles".


La larga lista de felicitaciones y premios de aquella década que figura en el expediente de Conesa se vio empañada por un sonado fracaso del policía con ocasión de las detenciones en diciembre de 1957 y enero de 1958 de un grupo de jóvenes que había viajado al Congreso de la Juventud de Moscú. Algunos de los estudiantes, como Javier Pradera, eran descendientes de familias del régimen y, a pesar de las abrumadoras pruebas en su contra, fueron absueltos.


"Conesa, como imagen genérica, multiforme, personificación de la Brigada Social, vaga confusamente, al acecho, por la geografía de Madrid", escribe Semprún quien también narra en Federico Sánchez se despide de ustedes (Tusquets, 1993) un encuentro siendo ya ministro de Cultura con varios antiguos policías de la BPS, entre ellos el comisario Manuel Ballesteros, "renombrado especialista en información bajo todos los regímenes".


El policía de la Brigada Político Social Roberto Conesa


Una carta del histórico jefe de la BPS Saturnino Yagüe exalta la labor de Conesa, "llevada con gran sacrificio personal, que se desarrollaba por su iniciativa propia, dirigiéndola y llevándola a cabo, incluso con la instrucción de las correspondientes diligencias de cada servicio". Tanta era la frenética actividad del policía que "su labor excedía a la de Jefe de Grupo", asegura Yagüe en una carta sobre Conesa, quien tras el tropiezo de las detenciones de Pradera y sus compañeros, saltó al otro lado del charco y dio un volantazo a su carrera.


El expediente de Conesa, al que ha tenido acceso eldiario.es, confirma que la Brigada Político Social, en la órbita de la la Gestapo nazi durante la posguerra, también fue adiestrada por el espionaje norteamericano tras los pactos en materia militar, económica y de seguridad firmados en 1953 entre los Estados Unidos y el régimen del general Francisco Franco.


El 5 de diciembre de 1957, el jefe de la Brigada Político Social, Vicente Reguengo, y un alto cargo de la Dirección General de Seguridad, viajan a Estados Unidos, invitados por la CIA, para recibir orientación sobre los "métodos, material y técnicas de investigación policial que allí se emplean", según consta en el expediente de Reguengo custodiado en el Archivo del Ministerio del Interior en Madrid y consultado por este diario. La visita, aprobada por el ministro Camilo Alonso Vega, fue una invitación del Gobierno de los Estados Unidos, presidido en aquel entonces por el republicano Dwright D. Eisenhower.


El policía Roberto Conesa realizó, según consta en su expediente oficial, un "curso de capacitación" de la CIA al año siguiente de la visita de su jefe a los Estados Unidos. El viaje a Washington, catalogado como misión de asistencia técnica en el extranjero, duró dos meses en los que Conesa fue adiestrado por la CIA en "sabotaje y anticomunismo", según dos documentos oficiales distintos firmados por el policía y que constan en su expediente.


Documento autorizando el viaje a EEUU de Roberto Conesa, para recibir entrenamiento de la CIA


El comisario de la Brigada Político Social de Barcelona Juan Creix también viajó a los EEUU para recibir cursos de especialización policial sobre anticomunismo por parte del FBI, desde el 13 de enero de 1958 hasta mediados de marzo, según cuenta el periodista Antoni Batista en La carta, historia de un comisario franquista (Debate, 2010). Los servicios secretos norteamericanos formaron aquel año a varios destacados jefes de la Brigada Político Social, quienes combatían ferozmente a un mismo enemigo común: la izquierda comunista en el sur de Europa.


Conesa recibió cuatro años antes de su viaje a Washington la medalla de oro de la orden de Hamayoun que otorgaba el Sha de Irán, por aquel entonces otro aliado anticomunista. Tras su formación con la CIA, en 1959 al policía le conceden tres meses de licencia sin sueldo y más tarde una excedencia "para atender unos intereses particulares y familiares" y obtiene permiso para "resolver asuntos propios en San Juan de Puerto Rico (Estados Unidos)", según figura en la documentación de su expediente. "El viaje deberá efectuarlo como particular", apunta un responsable de la Dirección General de Seguridad.



El año en que triunfó la revolución cubana a pocos kilómetros de la frontera estadounidense, Conesa volcó su experiencia en la Brigada Político Social y la formación que le brindó la CIA en la "policía del dictador dominicano Leónidas Trujillo", asegura el periodista Gregorio Morán en una de las entregas de su reportaje en Diario 16. Morán alude al ex espía franquista Luis M. González Mata, quien sustituyó a Conesa en la República Dominicana y autor de Cisne, yo fui espía de Franco (Argos, 1977), en el que aborda esta etapa. En 1960, "habiendo desaparecido las causas que motivaron" la excedencia, Conesa vuelve al Servicio de Información de la Policía aunque pierde 1.221 puntos en el escalafón (una decisión contra la que Conesa batallará en el Tribunal Supremo durante años).


La década de 1960 será para Conesa una época de intensa actividad en Europa (fundamentalmente en Ginebra y Bruselas) y la persecución del PCE perderá algo de peso en su currículum frente a ETA y a las nacientes organizaciones de la izquierda radical escindidas del Partido Comunista. En 1963, el ministro de Marina Pedro Nieto Antúnez, cercano a Franco y a Carrero Blanco, le concede la Cruz al Mérito Naval de segunda clase por "los excelentes servicios prestados a la Marina Mercante". Dos años después, siendo inspector de primera clase, Conesa recibe sendos premios por detener a miembros de la organización Fuerzas Armadas de la III República y del PCE, unos meses después.


En 1966 detiene a varios miembros del PC m-l ("facción pro China") e inicia así su especialidad en los grupos a la izquierda del PCE que centrará su actividad hasta su jubilación. Dos años después obtuvo tres felicitaciones y premios en metálico por operaciones contra ETA, otra de sus especialidades, y en 1969 fue designado docente de la Escuela de Policía.


Represión policial bajo el Franquismo


Roberto Conesa obtuvo, en 1967, la cruz al mérito policial con distintivo rojo. En aquella época a su sueldo base de 28.800 pesetas se añadían medallas y complementos, alguno por "especialidad y mayor riesgo", que aumentaban su nómina hasta las 105.740 pesetas (en 1971, una vez resuelto el contencioso en el TS por el escalafón, llegó a cobrar 246.456 pesetas). Viudo de su primera esposa, Conesa se casará con María del Carmen Ferrero Gil (quien recibió una cruz al mérito policial con distintivo blanco en 1974, según el Boletín Oficial del Estado).


En 1968 pasa de la Sección de Coordinación Operativa y de Enlace a depender directamente de la secretaría del director general de Seguridad hasta que en 1973, siendo ya comisario de segunda clase, Conesa es nombrado jefe de la Brigada de Vigilancias Técnicas del Servicio de Asuntos Especiales de la DGS.


El comisario Roberto Conesa protagoniza a principios de la década de 1970 innumerables operaciones contra el FRAP y contra ETA, entre otros grupos de la izquierda radical. En 1974, la DGS lo designa como representante ante el Instituto Español de Estudios Estratégicos del Centro Superior de Estudios de la Defensa (CESEDEN) y el 18 de abril de aquel año llega jefe de la Brigada Central de la Comisaría General de Investigación Social.


El comisario Conesa cuenta, según sus superiores, con "cualidades y condiciones adecuadas" para el puesto. Desde su ingreso en la policía franquista, en la inmediata posguerra, el policía ha cultivado el arte de la infiltración, se ha formado con la CIA y tiene en nómina a numerosos confidentes, con los que protagonizará algunos de los episodios más sonados y oscuros de la transición.


Los policías José Manuel Villarejo y Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, trabajaron a las órdenes del comisario Roberto Conesa.


3-  EL TURBIO PAPEL DEL COMISARIO CONESA EN LA TRANSICIÓN: EL MAESTRO DE BILLY EL NIÑO Y DE VILLAREJO EN LA CLOACA POLICIAL


El comisario Roberto Conesa y el inspector Antonio González Pacheco se vieron implicados en algunos de los asuntos más oscuros de la Transición - "Le doy mi palabra de honor de veterano policía de que no se ha tratado mal a ninguno de los detenidos", le dijo Conesa a la periodista Pilar Urbano - Manuel Fraga puso a Conesa de jefe superior de Policía en València antes de que el 'súperagente' resolviera el secuestro de Oriol y Villaescusa a manos de los GRAPO


Los policías José Manuel Villarejo y Antonio González Pacheco, alias Billy el Niño, trabajaron a las órdenes del comisario Roberto Conesa.


El comisario Roberto Conesa –especialista de la Brigada Político Social en infiltraciones, entrenado por la CIA y jefe de la Brigada Central de la Comisaría General de Investigación Social en 1974– continuó engordando en las postrimerías del franquismo la lista de premios en metálico y felicitaciones por las operaciones cíclicas contra los grupos de la izquierda radical antifranquista. El policía, además, detuvo en 1973 a los presuntos responsables del secuestro de Felipe Huarte, el primer empresario secuestrado por ETA, y un año después recibió una felicitación y un premio en metálico de 25.000 pesetas por impedir el secuestro del conde de Barcelona en Mónaco.


Tras el atentado de ETA del 13 de septiembre de 1974 contra la cafetería Rolando de Madrid, situada a tiro de piedra de la DGS, Conesa es recompensado con 50.000 pesetas por las detenciones de los supuestos autores. Tanto en su expediente como en la rueda de prensa posterior a las detenciones, el comisario atribuyó falsamente al PCE una vinculación con el atentado que en realidad nunca existió.


A sus órdenes trabajaba por aquel entonces un desconocido policía llamado José Manuel Villarejo Pérez, aprendiz de las cloacas de las que, andando el tiempo, llegará a ser su máximo exponente. En 1975, la Dirección General de Seguridad propone conceder una cruz al mérito policial a Villarejo y la misma cruz con distintivo rojo al comisario Conesa. Aquel mismo año, en agosto, Villarejo participa en Madrid, a las órdenes de Conesa, en una operación contra el FRAP, "logrando la detención de la totalidad de los dirigentes", y por la que cobró 25.000 pesetas de premio en metálico.


José Manuel Villarejo


Otro policía de inquietante fama a sus órdenes es El Pelos ("que es como le llamo por su pelambrera a lo moderno", explicó en una entrevista en ABC). Los detenidos de la oposición antifranquista lo apodaban Billy el Niño y su legendario historial de maltratos y torturas lo persigue hasta hoy. El inspector Antonio González Pacheco, de infausto recuerdo para sus numerosas víctimas, fue el alumno aventajado de Conesa. Su negro currículum lo resumió emocionado en el Congreso de los Diputados el actual vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias, con algunos de los abundantes testimonios de las salvajes torturas de la Brigada Político Social.


El historial de Billy el Niño, publicado por eldiario.es, va en paralelo al de su maestro Roberto Conesa, del que era discípulo y amigo. En una operación contra el FRAP en julio de 1975, Conesa es recompensado con 30.000 pesetas y su discípulo El Pelos, con 20.000. El 30 de septiembre de 1975, tres días después de los últimos fusilamientos del franquismo de cinco militantes del FRAP y de ETA, el comisario es agraciado por la Presidencia del Gobierno con la Orden Imperial del Yugo y las Flechas.


Antonio González Pacheco


Tras la muerte de Franco, a Conesa lo alejan de Madrid. El 22 de junio de 1976, el ministro de Gobernación Manuel Fraga lo nombra jefe superior de Policía en València, donde sustituye al comisario José de Oleza, otro histórico de la Brigada Político Social. En la capital del Turia fue el máximo jefe de la Policía valenciana hasta que el 30 de enero de 1977, el ministro de Gobernación, Rodolfo Martín Villa, lo llama desde Madrid para situarlo al frente de la investigación del secuestro de Antonio María de Oriol y Urquijo, presidente del Consejo de Estado, y del teniente general Emilio Villaescusa, presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar.


Lo primero que hizo cuando llegó a la capital fue reunirse con Billy el Niño y reagrupar a "sus niños" especializados en los GRAPO, un turbio grupúsculo infiltrado por Conesa y sus hombres.


"En general son los partidos minoritarios, y no los de masas, los que recurren a la violencia; y precisamente por ser partidos pequeños cuesta más trabajo infiltrarse en ellos", explicó Conesa tras la liberación de Oriol y Villaescusa. Aquella legendaria operación le valió al comisario una recompensa de 200.000 pesetas, según su expediente, y el blanqueamiento mediático del personaje (con algunas excepciones: los reportajes del periodista Gregorio Morán en Diario 16, disponibles actualmente en el Archivo Linz, detallan el currículum del súperagente).


La periodista Pilar Urbano publicó una serie de reportajes en ABC sobre la actuación de Conesa en la resolución del secuestro a manos de los GRAPO que dan cuenta del blanqueamiento del histórico represor: "No es un hombre endurecido ni hosco, ni frío, ni muchísimo menos despiadado", escribió.


"Mire, Pilar", dijo Conesa en una comida con la periodista a la que no faltó la esposa del comisario, "no he dejado de asistir ni a un solo interrogatorio (...), ¡lo juro por mi alma que no he seguido más técnica que la del diálogo! (...) Le doy mi palabra de honor de veterano policía que no se ha tratado mal a ninguno de los detenidos", sostiene Conesa ante la periodista, quien pregunta embelesada: "¿Cómo funciona su cerebro, Conesa?".


El 2 de junio de 1977, el ministro de la Gobernación Rodolfo Martín Villa nombra al policía comisario general de Información, uno de los puestos clave, desde el que pilotará todo tipo de oscuras tramas relacionadas con la guerra sucia. El comisario tendrá así "plena dedicación habitual al servicio, sin límite de horario".



El expediente de Conesa incluye las numerosas citaciones de la Audiencia Nacional (antiguo Tribunal de Orden Público, el organismo represivo por excelencia del franquismo) tanto a Conesa como a Billy el Niño por sumarios como el del secuestro de Oriol y Villaescusa o el asesinato de los abogados de Atocha.


González Pacheco compareció (tras varias citaciones) en este último juicio pero en casi todos los grandes procesos de la Transición Conesa y su alumno se escaquearon hábilmente de declarar ante el juez escudándose en "viajes al extranjero" y "servicios de represión del terrorismo". Cada vez que lo citaban en la Audiencia Nacional, daba la casualidad de que El Pelos estaba "en el extranjero en servicios de interés público relacionados con la seguridad ciudadana".


En el expediente de Conesa consta una interpelación del grupo socialista en el Congreso al Gobierno por el "hábito" de ambos funcionarios de no comparecer ante la justicia. Tampoco comparecerán en varios juicios por torturas (como, entre otros, el de los malos tratos denunciados por Pablo Mayoral, militante del FRAP y actual presidente de La Comuna de Presos del Franquismo).


Hoy, Billy el Niño –ya jubilado tras una larga etapa en la empresa privada– tiene un apartamento en Benicàssim, según descubrió el programa 360 grados de ETB. El ex agente de la Brigada Político Social conoció bien la costa castellonense cuando estaba a las órdenes de Conesa, al que acompañaba a reuniones con el mercenario y sicario de los GAL Jean Pierre Chérid, según el testimonio de su viuda en el libro Chérid, un sicario en las cloacas del Estado, de la periodista Ana María Pascual. La mujer contó que los comisarios Roberto Conesa y Manuel Ballesteros, junto con Billy el Niño, frecuentaban la terraza del restaurante del aeroclub que regentaban los hermanos Gilbert y Clément Perret.


Teresa Rilo, la viuda de Chérid, conoció a aquellos dos "tipos cordiales, atentos y educados" pese a las "divertidas advertencias" de su marido sicario: "Estos han sido gángsters, como los de las películas", le decía. La familia, marselleses del milieu criminal parisino de los años 60, llegó a la costa valenciana huyendo literalmente a tiros de una guerra de bandas en la capital francesa. A los hermanos Perret siempre se les ha vinculado a la guerra sucia (y, singularmente, al atentado contra el Bar Hendayais). En 1985, en aquel mismo restaurante del aeroclub de Castellón, ETA asesinó a Clément Perret.


En el restaurante, entre "parrilladas de carne y de verdura", coincidían estos inquietantes personajes con el comisario Conesa, "un tipo siniestro, de aspecto enfermizo", al que siempre acompañaba Billy el Niño, "su mano derecha". "Formaban un dúo curioso: el maestro y el pupilo; el hombre serio, de pocas palabras, y su vehemente alumno", dice Teresa Rilo. En el juicio por el atentado del Bar Hendayais, por el que fue condenado y finalmente absuelto por el Tribunal Supremo el comisario Manuel Ballesteros, se descubrió que Billy el Niño era quien pagaba medio millón de pesetas mensuales a los supuestos confidentes que presuntamente cometieron el crimen, tal como publicó El País.



Maestro y pupilo, según el testimonio presencial de la viuda de Chérid, frecuentaban también la pizzería L'Appuntamento, uno de los epicentros de las tramas negras neofascistas durante la Transición. Por allí coincidían con terroristas italianos como Stefano Delle Chiae o Carlo Cicuttini, el cuarto pistolero del atentado contra los abogados laboralistas de Atocha, entre muchos otros personajes poco recomendables.


Otro de los sonados casos en los que se vio implicado Conesa fue el intento de asesinato, el 5 de abril de 1978 en Argel, del líder del Movimiento por la Autodeterminación y la Independencia del Archipiélago Canario (MPAIAC), Antonio Cubillo. En la bautizada Operación Mallorca, que dejó gravemente herido y en silla de ruedas a Cubillo, "Roberto Conesa, que por aquel entonces se hallaba al frente de la Comisaría General de Información, se encargó de llevar a la práctica toda la parte operativa", afirma la historiadora Sophie Baby en El mito de la transición pacífica (Akal, 2018).


José Luis Espinosa Pardo, uno de esos oscuros personajes del tardofranquismo y de la Transición poco conocidos, fue un histórico infiltrado de Conesa en el FRAP (participó en su fundación) y en los GRAPO, entre muchos otros partidos, según los datos que aporta el periodista Federico Utrera en Canarias, secreto de Estado (Mateos López Editores, 1996). Espinosa, fallecido en 2016 y cuyo papel fue clave en la detención del comité central de los GRAPO en Benidorm el 9 de octubre de 1977, fue condenado a 20 años de cárcel por la Audiencia Nacional (salió en libertad en 1996).


Tras infiltrarse entre los independentistas canarios e incluso proporcionarles explosivos para cometer atentados en Madrid, Espinosa "hizo de puente entre el GRAPO y el MPAIAC", sostiene el historiador Xavier Casals en La transición española, el voto ignorado de las armas (Pasado y Presente, 2016). Casals opina que "es difícil contestar a la pregunta de quién fue el responsable último del atentado contra Cubillo y la autonomía que tuvo Conesa al ordenarlo". El valioso testimonio del infiltrado José Luis Espinosa aparece en el documental Cubillo, historia de un crimen de Estado.


La sentencia por el intento de asesinato de Cubillo alude a los "hombres de atrás" que impulsaron el atentado desde el "aparato policial" (en 1987, Espinosa y Conesa protagonizaron un careo judicial en el que se tutearon). "Ha resultado acreditada la intervención, junto a Espinosa, de otro u otros 'hombres de atrás' pertenecientes al aparato policial español de aquella época y que fueron también quienes tomaron la decisión delictiva", reza la sentencia. En 1992, el Tribunal Supremo confirmó el fallo y solicitó la apertura de una nueva instrucción para identificar a los policías implicados.



Tras su jubilación en 1979 (año en que sufrió un infarto), Conesa desapareció del mapa. Existen versiones contradictorias sobre sus actividades después de 40 años en la Policía (algunos sostienen que se trasladó a vivir a Canarias y otros que fue jefe de seguridad de una empresa hotelera en República Dominicana). ¿Fue él mismo quien las difundió para despistar? "Algunas cosas es mejor que no se sepan nunca", dijo en 2008 el director de los servicios de información durante la Transición, Andrés Cassinello...


El comisario Roberto Conesa murió el 26 de enero de 1994 a los 77 años de edad. Fue, tal como lo definió el escritor Jorge Semprún, "la imagen genérica de un pasado de violencia y de sangre"



ANEXO 1: Carta del Jefe Superior de Policía de Madrid sobre Roberto Conesa, 1952 (FUENTE)


ANEXO 2: Documento oficial del expediente de Roberto Conesa sobre su viaje a EEUU para ser entrenado por la CIA (FUENTE)

Confidentes, infiltrados y traidores

Published on: martes, 19 de enero de 2021 // , ,


por Imanol


14 de diciembre de 2014


LA LARGA SOMBRA DE LA DELACIÓN, QUE A TODOS SITIOS LLEGA


Desgraciadamente para la guerrilla, tanto urbana como rural, el listado de confidentes, infiltrados y traidores es alarmantemente extenso, y sus resultados, devastadores. Hoy bucearemos en las cloacas de la desconfianza y la delación, causadas a veces por la tortura, a veces por el beneficio económico, o la ideología, el miedo, las rebajas de condena…y otras por el simple y concienzudo trabajo de las fuerzas represoras. En España, el confidente delataba para conseguir algún tipo de beneficio, bien en el orden material, recibiendo, de oscuros presupuestos, el equivalente a las treinta monedas, o bien para preservar su seguridad.


Una vez más, nos centraremos en el ambiente libertario, por ser en el que estamos interesados y en el que encontramos ejemplos más que de sobra. Fue la BPS (Brigada Político-Social), la encargada de ocuparse no solo de los diversos grupos urbanos, sino también de la inmensa infiltración que sufrieron partidos y sindicatos en el exilio, centrándose en el país vecino, Francia. Para seguir con las buenas costumbres, la encargada de los grupos rurales fue la dura y eficiente guardia civil.


El tristemente famoso infiltrado Eliseo Melís Díaz


Posiblemente el más conocido de la infame lista, fuera Eliseo Melís Díaz, miembro del sindicato fabril y textil de la CNT en Barcelona, quien detenido en febrero de 1939 por los esbirros del comisario Quintela, empieza su colaboración con la BPS, proponiendo a la vez a la CNT realizar un doble juego que no será tenido en cuenta. Tras diversas caídas de elementos confederales, no será hasta 1943 cuando la fuerza de las sospechas lo marginen de los nuevos comités. Para 1945 ya estaban bastante claras las cosas y un grupo de acción al mando de José Pareja bajará hasta la ciudad condal con la misión de acabar con él, aunque fracasan en la tentativa. El mismo Pareja, dirigirá otro grupo en julio de 1947 con el mismo fin, consiguiendo su objetivo, pero perdiendo la vida en el intento tras el tiroteo.


Antonio Seba Amorós, fue también detenido en febrero del 39 por las huestes de Quintela, antiguo comandante de la columna Tierra y Libertad, también pasa a colaborar con la BPS, lo que no le impide seguir ejerciendo cargos en la Federación local de Barcelona. Desde 1945 hay informes acusándolo de agente infiltrado, pero no será hasta 1949, más concretamente en febrero, cuando el grupo de Los Maños lo tirotee como escarmiento en el bar Bracafé de Barcelona, dejándolo herido, abandonando Seba tanto la ciudad condal como toda militancia tras el atentado.


Aniceto Pardillo Manzanero, infiltrado en el grupo de "los Maños"


Aniceto Pardillo Manzanero “el Chaval”, estaba integrado en el grupo de los Maños pese a algunas sospechas, que por desgracia para el citado grupo, no pasaron de ahí. No solo desbarató los intentos de acabar con el caudillo, sino que vendió al grupo y consiguió que apresaran y ejecutaran a varios de sus componentes a principios del año 1950. Tras un asalto frustrado en París, fue encarcelado durante 4 años en la capital gala, saliendo a mediados de junio de 1954, un mes después fue interceptado por un grupo de acción que lo dejó malherido y que cuando intentó rematarlo descubrió que el traidor había huido. Fue curado en Francia y posteriormente volvió a Barcelona donde se pierden sus pasos.


Jacinto Guerrero Lucas “el Peque” fue propuesto por varios sindicatos para el cargo de secretario general en el exilio, su nivel de infiltración queda bien claro tras eso. Fue el responsable de la caída de Granados y Delgado y puede ser responsable también de las detenciones entre otras, de Fernando Carballo y Stuart Christie.


Ramón Benichó Canuda “Leriles” también había pertenecido a la CNT y después se había integrado en la mafia francesa, lo que no quitaba para que al parecer fuera parte del grupo Paladín, como indica Stuart Christie. Dicho grupo era una de las bandas secretas de pistoleros dirigidas por el jefe de la Brigada Político-Social, Eduardo Blanco. Este elemento acabo con la vida de Laureano Cerrada el 18 de octubre de 1976.


Sobre Adrián Giménez, solo sabemos que colaboraba tanto con Antonio Seba como con Melís en la ayuda policial desde las filas de las CNT exiliada, por ahora no disponemos de más datos.


Jacinto Guerrero Lucas "el Peque"


Estos casos solo eran la punta del iceberg, por cada nombre que aquí aparece, son incontables los desconocidos. Como trágica anécdota, decir que de todos los grupos de acción que pasaban la frontera para actuar en el estado, solo sabemos del grupo Massana como único grupo que por un lado no sufrió la muerte de ni la detención de ninguno de sus miembros tras varios años de actuación, ni la de su encargado, el propio Marcelino Massana, entre otras cosas, porqué este tras recibir las misiones que tenía que realizar, nunca daba a la organización, ni la fecha de paso, ni los lugares por los que lo haría. La prudencia le salvó la vida.


Dejamos el exilio y nos adentramos en las sierras peninsulares, por tierras cordobesas nos encontramos a Juan Olmo García “Abisinio”, carbonero y delincuente habitual, que se vendió por presiones a la guardia civil, y entrego a la partida de los Jubiles, el resultado, todos muertos menos “Quincallero” que resultó gravemente herido y posteriormente encarcelado.


Juan Olmo García "Abisinio" fue quien vendió a "los Jubiles"


También por tierras de la misma provincia, los grupos del “Cojo de la Porrada” y “Eugenio del Real” ejecutaron a varios delatores y confidentes entre ellos a Miguel Hernández García, en Hornachuelos en otoño del 46, al guarda Nicolás Alonso Lucena en el mismo término, al cortijero Andrés Muñoz Troya en Espiel, en Valsequillo al guarda Francisco Rayo Carmona, de nuevo en Hornachuelos al cabrero Manuel Castillejo y a Francisco Robles. En La Granjuela a Manuel Villaseca Arellano, en Belmez a Francisco Peña Porriño, en Villanueva del Rey al guarda Julián Morales. Todos estos hombres fueros ejecutados en los primeros meses de 1947 y la mayoría de ellos resultaron ahorcados.  El grupo de “Vicente del Puerto” ahorca a Manuel Díaz Santiago en Villaviciosa en agosto de ese mismo año. En 1948 la misma partida ejecuta al guarda Antonio Ramos Pérez. En Hornachuelos los de “Eugenio del Real” ahorcan a Manuel Flor Sánchez, en Alanís lo intentan con Eduardo Falcón, aunque consigue librarse, en Cazalla de la Sierra acaban con Alejandro González Lagares.


Ahorcado colgado de un árbol. Imágenes como esta fueron habituales por tierras de Córdoba


Juan González Ventura “Voluntario”, de la partida de “Eugenio del real”, tras ser detenido en Madrid se pone al servicio de la guardia civil delatando entre otros al “Comandante Ríos”.


Pasamos ahora a la zona de Málaga y Cádiz y nos encontramos con el cenetista Francisco Fernández Cornejo “Largo Mayo”, miembro de la partida de “Moyita” y posteriormente de la Agrupación Fermín Galán, harto de sus años en la sierra, el 30 de diciembre de 1949, se entrega a las autoridades y se convierte en delator, gracias a sus servicios, los civilones conseguirán acabar con Bernabé López Calle “Comandante Abril”, máximo dirigente de la Fermín Galán y con Juan Ruiz Huercano “Capitán” durante la madrugada del 31 de diciembre.


En la ciudad de Granada, Miguel Peña Martínez, de profesión cabrero, tenía fama de confidente desde antes de la guerra, de hecho, el mismo 18 de julio recibió varios navajazos debido a ello, así que no es de extrañar que en marzo del 44, cuando se enteró de que el grupo de Antonio Fernández Murillo estaba en un prostíbulo de la calle Piedra Santa avisara a la policía. El resultado, un inspector de policía y tres guerrilleros muertos.


Sin cambiar de ciudad, encontramos a los hermanos Rodríguez González “los Guinea”, familia de confidentes, José será el primero en caer asesinado a manos de “el Modesto”, de la partida de “los Quero”, a finales de marzo de 1944, por haber delatado a otro miembro de la partida que resultó muerto. El 16 de septiembre de ese mismo año, será Luis, el otro hermano quien también sea asesinado, a manos de Antonio Vázquez Murillo y su gente.


Por concluir con la provincia de Granada, comentar que el grupo de “los Clares”, que durante 1947 habían eliminado en Güejar Sierra al confidente Antonio Martín Benavides y poco después al infiltrado y delator Fermín Castillo, a principios de 1949 tras una seria confrontación con la Agrupación Guerrillera de Málaga Granada, pasarán a colaborar durante unos meses con la guardia civil, causando varias bajas a la citada agrupación. A finales de 1949, los restos del grupo dejan de colaborar y se vuelven a “echar” al monte.


En Ciudad Real, el pequeño grupo de “el Lechuga”, se entrega en febrero del 48 a la guardia civil, a cambio de sus vidas, colaboran con los civilones, entre sus víctimas, “Lazarete” y su mujer.


"El Lechuga" y su grupo cambiaron de bando durante el año 48 y persiguieron guerrilleros


En Cantabria, la partida de “el cariñoso”, ejecutó también a dos delatores, en 1938, a Santos Manuel Casar y en 1940, en La Cavada a Víctor Gómez Aja. Aunque el propio Cariñoso morirá tras ser delatado por uno de sus enlaces, llamado Escalante, en octubre del 41, su compañera María Solano resultará detenida, y otros tres miembros de la partida, “Lola”, “Cenizo” y “Melenas” también resultan muertos tras un tiroteo por la delación del mismo enlace.


La partida de “el Petrol” que operaba en la provincia de Teruel, ejecutó al falangista y teniente de alcalde de Dos Torres de Mercader, acusándolo de delator el 25 de noviembre de 1945.


Como la lista podría eternizarse y el texto se va alargando, lo dejamos para una próxima entrada.

 

FUENTES:

La red de evasión del grupo Ponzán. (Antonio Téllez), Facerías. (Antonio Téllez), Hijos de una guerra. (Jorge Marco), La resistencia armada contra Franco. (Francisco Moreno), Franco me hizo terrorista. (Stuart Christie), Maquis. (Secundino Serrano), El Cariñoso. (Isidro Cicero). El hombre que mató a Laureano Cerrada (Diario de Vurgos). 

Jacinto Guerrero Lucas, el agente trifásico

Published on: domingo, 17 de enero de 2021 // , , ,

por Xavier Montanyà



El periodista Xavier Montanyà recorre la carrera del supuesto espía infiltrado en círculos anarquistas y de los GRAPO en Francia durante la dictadura franquista, y presunto colaborador de los GAL durante la democracia

La publicación hace dos meses de supuestos documentos de un espía del Ministerio del Interior español pueden añadir nuevas pistas sobre la trama de la guerra sucia contra ETA los años 1980. Las investigaciones y procesos judiciales sobre los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL) y la actuación antiterrorista de los gobiernos de Felipe González, los ministros de Interior, Corcuera y Barrionuevo, y el secretario de estado de Seguridad, Rafael Vera, aclararon culpas y responsabilidades, tanto de los políticos como de los mercenarios policiales y parapoliciales que integraban los comandos de los GAL. Los supuestos documentos del agente Jacinto Guerrero Lucas (alias 'el Peque' entre los anarquistas o 'el Botijero' de España, entre los dirigentes de ETA) ¿abren nuevas vías de investigación sobre aquella trama, o son simplemente cargas de profundidad en la guerra PP-PSOE? El tiempo lo dirá, si se demuestra la autenticidad de los documentos o aparecen más, y, sobre todo, si existe la voluntad, tanto del estado español como del francés, de llegar al fondo de un tema que les resulta radicalmente incómodo.

El Mundo, 3 de abril de 2011

Mientras tanto se puede seguir la carrera del supuesto autor de los documentos secretos, el espía Jacinto Guerrero Lucas, un personaje que siempre se ha movido entre tinieblas e intrigas, rodeado por el misterio y la sospecha. Su trayectoria podría haber sido de consecuencias trágicas para los anarquistas, y también para los independentistas vascos. Si algún día se llega a saber a ciencia cierta los servicios que agentes como él han aportado al estado desde siempre, quizás encontraríamos los fundamentos reales de la "modélica transición".

1. ¿JACINTO GUERRERL LUCAS, LA DIPLOMACIA DE LOS GAL? 

El domingo 3 de abril, el diario El Mundo publicó en portada y páginas interiores un reportaje titulado 'Un agente de Interior frenó en Francia los procesos contra el GAL'. Según esta información, el agente era Jacinto Guerrero Lucas, supuesto ex-anarquista, masón, espía y asesor de Rafael Vera en el Ministerio de Interior español. Basándose en unos supuestos papeles del archivo personal del agente, 'El Mundo' afirmaba que Guerrero habría repartido ayudas económicas y regalos entre policías y magistrados franceses con el fin de detener los procesos en marcha en la vecina Francia contra los mercenarios los GAL, y que mantenía informado personalmente al ministerio y a Felipe González sobre sus actividades. Para apoyar esta información, el diario publicaba fragmentos de originales de supuestas cartas.

Imagen de Jacinto Guerrero Lucas en los años 60

Los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), creados para eliminar los activistas de ETA refugiados en Euskadi Norte y el sur de Francia, asesinaron 27 personas entre 1983 y 1987. 

El Mundo no decía, sin embargo, como había conseguido acceder a una parte de los documentos del archivo de Guerrero que, según el diario, habría guardado una copia de su correspondencia personal y oficial con la cúpula del gobierno y del PSOE entre 1989 y 2004. Además de la incógnita sobre la autenticidad o credibilidad de estos documentos, su procedencia y su oportuna aparición pública en estos momentos, esta información vuelve a poner sobre la mesa la figura de un peón del equipo de Barrionuevo-Vera con un historial misterioso, una pieza clave -a la luz y sobre todo a la sombra- de la colaboración policial hispano-francesa.

Guerrero Lucas junto a Federica Montseny en un mitin de la CNT en el exilio francés

QUIÉN ES JACINTO GUERRERO LUCAS O ÁNGEL GUERRERO LUCAS, ALIAS 'EL PEQUE'? 

Se hace difícil seguir con certeza su trayectoria de espía, o de lo que sea en realidad. Pero los medios de comunicación han publicado, de vez en cuando, noticias sobre el. Se ha escrito que Jacinto Guerrero Lucas, el espía mejor pagado de Rafael Vera, tenía, por su condición de masón, excelentes contactos entre la francmasonería francesa, especialmente con el ministro de Interior Charles Pasqua (1986-1988 ), que también es masón, y con Robert Pandraud, el ministro delegado de la Seguridad. 

En los años 1980-1990 su nombre sonó como mediador entre el gobierno español y ETA. El diario de extrema derecha El Alcázar publicó en 1988 que sus servicios se remontaban a la época del ministerio de Gobernación franquista. También se le ha relacionado con los Renseignements Généraux (RG), el servicio secreto francés creado por el mariscal Pétain en 1941 y directamente vinculado al Ministerio del Interior. Los RG son una policía política y de información/desinformación, especialista en lucha antiterrorista, tráfico de drogas, juego ilegal, prostitución, etc.

Jacinto Guerrero Lucas, "El Peque" (Perpignan, 1996)

Sin embargo, la situación privilegiada de Guerrero Lucas en el Ministerio de Interior español peligró dos veces. Es muy complejo verificar hoy estas afirmaciones. Según El Mundo, Antoni Asunción le intentó expulsar cuando fue nombrado ministro de Interior en 1994. Y no lo consiguió. Después Margarita Robles, secretaria de estado de Interior en la época Belloch, también quiso echarle, pero algunas fuentes aseguran que no pudo por presión del ministro francés Pascua. Y según otras, que sólo lo consiguió tras pagar sumas de dinero para que las autoridades francesas facilitaran extradiciones de etarras. Dicen, pero es dificil de asegurar, que su suerte podría haberse terminado cuando otro ministro de Interior francés, Jean-Louis Debré (1995-1997), exigió a Mayor Oreja que Guerrero fuera despedido y dejara de trabajar en la lucha antiterrorista en Francia.

Entonces también se publicó que Guerrero había fichado por CESID, gracias a sus excelentes relaciones con Enrique González Galindo, general de la Guardia Civil y ex-jefe del cuartel de Intxaurrondo. 

1997: Guerrero Lucas durante la presentación del libro "GAL: Punto final" de Eliseo Bayo. De izquierda a derecha: José Barrionuevo (ministro de Interior entre 1982 y 1988), Eliseo Bayo, Guerrero Lucas, Rafael Vera (secretario de Estado para la Seguridad entre 1986 y 1994) y Jose Luís Corcuera (ministro del Interior entre 1988 y 1993) 


Jacinto Guerrero es, ante todo, su mejor promotor. Hay dos fotos de aquellos años que la inmortalizan con la plana mayor de Interior. Es en la presentación de dos libros, avalados por él, que defienden su posición y la de sus jefes. La primera (arriba) es del año 1997, en la presentación del libro GAL: punto final, de Eliseo Bayo. La segunda, de 1999, en la presentación del libro Interior, de Santiago Belloch, donde además del trío Vera-Barrionuevo-Corcuera, también estuvo presente el ex-director de la Guardia Civil, José Antonio Saéz de Santamaría (abajo)


1999: Guerrero Lucas durante la presentación del libro "Interior" de Santiago Belloch. De izquierda a derecha: Antonio Saéz de Santamaría (director general de la Guardia Civil entre 1983 y 1986), José Barrionuevo, Santiago Belloch, Guerrero Lucas, Jose Luís Corcuera y Rafael Vera 


¿Como ha llegado Guerrero Lucas a jugar tantas cartas al mismo tiempo? ¿Como ha llegado tan lejos? ¿Cómo empezó su trayectoria de espía? 

2. DÉCADA DE 1960. EL PEQUE Y EL MOVIMIENTO LIBERTARIO ESPAÑOL EN FRANCIA

La aparición de Guerrero Lucas, alias 'el Peque' (por la baja estatura), en los ambientes libertarios de Tolosa (Occitania) se produjo en 1961, justo cuando en el Congreso de Limoges la CNT, la FAI y las Juventudes Libertarias acordaron la creación del organismo secreto Defensa Interior (DI) para llevar a cabo acciones contra Franco. La cúpula de DI era integrada por Cipriano Mera, Juan García Oliver, Acracio Ruiz, Germinal Esgleas, Vicente Llansola, Juan Gimeno y Octavio Alberola, que es hoy es el único superviviente del grupo.

Octavio Alberola n los años 60

Hijo del maestro racionalista José Alberola, miembro del Consejo de Aragón durante la revolución de 1936, Octavio Alberola llegó a Francia en 1960 proveniente del exilio de México, en compañía de Juan García Oliver, ex-ministro de Justicia en la República y ex-miembro del grupo de acción Los Solidarios. El objetivo era activar la lucha armada contra el régimen. Alberola fue el coordinador más activo de todas las acciones contra la dictadura que llevó a cabo DI los años 1960 y, posteriormente, el Grupo Primero de Mayo.

Octavio Alberola y Jacinto Guerrero Lucas (1961)

En conversación telefónica desde el sur de Francia, sobre la fiabilidad del Peque en la época, Alberola declara: "No tenemos una prueba definitiva de cuando comenzó a trabajar para los servicios policiales. A mí me lo presentan en Toulouse, en 1961, cuando ya se ha creado DI. Tiene el aval del comité nacional de la CNT del interior. Venía de la mili. Es posible que los servicios franquistas lo reclutaran allí y tras saber que se había creado DI, nos lo enviaran. Es posible, pero no se puede demostrar. Lo que sí que sabemos, con todo, es que en 1962 los responsables de la CNT exiliada lo presentaron al jefe de los Renseignements Généraux de Toulouse, el comisario Tatar, para que le diera asilo político. Este comisario era el encargado de informar a las autoridades francesas sobre la CNT. Es posible también que su carrera comenzara a partir de este contacto".


-¿En qué primeras acciones participó?

-El julio de 1962 estalló una bomba en el balcón del Ayuntamiento de Valencia, donde Franco había hecho un discurso días antes. Era un aviso. Sólo tres personas estábamos al corriente. Él, yo y el compañero italiano Franco Leggio. No hubo ninguna detención. Por lo tanto, yo no tenía aún motivo de sospecha.

Franco Leggio (1972)

-¿Cuando empezaste a sospechar de el?

-El 1962, él se encargaba básicamente de la relación informativa con el interior. Un día le robaron una maleta llena de documentación donde dice que también estaban sus papeles de identidad. Se decide que quede al margen de la actividad. Es cuando conoce el comisario de Renseignements Généraux, Tatar, y reaparece la maleta, pero yo nunca supe ni qué había dentro, ni quién la devolvió.

Octavio Alberola en una entrevista clandestina a la BBC (1972)

-¿Mantuvistes relaciones con el?

-Yo corté toda relación. Después, el 19 de agosto, se hizo un intento de atentado contra Franco en el Palacio de Ayete, en San Sebastián (País Vasco). Falló por el retraso del general a llegar a su residencia de verano, por lo que las cargas explosivas se hicieron estallar. El Peque no estaba al corriente y no hubo detenciones. Sólo fueron detenidos algunos militantes de ETA, que no tenían nada que ver con la acción.


Octavio Alberola no volvió a tener noticias de el hasta que el Peque consiguió ponerse en medio del operativo para realizar un atentado contra Franco en Madrid, en el verano de 1963, que no se hizo nunca, con trágicas consecuencias. Es el asunto de Francisco Granados y Joaquín Delgado, los dos jóvenes libertarios ejecutados en la prisión de Carabanchel el 17 de agosto de 1963, acusados ​​de unos atentados que no habían cometido. Aquí su intervención fue fatal, como explicaremos más adelante.


Es después de estos hechos que Guerrero se distanció completamente de los activistas anarquistas favorable a la lucha armada. "Cuando tuvo lugar la caída de Granados y Delgado, no sospechamos de el", recuerda Alberola. "Desapareció. Tres o cuatro semanas después, hubo una importante redada de militantes libertarios españoles por toda Francia. Hubo 21 detenidos por asociación de malhechores, entre los que cabe destacar a los históricos Ciprino Mera y José Pascual. Se interrogó a sesenta militantes y se registraron sus domicilios. El nombre de Jacinto Guerrero Lucas figuraba en la lista, pero no lo cogieron. No lo vimos más, hasta que reapareció, en el sector opuesto a la lucha armada, el de Federica Montseny y Esgleas, un sector que antes él había criticado muy duramente por inmovilista. Va cambiando de posición según pasa el tiempo. Más tarde, a través el presidente de la República en el exilio, Félix Gordon Ordás, masón como él, conoció a Julio Alvarez del Vayo, considerado el inspirador del FRAP... El Peque va apareciendo siempre vinculado a todo, y nunca lo detienen".

Informe de Marciano Sigüenza, secretario general de la CNT en el exilio (1973-75) sobre las actividades del infiltrado Jacinto Guerrero Lucas (PDF)

3. "GRANADOS Y DELGADO, UN CRIMEN LEGAL"

Treinta años después, en 1996, en el transcurso del trabajo de investigación del documental Granados y Delgado. Un crimen legal, el equipo que lo realizamos conseguimos una cita para entrevistar a Jacinto Guerrero Lucas sobre su participación en aquellos hechos. La cita fue en un bar de Perpiñán, una mañana a primera hora. Bajito y barbilampiño, el Peque es un tipo de maneras afectadas, poco naturales. Usa una retórica peculiar, gesticula mucho, como para corroborar la veracidad de sus afirmaciones, que suelen ser contundentes y muy floridas de adjetivos. Antes de la entrevista conversamos brevemente y me confió que, para él, muchos periodistas son "como putas del rastrojo" y que su conciencia política le venía de muy lejos: "Mi retina de niño, a las seis de la mañana, veía por la ventana rebaños de obreros que inundaban las calles, camino del trabajo. ¿Y sabe usted cómo quedaban luego las aceras? Llenas de escupitajos. Porque en España había tuberculosis". Me sorprendió el uso de un vocabulario y de un estilo chulesco, que nunca había visto entre libertarios.

IZDA: Joaquin Delgado. DCHA: Francisco Granados

Entonces decía que trabajaba para el Ministerio del Interior y se definía como "embajador de buena voluntad entre Francia y España". En la entrevista, el Peque negó rotundamente haber participado en el asunto Granados y Delgado, se contradijo y se puso en evidencia, por contraste, con las declaraciones de Octavio Alberola, Robert Ariño, Luis Andres Edo y Vicente Martí.

Granados y Delgado

Los hechos fueron así. Defensa Interior, bajo la coordinación de Alberola, tenía en marcha un plan de atentado contra Franco en Madrid, el día que fuera al Palacio de Oriente a hacer la entrega oficial de las credenciales diplomáticas. Un buen día se supo que no habría ceremonia. El plan no se podía llevar a cabo. Alberola lo comunicó a sus compañeros Cipriano Mera y José Pascual, que le dijeron que había otro equipo que podía hacerlo cuando Franco se fuera de vacaciones. El coordinador era el Peque. Había que poner en contacto el hombre del Peque y Granados, que era quien tenía los explosivos escondidos en Madrid. Se preparó la cita, pero el Peque envió tarde su hombre y el contacto falló. Franco se fue de vacaciones a San Sebastián. Alberola se vio forzado a enviar Delgado para decirles que se retiraran, que volvieran a Francia, que el atentado ya no se podía hacer de ninguna manera. El hombre del Peque se retiró a tiempo, pero Granados y Delgado fueron detenidos, juzgados y ejecutados con garrote vil, acusados ​​falsamente de haber puesto unas bombas dos días antes. En el documental, Sergio Hernández y Antonio Martín, después de treinta años, reconocían públicamente su autoría de los atentados.

Pueblo, 3 de agosto de 1963

En el documental, Alberola dice que el Peque propuso un plan alternativo. Él lo niega. Robert Ariño es identificado como el hombre enviado por el Peque. Él lo niega. Desde entonces, no han parado de crecer las sospechas sobre su verdadera responsabilidad en la caída de los dos jóvenes ejecutados. Sospechas que se van haciendo más consistentes con la publicación de más trabajos de investigación como Garrote vil para dos inocentes, de Carlos Fonseca.

Noticias en la prensa francesa de los atentados por los que se condenó y ejecutó falsamente a Granados y Delgado

Años después, en octubre de 2009, en un acto de debate sobre aquellos hechos en el que Guerrero Lucas aceptó participar y tuvo lugar en un local de la CNT de Madrid, a condición de que no asistiera Octavio Alberola, reconoció ante un grupo de militantes libertarios de los años 1960 que nos había mentido en aquella entrevista. Alberola y Ariño decían la verdad.

Octubre 2009: Guerrero Lucas (círculo) participa en un debate sobre la muerte de Granados y Delgado en un local de la CNT en Madrid
Guerrero Lucas durante el debate sobre la muerte de Granados y Delgado en un local de la CNT en Madrid

También quedó claro en aquella confrontación que en la época mentía o exageraba sus posibilidades de acción ante los libertarios de Madrid, por un lado, y los de Francia, de otra. Sobre aquellos hechos, ha mentido a tres bandas, en el pasado y en el presente. El equipo de libertarios de Madrid que él prometía tener a los de Tolosa no existía como tal. Además, su proximidad a la colocación de unos explosivos al Valle de los Caídos, en 1962, llevó a que fueran detenidos y encarcelados jóvenes que no tenían nada que ver con ello. En concreto, Francisco Sánchez Ruano, conocido del Peque, fue condenado a 28 años, 11 de los cuales cumplió en el penal de Burgos. Tanto Ruano como Granados y Delgado eran inocentes de los hechos de que se les acusaba.

La prensa española se hace eco de la detención de Granados y Delgado

Hoy Octavio Alberola, en vista de la evolución posterior del personaje y sus contradicciones públicas, reflexiona: "Es posible, como él tenía contacto con la policía francesa ya en 1963, que siguieran a Ariño y a través de el encontrasen a Delgado, Granados y los explosivos. Por aquel entonces las policías francesa y española colaboraban muy estrechamente. Había un intercambio de información. Francia nos vigilaba a nosotros y España a los activistas de la OAS (Organisation de la Armée Secrète) que Franco había dado refugio. Es posible. Yo no puedo saber si ya trabajaba para los servicios activamente, pero sí estaba implicado en aquella trama. Como la verdad es que pocos años después colaboraba a cara descubierta con ambas policías, y lo reconoce públicamente, que cada uno saque sus conclusiones".

Noticia de la prensa francesa informando d ella ejecución en España de Granados y Delgado

4. XAVIER VINANDER Y EL PEQUE LOS AÑOS 1970-1980

Los periodistas Xavier Vinader y Pedro Costa Musté entrevistaron Jacinto Guerrero Lucas en la revista Interviú en febrero de 1979. El artículo, titulado "Habla el cerebro del activismo anarquista: Cuando intentamos cargarnos a Franco", se publicó en el número 144 (reproducido en imágenes al final de este artículo). "Se presentó en la redacción. Venía de Francia. Era un desconocido. Me pareció que tenía muchas ganas de hacerse autopropaganda. Era muy egocéntrico. Sólo declinaba la primera persona del singular, algo un poco contradictoria en un anarquista", recuerda hoy Vinader.

El periodista Xavier Vinader

Un inciso. Resulta curioso leer que ante Vinader definió el nacimiento de su conciencia política, en 1979, con unas palabras casi idénticas a las que me dijo a mí, en Perpiñán, diecisiete años más tarde, con una notable fijación por las escupitajos en las aceras de Madrid de posguerra. 

IZDA: Cipriano Mera. DCHA: José Pascual.

-¿Era normal entonces que alguien se presentara en un medio de comunicación y se atribuyese acciones tan fuertes como atentados contra Franco?, pregunto a Vinader.

-No. Pero ya había salido el libro de Eliseo Bayo Los atentados contra Franco, donde  el no se le mencionaba. Tenía un punto de aventurero y de oportunista. Quería promocionarse.

Roberto Ariño

-¿Lo decía?

-Es un gran relaciones públicas y en un momento dado nos dejó claro que quería saber quién cortaba el bacalao, políticamente. Se interesaba mucho por el PSOE. Era un poco extraño, también, que un anarquista con este pasado quisiera acercarse a los socialistas. Pero sobre esto he reflexionado después, en perspectiva.

Míting de Jacinto Guerrero Lucas en Francia

-En la entrevista atribuye acciones en las que no participó. Esto se sabe ahora, antes no.

-Exacto. Entonces, en 1979, no había muchas fuentes donde poder contrastar estas informaciones. Lo dejamos en su boca. Tampoco lo desmintió nadie.

Antonio Martín

-Eres un especialista en la investigación de tramas policiales y grupos de extrema derecha. Denunciaste en 'Interviú' el precedente de los GAL en Euskadi, por ejemplo, lo que te valió un proceso, el exilio y la cárcel. Cuando te vuelve a aparecer el nombre de Guerrero Lucas?

-En París, al final de los años 1980, contacté con un inspector de Renseignements Généraux (RG) llamado Jean-Marc Dufourg, implicado en un caso de secuestro y asesinato del pastor Douce. Dufourg había estado en la Section Manipulation los RG. Él me habló de Guerrero Lucas como implicado en la guerra sucia contra ETA en los años 80. Después lo publicó en un libro.

Acto de la CGT en recuerdo del asesinato de Granados y Delgado: Octavio Alberola, Antonio Martín y, con el micrófono, Eladio Villanueva, nombrado secretario general de la CGT en 2001 y reelegido en 2005.


-¿Pudiste contrastar aquella información?

-Sí, hablé con más inspectores de RG, entre los que Roger Duran, que había sido jefe de la sección de Investigaciones de RG en Toulouse, y que confirmaba que era un confidente.

-¿Pudiste averiguar si ya era desde el principio un infiltrado policial franquista entre los anarquistas exiliados?

-Yo quería hacer un libro titulado Tolouse, capital rouge et noir, que nunca terminé. Entonces seguí el hilo de su vida. Es complicado porque él ha lanzado muchas cortinas de humo. Explica historias para enmascarar la verdad. No te puedes fiar nunca de lo que dice. Tienes que verificarlo no por tres bandas, sino por trece. Contacté con gente de las Juventudes Libertarias de Madrid de los años 1960, y ya entonces tenían fuertes sospechas de que colaboraba con la policía española. Es posible que el padre fuera policía, o funcionario de gobernación...

El general Eduardo Blanco, jefe de los servicios de seguridad del Franquismo


-¿Por qué se presentó en Toulouse en 1961?

-No está claro. Aquí hay una nebulosa. Llegó a Toulouse con dos compañeros más, en representación del comité nacional de la CNT del interior. Los otros dos volvieron por pasos clandestinos de los Pirineos, pero Guerrero, entonces "Hidalgo", retrasó su vuelta. A los pocos días se recibió la noticia de la detención en Madrid de los asistentes a la reunión de Toulouse y alguien filtró que la policía, en los interrogatorios, había mostrado un gran interés por saber dónde estaba Guerrero, que decidió quedarse en Toulouse. Años más tarde un militante anarquista que vivió de cerca las detenciones de Madrid reconoció que todo aquello fue muy sospechoso. Era como si los hubieran estado esperando. Con lo que se ha sabido después del personaje, parece más que evidente que se trató de una operación policial para reforzar su implantación en los círculos del exilio.

Libros autobiográficos publicados por Guerrero Lucas

-¿Después fue reclutado por la policía francesa?

-Sí. Esto lo sé seguro. Me lo contó el policía francés que lo detuvo y lo reclutó. Además, era masón. Lo convirtió en informador.


Cenit, órgano de la CNT en el exilio, número 172 (octubre de 1966) con un artículo de Guerrero Lucas

-¿Fue en 1962 cuando perdió una maleta con documentos?

-Más o menos, no lo recuerdo con exactitud... El comisario de RG, Tatar, le cita y devuelve los documentos, dice que la ha encontrado un campesino en medio del campo. Pero en realidad fue una operación montada por los RG.

-¿La conclusión podría ser que era un infiltrado franquista desde el principio y que en Francia entró en relación con los RG y comienza a trabajar para los dos servicios?

-Exactamente.

Guerrero Lucas, en los años 60

-¿Como entró en contacto con Rafael Vera y la cúpula de Interior?

-Según mis notas, fue en 1984. Se lo presentó Gabriel Urralburu, presidente del gobierno de Navarra. Guerrero representaba una firma de construcción francesa que pretendía la adjudicación de las obras de una planta de residuos y potabilización de agua. Soltó que tenía muy buenas relaciones en el Ministerio de Interior francés. Urralburu le presentó a Luis Roldán, entonces delegado del gobierno en Navarra. Este vio la posibilidad de desbloquear las relaciones entre la Guardia Civil y la PAF (Police del Air et des Frontières). Era muy reciente el incidente de los cuatro policías españoles detenidos en territorio francés intentando secuestrar a la activista de ETA Larretxea. Roldán habló con Vera, pero fue una llamada de Julio Feo, secretario de Felipe González, la que posibilitó la entrada de Guerrero en el "staff" secreto de Interior. Todo se consolidó en una comida en Irún al que asistieron Guerrero, Vera, el gobernador de Guipúzcoa Julen Elorriaga, el coronel de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo y el comisario Joel Cathala, de la PAF.

-¿Cuál era, si se puede concretar, la función de Guerrero?

-Se encargaba de la cooperación con la policía francesa, intervino en el diálogo con los dirigentes de ETA en Santo Domingo, se reunió con los abogados de ETA en el sur de Francia y secundaba en todo lo que había en las operaciones parapoliciales los GAL. Tocaba todas las teclas. Los etarras, en sus documentos internos, lo llamaban el 'Botijero' de España. 

-¿Cuáles son las últimas noticias que te han llegado?

-En tiempos de Montserrat Tura como consellera de Interior se dirigió a los Mossos para ofrecer información, pero lo rechazaron. 

5. EL EX-INSPECTOR FRANCÉS JEAN-MARC DUFOURG, GUERRERO Y LOS GAL

A raíz de la publicación ahora en El Mundo de estos supuestos documentos del archivo secreto de Guerrero donde, si son ciertos, parece que tejió una red de colaboradores favorables a los GAL entre policías y magistrados franceses, es interesante de recordar las acusaciones que, en este sentido, hizo públicas un policía francés, a principios de los años 1990. 

El inspector de policía Jean-Marc Dufourg trabajó durante nueve años, en la década de 1980, en la Section Manipulation de los Renseignements Généraux. Su trabajo consistía en investigar, reclutar y manipular confidentes en los ambientes extremistas e independentistas de todo tipo. Dufourg fue encarcelado acusado en un oscuro caso de secuestro y asesinato del sacerdote homosexual Douce. Por entonces se rumoreaba que Dufourg había sido una cabeza de turco.


El inspector de los RG franceses Jean-Marc Dufourg y portada de su libro "Sección Manipulación. Del antiterrorismo al asunto Doucé"


En la cárcel escribió un libro de sus recuerdos profesionales en la brigada: Section Manipulation. De l'antiterrorisme a l'affaire Doucé (Michel Lafon, 1991). Su abogado, que no podía ser otro que Jacques Vergès, afirma en el prólogo: "Es la primera vez que un policía de Renseignements Généraux habla de lo que ha visto y muestra que los vínculos del 'establishment' político con los bajos fondos son tan fuertes como los que tiene con la delincuencia de los negocios".

De todas las misiones que tuvo en aquellos años, Dufourg califica el asunto de los GAL como la más tortuosa. Un día se les presentó un señor en el despacho, recomendado por sus superiores. Era Jacinto Guerrero Lucas. Al inspector, de entrada, el personaje le causó mala impresión. "Se presentó como muy cercano al ministro de Interior español. Hablaba de dos comisarios con los que estaba en estrecha colaboración: Ballesteros y FUCE. Después nombró a Ferrand (su superior). Soy yo quien está al cargo del problema que usted sabe"

Uno de sus compañeros de la brigada lo reconoció como uno de sus antiguos confidentes infiltrados en los ambientes anarquistas españoles y del GRAPO.

Durante casi un año el extraño personaje comparecía ante el superior de Dufourg, acompañado de un alto funcionario español, un tal Pedro. "En cada visita asistían con dossiers... Contenían fotografías, nombres y direcciones de militantes de ETA". "Estas informaciones se las daba Guerrero Lucas al gobierno español, que las transmitía a los asesinos del GAL", concluye.

El aludido Guerrero Lucas, en carta al diario Deia (26 de abril de 1991), negaba el relato del ex-inspector y afirmaba: "ETA, GRAPO y GAL son perros de similares collares y los desprecio por igual". Y anunciaba, con su estilo inconfundible, que recurriría a los tribunales. "Voy a hacer que muerda el polvo este policía corrupto, mitómano y pretencioso, intrigante fracasado; esta 'máquina de guerra', como así se autocalifica, que entiendo necesita más un tratamiento psiquiátrico que cuidados mecánicos"

Octavio Alberola aclara que los tribunales le otorgaron el derecho de desmentir públicamente los hechos relatados en el libro, pero no obligaban ni al autor ni a la prensa a modificar lo que habían publicado. 

Le Monde, el 9 de julio de 1991, publicó una pequeña nota:

"Publicación Judicial. Mediante auto sumario del 24 de mayo de 1991, Ángel Guerrero Lucas ha sido autorizado a informar al público de las protestas que ha presentado ante el cuestionamiento de su personas de que es objeto y los intolerables ataques de los que es víctima en la obra de Jean Marc Dufourg titulada Section Manipulation".

Sin embargo, la información aportada por Dufuorg se continuó publicando. El 21 de septiembre de 1995 el periodista Roland-Pierre Paringaux publicaba en Le Monde un extenso artículo titulado "La police française este accusée de avoir colaboramos avec las GAL" (La policía francesa está acusada de haber colaborado con los GAL, ver imagen abajo). "Las revelaciones españolas sobre los comandos anti-ETA arrojan luz sobre el papel de varios policías franceses sospechosos de corrupción. Más allá de estos casos individuales, se cuestiona toda la cooperación antiterrorista entre Francia y España".


Le Monde, 21 de septiembre de 1995


"Varios policías, entre ellos el exjefe de la Policía Aérea y Fronteriza de los Pirineos Atlánticos, fueron acusados ​​por sus compañeros españoles de haber facilitado a los hombres del GAL desde 1982, a cambio de dinero, fotos y direcciones de militantes de ETA. Según los informes, también ayudaron a reclutar secuaces. Más allá de estas derivaciones individuales, se cuestiona la política franco-española contra el terrorismo. A partir de 1983, se continuará fortaleciendo la cooperación entre los servicios de los dos países", escribía Paringaux en la entradilla. 

El periodista, que en un recuadro reproducía la acusación que Dufourg había hecho sobre Guerrero en su libro, afirmaba:

"Durante los años 80, un tal Ángel Guerrero Lucas, muy relacionado con los círculos de la policía de inteligencia general francesa, fue el hombre clave en la colaboración policial y judicial entre París y Madrid en los casos de ETA. Directamente implicado en 1991 por el ex inspector de los RG Jean-Marc Dufourg, activó la justicia para denunciar estas 'fabricaciones'. Yo, Jacques Vergès, abogado de M. Dufourg, ya había mostrado una foto del demandante en compañía de policías de los RG franceses".

Parece que el aludido presionó a Le Monde para que rectificara la información o publicara una carta con su versión, pero el prestigioso diario se negó.

¿Actuará ahora Guerrero Lucas contra El Mundo por publicar unos supuestos papeles suyos, que confirman el trabajo que hacía aquellos años? ¿Los papeles publicados son auténticos o se trata de un montaje? ¿A qué juega ahora el Peque? ¿Investigará el gobierno francés los casos de soborno de policías y magistrados? ¿Habrá alguna investigación judicial contra él, en Francia o España? Nunca ha tenido un juicio por su trabajo en Interior. Su nombre nunca ha salido implicado en los juicios de los GAL. Nunca nadie lo ha acusado judicialmente. Es como si Guerrero no existiera. ¿Por qué? ¿Quienes son sus encubridores? Preguntas sin respuesta. Forma parte del aura que rodea al Peque desde los años 1960.


ANEXO DOCUMENTAL

Entrevista de Xavier Vinadér y Francisco Costa Musté a Guerrero Lucas, revista Interviú número 144, febrero de 1979 (enlace, PDF)

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