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Noticias Amor y Rabia

Anarquistas y trabajo sexual ¿Solidaridad o abolición?, por Aaron Lakoff

Published on: miércoles, 12 de septiembre de 2018 // , , ,
¿Qué es más afín a las ideas anarquistas? ¿Apoyar a las trabajadoras del sexo como un acto de solidaridad o llamar a impedir que los hombres consuman cuerpos de mujeres?

El 20 de diciembre de 2013, muchos anarquistas y feministas radicales en Canadá celebraron una histórica sentencia del Tribunal Supremo del país que por unanimidad revocó tres leyes principales que regulan la prostitución, allanando efectivamente el camino para la despenalización del trabajo sexual. Las leyes prohibían el funcionamiento de una “casa común de prostitutas” (un burdel), las comunicaciones para fines de trabajo sexual y vivir de los ingresos de la prostitución. El gobierno de Canadá ahora tiene un año para reescribir las leyes.

Sin embargo, este día histórico también tocó un nervio sensible dentro del movimiento anarquista en todo el país ya que no hay consenso entre los anarquistas en Canadá sobre una posición con respecto al trabajo sexual. De hecho, algunas feministas anarquistas han lamentado la reciente sentencia del Tribunal Supremo y siguen abogando por la abolición de la industria del trabajo sexual.

Los anarquistas que luchan en solidaridad con las trabajadoras sexuales y los que son abolicionistas a menudo están enfrentados ya que los abolicionistas abogan por eliminar completamente el trabajo sexual, mientras que los otros consideran necesario respaldar a las trabajadoras del sexo como parte de las ideas y práctica feminista y anticapitalista. Si queremos ser coherentes con los valores anarquistas centrales de libertad, autodeterminación y eliminación del capitalismo y el patriarcado, es crucial que nos mantengamos firmes en el apoyo de las luchas de los trabajadores sexuales para mejorar sus condiciones de trabajo y, por extensión, sus vidas.

Soy un anarquista nacido en canada, blanco, que nunca ha trabajado sexualmente, y no estoy en una posición económica que haga que el trabajo sexual sea una de las pocas opciones viables en la vida para pagar el alquiler o poner comida en mi mesa. Sin embargo, tengo varios compañeros y amigos anarquistas cercanos que son trabajadores sexuales, o que defienden los derechos de las personas que ejercen el trabajo sexual, y su trabajo inspira y fundamenta mis propias ideas.

A lo largo de la historia, los anarquistas han tomado diferentes posiciones en torno al trabajo sexual. Tal vez sea más útil centrarse en lo que nos unifica como anarquistas en torno a este debate. Tanto si somos abolicionistas como si somos defensores del sexo, todos compartimos un profundo compromiso para terminar con el capitalismo, el patriarcado y todas las formas de dominación u opresión.




Además, todos compartimos una oposición a las prisiones, las visión liberal de la criminalidad y el sistema de justicia penal en general. Lo que distingue a los abolicionistas radicales o anarquistas de sus contrapartes feministas liberales es que no defienden la criminalización de las trabajadoras sexuales. Por el contrario, como argumenta el colectivo anarco-feminista con sede en Montreal Les Sorcieres, la industria del trabajo sexual debería ser eliminada, y los clientes (o “Johns” como se les conoce comúnmente) deberían ser denunciados. En sus palabras, “en lugar de estigmatizar a las prostitutas, debemos señalar con el dedo a los clientes. Necesitamos desalentar a los hombres de consumir los cuerpos de las mujeres”.

Este enfoque, similar al llamado “modelo nórdico” según el cual son los clientes quienes son criminalizados en lugar de los trabajadores sexuales mismos, ha sido denunciado como altamente problemático por las trabajadoras sexuales. Por un lado, sigue forzando a las trabajadoras sexuales a entrar en situaciones de criminalidad al criminalizar un lado de la interacción. Y sigue obligando a las trabajadoras sexuales a trabajar a escondidas, lo que las conduce a condiciones potencialmente inseguras.

En una línea similar, los anarquistas pro-trabajadores sexuales deben ser más críticos con el sistema de justicia penal, incluida la reciente decisión del Tribunal Supremo de Canadá. Si bien el fallo tendrá un impacto positivo significativo en la vida de muchas trabajadoras sexuales, no deberíamos ser tan ingenuos como para verlo como una victoria absoluta.

Una sentencia positiva aquí podría significar que el Partido Conservador dominado por el gobierno canadiense reescribirá leyes aún más duras dentro de un año.

De hecho, ninguna solución duradera puede venir sin cambio sistémico y revolución.

Sin querer presentar el debate como una polémica división entre las dos partes del movimiento anarquista, es útil destacar ciertas posiciones que definen nuestras perspectivas políticas. De una manera muy general, los anarquistas en el campo pro-trabajador sexual tienden a discutir desde posiciones informadas sobre la teoría de género/queer, anarco-sindicalismo y un marco general contrario a la opresión. Por otro lado, los abolicionistas anarquistas tienden a discutir desde un marco materialista-feminista y algunas veces insurreccionalista.

Uno de los argumentos de los abolicionistas es que el trabajo sexual debería ser abolido simplemente porque toda esclavitud asalariada debería ser abolida. De acuerdo, todos los anarquistas están de acuerdo en que debemos acabar con el trabajo asalariado capitalista. Sin embargo, la práctica anarquista también necesita estar fuertemente impregnada de un sentido de solidaridad hacia quienes están en la primera línea de las luchas de liberación. Por ejemplo, los anarquistas que luchan en solidaridad con los inmigrantes indocumentados o los pueblos indígenas tienen cuidado de no acallar nunca las voces de aquellos directamente afectados por las injusticias sociales. Otro paralelo útil sería observar las luchas laborales en Walmart. Si bien odiamos a Walmart y todo lo que representa, nunca les diríamos a sus trabajadores que se organizan para lograr mejores condiciones laborales: “Lo siento, estás jodido. No te apoyaremos”.




Lamentablemente, el anarquismo abolicionista está trazando una línea entre los trabajadores que merecen nuestro apoyo y los que no. Podemos odiar la industria del sexo y el hecho de que se pague dinero a cambio de actos sexuales, pero eso puede ser coherente con nuestra solidaridad inflexible hacia las trabajadoras sexuales que luchan contra la criminalización, la violencia y por condiciones de trabajo más seguras.

El abolicionismo puede caer en la trampa de ser una especie de gran salvador blanco, en virtud del cual anarquistas que demasiado a menudo no son trabajadores sexuales intentan dictar lo que es mejor para las mujeres trabajadoras. En términos imperialistas, esto equivaldría a la “carga del hombre blanco” (“white man’s burden”, poema de Rudyard Kipling justificando el imperialismo occidental, AyR) para liberar a las naciones más oscuras de sí mismas.

El fanzine Whorelicious describe al “Trabajador Sexual Victimizado Imaginario” de la siguiente manera: “Todos (en particular personas que se ven a sí mismos como aliados de trabajo sexual) quieren encontrar al Trabajador Sexual Victimizado Imaginario. Si no soy yo, deben ser los trabajadores de la calle o los menores de edad o los adictos o los llamados ‘traficados’”. No es así.

Piense en la industria manufacturera o de la hospitalidad: algunos entornos son buenos y respetuosos, otros son de mierda y abusivos. Pero el concepto de víctimas necesitadas de rescate nunca es útil. Hay trabajadores que pueden querer mejores derechos o condiciones en sus propios términos. La idea de que las trabajadoras sexuales son víctimas es exactamente cómo se han justificado algunos de los peores abusos de los derechos de las personas trabajadoras del sexo, usualmente perpetrados por el estado, y por esa razón, hablar de seguridad y peligro tiene un trasfondo político.

De nuevo, esto no quiere decir que debamos ignorar la violencia en la industria del sexo. Todo lo contrario. Hay que hacerle frente, reconociendo que las trabajadoras sexuales son de hecho las primeras en sentirlo y combatirlo. Otra linea argumental que a menudo se escucha de los abolicionistas es: “Apoyo a las trabajadoras del sexo; Las apoyo para que abandonen la industria”.

Una aproximación anarquista al trabajo sexual es aquel que apoya a los trabajadores que quieren salir de la industria, mientras que al mismo tiempo apoya a las personas que desean quedarse y luchar por mejores condiciones. Los dos enfoques no son mutuamente excluyentes. De hecho, debemos reconocer el trabajo sexual en todas sus complejidades.

Necesitamos crear espacios que sean antipatriarcales, sexualmente positivos, que ofrezcan técnicas de reducción de daños (distribución de preservativos y kits de sexo seguro, intercambio de agujas, etc.) y que al mismo tiempo ofrezcan apoyo en casos de violaciones y apoyo positivo para que las personas abandonen ese trabajo si lo desean. El anarquismo debería tratar de abrir posibilidades para las personas marginadas en la lucha contra el estado y las fuerzas opresoras, sin limitar nuestras solidaridades con las personas que luchan por mejores condiciones de trabajo.

Al criticar el trabajo sexual, debemos tener muy claro qué es el trabajo sexual consensuado, qué es violencia y qué es tráfico de blancas. No se puede ignorar la situación de las mujeres que se ven obligadas a ingresar en la industria y atraviesan fronteras en contra de su voluntad. Pero abogar por la abolición de la industria solo abrirá más mercados negros, creando mayores ámbitos en los que los proxenetas y traficantes operen. La despenalización, aunque no es un paso completamente liberador, al menos elimina parte de la demanda de tráfico de blancas y comienza a poner el control de nuevo en manos de las personas que ejercen el trabajo sexual.

Hay caminos en los que podemos vincular las luchas contra el colonialismo, la violencia fronteriza y el patriarcado al afirmar los derechos y la dignidad de las personas que ejercen el trabajo sexual. En una entrevista con Robyn Maynard, la académica / activista Nandita Sharma afirma que “finalmente, el pánico moral contra el trabajo sexual hace que las mujeres migrantes sean más vulnerables en la industria del sexo”. Si buscamos abolir algunos de los aspectos más injustos del trabajo sexual como tráfico y proxenetismo, la solución más pragmática y sensata es escuchar a las mujeres que están en primera línea y apoyar su derecho a la autodeterminación y la autonomía.

En esa misma entrevista, Sharma continúa: “En última instancia, si queremos poner fin a la explotación de las mujeres, tenemos que desafiar al capitalismo, que es la base de toda nuestra explotación. Tanto si trabajamos en la industria del sexo, en un restaurante o en una universidad, estamos siendo explotados por aquellos que se benefician de nuestro trabajo”.

Por último, si bien una reflexión anarquista sobre el trabajo sexual abre las posibilidades para vincular las luchas de las trabajadoras sexuales con otras luchas por la liberación, un enfoque abolicionista anarquista limita nuestras solidaridades.

Según Maggie‘s, una organización de trabajadoras sexuales en Toronto:

“El trabajo sexual es un trabajo real y exigimos condiciones de trabajo justas y seguras para todos nosotros, incluidos aquellos sin estatus. Nos oponemos a la explotación de todos los trabajadores y la legislación que promueve la precariedad del trabajo y crea vulnerabilidad a la explotación. El desconocimiento por parte del Estado de la vida de los pueblos indígenas involucrados en el trabajo sexual y la sobrerrepresentación de los pueblos indígenas en las formas más precarias y vulnerables de trabajo sexual no puede separarse de la explotación económica continua de los pueblos indígenas, la extracción de recursos de las tierras indígenas, la búsqueda continua de ganancias a costa de las comunidades indígenas y la protección del medio ambiente, y el desplazamiento de los pueblos indígenas de su tierra y trabajo. Nuestro llamado a los derechos laborales para todas las trabajadoras sexuales apoya el derecho a la autodeterminación de los pueblos indígenas. Los derechos del trabajador sexual son derechos laborales”.

Los anarquistas nunca deben quedarse satisfechos con la legalización ni la despenalización, y como tal, debemos acercarnos al escepticismo del contexto actual en Canadá. No estamos luchando por jaulas más grandes, cadenas más largas y más regulaciones estatales en la industria del sexo. Estamos luchando por la liberación total, donde las personas determinan sus propias vidas y tienen libertad sobre sus propios cuerpos. Eso no debe olvidarse.

En esencia, el anarquismo es sinónimo de libertad, autodeterminación y autonomía personal y colectiva. No ganamos luchas al decidir qué es lo mejor para las personas oprimidas. Ganamos luchas cuando abrimos nuestros corazones, escuchamos y honramos las voces en primera línea. Es por esta razón que los anarquistas debemos prestar nuestra total solidaridad a las personas que ejercen el trabajo sexual en la lucha contra el capitalismo y el patriarcado.



Artículo publicado originalmente en la revista anarquista canadiense Fifth Estate, número 391 Primavera / Verano 2014.

¿Es la prostitución compatible con el anarquismo?

Published on: martes, 11 de septiembre de 2018 // , , ,
Panfleto distribuido en 2011 durante la feria del libro anarquista de Londres


La prostitución no es compatible con el anarquismo

FERIA DEL LIBRO ANARQUISTA DE LONDRES, 2011

El concepto de la “(libre) elección” de las mujeres a la hora de vender sexo se construye de acuerdo con el pensamiento neoliberal y de libre mercado; la misma escuela de pensamiento que pretende que los trabajadores tienen “capacidad real de decidir” y control sobre su trabajo. Sugiere que las mujeres eligen vender sexo y, por lo tanto, debemos centrarnos en cuestiones relacionadas con la seguridad de las “trabajadoras sexuales”, la capacidad de ganar dinero y su persecución por parte del estado. Mientras que la seguridad de las mujeres y los derechos de las mujeres son primordiales, el argumento para los burdeles regulados por el estado y la sindicalización es reformista en el mejor de los casos, ingenua y regresiva en el peor. Incluso la propuesta de “burdeles organizados en colectivo” ignora la naturaleza de género de la prostitución y su función en el apoyo a la dominación masculina.
Una respuesta anarquista debería exigir la erradicación de todas las prácticas de explotación y no sugerir que puedan hacerse más seguras o mejores.

Perspectivas anarquistas 


El anarquismo proviene de una palabra griega que significa “libertad de dominación”. Se basa en “la decencia esencial a los seres humanos”; un deseo de libertad individual e intolerancia frente a la dominación (Woodcock). Requiere un cambio social radical y revolucionario, no un reformismo. Las creencias subyacentes incluyen:

- Oposición a la dominación y todas las jerarquías, incluida la jerarquía de género (Goldman)

- El no necesitar ningún aparato de estado. (Kropotkin) 


- La justicia social como parte de nuestra naturaleza humana (Godwin) 


- El cambio social ocurrirá a través de la acción colectiva (Bakunin) 


- Quienes tengan poder lo entregarán por el bien común. (Godwin)

- La ayuda mutua y la reciprocidad resultan en un intercambio entre iguales. (Proudhon)

- Los seres humanos pueden ser personas soberanas que participan en asociaciones voluntarias (es decir, no para el pago) (Kropotkin)

- La emancipación de las mujeres debe provenir de sí mismas “Primero, afirmándose a sí misma como una personalidad, y no como una mercancía sexual. Segundo, rechazando el derecho de cualquier persona sobre su cuerpo”. (Goldman)

Preguntas desde una perspectiva anarquista

1. Pregunta: ¿Por qué los hombres creen que tienen derecho a comprar sexo? 


Análisis: el género es una jerarquía basada en el poder y la prostitución es una manifestación de esa desigualdad de poder. Los compradores de sexo (de mujeres o de hombres) son en un porcentaje abrumador hombres. El derecho de los hombres a comprar sexo depende de su posición jerárquica privilegiada y de la posición subordinada de las mujeres. Las mujeres de entornos socioeconómicos más pobres están sobrerrepresentadas en la industria del sexo.

Solución: se debe alentar a los hombres a que renuncien a su poder jerárquico, y no apoyarlos para que lo mantengan. 


2. Pregunta: ¿Por qué pagan los hombres por sexo?

Análisis: La prostitución es "una transacción financiera a cambio de sexo". El sexo está disponible libremente, ¡incluso en el sistema capitalista actual! El sexo consensual se puede negociar entre cualquier adulto sin necesidad de intercambio financiero. Por lo tanto, el acto de pagar por el sexo sirve para otro propósito: le permite al hombre afirmar su poder y control sobre lo que ha comprado. La afirmación de poder y control por parte del hombre, y la dominación de la mujer, son parte de la transacción. No se trata de sexo.

Solución: Hay que enfrentarse a los hombres que compran sexo por su abuso de poder y control sobre las mujeres.

3. Pregunta: ¿Son los sindicatos o colectivos de "profesionales del sexo" la respuesta?

Análisis: la mayoría de las mujeres que venden sexo lo hacen principalmente debido a la falta de alternativas. El 90% de las mujeres que participan en la prostitución quieren salir, pero tienen pocas alternativas (Farley, 1998). Cuando las personas son explotadas, las apoyamos a ellas, no a los explotadores. Los sindicatos de trabajadores son necesarios para la producción de bienes esenciales: el sexo no es una mercancía, está disponible libremente para todos. Los sindicatos o incluso los colectivos de personas que venden sexo a hombres ignoran el hecho de que el acto de comprar sexo es problemático dentro de un análisis anarquista. Normalizar los desequilibrios de poder y las desigualdades no los hace reducir o desaparecer; solo los refuerzan.

Solución: las personas deben tener elecciones equitativas sobre cómo vivir sus vidas. La mayoría de las prostitutas no tienen una gama de alternativas equitativas. Los hombres que compran sexo si tienen alternativas. Los anarquistas deben desafiar el status quo de las jerarquías de poder de género al cuestionar el derecho de los hombres a comprar sexo, en lugar de apoyar formas que hagan más fácil para los hombres poder ejercer poder y control sobre las mujeres y alienarse de la naturaleza humana.

Otras ideas radicales 


Si las mujeres tienen pocas alternativas, los hombres no les hacen un favor pagándoles para tener relaciones sexuales: denles simplemente el dinero. Las personas que piensan que la prostitución es un servicio para hombres socialmente aislados deberían ofrecer sexo gratis a estos hombres. 
Las personas que piensan que la prostitución es igual a cualquier otro trabajo manual, pero mejor pagado, deben tratar de ganarse un salario digno en Romford Road. (La mayoría de las mujeres no trabajan como “escorts bien pagadas”). 
Quienes fetichizan [sic] el intercambio de sexo por dinero no son anarquistas ... ni radicales de manera alguna, sino que promueven la alienación entre los seres humanos [sic].

Un último pensamiento sobre feminismo 


El feminismo trajo a nuestras conciencias la noción de que "lo personal es político". Recurrir a un análisis feminista para examinar las interacciones entre personas como apoyo o desafío a la jerarquía de género da como resultado las mismas conclusiones: el hecho de que los hombres compren sexo los hace cómplices de la subordinación de las mujeres como grupo.


Respuesta a: La prostitución no es compatible con el anarquismo

Esta es una respuesta a las autoras del panfleto distribuido en el taller "Trabajo sexual y anarquismo" en el London Anarchist Bookfair 2011 (el folleto original se reproduce a continuación).

El panfleto fue escrito y distribuido por personas que no estaban de ninguna manera conectadas con la organización del taller. En el panfleto no se aclara quiénes son los autores o a qué organización pertenecen y simplemente pone “London Anarchist Bookfair 2011” bajo el título. Al ser entregado a la gente que entraba en la sala, mi camarada le preguntó a la mujer que se lo había entregado quién lo había escrito y la mujer respondió: “Nosotras lo hicimos”. Esta respuesta fue, en el mejor de los casos, vaga y en el peor, engañosa. La mayoría de las personas que recibieron el panfleto asumieron que fue escrito por los organizadores y, en consecuencia, desfiguraron la discusión hasta que pudimos aclararlo. Soy trabajadora sexual y fui parte de la organización de ese taller. El contenido de este panfleto me concierne y me gustaría responder a algo de lo que está escrito en él. Estoy escribiendo esto de manera puramente individual.

En mi respuesta voy a tratar de contrarrestar de manera individual cada argumento utilizado en el folleto para cuestionar la organización colectiva de las trabajadoras sexuales. En general, considero que las críticas al trabajo sexual no equivalen a una justificación para atacar la autoorganización de las trabajadoras sexuales, ya que las ideas sobre cual debería ser el orden ideal de las cosas no equivale a un rechazo de los intentos de hacer frente a la realidad actual.

El título del panfleto “La prostitución no es compatible con el anarquismo” insinúa una confusión entre una respuesta anarquista a las condiciones actuales y una visión de cómo será una sociedad anarquista, confusión que se vuelve más explícita cuando se lee el panfleto. Nuestra llamada a establecer un análisis anarquista del trabajo sexual, un modo anarquista de organizarse en torno a las cuestiones laborales de las trabajadoras sexuales, y sobre el apoyo de otros anarquistas cuando se organizen en torno a estos temas, no implica de ninguna manera que el trabajo sexual sea de alguna forma compatible con una sociedad anarco-comunista. Si bien la mayoría de los anarquistas considerarían la abolición de todo trabajo como un objetivo eventual, debemos luchar dentro del sistema actual para avanzar y mejorar nuestras condiciones laborales de tal manera que siente las bases para este cambio. Un análisis anarquista de los problemas en la industria del sexo y de qué problemas de nuestra sociedad se nutre no lo excluye de ninguna manera.

Las autoras del panfleto incluyeron una “falacia del hombre de paja” (consistente en caricaturizar los argumentos o la posición del oponente, tergiversando, exagerando o cambiando el significado de sus palabras del oponente para facilitar un ataque lingüístico o dialéctico, AyR) en el primer párrafo. Nos atribuyen la afirmación de que supuestamente es la elección de las trabajadoras sexuales de vender sexo lo que justifica nuestra preocupación por su seguridad laboral, su capacidad de ganar dinero y su persecución por parte del estado.

Sin embargo, la seguridad de las trabajadoras es importante en sí misma. Las trabajadoras sexuales no están en una mejor posición para elegir no trabajar que cualquier otra persona y muchos trabajadores, incluidas muchas trabajadoras del sexo, no han tenido elección sobre el trabajo que llevan a cabo para sobrevivir. Aunque hay algunas personas que pueden afirmar que las trabajadoras del sexo han elegido esta forma particular de trabajo, esto obviamente no se aplica a todas nosotras, e incluso aquellas que eligieron este trabajo sobre otros simplemente eligen qué forma va a tomar su explotación. Las autoras del panfleto afirman que el 90% de las personas que ejercen el trabajo sexual desean dejarlo, y citan una referencia que se refiere específicamente a un estudio de prostitutas callejeras de San Francisco en 1998 y que de ninguna manera es exhaustiva. Incluso si tuviéramos que aceptar esta estadística como generalmente aplicable, eso no cambiaría nada. Como alguien que solo ha trabajado en trabajos de la industria de servicios mal pagados e ingratos, estoy bastante segura de que cualquiera que pregunte a mis colegas si preferirían haber hecho otra cosa, obtendría un porcentaje similar. Sin embargo, la necesidad de los trabajadores de organizarse colectivamente para mejorar sus condiciones materiales es algo que los anarquistas deberían apoyar, independientemente de si el trabajo es el preferido o no. Los trabajadores que preferirían estar haciendo otro trabajo no por ello necesitan menos mejorar sus condiciones laborales.

Las autoras del panfleto contrastan los sindicatos de las trabajadoras sexuales con los “sindicatos de trabajadores (que) son necesarios para la producción (de bienes) esenciales”. Sin embargo, no es por el bien del trabajo, o por cualquier mercancía que estemos produciendo en un momento dado, que los trabajadores deben organizarse. Si nos estamos organizando para el beneficio del proceso de producción, entonces estamos perdiendo el rumbo. Nos organizamos para nosotros mismos. El trabajo que estamos destinados a realizar es relevante principalmente por razones tácticas: los trabajadores en huelga en las industrias “esenciales” usan esta cualidad en su beneficio, mientras que los patronos y gerentes intentan utilizarlo también en el suyo. Si la industria en la que trabajamos es esencial o de alguna manera beneficiosa para nosotros, eso no hace que nuestros intereses materiales como trabajadores sean menos importantes. El panfleto comienza criticando correctamente la noción liberal de libertad de elección cuando se trata del trabajo que el capitalismo nos obliga a hacer, aunque la misma noción está implícita en la expectativa de las autoras de que los trabajadores simplemente han de elegir trabajar en una industria esencial para poder merecerse nuestro apoyo en su lucha para mejorar sus condiciones laborales, un argumento frecuente que proponen los ideólogos neoliberales cuando los trabajadores poco remunerados o maltratados tratan de utilizar la acción colectiva para mejorar sus condiciones de trabajo.

Un argumento que utilizan las autoras es que el sexo está disponible libremente incluso bajo el capitalismo y que, por lo tanto, el acto de pagar por el sexo no se trata de sexo. La gente paga por muchas cosas que podrían encontrar gratis incluso dentro del capitalismo. Pagan por una serie de razones, por conveniencia, por ejemplo, o por tener la capacidad de ser más específicos sobre el producto que buscan. Si bien esto puede ser generalmente problemático, y en el caso de comprar sexo, podría decirse que es aún más problemático, esto no significa que no se trate de sexo, incluso si hay otros factores presentes. Las autoras también afirman que, dado que el sexo está disponible de forma gratuita, no es una mercancía. El sexo es una mercancía cuando se paga, y no es una mercancía cuando es gratis. Nada es inherentemente una mercancía. Más bien está mercantilizado. Por deprimente que sea, bajo el capitalismo no se escatima nada en la mercantilización. Pero lo inquietante que tiene el mercantilizar una determinada cosa depende de lo que esa cosa es y cómo nos relacionamos con ella, como sociedad y como individuos.

Las autoras critican a los anarquistas que fetichizan el intercambio de dinero por sexo. La idea de que hay algo liberador o empoderador sobre el trabajo sexual no se encuentra en un análisis de la naturaleza del trabajo y es posiblemente una reacción contra el estigma asociado con el trabajo sexual. Esto resulta en que la trabajadora sexual sea vista por algunas como una identidad subversiva. Como en la mayoría de los intentos de contrarrestar el estigma adoptando el comportamiento estigmatizado como identidad propia, al contrarrestar la vergüenza con el orgullo quedamos atrapados por las estructuras que nos oprimen. Los intentos de legitimar el activismo de las trabajadoras sexuales al insistir en que el trabajo sexual continuará existiendo en una sociedad posrevolucionaria ni promueven un resultado deseable ni uno que sea de ninguna manera un prerrequisito para el apoyo aquí y ahora. Sin embargo, las autoras que atacan estas ideas no pueden sostener sus conclusiones. Incluso en el caso de que el movimiento anarquista no estuviese infestado de políticas de identidad (‘Identity politics’ es un término de origen anglosajón referido al fomentar el empoderamiento y el orgullo de las diversas minorías marginadas social y culturalmente, AyR), podríamos rechazar la idea de que deberíamos avergonzarnos y seguiríamos esperando el apoyo de nuestros camaradas. La falsa dicotomía entre “el trabajo sexual es bueno y las trabajadoras sexuales deben ser apoyadas en su lucha” y “el trabajo sexual es malo y las trabajadoras sexuales no deben ser apoyadas en su lucha” ignora las necesidades materiales reales de las trabajadoras sexuales en sí mismas.

Los intentos de abolir el trabajo sexual antes que cualquier otro trabajo son tan ingenuos como la guerra contra las drogas, pero con el problema logístico adicional de que involucra un producto que cualquier persona puede producir en cualquier momento. Dado que la sociedad está organizada como está, con un gran grupo de trabajadores asalariados desposeídos, con pobreza y desempleo, y con la división de género de la humanidad y todo lo que esto conlleva, no sorprende que algunos trabajadores, en su mayoría mujeres, terminen vendiendo sus capacidad para realizar trabajo sexual. Si bien todo está infectado y distorsionado por el capitalismo, un análisis de cómo el sexo se ve afectado por esto no invalida la necesidad de que las trabajadoras sexuales luchen para mejorar sus condiciones. Deberíamos poder contar con el apoyo de nuestros camaradas en esto, ya que la solidaridad entre los trabajadores es una parte vital de la lucha contra el capitalismo.

«Yo soy una prostituta, no una prostituida ni una víctima»

Published on: lunes, 10 de septiembre de 2018 // , , ,
Las prostitutas contestan a Manuela Carmena y su guía para medios sobre cómo hablar de la prostitución

Hay temas que en los medios siguen provocando urticaria. Decir puta en televisión quema tanto la lengua como decir negro. Pero algunas veces los periodistas no nos damos cuenta de que el eufemismo es la peor elección que podemos hacer a la hora de hablar de un tema.

Optar por decir "Mujer en situación de prostitución" cuando hablamos de libertad sexual es lo mismo que decir "raza negra" cuando todos sabemos que raza no hay más que una. El problema sobreviene cuando son las propias instituciones políticas las que nos quieren imponer esos eufemismos. Y eso es lo que acaba de suceder en Madrid.

Con motivo del Día Internacional contra la explotación sexual y la trata de niños, la alcaldesa de Madrid, Manuela Carmena, presentó el pasado viernes toda un guía en la que se nos instruye a la hora de escribir sobre el tema de la prostitución. El enfoque de las directrices, sin embargo, deja mucho que desear.

Según Carmena, "mujeres en situación de prostitución" y "puteros" eran los términos adecuados con los que los periodistas nos tenemos que referir a partir de ahora a las prostitutas y a sus clientes.
"Es fuerte, terrible y triste pensar que ahora mismo en Madrid, en nuestro Madrid, hay tantas mujeres que están sufriendo esa degradación", puntualizaba Carmena en la presentación. La alcaldesa no se daba cuenta de que, con su guía, la primera persona en degradar a las prostitutas era ella misma.

Degradación institucional

La guía corrió como la pólvora en las redes sociales encendiendo la ira de los colectivos de trabajadoras sexuales. En las instrucciones a los periodistas del consistorio madrileño, la prostitución se equiparaba con la trata. Se obviaba que muchas de las meretrices que trabajan en España no lo hacen obligadas, no forman parte de ninguna mafia. Son mujeres libres de elegir, de consentir y no entienden el afán de algunos de intentar "salvarlas".

"Soy mayor de edad, elijo qué vida quiero llevar, soy independiente y libre, y he elegido un trabajo que se adapta a mis necesidades. Me niego a que me traten como a una niña o como a una disminuida a la que hay que tutelar porque no sabe lo que hace", me comenta Anna de la asociación de trabajadoras sexuales Aprosex, cuando le pregunto su opinión sobre la guía.


Las razones de Anna son las mismas que esgrimen otras trabajadoras sexuales que llevan años intentando desligar la prostitución de la trata de blancas. "Básicamente se está reforzando la idea de que los hombres que contratan prostitutas compran mujeres, y esto es algo que llevamos tiempo desmintiendo. No somos cuerpos en venta", asegura Natalia Ferrari, una de las primeras en protestar contra la guía en Twitter.

Con la publicación de las directrices, Carmena ha intentado equiparar al mismo nivel a las mujeres obligadas a prostituirse y a las que lo hacen por elección propia. Pero la comparación ha sido un error colosal que ha indignado a las prostitutas.

"Yo soy una prostituta. No una prostituida ni una víctima. A mí nadie me prostituye, ejerzo el oficio de manera libre e independiente, ofrezco un servicio sexual remunerado y los que lo demandan son mis clientes, no mis prostituidores. Debería darle vergüenza tantos inventos", explica indignada Kenia García, escort independiente.


Feminismo y prostitución

Para colectivos como Hetaira o Aprosex, el trato de Carmena hacia las prostitutas es síntoma claro de una preferencia por el feminismo abolicionista que pretende acabar con la prostitución sin consultar a las propias trabajadoras si es lo que ellas quieren.

Según Anna, ese discurso del feminismo abolicionista ha calado enormemente en la sociedad. Se ha vuelto mainstream y ha provocado que guías de este estilo sean publicadas sin ningún pudor.

Para ella, la última batalla del feminismo tendrá que ver con la libertad sexual. "La libertad sexual y de las putas es la última barrera del feminismo, y a algunas, les da miedo. Me parece correcto, pero a las que no nos da miedo que nos dejen en paz", comenta.

Desde el colectivo Hetaira y AFEMTRAS (Agrupación Feminista de Trabajadoras del Sexo) insisten en que el feminismo no es la degradación de unas mujeres con respecto a otras sino "la solidaridad entre mujeres". "La guía expresa todo lo contrario a esta filosofía y pretende generar divisiones entre unas y otras cuando no es algo real", aseguran.


Prostitutas y putas, nunca esclavas

Legislar sobre el lenguaje es en general un tema espinoso. Pero legislar sobre cómo hay que llamar a todo un colectivo de personas, sin antes consultar el sentir de esas personas, parece un error de bulto.
"De la prostitución se debe hablar sin rodeos, con claridad y objetividad, es decir sin prejuicios, y mucho menos con eufemismos. Las prostitutas son prostitutas, trabajadoras sexuales y sus demandantes son clientes, punto. Las víctimas de trata son eso: ‘víctimas de explotación sexual' y sus verdugos son proxenetas", explica Kenia.

En Hetaira están de acuerdo con su opinión. "Cuando un periodista tiene ante sí a una trabajadora del sexo, meretriz, puta o prostituta que se autodefine de este modo ha de respetar su forma de autonombrarse y entender que en este país la prostitución no es ningún delito".


Lo fácil es hablar de esclavismo cuando hablamos de prostitución. Presentar víctimas y verdugos, clasificar el mundo en blancos y negros es mucho más simple que meter la cabeza entre los grises.
"Es mucho más popular hablar de salvar a las víctimas que de proteger a las mujeres que deciden trabajar follando. Todos sabemos que el sexo es tabú y que los coños aún están muy santificados", comenta Ferrari cuando le pregunto sobre los motivos que pueden haber llevado a Carmena a publicar una guía de este estilo.

De la prostitución se debe hablar sin rodeos, con claridad y objetividad, es decir sin prejuicios, y mucho menos eufemismos. Las prostitutas son prostitutas, trabajadoras sexuales y sus demandantes son clientes, punto.

La publicación de la guía ha vuelto a evidenciar la enorme grieta entre unos y otros. "Sentí una profunda impotencia y una terrible decepción, la consideraba una mujer con la suficiente sensibilidad y sentido común para respetar y comprender a los ciudadanos por y para quienes ‚supuestamente‘ trabaja. Fue una verdadera estocada y una verdadera bajeza la suya para el colectivo de las prostitutas", responde Kenia refiriéndose a sus primeros pensamientos tras la presentación de Carmena.

Por el momento, y a pesar de toda la polémica despertada, la guía de la alcaldesa no ha sido retirada, nadie del Ayuntamiento ha salido a dar explicaciones y los colectivos de prostitutas tampoco han sido contactados para establecer un diálogo.

Parece que es mucho más fácil dejar las cosas como están que buscar un consenso con las que desempeñan el trabajo más viejo del mundo y, a la vez, el más denigrado. También desde el estamento político.



Publicado originalmente en Playground Magazine (28.09.2016)

Olvídate de la libertad sexual: ha llegado el modelo puritano sueco, por Martin Ekdahl

Published on: domingo, 9 de septiembre de 2018 // , , ,
Muchos creemos que Suecia es una sociedad bastante libre donde los adultos que consienten tienen derecho a ejercer su libertad sexual de la forma que elijan. Pero cuando se trata de la compra de servicios sexuales Suecia es sorprendentemente moralista.

En 2008, el director de la Universidad de Chicago y ex profesor de la Universidad de Estocolmo Don Kulick comentó: “De ser admirados y envidiados por muchos como un faro de ilustración sexual en las décadas de los 60 y los 70, los países escandinavos tienen hoy algunas de las leyes sexuales más represivas del mundo occidental. Suecia es el más draconiano. El mensaje transmitido por leyes recientes es claro: tu sexualidad es propiedad del estado, y el estado reclamará su derecho a regular y castigar esa sexualidad, estés donde estés. ¿Qué pasó con el sexo en Escandinavia?”.

Varios expertos y políticos consideran que el llamado “modelo sueco” es la solución perfecta para combatir el comercio y tráfico de esclavos sexuales. El modelo sueco de trabajo sexual hace que sea ilegal comprar servicios sexuales, pero no venderlos. Los defensores del modelo afirman que atacar la demanda de comprar sexo y, en general, reducir la industria del sexo es un método perfecto para luchar contra el tráfico sexual y la esclavitud.

Desde que se introdujo en 1999, la ley también ha sido adoptada por Noruega, Islandia y Francia (aunque Noruega ahora está considerando la posibilidad de abolirla). La eurodiputada laborista británica Mary Honeyball quiere que la UE adopte esa política. Y las feministas estadounidenses la alaban. Pero tanto los hechos como las cifras contradicen las promesas del modelo sueco de la Sra. Honeyball. No hay absolutamente ninguna investigación creíble que respalde la idea de que el modelo realmente reduce la venta, la compra o el tráfico de mujeres.

Un informe de la Junta Nacional de Policía sueca (Trata de seres humanos con fines sexuales y de otro tipo sobre el año 2011) muestra que la política, en lugar de mejorar la situación, ha llevado al trabajo sexual a la clandestinidad y ha hecho que las trabajadoras sexuales sean aún más vulnerables. La Ley de Compra de Sexo también ha llevado a una expansión del trabajo sexual a puerta cerrada. Los salones de masaje tailandés que ofrecen servicios sexuales en el área de Estocolmo, según el informe, han aumentado de 90 en 2009 a 250 en 2011/2012.

560 ONG y organizaciones de la sociedad civil, así como 86 académicos e investigadores han escrito a Mary Honeyball para expresar sus objeciones en contra de sus planes. Instan a otros Estados miembros de la UE a no penalizar la compra de sexo.


Miembros y partidarios del Comité Internacional por los Derechos de las Trabajadoras Sexuales en Europa y del Colectivo de Prostitutas de Inglaterra protestan frente a la embajada sueca en Londres en 2013 para exigir el fin de la violencia hacia las trabajadoras sexuales.


Las leyes actuales sin duda deben ser reevaluadas para mejorar la seguridad de las trabajadoras sexuales. En la mayoría de los países occidentales las trabajadoras sexuales se ven obligadas a trabajar solas. Esta es una regulación que aumenta drásticamente el riesgo de que sean víctimas de violación, robo y violencia.

Te guste o no, criminalizar la compra y venta de sexo es un intento de legislar la moralidad y ejercer control sobre el comportamiento sexual privado. También se puede argumentar que la fusión del trabajo sexual y el tráfico de mujeres es un intento consciente de evitar que las personas emigren voluntariamente para realizar trabajo sexual.

Las trabajadoras sexuales son seres humanos y vender sexo es su negocio (privado). Las trabajadoras sexuales deben tener los mismos derechos laborales que otros trabajadores y los mismos derechos humanos que otras personas. Es la vulnerabilidad, no el trabajo sexual, lo que crea víctimas.
Entonces, ¿cuáles son las alternativas al modelo sueco? Bueno, ¿y la despenalización? La mayoría de todas las trabajadoras sexuales trabajan a puerta cerrada. La despenalización permitiría a estas mujeres y hombres trabajar en locales en equipos de dos o más que serían más seguros para ellas. Lo mismo es cierto para los trabajadores sexuales masculinos. La despenalización de la venta de sexo también empoderaría a las trabajadoras sexuales para poder utilizar el sistema de justicia para buscar compensaciones por abusos y discriminación. Eliminar la amenaza de sanciones penales permitiría a las trabajadoras sexuales a colaborar con la policía. También alentaría un mayor acceso abierto a los servicios de salud, legales y sociales.

En su libro Porr, horor och feminister (Pornografía, putas y feministas) y en su tesis de maestría Synden ideologiserad, Modern svensk prostitutionspolicy som identitets- y trygghetsskapare (El pecado ideologizado. La Política moderna sueca hacia la prostitución como base para la identidad y la seguridad, 2003), la antropóloga social sueca Petra Östergren sostiene que la posición sueca sobre la prostitución tiene más que ver con las creencias morales cristianas sobre el pecado que con la igualdad de género. El estado de bienestar sueco contemporáneo y sus instituciones fueron en gran parte creadas por personas que provenían de las iglesias libres evangélicas, el movimiento obrero y el movimiento pro abstinencia. No pocas veces con valores morales conservadores sobre la sexualidad.

El trabajo sexual desafía las normas sociales y culturales actuales de la misma manera que lo hicieron el sexo anal y oral, la homosexualidad, la ilegitimidad (hijos “bastardos”) e incluso la masturbación. Hemos cambiado la manera en que pensamos sobre esos temas. Ha llegado la hora de que cambiemos también nuestra forma de pensar sobre el trabajo sexual. Muchos países occidentales han legalizado el matrimonio entre personas del mismo sexo. Suecia es uno de ellos. Ahora es el momento de mostrar a los vendedores y compradores de sexo el mismo respeto y tratarlos como individuos adultos con su propia voluntad.

Y con el derecho a su propio cuerpo. Es interesante observar que las feministas, que a menudo atacan a los hombres y las normas masculinas por oprimir a las mujeres, no son capaces de darse cuenta de cómo ellas mismas están destruyendo y controlando las vidas de todas las mujeres que no encajan en la patrón ideológico feminista. Las trabajadoras sexuales incluso tienen que hacer frente al odio de las feministas radicales cuando se atreven a hablar abiertamente en los medios sociales o de comunicación. Esto es simplemente odio feminista contra las trabajadoras sexuales y no tiene nada que ver con la igualdad de género.

Pero esto no es solo un problema de valores morales. También se trata de algo más materialista: el derecho a tener un hogar sin que te desalojen. Un propietario puede ser declarado culpable de proxenetismo si una trabajadora sexual vende sexo en su casa, a puerta cerrada.

Entonces, ¿es esto lo que está tratando de exportar al mundo ahora la nación que nos dio el pecado sueco?

Organizaciones como Human Rights Watch y Amnistía Internacional exigen que Suecia cambie sus leyes de comercio sexual. Un nuevo informe de la Organización Mundial de la Salud reitera su posición a favor de la despenalización y la protección legal explícita de los derechos de las personas que ejercen el trabajo sexual como la mejor manera de proteger su salud sexual. Sin embargo, la reacción de los legisladores suecos es inexistente. Las feministas y otros expertos solo han reaccionado con indignación ante estas demandas.

Dos culturas, diferentes estigmas, por Rabioso

Published on: viernes, 7 de septiembre de 2018 // , , ,
Las diferentes reacciones a dos candidatas a puestos de marcada representación pública tras saberse que se prostituyeron muestran la artificialidad del estigma judeocristiano


En 2005, Christine Wheatley presentó su candidatura para ser elegida representante del Partido Laborista del distrito rural de Copeland (Cumbria, UK), Era la única mujer de los 7 candidatos que lograron pasar la selección preliminar, y todo favorecía que fuese nominada. Hasta que dio una entrevista a la prensa.

“Si, trabajé como prostituta. Y no me avergüenzo de ello. Fue antes de que consiguiese un trabajo propiamente dicho. Llegué a París (en 1979) con 300 libras, no tenía mucho dinero para gastar, tenía que conseguir dinero. Acababa de trabajar para IBM en Bruselas (como secretaria) y  quería tomarme unas vacaciones sin trabajar por Europa, y me pareció algo perfecto. Fue muy divertido y era una práctica comúnmente aceptada [En 2008 una organización estudiantil afirmó que en Francia se prostituyen anualmente 30.000 estudiantes para poder sobrevivir, AyR].

Yo vivía en la margen izquierda (Rive gauche) y era una hermosa mujer joven. Solía sentarme en un café en el Boulevard St. Michel. Era tan romántico. Jóvenes franceses venían y preguntaban “¿Quieres beber algo?”, y yo decía “Quiero un café”. Y entonces yo preguntaba: “¿Quieres hacer el amor?” Siempre decían que sí. Y entonces yo decía “¿Tienes el dinero para ello?” y entonces íbamos a un hotel.

No era verdadero amor parisino. Normalmente duraba tres minutos. Pero no me avergüenzo en absoluto. He trabajado como vendedora de enciclopedias en Alemania, y estoy mucho más avergonzada de eso. Tenemos mujeres solteras que quieren ser parlamentarias, candidatos gays y lesbianas, por lo que, ¿por qué no ex-trabajadoras sexuales?”


La BBC haciéndose eco del "escándalo" de Christine Wheatley.


Estas declaraciones desataron un enorme escándalo, y los demás candidatos expresaron su sorpresa de que hubiese lograse superar la selección preliminar, insinuando que la “discriminación positiva” para favorecer la participación de mujeres en la candidatura, había logrado que formarse parte de la treintena de candidatos, mientras la prensa británica la calificaba de excéntrica y fumadora empedernida.

Lo cierto es que,a demás de ser la única mujer que se presentó, tiene un coeficiente intelectual de 160, fue elegida representante por tres comités de barrio del partido de Birminham, y  su currículum es impresionante: se graduó en la St. Paul’s Grammar School for Girls, Birminham (donde aprendió francés), y luego en el St. Anne’s College de la Universidad de Oxford, donde estudió ciencias políticas, filosofía y economía. Y tras graduarse en derecho en la University of Central England en 1999, se preparaba para ser abogada en Londres.


Alastair Campbell (IZDA), ideólogo del 'Nuevo Laborismo', con Tony Blair  (DCHA)en 1997. Aunque antes del "escándalo"de Christine Wheatley se supo que Campbell se había prostituido durante años, y no como ella, que lo hizos unas semanas, nadie pidió su dimisión.


A pesar de ello, su nombre fue tachado de la lista de candidatos porque no contó “todos los datos que puedan ser relevantes para su candidatura”, y el Partido Laborista dijo que lo ocurrido había afectado a su reputación.

La hipocresía de esta afirmación se hace evidente cuando se tiene en cuenta que entonces se supo que Alastair Campbell, uno de los arquitectos del “Nuevo Laborismo” (New Labour) y director de comunicación y estrategia de Tony Blair (entre 1994 y 2007 presidente del Partido Laborista, y de 1997 y 2007 primer ministro británico), se había prostituido, trabajando como Gigoló en la Riviera francesa cuando tenía poco más de 20 años. Nadie pidió expulsar a Alastair por “afectar la reputación del partido”, a pesar de que mientras Christine solo se prostituyó durante seis semanas, hasta que logró otra fuente de ingresos, Alastair lo hizo durante dos años: para ella fue un recurso para salir del paso, para él su trabajo habitual. Pero había otra “pequeña“ y fundamental diferencia: era mujer y había trabajado como prostituta, motivo más que suficiente para cerrarle las puertas en la puritana cultura judeocristiana imperante en UK.

Otro país, diferente estigma

A finales del pasado febrero se informó que la atleta japonesa Melo Imai, que representó a su país en los Juegos Olímpicos de Turín, había decidido volver a practicar el snowboard de manera profesional. Tras una década sin competir a nivel profesional, Imai había revolucionado el deporte asiático al lograr, en 2017, hacerse acreedora de una medalla de oro en el Campeonato Nacional de Japón con una puntuación que roza la maestría. Y ello pese a que, según varios medios locales, sólo habría comenzado a entrenar cuatro días antes del torneo. Aunque Imai no postuló para representar a Japón en los Juegos Olímpicos de  Pyongyang, su nombre ha resonado en la prensa durante los últimos días. Sobre todo, después de que trascendiera que es la número 1 del snowboard japonés.


Melo Imai tras su accidente en los Juegos Olímpicos de Turín (2006)


Imai explicó a la revista Tokyo Weekender que, tras fracasar a los 17 años en 2006 en Turín -se lesionó gravemente y acabó en la última posición-, se alejó de su pasión. “Para muchos atletas, las Olímpiadas son la cima de su carrera, pero para mí fueron una pesadilla. En el camino tenía este miedo constante de fallar, como un sentimiento asfixiante”. Según The Tokyo Reporter, sus seguidores no fueron comprensivos y tuvo que soportar graves insultos en público, como que era “un gasto innecesario de impuestos” o “una vergüenza nacional”.

En Japón las personas se definen por el resultado de su trabajo, y su fracaso era especialmente grave al ser la hija del snowboarder Takashi Narita, que la obligó desde los siete años a enfocarse solamente en el deporte y a someterse a entrenamientos de hasta 18 horas. Narita prefirió que sus hijos no fueran al colegio para que se centrasen en su entrenamiento. Por ello, Imai se sumió en una depresión que la llevó a renunciar a sus sueños e intentar convertirse en una chica normal.




Melo Imai: Representante de Japón en los Juegos Olímpicos de Turín, en 2006 (IZDA). Posteriormente, como actriz porno (DCHA) 


Carente de estudios y madre soltera, Imai trabajó en bares, y acabó trabajando como escort, donde, según el New York Post, ganaba “tanto como el presidente de una compañía”, y finalmente en el porno,  algo de lo que jamás se ha arrepentido: “Hubo un tiempo de mi temeraria juventud en el que me convertí en chica de compañía porque necesitaba dinero, pero también lo hice por mi propia voluntad. No me arrepiento ni estoy avergonzada”, añadiendo que ha sido una buena madre para sus hijos, a los que ha criado soltera con mucho cariño y afecto. Sentimientos que sí le hicieron falta en su infancia como niña prodigio.

Melo Imai, tras ganar el Campeonato de Japón de Snowboard en marzo del año pasado


En Japón la religión mayoritaria es el Shintoismo, que no ve el sexo como un tabú, y Imai, dispuesta a luchar para conseguir una plaza en los próximos Juegos Olímpicos, se ha transformado en un ejemplo de superación. Sin que nadie considere “inapropiado“ su pasado.

De la prostitución sagrada a la esclavitud sexual, por André Laranè

Published on: jueves, 6 de septiembre de 2018 // , , ,
La prostitución es evocada en el primer libro de la Biblia, que cuenta cómo Judá, hijo de Jacob y hermano de José, se dejó seducir por su nuera disfrazada de prostituta (Génesis 38, 15). También aparece en un texto mesopotámico mucho más antiguo, la epopeya de Gilgamesh, lo que podría justificar su calificación de “oficio más viejo del mundo”. La Mesopotamia, lugar de nacimiento de las ciudades, de la agricultura, de la escritura, de la astronomía y muchas otras cosas, ¡puede vanagloriarse de haber inventado también la prostitución!

Ligada al culto de la fecundidad, es practicada en Babilonia en el templo de la diosa Ishtar por jóvenes muchachas educadas a tal efecto desde su más joven edad, iniciadas en música, canto y danza. Su actividad provee a las necesidades del templo y les vale estima y respeto. Se las llama ishtaritu.

Esta prostitución sagrada era también practicada por mujeres comunes, según el relato horrorizado que de ello hizo Herodoto, viajero griego del siglo V a.C.: “Cada mujer del país, una vez en la vida, debe unirse a un extranjero en el templo de Afrodita (Ishtar). Cuando una mujer está sentada allí, debe esperar para poder regresar a su casa a que un extranjero le haya arrojado dinero en las rodillas y se haya unido a ella en el interior del templo (...). Cuando se ha unido al hombre, está dispensada de su deber hacia la diosa y puede volver a su hogar” (Los nueve libros de la Historia).

¿Es tal vez en recuerdo de esta práctica que el Apocalipsis de San Juan describirá a Babilonia como “la gran prostituta”?


Teodora, esposa de Justiniano, ex-prostituta  y emperatriz del Imperio Romano


Pero la prostitución sagrada es también conocida en otros lugares, como Corinto, en el templo de Afrodita, y Jerusalén, donde fue abolida hacia el 640 a.C. por el rey Josías, quien impuso al mismo tiempo el monoteísmo.

Se la encuentra también en el sur de la India, donde, desde el siglo VII de nuestra era, hasta la ocupación inglesa, las danzas y el sexo son asociados a ciertos dioses. Como en Babilonia, los templos hindúes tienen a su servicio a bailarinas y a devadasi (siervas de Dios) de costumbres muy libres.

Mientras que las religiones panteístas se adaptan de buen grado a la prostitución, no sucede lo mismo con las religiones monoteístas, que la mantienen a distancia y la reprueban: “No habrá prostitución sagrada entre las hijas de Israel, ni prostituto sacro entre los hijos de Israel” (Deuteronomio 23,18).

Los Evangelios subrayan no obstante la compasión de Cristo por las prostitutas despreciadas por los biempensantes, es decir, los fariseos.

“Un fariseo invitó a Jesús a comer con él; El entró en la casa del fariseo y se sentó a la mesa. Apareció una mujer de la ciudad que era pecadora; ella se había enterado de que Él estaría en la mesa en la casa del fariseo. Trayendo un frasco de perfume de alabastro y colocándose detrás, llorando, a los pies de Jesús, se puso a bañar sus pies con lágrimas; los secó con sus cabellos, los cubrió con besos y derramó sobre ellos el perfume....” (Lucas 7, 36).

Prostitución profana

Con las cortesanas de las ciudades griegas, ya no se trata más de lo sacro. Estas hetairas o “acompañantes” tiene salones y frecuentan la alta sociedad. Algunas adquieren bellas fortunas. Una de ellas, Aspasia de Mileto, porta incluso la insignia de honor de haberse convertido en la compañera de Pericles y de disertar con Sócrates.

Podemos comparar a estas mujeres con las cortesanas que pueblan las ciudades italianas del Renacimiento y sobre todo Venecia, donde llegan a unas diez mil en el siglo XVI. Se dan el lujo de elegir a sus amantes y de fijar su precio y hacen las delicias de los viajeros ricos de paso, de los magistrados de la Serenísima República así como de artistas como El Tiziano (La Venus de Urbino). La más célebre de ellas, Veronica Franco, nacida en 1546, escribe poemas y se vincula con el rey de Francia Enrique III durante su estadía en Venecia.

La tradición se perpetúa, aunque a una escala menor, en los salones parisinos del siglo XVII, con mujeres tan sensuales como espirituales, como Marion de Lorme y Ninon de Lenclos. La literatura francesa les debe mucho ya que ellas aguijonearon o amadrinaron a la mayoría de los autores clásicos de este Gran Siglo, de Corneille a La Fontaine. Con el plus de la inteligencia, estas mujeres no son en nada diferentes a las “cocottes” o “grandes horizontales” de la Belle Epoque, “la bella Otero”, Liane de Pougy o incluso Émilienne d’Alençon. Conscientes de la brevedad de la juventud, estas semi-mundanas aspiran a un buen casamiento y a sentar cabeza, siguiendo el ejemplo de Marie-Anne Detourbay, convertida en condesa de Loynes.

La prostitución lleva a todo... a condición de salirse de ella

Entre las distintas prostitutas que dejaron su nombre en la Historia, citemos antes que nada a Teodora. Surgida de un medio popular, se convirtió a los 20 años en la enérgica y notable esposa del emperador de Oriente Justiniano, que reinó de 527 a 565.

La crónica del escándalo retiene también el nombre de Mesalina, esposa del emperador romano Claudio, quien reinó de 41 a 54. Le dio una hija, Octavia, que más tarde se casó con Nerón, y un hijo, Británico... Dotada de un apetito sexual insaciable, habría tenido la costumbre, de noche, de dejar su palacio para frecuentar los burdeles del Trastevere, según Juvenal.

Francia también tuvo una prostituta de alto vuelo en la persona de Jeanne Bécu, que se convertiría en condesa du Barry por el favor de su real amante, Luis XV... y terminaría en el cadalso. Más cerca en el tiempo, evoquemos a una heroína de novela, la dulce Sonia, obligada a prostituirse para salvar a su familia y cuyo amor salva al asesino Raskolnikov de la perdición (Dostoievski, Crimen y Castigo, 1867).

Vil prostitución

Lejos del lujo afectado de los salones y palacios, mucho más infame es el estatus de las mujeres destinadas a aliviar a los hombres de a pie. En Atenas, esas prostitutas son reclutadas entre los esclavos y operan en casas "de placer" o dicterión en el puerto del Pireo, para satisfacción de los marineros de paso. Su nombre viene del griego porne (de acuerdo a una raíz que quiere decir “comprado”, de donde hemos sacado la palabra pornografía).


En la Antigua Grecia las prostitutas tenían entera libertad para el ejercicio de su profesión. Estaban catalogadas en tres clases: las Dicteriades, las Auletrides (ARRIBA) y las Hetairae.


Fue el legislador Solón en persona, arconte de Atenas en el año 594 a.C., quien habría inventado estas casas. Sin olvidarse de gravar pesadamente a sus propietarios para gran beneficio del Estado, impuesto que era llamado pronikon. El poeta Filemón, en el siglo IV, le rindió homenaje: “¡Tú, Solón, tú hiciste una ley de utilidad pública, ya que fuiste tú el primero, se dice, en comprender la necesidad de esta institución democrática y bienhechora, Zeus es mi testigo! Es importante que yo lo diga. Nuestra ciudad hormigueaba de pobres muchachos que la naturaleza constreñía duramente, al punto que se perdían por caminos nefastos: para ellos, tu compraste, y luego instalaste en diversos sitios, a mujeres muy bien equipadas y listas para el trabajo”.

Los romanos, listos para imitar a los griegos en todo, les copiaron las casas de placer destinadas a albergar la actividad de las prostitutas (del latín, prostitutio, ofrecer a la venta, exhibir). Estas son llamas en latín lupas (lobas), de allí el nombre de lupanar dado más tarde a estas casas. Se han encontrado huellas de estos lupanares en Pompeya y en Éfeso, las ciudades romanas mejor conservadas.

Roma misma habría contado con una cuarentena de lupanares pero también con muchísimas prostitutas libres que captan clientes en la calle o desde sus ventanas. Debían registrarse y ceder un octavo de sus ganancias al Estado. La prostitución arrasa en el barrio popular del Trastevere (al otro lado del río Tiber) y bajo las recovas (en latín fornix) que rodean el campo de Marte... de donde deriva el actual vocablo fornicación para designar las relaciones extramatrimoniales.

Desgraciadamente, podría decirse, el imperio pierde el sentido práctico al cristianizarse. A partir del reino de Constantino el Grande, en el siglo IV, la prostitución es condenada e incluso reprimida. Esto no se arregla con los reyes bárbaros que no se privan de abusar de las hijas del pueblo pero castigan duramente el comercio de sexo en nombre de la moral cristiana.

Carlomagno mismo condena a las prostitutas a ser atadas enteramente desnudas a un poste para ser azotadas. Podemos imaginar que este castigo de rasgos sádicos fue muy poco aplicado. Después del Año Mil, la Iglesia toleró con resignación la prostitución como un mal necesario, siguiendo las palabras de San Agustín: “La mujer pública es en la sociedad lo que la sentina es al barco y la cloaca al palacio. Cierra la cloaca y todo el palacio será infectado” (La Ciudad de Dios).

En el siglo XIII las prostitutas de París son relegadas al borde del Sena; de la expresión “bord d‘eau” derivará el vocablo burdel. El rey San Luis, en su gran piedad, soporta mal esta tolerancia. En 1254, ordena que las “mujeres de mala vida” o “putas” sean expulsadas de las ciudades y sus bienes confiscados. Pero debe rendirse a la evidencia: la medida es inaplicable. En 1256, por lo tanto, logra simplemente que las prostitutas de París sean echadas de la vía pública, constreñidas a llevar un signo distintivo y relegadas lejos del burgo y de las iglesias, en casa al borde del Sena, es decir al “borde del agua” [en francés, “bord d‘eau”, que se pronuncia “bordó”] de donde derivará el nombre burdel que pronto les será atribuido.

Medidas similares son tomadas en toda la Europa occidental en el siglo XIII, siglo de la cristiandad triunfante. Los municipios se esfuerzan por encuadrar la prostitución y especialmente circunscribirla a las casas de paso (prostibulum publicum). Las practicantes ocasionales se refugian en los establecimientos de baños o balnearios, muy numerosos en la Edad Media, y bastante parecidos a los hammams [baño turco] orientales. Se encuentra allí todo lo necesario para la higiene corporal (jabones, champú, dentífrico). Hay días para los hombres, otros para las mujeres, otros finalmente para las parejas. Pero estas reglas son fácilmente eludidas...

La Guerra de los Cien Años y el desarrollo de las tropas de mercenarios llevan a muchas prostitutas a seguir a los ejércitos en campaña. Enojarán a Juana de Arco al punto de que ésta llegará a quebrar su espada sobre la espalda de una de ellas. El poeta y “chico malo” François Villon no tiene ese tipo de pudores. Frecuenta asiduamente a las putas y se convierte en sostén de una de ellas, la gorda Margot:
Hacia fines del Renacimiento, cambio de política con la Reforma luterana y la Contarreforma católica, con el agregado de la irrupción de la sífilis, regalo del Nuevo Mundo a sus descubridores. Ya no se trata más de tolerar la prostitución. Se cierran las casas de paso pero también los baños públicos. Paciencia por la higiene y la limpieza corporal.

Yvette Luhr: «Lo que más odio es que nos consideren víctimas»

Published on: miércoles, 5 de septiembre de 2018 // , , ,
Entrevista con Yvette Luhrs, portavoz del sindicato holandés de prostitutas PROUD, el primero del mundo, fundado en 2001

"Una mujer puede hacer con su cuerpo lo que quiera. Desde pequeñas nos enseñan que nuestro cuerpo es sólo nuestro. Nadie puede decidir sobre nosotras. Pero resulta que, cuando nos hacemos mayores, ¿una ley puede quitarnos ese derecho? Si soy dueña de mi cuerpo, también debo poder trabajar con él. Por tanto, cuando utilizo mi cuerpo para ganar dinero, mi cuerpo es, literalmente, mi negocio".

Quien habla es Yvette Luhrs, portavoz del sindicato PROUD, la organización que representa y defiende a las trabajadoras sexuales en Holanda. Yvette vive con su novio y compatibiliza sin dificultad sus trabajos como realizadora, actriz porno, portavoz sindical y prostituta. Quedar con ella no es fácil. Nos hace un hueco en su apretada agenda un jueves a las 8 de la mañana. "A las 9 empiezo con reuniones. Debemos preparar las actividades del sindicato. Imposible más tarde, tengo el día lleno", explica por teléfono.


Esta joven holandesa empezó con esto en la universidad, en 2010, mientras estudiaba Realización Cinematográfica. "Comencé a interesarme por la representación de la sexualidad delante de la cámara. Quise también hacer pornografía para saciar mis propios deseos sexuales. Al terminar la universidad, continué en el cine y, actualmente, trabajo como actriz porno y realizadora", desgrana a FCINCO durante la entrevista que tiene lugar en la sede del Centro de Información sobre Prostitución (PIC, por sus siglas en inglés), en el corazón del Barrio Rojo de Ámsterdam, conocido mundialmente por los escaparates donde las prostitutas se exhiben para captar clientes.

El trabajo sexual es legal en Holanda desde el año 2000. El gobierno decidió regularizar el sector para combatir la insalubridad, el tráfico y la explotación de personas. Con su legalización, las prostitutas tienen derechos y deberes como el resto de trabajadores holandeses. Pagan impuestos y deben tener un seguro médico. La actividad laboral debe desarrollarse en clubes sexuales, escaparates, casas privadas y mediante agencias de escorts, pero nunca al aire libre. Ejercer la prostitución en la calle está prohibido.

Las prostitutas del Barrio Rojo son autónomas

"Las mujeres que trabajan en los escaparates son autónomas. Se autoemplean, pagan sus impuestos y tienen que obtener una licencia antes de alquilar una 'ventana' para empezar a trabajar. Deben acudir a la Cámara de Comercio para tramitar los papeles y hacer la declaración de la renta. Si no hacen todo eso, no pueden trabajar. Y los burdeles y clubes están igualmente regulados. La policía los inspecciona seis veces al año para comprobar que no hay explotación ni abusos de menores en su interior. Por lo tanto, la regulación en este sector es quizá la más estricta de Holanda. Ningún otro ámbito laboral está tan vigilado", sostiene.

Sin embargo, aún queda mucho por hacer, afirma esta líder sindical, que cree que su papel como portavoz de PROUD en los medios de comunicación es clave para luchar contra el estigma ligado a la prostitución que, pese a todo, aún persiste en Holanda. "La gente tiene una idea equivocada de lo que significa ser prostituta, de cuáles son nuestras necesidades. Y es muy importante que las trabajadoras sexuales tengamos una organización que nos represente. Aquí compartimos nuestras experiencias y vivencias para definir qué puede mejorar nuestra vida", explica.

Es un hecho que, sobre el papel, este colectivo tiene reconocidos los derechos y obligaciones laborales que rigen el mercado de trabajo en Holanda pero, en el día a día, se siguen dando situaciones discriminatorias.

Contratar una hipoteca: misión imposible

"Tenemos muchos problemas para obtener una hipoteca o abrir una cuenta bancaria de negocios. Queremos que no se despida a una mujer que en el pasado fue prostituta, algo que sigue ocurriendo, o que se deje de utilizar nuestro trabajo como arma arrojadiza cuando luchamos por la custodia de nuestros hijos", exige Luhr. "La sociedad es realmente hipócrita. Holanda presume de ser muy tolerante con sus leyes progresistas, pero la gente sigue siendo muy cerrada".

"Y lo peor de todo", enfatiza, "es que nos consideren víctimas".

Un papel blanco enganchado en la parte trasera del servicio del PIC recuerda la máxima del sindicato PROUD (Orgullo, en inglés), totalmente contraria a la victimización de las prostitutas: My body, my business! (¡Mi cuerpo es mi negocio!).

¿Qué opina de quienes afirman que la prostitución es la máxima expresión de la explotación del hombre sobre la mujer?

Que es una frase que, para empezar, excluye a los trabajadores sexuales masculinos y transexuales. Pero es, sobre todo, una forma de hacer vulnerable al colectivo, porque básicamente nos están diciendo que no somos capaces de elegir por nosotras mismas. Es un pensamiento muy tóxico.
El sindicato PROUD organizó el pasado mes de enero su primer taller dedicado exclusivamente al público de trabajadores del sexo. Había también la posibilidad de asistir a seminarios en inglés, si el evento reunía suficientes participantes de habla no holandesa. El 75% de las prostitutas del Barrio Rojo procede de Europa del este, y muchas de ellas de los dos países más pobres de la Unión Europea, Bulgaria y Rumanía, por lo que al llegar a Holanda sólo pueden expresarse en inglés.
Durante el taller, pensado para potenciar las capacidades de estas trabajadoras y hacer más rentable su oficio, se trataron temas como cómo mejorar las sesiones de webcam para incrementar tus ingresos; cómo hacer la declaración de la renta sin errores; cuáles son tus derechos al hablar con la policía; consejos para un trabajo seguro en casa o en clubes; curso rápido de autodefensa; o publicidad online para aumentar la captación de clientes por internet.


El trafico de personas no cesa

Suecia, cuyo gobierno se autodenomina feminista, decidió hace unos años atajar la prostitución penalizando al cliente. Sin embargo, Yvette Luhr se opone totalmente a esta política, porque cree que va en contra de las trabajadoras sexuales.

"Hemos hablado con compañeras suecas y nos han dicho que la criminalización del cliente no ha frenado el tráfico de personas y, además, ha convertido su trabajo en una actividad mucho más peligrosa porque corren más riesgos para que los clientes no sean descubiertos. Por lo tanto, si la ley no para el tráfico y empeora la vida de las prostitutas, la normativa no funciona y sólo tiene fundamentos morales", recalca la portavoz sindical holandesa.

No obstante, pese a la legalización de la prostitución en Holanda, el país nórdico sigue registrando casos de explotación sexual. Los proxenetas continúan traficando con mujeres y niñas y la prostitución ilegal, encubierta, mueve millones de euros en Holanda. "Sí, es cierto que hay explotación, pero tenemos que combatirla con el mismo enfoque con que la combatimos en otros sectores, donde también se explota a trabajadores. Se trafica con personas en los ámbitos de la agricultura y sector doméstico. Por tanto, debemos luchar contra la explotación laboral, pero no solo en la industria del sexo, sino en el ámbito laboral mundial", zanja.

Yvette se muestra en desacuerdo con el retraso de los 18 a los 21 años de la edad legal para trabajar como prostituta. "Con ello se discrimina de nuevo a las trabajadoras del sexo porque la edad legal para trabajar en Holanda son los 16 años. El Gobierno dice que las trabajadoras sexuales más jóvenes son más vulnerables a los peligros que entraña este mundo, pero si escogen este trabajo y no pueden acudir a la policía porque tienen menos de 21 años, estamos desprotegiendo completamente a estas jóvenes", sentencia.




Publicado originalmente en elmundo.es (12.03.2017).

La 'semi-prostitución' en Guinea Ecuatorial, por Gustau Nerín

Published on: martes, 4 de septiembre de 2018 // , , ,
Cap. IX – La ofensiva moral cristiana

p. 182-3, 199

Tanto en la región continental como en la isla de Bioko, los misioneros iniciaron sus programas “moralizadores” con campañas en contra de la poligamia (…) La reestructuración familiar que  proponía la Iglesia llevaba aparejados unos altísimos costes sociales. Suponía la ruptura de muchas familias (aunque los claretianos no las considerasen como tales), e implicaba la discriminación de las mujeres más viejas, feas, conflictivas o exigentes (1). Generalmente, las mujeres liberadas por la fuerza no aceptaban el divorcio impuesto, que les reportaba no pocas complicaciones (2). (…) En realidad, las más perjudicadas por esta estrategia de los predicadores fueron las mujeres, pues si ya eran viejas en el momento de la separación, se quedaban sin nadie que las mantuviera. (…)

p. 199-200

Las disposiciones antipoligámicas generaron fuertes problemas sociales. Los hijos de las mujeres rechazadas se convirtieron en hijos ilegítimos (un hecho inaudito en la mayoría de las culturas del país); se multiplicaron los adulterios; y la conversión al catolicismo se utilizó como una estrategia de separación por parte de esposas irritadas contra sus maridos, o de esposos cansados de mantener a sus mujeres (3). Las rupturas matrimoniales surgidas de las leyes antipoligámicas no suponían un triunfo de la moralidad, sino más bien todo lo contrario.


Paralelamente al intento de reforma del sistema familiar, la puritana administración colonial llevó a cabo una fuerte campaña para perseguir la prostitución. Ya en 1907, un bando había marginado a las prostitutas a vivir en viviendas especiales (4), y las leyes franquistas endurecieron la represión. Una de las primeras medidas coloniales del gobierno franquista fue dictar, en 1936, una ley de “vagos y maleantes” que afectaba a las meretrices, pero no a sus clientes (5). La Iglesia, con sus insistentes protestas, impulsó al gobierno a perseguir drásticamente los “delitos contra la moral”, política que se mantuvo de forma drástica, al menos hasta mediados de los años cincuenta. Aún en una fecha tan tardía como 1968, el obispo de Fernando Poo fue capaz de forzar la expulsión de la isla de 75 prostitutas continentales (6). La ley de “vagos y maleantes” perjudicó, básicamente, a las mujeres: de las 107 mujeres detenidas en 1941 en Fernando Poo, 86 lo fueron por cuestiones relacionadas con la “moralidad” (7). Los franquistas, pues, “defendían” a las mujeres encerrándolas en prisión.

p. 205-207

En realidad, el discurso misional sobre la “protección de la mujer nativa”, paradójicamente, se centraba en el refuerzo del control sobre su sexualidad. Esta obsesión provocó cierta sorpresa entre los pueblos de la región continental, pues en las culturas de esa zona las chicas solteras tenían una cierta libertad para buscar amantes, y el adulterio, si bien no tan generalizado como afirmaban ciertos autores blancos, distaba mucho de ser excepcional.

Entre los bubis, el control de la sexualidad femenina era mucho más estricto. Para casarse en primeras nupcias, la chica bubi debía demostrar que había mantenido su virginidad (…). En las sociedades guineanas del continente, las chicas no solían ser marginadas por sus actividades sexuales (…). Los claretianos, tratando de difundir la ideología peninsular, impulsaron una campaña propagandística destinada a marginar a las guineanas que no se hubieran mantenido castas (8), e incluso propugnaron la discriminación de los “hijos ilegítimos” (9). (…)

Los españoles que viajaban a África, como todos los blancos de la época, estaban convencidos de que el impulso sexual femenino era menor que el masculino (10); por ello, se quedaban desconcertados al constatar que, en las sociedades centroafricanas, la sexualidad de la mujer era plenamente reconocida (…) Si la mujer no quedaba satisfecha de las relaciones sexuales mantenidas con su esposo, lo expresaba de manera pública o incluso convocaba una asamblea familiar para discutir el tema, pues los comentarios sobre las prácticas sexuales, si bien se regulaban estrictamente, no se prohibían. Por otra parte, las danzas y canciones referentes a temas sexuales estaban tan presentes en los rituales femeninos como en los masculinos (11). Algunos ultracatólicos franquistas pensaban que se tenía que luchar contra la esencia misma de la sexualidad femenina: era necesario que las guineanas se abstuvieran de toda actividad sexual. (…) Los puritanos españoles más radicales creían que ni siquiera el matrimonio monógamo, católico y fiel era suficiente para dignificar a la mujer negra. Para que fuera verdaderamente santa era necesario que renunciara completamente a su sexualidad. Los africanos, que creían que la sexualidad era parte integrante de la unidad cósmica y que la fecundidad es un don divino, nunca llegaron a comprender qué pretendían exactamente los claretianos.

p.214

Para analizar la actitud de los colonialistas blancos, que en ciertas ocasiones se ha calificado de feminista, se debería dejar bien claro que sólo se puede considerar a una persona feminista cuando acepta la validez de la opinión de las mujeres sobre sus experiencias y si lucha contra la dominación masculina (12). En realidad, los misioneros y las autoridades coloniales jamás tuvieron en cuenta la opinión de las mujeres africanas (ya que los prejuicios raciales y sexuales los inducían a considerarlas seres inferiores). El paternalismo colonial no dejaba de ser una forma de autoritarismo (13).



Epílogo

p. 217-220

Uno de los rasgos más característicos de la mayoría de los países de descolonización reciente, y uno de los que más sorprende al recién llegado, es la abundancia de prostitución. La monetarización del sexo es aún más patente tras las independencias que durante la colonia.

En este campo, Guinea Ecuatorial no es ninguna excepción. Malabo y Bata son, como Duala, Yaundé, Brazzaville, Kinshasa y (en un lugar destacado) Libreville, ciudades donde se comercia con el sexo de forma abierta y constante. La prostitución es la salida habitual de los solteros en unas urbes en las cuales la sex-ratio no se ha normalizado. Aún hay muchos más hombres que mujeres en Bata y Malabo (ciudades que han crecido recientemente como consecuencia de un éxodo rural mayoritariamente masculino). Los hombres solteros deben recurrir a la prostitución porque no pueden casarse debido al precio astronómico de la dote; y los hombres casados se inclinan por la prostitución porque se mantienen vigentes elementos de la ideología poligámica, pero aunque muchos hombres pretenden seducir a varias mujeres, la poligamia sólo está al alcance de una minoría (no obstante, desde la Independencia ha aumentado notablemente el número de polígamos) (14). Hoy en día todos los hombres, solteros y casados, participan en una escala de valores en la que la potencia sexual es considerada como uno de los factores determinantes de la virilidad. Pero la única forma de mostrar públicamente la potencia sexual es convertir la prostitución en un acto social: el bar o la discoteca donde se efectúan los contactos es también un centro de encuentro masculino, y hasta cierto punto un lugar de promoción social. Ante la competencia desleal del sector informal, ni siquiera existen burdeles.

Pero, generalmente, la prostitución no adopta las mismas formas que en los países occidentales, sino que generalmente aparece bajo una modalidad peculiar, que la socióloga Paulette Songué (15) ha denominado semi-prostitución. Una gran cantidad de chicas jóvenes mantienen relaciones sexuales, con sus amigos o con desconocidos, a cambio de alguna retribución. Partiendo de la idea de que el hombre que quiere a una mujer la ha de ayudar a subsistir, algunas estudiantes se niegan incluso a hacer el amor con su prometido si éste no les ofrece ningún obsequio. Es obvio que en este tipo de relación existe un pacto tácito que implica una cierta compensación material al acto sexual (sea en metálico o en especies). Pero, con frecuencia, para las chicas dedicadas a estos asuntos, las relaciones sexuales retribuidas no son ni su única ocupación ni la principal; pueden ser estudiantes, oficinistas, empleadas del hogar, funcionarias, camareras… En su caso, la prostitución sólo sirve para redondear ingresos y no para subsistir (16).

Al no necesitar el dinero generado por la prostitución para subsistir, estas chicas tienen un cierto margen para compaginar el gusto por el sexo con el anhelo de obtener beneficios y, cuando les parece, pueden mantener relaciones de forma gratuita o bien rechazar a amantes indeseables. Por lo general, la retribución obtenida no se destina a adquirir bienes de primera necesidad, sino que los regalos más usuales de los amantes son ropa y joyas, y las compras de ropa y cosméticos suponen los principales gastos para estas chicas (es decir, los ingresos generados por la prostitución revierten en la obtención de un mayor prestigio) (17).

Los guineanos y los europeos residentes en Guinea Ecuatorial, aunque reconocen que “las chicas cuestan caras”, no suelen aceptar la definición de prostitución para estas prácticas, y recalcan su naturaleza transitoria, refiriéndose a las semi-prostitutas como a “chicas que putean mucho” (o filles qui jouent a faire la pute, como dicen en Camerún). En algunos casos, no obstante, los beneficios obtenidos por las relaciones sexuales son más sustanciosos, e incluso impulsan a centenares de chicas a emigrar temporalmente a Libreville, donde se dedican exclusivamente a la prostitución. Poco ha cambiado todo desde los tiempos en que las guineanas aceptaban calentar la cama de los blancos a cambio de algunos regalos. Sólo que, actualmente, también algunos africanos pueden acceder a estos privilegios: la Independencia no vino acompañada de la justicia social, pero facilitó la consolidación de una clase acomodada autóctona.

Muchas chicas escogen la vía de la prostitución porque no encuentran posibilidades de ascenso social por ningún otro medio.  A pesar de las transformaciones socioculturales del último siglo, los vínculos de sumisión tradicionales entre hombre y mujer han cambiado poco. El asalariamiento ha afectado, básicamente, a las relaciones entre padres e hijos, ofreciendo autonomía económica a los jóvenes, pero no ha conseguido insertar totalmente a la mujer en el mercado laboral ni en la economía moderna (18). La mujer, que por tradición no controlaba ningún otro recurso que su propio cuerpo, y a la que la “modernidad” no ha ofrecido ningún recurso adicional, trata de utilizar su cuerpo para satisfacer sus ansias monetarias.

La prostitución plantea menos problemas morales en Guinea Ecuatorial que en Occidente. Para la mayoría de la población centroafricana, la función de la mujer es gustar a los hombres, y las semi-prostitutas cumplen esta función tradicional (obteniendo algunos beneficios). Las semi-prostitutas africanas no deben enfrentarse al ostracismo social al que las prostitutas son condenadas en Occidente. Incluso en ciertos casos, los familiares no ignoran los “entretenimientos” de las chicas, pero no ponen obstáculos a sus actividades si pueden sacar de ellas algún beneficio. En la sociedad Fang, actualmente, aunque se valora positivamente la “seriedad” de una chica, en general ninguna joven tendrá problemas para casarse si decide “sentar la cabeza”. Habitualmente, las semi-prostitutas aspiran a contraer matrimonio antes de alcanzar la madurez, pues en una sociedad en la que la prostitución está sometida a una fuerte concurrencia, sólo las mujeres muy jóvenes suelen obtener grandes beneficios (“las chicas somos como el jabón, usándonos nos gastamos”, dicen ellas). Además, es muy difícil para la mujer encontrar otro tipo de actividad retribuida, pues en el país hay altísimas tasas de paro, y la mujer está aún fuertemente discriminada en el mundo laboral.



NOTAS

(1) Ondó Mayié, Luis María: “Pluralidad de esposas entre los fang de Rio Muni y la ética cristiana”, tesina de licenciatura, Barcelona, 1972, p.17 y p.60; Pujadas, Tomás Luis: “La Iglesia en Guinea Ecuatorial II. Rio Muni”, Barcelona, 1983, p. 216.

(2) Nsue Angue, María: “Ekomo”, Madrid, 1986, p.97; Pujadas, 1983, p.149.

(3) Ondó, 1972, p.16.

(4) Cordero Torres, José María, “Tratado elemental de derecho colonial español”, Madrid 1941, p.206.

(5) Miranda Junco, Agustín: “Leyes coloniales”, Madrid 1945, p. 1013.

(6) González-Green, Jesús: “España negra“, Sevilla 1968, p. 36.

(7) Negociado de estadística: “Gobierno central de los Territorios españoles del Golfo de Guinea. Resúmenes del año 1941”, Madrid 1943, p.12.

(8) DD.AA.: “Quince años de evangelización. Misión de San Francisco Javier de Nkuefulán”, Barcelona 1939, p.217, 231 y 240.

(9) Xavier, Adro: “África. Ayer y hoy” s.f.: p 217.

(10) Nash, Mary: “Mujer, familia y trabajo en España 1875-1936”, Barcelona 1983, p. 31.

(11) Manfredi Cano, Domingo: “Ischulla (Panorámica lírica de las costumbres, tradiciones y arte popular de los bubis de Fernando Poo)”, Madrid 1950, p.155; Laburthe, Manuel: “Fang”, París 1991, p.257.

(12) Offen, Karen: “Definir el feminismo: un análisis histórico comparativo”, en Historia Social Nr. 9, Valencia 1991, p.91.

(13) Creus, Jacint: “Guinea Equatorial: 1883-1911: La invenció d’una identitat” en Recerques Nr. 30, Barcelona 1995, p.111.

(14) Nze Abuy, Rafael María: “Familia y matrimonio fang”, Malabo 1985, p.75.

(15) Songué, Paulette: “Prostitution en Afrique. L’example de Yaoundé”, París 1986.

(16) Songué, 1986, p.77.

(17) Songué, 1986, p.89.

(18) Esteva Frabegat, Claudi: “Algunos caracteres del sistema de propiedad fang” en Ethnica Nr. 1, Barcelona 1971, p. 52.




Fragmentos del libro de Gustau Nerín “Guinea Ecuatorial, historia en blanco y negro. Hombres blancos y mujeres negras en Guinea Ecuatorial (1843-1968)”.

ECONOMÍA