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Noticias Amor y Rabia

'El Libertario', arma falaz de la contrainformación en Venezuela

Published on: jueves, 14 de junio de 2018 // , ,

Por GABRIEL OLIVEROS

En medio de la vorágine mundial y local por conseguir información oportuna y veraz, pero fundamentalmente útil, deconstructiva y constructiva, nutritiva y cardinal, los anarquistas venezolanos contamos apenas con una publicación periódica conocida como El Libertario. No obstante, de la diversidad de tendencias y opiniones internas en el movimiento ácrata surgen dudas acerca de la autenticidad del Colectivo Editor El Libertario como agrupación de raíz anarquista y cónsono con las ideas y luchas libertarias.

En tal sentido, con la intención de conocer qué es o quiénes son el Colectivo Editor El Libertario, me he planteado una investigación diacrónica (en el tiempo) de todas y cada una de las publicaciones digitalizadas y disponibles en Internet de este periódico. El objetivo es evaluar la postura política de El Libertario y su consonancia con el ideario ácrata. La hipótesis de trabajo: Una cantidad equiparable de artículos en contra del Gobierno y de la oposición muestra una auténtica postura anarquista. Téngase en consideración que la oposición venezolana está conformada y representada por grupos e individuos conservadores, adherentes a la derecha nacional.

Para el desarrollo del estudio he empleado cuatro categorías que ayudaron a la evaluación de los artículos y su adecuada clasificación con fines estadísticos. Estas categorías de trabajo son:

- Contra el Gobierno: aquellos artículos en los que a lo largo de todo el contenido o buena parte de él se habla mal de la gestión de gobierno o de sus partidarios.

- Contra la oposición: aquellos artículos en los que a lo largo de todo el contenido o buena parte de él se habla mal de los sectores de oposición (conservadores, derecha), sus partidarios, sus patrocinadores, o la oligarquía venezolana.

- Contra ambos: aquellos artículos en los que a lo largo de todo el contenido o buena parte de él se habla mal tanto del gobierno como de la oposición.

- Contra el sistema en general: aquellos artículos en los que a lo largo de todo el contenido o buena parte de él se tocan temas y/o se narran hechos al margen de la polarización política venezolana (temas diversos).

Se han excluido del estudio las propagandas, poemas, caricaturas y similares. Se examinó cada artículo a partir de su lectura y se ubicó en alguna de las cuatro categorías de trabajo. Los resultados de la lectura y evaluación de cada uno de los artículos contenidos en los distintos ejemplares se muestran a continuación:


Otras siete (07) ediciones o ejemplares no están digitalizados ni presentados en la página web (#26, 27, 31, 33, 39, 46 y 69). La #69 que se muestra en la página web hace referencia (quizá por error) a la #68. Ninguna de éstas está incluida en el estudio.

Resumen cuantitativo de datos

Como se aprecia en la tabla anterior, existen 46 ejemplares digitalizados de El Libertario cargados en la web, con un total de 1277 artículos en un periodo de catorce (14) años. El promedio de artículos por ejemplar es de 28 (27,8 ± 6). Del total de artículos, el 26,4% corresponden a escritos «Contra el gobierno», mientras que tan sólo 1,4% son escritos «Contra la oposición» y 1,3% «Contra ambos». El restante 70,9% corresponde a artículos «Contra el sistema en general» de diversa índole o en los que no se plantea el conflicto político venezolano. Sin embargo, en esta última categoría también se incluyen muchos artículos que presentan contenido indirectamente vinculado al conflicto, pero que el Colectivo Editor El Libertario parece utilizar muy convenientemente a sus intereses.

Los resultados muestran con total claridad que más de la cuarta parte del periódico (26,4%) se destina a criticar y/o hablar mal de una gestión del Gobierno (socialista, de izquierda) que contrasta sobremanera con las críticas lanzadas a los sectores de la derecha nacional (apenas 1,4%). En este sentido, tomando la misma «premisa» empleada por los editores del periódico de que la izquierda (bolivariana, chavista) y la derecha venezolana son lo mismo, cabría esperar un abultado porcentaje de artículos escritos en contra de ambos sectores simultáneamente, pero no es así, porque el 1,3% de los artículos escritos «Contra ambos» lo demuestra con claridad, derriba la «premisa» de la que se quiere valer el colectivo editor y lleva a inferir que existe una tendencia muy clara en la posición política que asume El Libertario a favor de la derecha venezolana.

Analizando, pues, los datos correspondientes a los artículos escritos «Contra el Gobierno» se aprecia que hasta el año 2002 no existía mayor interés por parte de El Libertario de criticar al gobierno de Hugo Chávez. No obstante, los ejemplares #28 y 29 que corresponden al año del golpe de Estado en Venezuela por parte de la derecha recalcitrante y radical, no están publicados en Internet, hecho curioso y llamativo porque a partir de allí comienza la escalada de escritos en contra del Gobierno. Pero es también muy llamativo que sea entre los años 2002 y 2003 cuando publican con más frecuencia en «Contra de la oposición» y luego la proporción de artículos baja y la frecuencia se hace prácticamente cero, lo cual es curioso para un colectivo que se proclama anarquista (de izquierda, y si no es de izquierda sino «de los de abajo» ya veremos más adelante qué ocurre).

La escalada de escritos en contra del Gobierno se aprecia claramente en la columna por periodos (resaltada en colores) en la que el porcentaje se incrementa abruptamente desde 0 hasta 21 % y de allí con incrementos paulatinos a 31% hasta radicalizarse en el periodo 2012-2015 con un 35% de escritos en contra del Gobierno, mientras que en contra de la oposición continúa el silencio. Este hecho debe resaltarse porque se aprecia que para El Libertario el poder sólo lo ejerce el Gobierno, mientras que la oposición (derecha venezolana) pareciera no ejercer ningún poder político (nacional e internacional), económico y comunicacional. Se entiende, pues, que El Libertario no tiene ningún problema con la oligarquía venezolana, con los ricos, con los grupos y partidos de derecha, conservadores, con los flamantes dueños de tierras, empresas y toda clase de propiedades, que pugnan para impedir a los pobres el disfrute de los recursos naturales.

Resumen cualitativo de los artículos contenidos en El Libertario

Pero los datos interesantes que se desprenden de la revisión de los 46 ejemplares digitales de este periódico, no se detienen en las cifras.

La postura editorial de este colectivo abandonó la ecuanimidad inicial para declararse abiertamente opositor al gobierno nacional, mas no opositor a la oposición, es decir, a la derecha. Incluso, por lo que se lee en sus artículos, todo proceso que se autodenomine, se identifique o se considere de izquierda en Latinoamérica es mal visto por El Libertario y apuntan sus palabras contra éstos (ejemplares #44, 45, 47, 57 y 60), pero jamás han escrito algo sobre las oligarquías de esos países; por el contrario, les lanzan piropos. Caso emblemático (repugnante) es el ejemplar #47 donde tras el disfraz de la ironía se habla bien de Álvaro Uribe Vélez y sus Consejos Comunales, pero en el mismo artículo nunca se dice nada malo sobre este personaje nefasto de la política en América Latina. Es en este mismo ejemplar donde hasta parece verse con buenos ojos a Enrique Capriles Radonsky, del partido de derecha Primero Justicia, y donde se le exime del paredón lingüístico que emplea El Libertario para los políticos del Gobierno. Igualmente, en este histórico ejemplar, se fustiga con inclemencia a los Consejos Comunales simplemente por ser una propuesta del Gobierno, pero entonces ¿de qué clase de anarquismo que defiende el colectivismo, la cooperación, el apoyo mutuo, la solidaridad y la federación estamos hablando?

Y las disonancias de este «colectivo anarquista» no paran. Para ellos resulta prácticamente imposible una intervención bélica gringa en Venezuela (ejemplar #48), como si no fueran suficientes excusas las reservas de petróleo y otros minerales, así como el agua. Para ellos las «guarimbas» son una auténtica forma de manifestación popular (ejemplar #50) porque parece que asfixiar, aturdir, amedrentar e impedir el tránsito a los vecinos afecta sólo al Gobierno, o saquear, quemar vivas a las personas, decapitar motorizados con «guallas» en las calles, incendiar transporte público con personas adentro, atiborrarse hasta los cojones con droga para tomar valor, o pagarle los jóvenes y hasta a los niños para que salgan a «guarimbear» es una forma apropiada y auténtica de protestar. El Libertario incluso compara las guarimbas con las protestas universitarias de los años 80 y 90 en Venezuela en las que se cerraban algunos accesos a la Universidad Central de Venezuela, pero olvidan algunos colaboradores de este periódico que en esa época no se secuestraba a nadie pues permanecían abiertos otros accesos a la universidad, que las unidades de transporte o distribución que se quemaban eran de la empresa privada y que, además, no se atentaba contra la vida de los transeúntes independientemente de su tendencia política.

El Libertario intenta hacer creer a sus lectores que el movimiento estudiantil de hoy es tan crítico, popular, autónomo y combatiente como el de los 80 y 90’s (ejemplar #52), como si los estudiantes de las instituciones privadas (que nunca las mencionan) legitimaran la lucha popular, como si ser conservador o sentir mariposas en el estómago por el neoliberalismo les otorgara esencia crítica, como si declararse prosélito de un partido o de una agrupación de extrema derecha les diera autonomía política. Tan sólo en el ejemplar #55, cuando tratan de corregir el error cometido y reconocer la participación en las protestas de los años 2008 y 2009 de estudiantes de derecha, realizan una maniobra evasiva (y, perdonen la expresión, muy bastarda) restándole méritos a los estudiantes de la Universidad Bolivariana de Venezuela (UBV) creada por el gobierno nacional para facilitar la educación universitaria a los pobres y excluidos del sistema de educación, ello con la intención por parte de El Libertario de desviar el foco de atención de los estudiantes de derecha. Parece que a este colectivo, pues, también le molesta la educación gratuita y de puertas abiertas a los pobres; parece que son más criminales los estudiantes que siguen al gobierno que aquellos de “manitas blancas” que queman universidades y preescolares.

Por primera vez en este recorrido, en el año 2008 (ejemplar #53) se dedica un artículo completo a hablar mal de un político de la oposición, pero como algunas cosas extrañas de este periódico, un opositor desubicado, alienado, un opositor pobre: Stalin González. ¡Vaya que El Libertario sabe elegir a quién fustigar! Y pocos meses después escriben su segundo artículo contra otro opositor: Antonio Ledezma, a quien curiosamente le dedicaron apenas la cuarta parte de lo que derramaron sobre González, a pesar de ser Ledezma una de esas viejas figuras oscuras y patéticas de la oposición venezolana que reprimió sin clemencia las manifestaciones populares durante la Cuarta República.

El Libertario ataca absolutamente todo lo que le huele a gobierno (bolivariano, claro está) pero nunca ha escrito sobre la gestión de los gobernadores o alcaldes de oposición, se ensaña contra el comunismo ruso o cubano, pero no contra el imperialismo yanqui, además, nunca se ensaña contra las empresas privadas, seguramente porque de allí obtiene su financiamiento PROVEA (Programa Venezolano de Educación Acción) dedicada al trabajo con Derechos Humanos y cuyo director es el editor de El Libertario, Rafael Uzcátegui, además de Rodolfo Montes de Oca.

En el año 2012, luego de 13 años de la gestión de gobierno de Hugo Chávez, por primera vez El Libertario dedica un artículo (ejemplar #67) al conglomerado amorfo de la oposición, denominado Mesa de la Unidad Democrática (MUD), pero con idéntica maniobra evasiva ya antes aplicada a los estudiantes y hecha costumbre en El Libertario, terminaron hablando mal del gobierno de Chávez (el chivo expiatorio), buscando siempre la manera de aminorar la carga sobre la oposición venezolana. El culpable siempre es el Gobierno (bolivariano) a quienes llaman boliburgueses, mas la oposición no tiene para ellos ni un ápice de responsabilidad en las crisis y conflictos que han generado.

Llegado el 2013, y con él la muerte de Hugo Chávez, el primer ejemplar posterior a la muerte del mismo (#69) no está publicado en la Internet, resultando importante conocer la opinión del periódico sobre este hecho, y en particular sobre el hombre que desde el año 1998 se mantuvo con su opción socialista en el poder a base de elecciones y con amplio apoyo popular durante 14 años. Y es importante esa edición #69 porque en la #70 por primera vez la cantidad de artículos en contra del Gobierno se hace superior a la mitad (52%), es decir, más de la mitad del periódico dedicado a criticar al Gobierno, mientras que a la oposición ¡Nada!

El segundo caso emblemático (y también repugnante) que puede encontrarse en este recorrido histórico de El Libertario (años 2001-2015) es el que corresponde al ejemplar #72, dedicado a las protestas del año 2014 y en el que los editores del periódico pretenden hacer ver como manifestaciones populares. En la portada comparan burdamente una foto del alzamiento popular del 27 de febrero de 1989 con una de las protestas de los guarimberos de 2014 en las que su líder, el ultraderechista Leopoldo López, llamó a incendiar el país (¿por qué El Libertario nunca se ha metido con Leopoldo López?). Digo burdamente porque intentaron comparar una foto donde aparecen personas pobres cargando a un herido (año 1989), con otra donde aparecen jóvenes con zarcillo y hasta con un estetoscopio cargando otro herido (año 2014), como si cargar un estetoscopio en el cuello fuera en este país señal de pobreza y no de privilegio. A propósito de las protestas de 2014, intentan decirle a la opinión pública que son legítimamente de base popular, pero que los partidos y sectores de derecha los han arropado con sus liderazgos robándole el mérito al pueblo ¡vaya entuerto! ¿Será que El Libertario cree que toda Venezuela es anarquista, o que el pueblo venezolano está muy empapado de las ideas libertarias y no desea gobierno alguno?

Llegamos al #73 (año 2014). Hay que cantar ¡Victoria! porque al fin se encuentra el primer artículo en contra de tres oligarcas venezolanos: Gustavo Cisneros, Lorenzo Mendoza y Juan Carlos Escotet. Luego de trece (13) años de anarquismo autogestionario, El Libertario comienza a considerar que actores ajenos al Gobierno también tienen poder en Venezuela; en este caso económico. Algún compañer@ anarquista compartirá con el subcomandante Marcos que «No soy de izquierdas ni de derechas; soy de los de abajo y voy a por los de arriba». Si esta fuera la perspectiva de El Libertario, que repetidamente lo infieren en varios artículos ¿Por qué se han demorado 13 años en criticar a esos de arriba que tienen poder económico? Ojalá ello no le cueste el financiamiento a PROVEA.

Un par de datos finales: en aquél emblemático ejemplar #72 como guinda del pastel se escribe nota sobre un foro público en el que los ponentes fueron Iván Loscher, Rubén Monasterios, Amalio Belmonte y Humberto Decarli, los tres primeros reconocidos ultra-opositores al Gobierno (bolivariano) y Decarli escritor insignia de El Libertario. Entonces, si los tres primeros son ultra-opositores ¿el cuarto es…? ¿Anarquista? ¿Compartiría Ud. estimado lector anarquista tribuna con ponentes de derecha? Quizá también puedan seguir contribuyendo con el periódico intelectuales como Edgardo Lander, que a pesar de haber sido acusado de neoliberal en el ejemplar #75, ya había publicado mucho antes un artículo sobre el movimiento popular venezolano en el #65; entonces, si Lander es neoliberal y publica en éste periódico ¿El Libertario es…?

Conclusiones

1) El análisis cuantitativo (estadístico) de la evaluación de los artículos practicada al periódico El Libertario, así como el análisis cualitativo de la información contenida en los 1.277 artículos, muestran una tendencia clara a criticar al Gobierno y favorecer con silencio a la oposición venezolana y a los sectores conservadores. Esta tendencia se acentúa en el tiempo manteniéndose la misma cantidad promedio de artículos escritos por ejemplar.

2) No existen indicios para pensar que El Libertario tiene una postura imparcial en medio de la polarización política venezolana. Evidentemente no puede tenerla como colectivo que se autodenomina anarquista, porque además el ejercicio debe ser 'contrainformativo', pero a pesar de ello, el silencio informativo respecto a la oposición venezolana lo ubica en términos políticos hacia la derecha.

3) El Libertario encapsula como enemigo a cualquier movimiento de izquierda nacional o internacional que le parezca solidario con el proyecto bolivariano impulsado por Hugo Chávez, incluyendo a grupos anarquistas que vean condiciones sociales favorables al desarrollo del ideal ácrata con la actual gestión de gobierno. Incluso, criminaliza las manifestaciones de apoyo popular, de los de abajo, a la mencionada gestión de gobierno.

4) Las contradicciones manifiestas en el estudio diacrónico practicado a las publicaciones de El Libertario dejan serias dudas acerca de la autenticidad del mismo como colectivo anarquista, razón por la cual queda negada la hipótesis de trabajo. En tal sentido, parece utilizarse el periódico y el anarquismo como tapadera de intenciones insanas, esencialmente conservadoras y para captar incautos descontentos por los vicios y corruptelas del gobierno bolivariano (que obviamente existen).

Colofón

Quiero aclarar a los lectores que no tengo en lo absoluto problema alguno de índole personal con los colaboradores y editores de El Libertario, ni mantengo relación laboral o contractual con ninguno de los mismos, ni tengo interés en hacerme con la propiedad del periódico, ni impulsar ningún otro medio o favorecer puntos de vista de otras agrupaciones anarquistas. Escribo desde mi postura independiente mas no individualista, con autonomía, sin fin de lucro y únicamente con ánimo de aportar verdades y reclamar por lo justo. Nadie me encargó o pagó por este estudio.

Bajo ningún concepto o motivo le pido con este estudio a El Libertario que asuma una postura favorable al Gobierno, pero sí que deje de favorecer con silencio a la oposición derechista, oligárquica, capitalista y neoliberal venezolana y latinoamericana. Igualdad de palabras, argumentos y artículos contra ambos (Gobierno y oposición).

Eximo de todo comentario y responsabilidad al compañero Antonio Serrano, respetable escritor de El Libertario, quien en cada uno de sus artículos mostró gran altura intelectual frente a la polarización política, y quien en sus largos recorridos por la UCV vendía los ejemplares en clara demostración de consonancia con la clase obrera del país y el ideal libertario. Honor a su memoria.


31 agosto 2017

Artistas y anarquistas…

Published on: domingo, 27 de mayo de 2018 // ,

Algunos, sin duda, fueron cerrados de espíritu y muchos fueron dogmáticos en ciertos aspectos, pero en general fueron de ideas abiertas, no sólo en el campo social y político, sino también en el reino de las artes. No se trata de que los anarquistas produjeran un estilo propio de literatura, ni de que fueran grandes pintores, escritores o críticos, pero su devoción a la libertad les acercó a los artistas creativos que estaban intentando liberarse de la ortodoxia y la tradición. Particularmente, en Francia, es difícil discernir dónde acaba la libertad y dónde comienza la anarquía.

Camille Pissarro fue un artista que empañó esta distinción. Notable pintor impresionista, creó paisajes en los que las figuras de campesinos se funden con el fondo en un mundo rústico compuesto por luz, sombra y color, y encontró críticas desfavorables. La mayoría de los críticos saludo al impresionismo con burlas, y el hecho de que Pissarro fuera también de ideas anarquistas y tuviera que exiliarse por un tiempo después de la Comuna de París, confirmó, a los ojos de los críticos, las sospechas sobre su arte. Hacia 1890 empezó a aceptarse el impresionismo y los cuadros de Pissarro compartieron este cambio de fortuna, pero él continuó haciendo apuntes y dibujos para las publicaciones anarquistas y escribió sobre La Conquista del pan de Kropotkin: «Confieso que si es una utopía, de todas maneras es un bello sueño.»

Paul Signac fue otro famoso pintor francés anarquista que inició la experiencia postimpresionista de construir sus cuadros con minúsculos puntos de color que el ojo a distancia combinaba en figuras y objetos. Creía que en la nueva sociedad que los anarquistas preparaban, el hombre corriente, el obrero, tendría tiempo y capacidad para apreciar todas las manifestaciones del arte, y definía al pintor anarquista como el que lucha «con toda su individualidad con su esfuerzo personal, contra las convenciones burguesas y oficiales».


ARRIBA: 'Plaza del Teatro Francés' por Pissarro,
el pintor impresionista que tuvo que exiliarse
or sus ideas después de la Comuna de París.
ABAJO:
'El puerto de Portrieux' por Paul Signac,
otro artista que luchó como anarquista
contra las «convenciones burguesas y oficiales».

En las revistas anarquistas fundadas por Jean Grave, especialmente en La Révolte, estos dos artistas y muchos otros literatos y artistas de la época, como el poeta Mallarmé, el pintor Van Dongen y el escritor Alphonse Daudet estaban representados por dibujos, poemas o artículos. Muchos de ellos eran sólo colaboradores ocasionales y estaban lejos de simpatizar con cualquier clase de anarquismo, pero se sentían identificados en la libertad que los anarquistas pedían para cada individuo.


'Mujer entre columnas' por Kees Van Dongen.
Otra muestra de arte vanguardista,
influenciado por las teorías que reclamaban para
el arte un papel de crítica social.



En Inglaterra esta libertad anarquista ganó el entusiasmo de Oscar Wilde que firmó una petición a favor de los anarquistas de Chicago, abogó por la abolición de la propiedad para liberar al individuo, y en su libro The Soul of Man under Socialism expuso la idea de que artistas y anarquistas coinciden en su petición de un individualismo absoluto. Wilde manifestó extensamente esta conjunción con sus trajes, su conducta y su homosexualidad, por la cual fue legalmente penado y socialmente marginado. Tenía, por tanto, todos los motivos personales y artísticos para luchar por la libertad del individuo.

Sin embargo, Wilde no obtuvo la aprobación de todos los círculos anarquistas, ya que su preocupación fundamental era el arte y los artistas y no apoyó la opinión de que el arte debe tener una finalidad social. Por este motivo, sus obras teatrales no fueron incluidas por Emma Goldman en un estudio del drama contemporáneo en el cual señaló ciertas obras como poderosas propagadoras del pensamiento radical. Su admiración se dirigió en particular a Henrik Ibsen: «Ibsen, el enemigo supremo de toda vergüenza social, ha arrancado el velo de la hipocresía de su faz.» Escribió sobre El enemigo del pueblo: «En este drama Ibsen celebra los últimos ritos funerarios de un sistema social podrido y moribundo. De sus cenizas se eleva el individuo regenerado, el rebelde absoluto y valiente.» El «rebelde» es el Doctor Stockman, que decide revelar su descubrimiento de que los baños públicos de la ciudad están construidos sobre una ciénaga y son perjudiciales para la salud. Los intereses económicos, los prejuicios y el orgullo de la provincia se reúnen contra él y le dejan solo. En palabras de Emma Goldman, encuentra que sus enemigos son una «mayoría compacta», lo bastante sin escrúpulos para querer erigir la prosperidad de la ciudad «sobre un cenagal de mentiras y fraudes». Nunca podremos apreciar suficientemente el valor de esta obra así como el de Espíritus, que «ha sido como la explosión de una bomba que ha hecho temblar la estructura en sus cimientos».

Sus alabanzas, en términos anarquistas, se dirigen también a los dramaturgos alemanes Gerhardt Hauptmann y Frank Wedekind así como a Bernard Shaw y John Galsworthy, este último por Strife (Disputa), a la que considera la obra sobre el trabajo más importante después de Die Weber (Los Tejedores) de Hauptmann. Estas valoraciones vuelven sobre la larga tradición anarquista representada por Proudhon de que el arte y la literatura deben tener una finalidad social y, aunque Emma Goldman no era insensible al mérito artístico, prefería abiertamente la literatura que promovía la libertad social e individual.


'El cortejo fúnebre' por George Grosz. Los horrores de la I Guerra Mundial
y sus consecuencias forzaron a un número cada vez mayor
de artistas a tomar partido por la reforma social.



Evocar esta libertad fue uno de los propósitos del celebrado director de cine Jean Vigo, que tenía 12 años cuando su padre, el anarquista Miguel Almereyda, fue encontrado estrangulado en la celda de una prisión en 1917. Almereyda había sido antimilitarista activo antes de la guerra y durante ésta se hizo cada vez más pacifista. Hacia la mitad de la guerra su situación social cambió, empezó a tener dinero, mientras que antes había vivido en la pura pobreza. ¿Fue un traidor? ¿Había recibido dinero alemán por sus escritos pacifistas? ¿Fue estrangulado en una cárcel francesa por este motivo? No se sabe, pero el joven Jean Vigo creyó que su padre había sido un pobre anarquista y revolucionario y él heredo la mayoría de sus ideas del ambiente anarquista francés en el que Almereyda había sido una figura tan destacada. En 1930 su film sobre Niza (À propos de Nice) expresaba las ideas anarquistas sobre la desigualdad. Comparaba la vida de los ricos y los cuerpos sanos y satisfechos de los veraneantes tostados por el sol con los cuerpos desnutridos, deformados, de los muchachos de las barracas, y en la vigorosa película Zéro de Conduite (Cero en conducta) presentaba una revolución de colegiales contra la rigidez de las autoridades escolares. Era una afirmación explícitamente anarquista para la cual Vigo se sirvió de sus amigos anarquistas como actores. Fue inmediatamente proscrita por las autoridades francesas. Ha sido reconocida como un tour de force técnico y es la fuente inspiradora y el precedente de la película de Lindsay Anderson If que estudia la autoridad y la rebelión en una public school inglesa.

Vigo manifestó sobre À propos de Nice: «Exhibiendo la atmósfera de Niza y las clases de vida llevadas en ella y, ciertamente en todas partes, el film… (ilustra) los últimos extremos de una sociedad cuya negligencia de sus responsabilidades te indigna y te conduce a soluciones revolucionarias.» Sus propias quedan oscurecidas, pues murió a los 29 años después de acabar su segunda gran película L’Atalante, que tiene como tema central una relación amorosa tiernamente realizada, mientras que la crítica social se logra con incisos que sacan a la luz la miseria de los obreros sin trabajo de París.

Vigo puede ser considerado un vigoroso expositor del mundo de su padre, de los círculos anarquistas de la preguerra en Europa y América, que no sólo discutían la revolución y la propaganda inflamada, sino la filosofía, la poesía y el arte de su tiempo. Por modesta que sea, forma parte de la explosión cultural que a principios de siglo consideró la libertad y la prueba como sus instrumentos para liberar nuevas formas, métodos e ideas creadoras.

El anarquismo no fue el único credo de la libertad y para muchos contemporáneos su faceta destructora fue el completo reverso de la libertad, pero sin este aspecto de innovación creadora habría faltado en la historia del anarquismo una de sus dimensiones vitales.


Los anarquistas.
Asombro del mundo de su tiempo

Capítulo IV: «Libertad y anarquía» (1970).


Escena de la última película de Vigo 'L’Atalante' en la cual una
tierna
historia de amor se entrelaza con duras críticas sociales.

La gran fuga que sepultó el franquismo

Published on: domingo, 20 de mayo de 2018 // , ,

80 ANIVERSARIO DE LA FUGA DE SAN CRISTÓBAL

El 22 de mayo de 1938, un total de 795 presos republicanos encarcelados en el fuerte navarro de San Cristóbal, la mitad de ellos castellanos y leoneses, protagonizaron la fuga más multitudinaria registrada en Europa. El balance de esta desesperada evasión fue demoledor: solo tres reclusos –un leonés, un salmantino y un segoviano– conseguieron llegar a Francia. Otros 585 fueron capturados y devueltos a la fortaleza próxima a Pamplona. Los 207 restantes murieron en su huida, la mayoría ejecutados por sus perseguidores. De los 381 castellanos y leoneses participantes, diez fueron fusilados como organizadores y 84 perecieron en la escapada. Durante años, el silencio se cernió sobre este episodio de la Guerra Civil y aún son muchos los cuerpos que quedan por recuperar.

MARÍA R. MAYOR

Baltasar Rabanillo era un popular centrocampista del Real Valladolid, pero también un activo militante socialista. Detenido en la Casa del Pueblo el 19 de julio del 36, y considerado uno de los principales promotores de la Fuga de San Cristóbal, dos años después moría fusilado en la Vuelta del Castillo de Pamplona, ahora un parque que rodea la antigua Ciudadela militar. La familia nunca pudo llevar flores a su tumba. Sus restos, junto a los de otros trece condenados a muerte —diez de ellos castellanos y leoneses—, se perdieron amontonados en un osario.

Castilla y León fue con mucha diferencia la Comunidad de la que procedía el mayor número de presos de la fortaleza:1.569 de los 2.487 contabilizados en el momento de la evasión. La mayoría de ellos eran vallisoletanos (335) y segovianos (330), seguidos por los naturales de León (278), vecinos de Salamanca (194), Palencia (186), Burgos (134), Ávila (51), Zamora (45) y Soria (15). También fue la región con más fugados: 381. Además de los fusilados en Pamplona, 84 murieron en los montes y, 21 de los capturados, en la propia prisión entre el 38 y el 43, según recoge Fermín Ezkieta en su libro Los fugados del Fuerte de Ezkaba.

El hallazgo

La obra del investigador navarro amplía los sucesivos trabajos realizados sobre la huida que inició el riosecano Félix Sierra, autor de La fuga de San Cristóbal y de La gran fuga de las cárceles franquistas, esta segunda en colaboración con el documentalista Iñaki Alforja.

El punto de partida para indagar en la gran evasión sepultada por el Franquismo fue fruto de la casualidad. En el verano de 1988, cuando Sierra recogía unos muebles de un edificio que iba a ser derribado, le llamó la atención un paquete que resultó contener dos documentos de 1938. Eran ni más ni menos que las actas del fiscal encargado de los procesos contra los escapados del Penal del monte Ezkaba. El hallazgo le llevó a interesarse por esta historia de la que no tenía conocimiento y a entrar en contacto con protagonistas, testigos y colectivos navarros que ya trabajaban en la recuperación de este episodio que, 80 años después, aún es muy poco conocido en Castilla y León.

Las condiciones del penal eran «terribles» en palabras de Sierra. Los presos se encontraban hacinados en naves sin camas ni colchones, ventanas sin cristales y con barrotes. En una fortaleza situada a 800 metros sobre el nivel del mar, al frío y al hambre se sumaban los malos tratos que sufrían de sus centinelas. «La situación era tan penosa como que los presos escondían unas cantimploras en la espalda para robar leche de las cocinas, una leche de la que tenían que quitar las cucarachas con las manos», relata Julio Enrique Armengod que llegó a escuchar de su padre, uno de los vallisoletanos fugados. Julio Armengod Muñoz solo tenía 24 años cuando entró en el fuerte procedente de Valladolid, donde había sido condenado a 30 años por rebelión en el Consejo de Guerra contra los detenidos en la Casa del Pueblo.

«Me robaron la juventud», era otra de las escasas referencias a su reclusión que escuchó Julio, hijo único, de boca de su progenitor. Entre los pocos recuerdos que conserva, cuenta cómo su abuela, gracias al kilometraje de su exmarido, trabajador ferroviario, viajaba una vez al mes a Pamplona para llevar a su hijo víveres, ropa, y algo de dinero para que pudiera comprar en el economato. «De no ser así, habría muerto de hambre, como les pasó a otros», añade.

Julio Armengod solo duró tres días perdido por los parajes navarros. «Nos soltaron a los requetés y nos cazaron como a conejos», recordaba de esta frustrada escapada que le supuso otros 20 años de reclusión. Gracias a un indulto, la pena se le quedó en nueve. De vuelta a Valladolid, se casó a los 40 años y se dedicó a regentar la tienda de comestibles de su familia. Murió a los 59 años apartado de la política.

Como Armengod, la mayoría de los vallisoletanos recluidos en el fuerte habían sido detenidos en la Casa del Pueblo en la madrugada del 19 de julio del 36, tras resistir durante horas el asedio de las tropas rebeldes con fuego artillero y de ametralladora. Un Consejo de Guerra, el 7 de septiembre del mismo año, condenó a distintas penas a 448 socialistas. Cuarenta de ellos fueron fusilados en la gravera de San Isidro durante las fiestas de San Mateo de Valladolid. Otros 133 fueron a parar a San Cristóbal.

Los fusilados

Entre ellos se encontraba Baltasar Rabanillo, junto a los hermanos Gerardo y Teodoro Aguado, Bautista Álvarez y Antonio Escudero, condenados a muerte todos ellos como promotores de la escapada, junto a tres vecinos de Segovia: Antonio Casas, Francisco Hervás y Calixto Carbonero;el abulense Miguel Nieto, Primitivo Miguel, natural de Palencia pero vecino de La Coruña, y el medinense Calixto Carbonero, que vivía en Salamanca. Los tres restantes, Ricardo Fernández Cabal, Rafael Pérez García y Daniel Elorza Ormaechea, procedían respectivamente de Málaga, Madrid y Arayar (Álava).

El 8 de agosto,los 14 reclusos fueron fusilados en la Vuelta del Castillo de Pamplona. Miembros de la Cofradía de la Paz y Caridad trasladaron sus cadáveres para darles sepultura en una fosa común del cementerio de la capital navarra. Unos años después, sus restos desaparecieron en el osario.

Apenas quedan parientes directos de estos fusilados y, los que existen, ya no están en condiciones de prestar testimonio o prefieren no hacerlo. Durante el Franquismo, e incluso después, han sufrido lo ocurrido con sus familiares como un estigma. En algunos casos, la trayectoria vital de los represaliados no siempre fue aceptada por sus descendientes. Así lo expone César Fraile, nieto de otro vallisoletano fugado:Vicente Fraile, un ugetista que había participado en la construcción de la Casa del Pueblo. «Lo vivieron con el pensamiento de que el abuelo había traído la desgracia a la familia», explica. Este profesor de Historia del Instituto de la Merced de Valladolid se enteró casualmente del pasado republicano de parte de su familia durante una conversación con Sierra, docente en el mismo centro.

Su bisabuelo fue fusilado en el páramo de San Isidro y toda la familia estuvo presa en algún momento. La mujer de Fraile murió cuando él todavía estaba internado en el fuerte, así que los dos hijos,Vicente y Maruja, tuvieron que criarse con unos tíos. Con su padre ya fallecido, César preguntó a su tía Maruja sobre este capítulo de la historia familiar que nadie le había querido contar. Ninguna carta, ninguna foto, dejó testimonio. «Fue una consecuencia del Franquismo que los familiares del bando perdedor llegaran al convencimiento de que por tener esas ideas habían salido tan mal parados», comenta.

Los segovianos

Por el contrario, al segoviano Rubén Fernández Maroto y a su prima Celia Barbado, el dramático balance que dejó la Guerra Civil en sus ascendientes les llevó a militar activamente en la recuperación de la Memoria Histórica.

«La historia de mi familia está trágicamente asociada al fuerte», explica este albañil de Nava de la Asunción. «Mi abuelo Cipriano, padre de mi padre, falleció allí en 1938, unos días antes de la fuga». Cuatro años después moría su sobrino Luis Cubo, participante en la escapada, que fue enterrado en el ‘cementerio de las botellas’.

Durante la extracción de la piedra para construir el camino de acceso a la fortaleza murió Vicente Maroto, primo de la madre de Rubén. En las mencionadas obras trabajó Lucas Barbado, hermano de su abuela. «Así que tres de los seis fallecidos de Nava eran de mi familia», recuerda. «Y no conviene olvidar que todos ellos eran inocentes; su único ‘delito’ fue mantenerse leales al gobierno legítimo de la República», añade.

A San Cristóbal llegaron 33 naveros –de los que se fugaron 14– juzgados por bloquear el acceso al pueblo para impedir la entrada de las fuerzas rebeldes. Algo similar ocurrió en Bernardos, donde el alcalde, Clemente Casas, declaró la huelga general en el municipio y los pueblos limítrofes, y ordenó cortar las carreteras y las comunicaciones telefónicas.

Un Consejo de Guerra condenó a 63 vecinos, de los que 42 estuvieron recluidos en el fuerte y doce participaron en la huida. En total, 330 segovianos se encontraban encarcelados el 22 de mayo del 38. La razón de tan elevado número pudo estar, según expone Sierra, en la proximidad al frente de Madrid y el temor a que pudieran ser liberados.

19 mayo 2018

Darwin y después (y III)

Published on: domingo, 6 de mayo de 2018 // , ,
Richard Dawkins y Edward O. Wilson, figuras más
representativas del determinismo biológico actual.


Por HILARY ROSE y STEVEN ROSE


Mentes y cerebros

Pocos de estos debates acaecidos en el seno de la teoría evolucionista han obstaculizado en realidad la difusión de la metáfora evolucionista más allá de sus dominios biológicos, sobre todo en los que repetidos intentos de, al menos, domesticar y limitar —y en el peor de los casos erradicar— lo social de la teorización de humanidad y, por consiguiente, de biologizar la condición humana. Dos iconos instantáneamente reconocibles han incrementado enormemente el atractivo de estas afirmaciones. La doble hélice y el cerebro multicolor en el cráneo adornan anuncios, cubiertas de libros y sobrios artículos en las revistas dirigidas a clases pudientes. La secuenciación del genoma humano hizo que hablar sobre los genes se convirtiese en artificio retórico de moda, de los anuncios de coches a la política. El diseño de Dios se halla aparentemente «en el ADN» del BMW, al igual que los valores familiares se hallan, de acuerdo con David Cameron, insertos en el ADN del Partido Conservador. En ese mismo periodo, las extraordinarias imágenes en falso color de las regiones del cerebro aparentemente implicadas en todo, desde la resolución de un problema matemático hasta el amor romántico pasando por el éxtasis religioso, obtenidas de la imagen por resonancia magnética funcional, se han convertido en moneda común de los dominicales de los periódicos. No sólo las relaciones sociales, sino los productos de la cultura humana, del arte a la música, las creencias religiosas y los códigos éticos, se afirma que son manifestaciones de un proceso de selección natural basado en los genes, con sus correspondientes ubicaciones neuronales reveladas gracias a la imagen por resonancia magnética funcional.

De nuevo, el punto de partida es Darwin, quien hizo algo más que localizar a los seres humanos en un continuum evolutivo anatómico y fisiológico. Él fundamentó los «poderes mentales» firmemente en la biología humana: las emociones humanas y sus expresiones eran para Darwin descendientes evolutivos de aquellos de sus ancestros similares a los simios[25]. La psicología evolucionista, la manifestación más reciente de la sociobiología de la década de 1970, se ha inspirado en estas premisas y en la tesis hamiltoniana de la selección parental, basándose no únicamente en que la naturaleza humana constituye una cualidad evolucionada, sino también en la afirmación profundamente no darwiniana de que aquella —en oposición al resto de la naturaleza— se fijó en el Pleistoceno no habiendo transcurrido suficiente tiempo evolutivo para que haya cambiado ulteriormente.

A partir de Wilson, el argumento es que la evolución biológica no ha podido mantener el paso siguiendo el ritmo del cambio cultural, diferencial que fomenta la contradicción de «mentes de la Edad de Piedra en el siglo XXI». Sin embargo, la evidencia apunta a la velocidad con lo cual la cultura ha impulsado el cambio biológico humano, desde la fisiología digestiva a la estructura cerebral. Por ejemplo, originalmente, la mayoría de los seres humanos adultos, como la mayoría de otros mamíferos adultos, tenían dificultades para digerir la leche. La enzima presente en los niños que hace posible digerir el azúcar de la leche, la lactosa, se desactiva cuando el niño crece. Sin embargo, durante los últimos tres mil años, en las sociedades que domesticaron ganado, proliferaron las mutaciones que permitieron la tolerancia de la lactosa en los adultos. Hoy la mayoría de éstos en las sociedades occidentales, a diferencia de los asiáticos, son portadores de la mutación y los productos lácteos forman parte de su dieta habitual.

Ni el conjunto de pruebas sobre el grado en que la psicología y la anatomía humanas han evolucionado durante el millar de generaciones que aproximadamente nos separan de nuestros ancestros del Pleistoceno, ni el hecho de que no tengamos idea alguna de su psicología —y ningún modo de conocerla— disuaden a los teóricos. Consideremos las afirmaciones del psicólogo evolutivo Marc Hauser en su libro Moral Minds, reveladoramente subtitulado «Cómo la naturaleza diseñó nuestro sentido universal del bien y el mal»[26]. No se trata únicamente de que los requerimientos de vivir de acuerdo con las especificidades de uno mismo o las respuestas emocionales innatas a las necesidades de los otros puedan haber contribuido a conformar los códigos morales. En realidad, del mismo modo que Chomsky sostiene que existe una gramática lingüística universal, para Hauser la humanidad se halla dotada de un conjunto universal de principios morales, independientes del contexto cultural o social. Hauser reconoce variaciones culturales, tales como matar por honor o la homofobia, en el modo en que se expresan los principios, pero sostiene que a pesar de la variación existen universales subyacentes. Sin embargo, si la expresión de estos principios es tan variada, invocar un imperativo evolutivo no explica nada. Las recomendaciones políticas que derivan de este imperativo son perturbadoras: Hauser quiere que los «expertos políticos» «escuchen con más atención a nuestras intuiciones y redacten políticas que tomen en cuenta eficazmente la voz moral de nuestra especie». En la siguiente sentencia juega a dos bandas al sugerir que los expertos no deberían aceptar ciegamente esta moralidad universal, ya que algunas de nuestras intuiciones evolucionadas han «dejado de ser aplicables a los problemas sociales actuales». Una teoría omnicomprensiva dotada de una cláusula de exoneración tan enorme como ésta escasamente merece ser objeto de consideración. Se nos presenta un enigma más: ninguno de los teóricos de la sociobiología o de la psicología evolucionista, del psicólogo Steven Pinker a Wilson, Hauser y Dawkins, cree que sea evidentemente obligatorio obedecer las demandas de nuestros genes egoístas. Las sentencias que cierran El gen egoísta de Dawkins explican que «nosotros» los humanos, a diferencia de otras especies, podemos escapar a su tiranía. Para Wilson, una sociedad menos sexista puede lograrse si «nosotros» la deseamos, aunque pagando el precio de una pérdida de «eficiencia»[27].

Para Pinker, «incluso las explicaciones evolucionistas de la división del trabajo tradicional [sic] en virtud del sexo no implican que sea inmodificable o "natural" en el sentido de buena o algo que debería ser impuesto a las mujeres u hombres individuales que no se muestren de acuerdo con la misma»[28]. Cuando Pinker nos dice que ha decidido no tener hijos, ¿mediante qué proceso niega este imperativo genético? ¿Existe una ubicación en el cerebro, un gen para el libre albedrío? El teórico de la mente guarda silencio. El sentido de su agencia personal es siempre evidente, pero su teoría no proporciona explicación alguna al respecto; él escapa como por ensalmo. A pesar de ello, como Pinker o Wilson, nosotros nos comprendemos como seres pensantes, morales, emocionales y capaces de decisión, siendo imposible ignorar el problema de la agencia humana.


Renaturalizar a las mujeres

Un proyecto fundamental del feminismo ha sido excluir a las mujeres de la naturaleza para incluirlas en la cultura, permitiéndolas que se conviertan en sujetos en vez de objetos de la historia. El impulso predominante del feminismo de la década de 1970 apuntó a un fuerte construccionismo social; la referencia al cuerpo fue dejada de lado como esencialista. Las biólogas feministas tenían dificultades a la hora de suscribir este planteamiento. Para aquellas más predispuestas a la teoría, la biología sexista y la sociedad patriarcal se sostenían recíprocamente, mientras que para aquellas con inclinaciones más empíricas, la biología sexista era el resultado de una ciencia mal concebida y sesgada. El asalto de los deterministas biológicos elevó los envites políticos, cuando biólogos feministas de todo tipo empezaron a enfrentarse a los mismos.

Una preocupación primordial de la sociobiología y de la psicología evolucionista ha sido la selección sexual darwiniana y por ende las diferencias físicas y psicológicas existentes entre mujeres y hombres. Cuando se publicó Sociobiología, la segunda ola del feminismo estaba en su ápice y la hostilidad ante cualquier tipo de reducción de las mujeres a su biología conocía su momento más intenso. Un colectivo constituido por 35 miembros, que incluía a la bióloga Ruth Hubbard, al genetista de las poblaciones Richard Lewontin y al paleontólogo Stephen Jay Gould, todos ellos colegas en Harvard de Wilson, publicaron el influyente texto Biology as a Social Weapon, en el que acusaban a éste último de un grueso determinismo genético que naturalizaba las jerarquías existentes de poder y control sobre los recursos entre clases y géneros, y estimulaba el racismo[29].

El psicólogo evolucionista Steven Pinker
traslada la teoría darwinista al comportamiento humano.

La psicología evolucionista pretende adscribir todas las características de género existentes en la sociedad contemporánea a la diferencia biológica, universalizando el comportamiento de la totalidad de las hembras/madres y de los varones/padres. Políticamente, intenta desbaratar los logros del feminismo de la década de 1970 optando por ignorar las teorías más matizadas de la actualidad, que reconocen la importancia del cuerpo. Como respuesta a ello, las biólogas feministas volvieron sus ojos a las preocupaciones de Antoinette Brown Blackwell, pero ahora totalmente pertrechadas[30]. Ruth Hubbard desafió la androcentricidad y el determinismo biológico de la teoría darwiniana, preguntándose: «¿Únicamente han evolucionado los hombres?»[31]. Primatólogas feministas como Jeanne Altmann, Nancy Tanner y Linda Marie Fedigan, aun reconociendo la importancia de los monos en la narrativa de la evolución, comenzaron a dar una respuesta a esta cuestión mediante su trabajo de campo. Fundamentalmente, Adrienne Zihlman destronó el mito del «hombre cazador» como suministrador de alimento, demostrando que la recolección, básicamente realizada por mujeres, proporcionó la mayor parte de la nutrición esencial durante la transición a la sociedad humana primigenia.

Las recolectoras-cazadoras reemplazaron al hombre cazador en la explicación de los orígenes humanos y así el género subordinado ocupó el centro de la escena. La importancia del estudio de los primates como campo de batalla de los orígenes humanos fue reconocida por la historiadora de la ciencia feminista Donna Haraway. Para ella, como para Marx, el análisis de la naturaleza de los científicos refleja y constituye la sociedad y la cultura. Haraway reconstruye la narrativa primatológica presente en los dioramas de los museos de historia natural, que celebran al hombre como cazador y restringen las actividades de las mujeres a cocinar y cuidar de los hijos, así como la narrativa imperial de la raza blanca naturalmente dominante[32].

Para la mayoría de las feministas, especializadas en las ciencias de la vida o en otro campo del conocimiento, la sociobiología feminista es un oxímoron, siendo su determinismo hostil al feminismo. Existe no obstante una contracorriente feminista dentro de la sociobiología que, aunque todavía explica las relaciones humanas como determinadas por la naturaleza, lee el orden natural de modo diferente. A diferencia de otras primatólogas feministas, Sarah Blaffer Hrdy es una sociobióloga declarada, pero igualmente comprometida con la reestructuración de la primatología. Los estudios de Hrdy de los langures y otros monos se centran en las hembras y sus prácticas de crianza, celebrando la función de éstas como fuerza motriz de la evolución humana. Hrdy hace hincapié en el carácter único del cuidado de niños por parte de los humanos: las madres chimpancés, bonobos y gorilas también deben cuidar de su prole durante largos periodos de tiempo, pero se muestran reticentes a compartir estas tareas con terceros. Por el contrario, las madres humanas permiten que terceros en quienes confían —se hallen unidos por vínculos de parentesco o no— cuiden a sus bebes y compartan el cuidado, la crianza y la educación de los niños[33]. Hrdy denomina a esto «crianza aloparental», pero aunque su concepto nos distingue de otros primates las ciencias sociales todavía tienen que documentar, en un contexto social específico dado, en qué grado esta actividad compartida es ayuda mutua y en qué grado la explotación de los trabajadores mal pagados son fundamentalmente mujeres.

Como Hrdy, la etóloga feminista Patricia Gowaty es sociobióloga. Lo que Darwin consideró como «avidez» masculina, y la masculinista psicología evolucionista salazmente rebautizó como «promiscuidad», Gowaty lo denomina «ardor», un término menos cargado, señalando que en muchas especies que ha estudiado tanto los machos como las hembras muestran esta característica[34]. De modo similar, si bien tanto Darwin como la psicología evolucionista invocan la «timidez» femenina en la selección de compañeros sexuales, las etólogas feministas sostienen a partir de sus observaciones de campo, que la timidez es un mito y que las hembras al igual que los machos toman la iniciativa. Pero si la reflexión se extrapola a los humanos, incluso estos avances importantes llevan aparejada la vulnerabilidad a la cooptación en una diferencia binaria sexual y de género preordenada. Conscientes de este peligro, las biólogas feministas han luchado para eliminar los conceptos extraídos del comportamiento humano, reemplazándolos por términos que describen más precisa y menos salazmente el comportamiento animal. Así, han cosechado éxito al eliminar el concepto «violación» de las revistas de comportamiento animal y reemplazarlo por el de «sexo forzado». Tal redenominación eliminó el lenguaje sexista institucionalizado de las revistas.

La obsesión de la psicología evolucionista y de la sociobiología con el sexo humano en ocasiones linda lo pornográfico. Tomemos como ejemplo la sugerencia de que las mujeres experimentarán más orgasmos cuando practiquen el sexo adúltero con un varón bien proporcionado que lleve un reloj Rolex. Que tales datos puedan ser recopilados y su consistencia verificada es difícil de creer. En esa misma línea se afirma que los hombres prefieren tener relaciones con mujeres más jóvenes que presenten ratios bajos de cintura-cadera (una señal de fertilidad, según determinadas opiniones), mientras que las mujeres optan por más viejos, ricos y poderosos, lo cual plantea dudas metodológicas similares. El antropólogo evolucionista Robin Dunbar cita un estudio de 1.000 anuncios de personas en busca de pareja procedentes de Estados Unidos, Holanda e India en apoyo de estas afirmaciones universales[35]. Las mujeres de Rubens y las figuras venusianas carentes de cintura de las culturas del Paleolítico se dejan al margen junto con las semejantes a Victoria Beckhan y Kate Moss, mientras que Orgullo y prejuicio de Jane Austen es citado como un manual elemental de psicología evolucionista en cuestiones de política sexual. El arte, la literatura y la música, respecto a los cuales no puede determinarse una función biológica inmediatamente obvia, se presentan como equivalentes humanos de la atracción sexual de la cola del pavo real. Parece que en Lascaux, Pech Merle y Altamira, los hombres del Pleistoceno (que eran varones se da por supuesto) entraban con sus antorchas hasta las profundidades de las cuevas, enfrentándose valerosamente a los osos que allí habitaban, para pintar bisontes y caballos sobre sus paredes para impresionar y atraer a las mujeres de este periodo geológico.

Tales afirmaciones dan por cierto que la única función biológicamente evolucionada del sexo es la procreación, ignorando la evidencia sustantiva, inicialmente recopilada por las etólogas feministas, de que la actividad sexual entre uno de los parientes más próximos de los humanos, los bonobos, puede divorciarse de la reproducción, teniendo lugar mediante todo tipo de pautas de comportamiento y de combinación de parejas como parte de la vida cotidiana del grupo[36]. La investigación de las ciencias sociales relativa a la diversidad de las prácticas sexuales humanas (espoleada por la crisis del VIH/SIDA) ha sostenido y profundizado este análisis, pero ni la psicología evolucionista ni la sociobiología, sean feministas o de otro tipo, están preparadas para reconocer las ciencias sociales, y mucho menos su contribución al conocimiento. El proyecto de la sociobiología, tan nítidamente establecido por Wilson, es hacer las ciencias sociales innecesarias.


Leyes de la naturaleza

Para los biólogos, la evolución es un hecho, sin embargo, desde los días de Darwin a la actualidad, el proceso, el tiempo y el ritmo del cambio evolutivo ha sido objeto de continuo debate. La selección natural de Darwin, incluso fortalecida por la selección sexual (y dejando de lado las críticas efectuadas previamente de reducir lo social a lo natural), no le permitió ofrecer un mecanismo para la preservación de las características favorecidas. Su teoría se desbarató y fue temporalmente reemplazada por la teoría de la mutación basada en Mendel y la nueva ciencia de la genética, lo cual dio lugar a la síntesis moderna o neodarwinistas en la década de 1930. Su ampliación con la «nueva síntesis» de la sociobiología y la selección parental en la década de 1970 parecía ofrecer un cierre profundamente afín al individualismo posesivo de la economía política neoliberal. El determinismo genocéntrico, el «mito del gen», triunfaba. Y sin embargo, incluso en el momento en que se establecían los fundamentos de la «nueva síntesis», el concepto mismo de gen sobre el que se basaba la teoría fue desafiado por mor del nacimiento de la genética molecular. El neodarwinismo, con su intento de expulsar al organismo para reducir incluso el entorno a un aspecto de un «fenotipo extendido» y, por consiguiente, en definitiva, a un epifenómeno del gen, comenzó a ser objeto de disputa. ¿Se trataba de una teoría zombi, muerta sin saberlo?

La paleoantropóloga Adrienne Zihlman rompió con
la idea del 'hombre cazador' como principal
sustento de las sociedades primitivas.

Una síntesis todavía más reciente emerge en la actualidad, cerrando un desajuste que ha durado un siglo entre genética y biología del desarrollo mediante la epigenética y la evo-devo. La explicación biológica genocéntrica, con su determinismo inherente, es desafiada por la crítica del adaptacionismo y el reconocimiento de que pueden existir niveles de selección distintos del gen individual. La concentración androcéntrica en la selección sexual y la función que ha desempeñado en la evolución humana ha sido desafiada y radicalmente modificada por el trabajo de las paleontólogas feministas. Lo que podría haberse contemplado como un fundamento sólido de la teoría biológica sobre la que otras disciplinas podrían inspirarse se demuestra inestable, incluso traicionero. La metáfora de la evolución despega de este zócalo inestable, impulsada por certidumbres que ya no son válidas.

Las ciencias naturales han asumido y les ha sido otorgada la autoridad cultural de hablarnos sobre el mundo natural, sobre quiénes somos y de dónde venimos. No es únicamente una visión particular de la selección natural la que se ha convertido en el ácido universal, sino la propia competencia explicativa de la ciencia misma. Aquellos que avanzan afirmaciones tan preñadas de consecuencias harían bien en recordar la observación de Darwin contenida en El viaje del Beagle: «Si la miseria de nuestros pobres fuera causada no por las leyes de la naturaleza, sino por nuestras instituciones, grande sería nuestro pecado»[37]. En el contexto de la actual crisis del capitalismo global, esta reflexión es tan crucial como cuando fue escrita.


Nº 63 - Julio/Agosto 2010


NOTAS:
[25] Por el contrario, Wallace, el coproponente de la selección natural, se opuso a la extensión del principio a la emergencia de los seres humanos.
[26] Marc Hauser, Moral Minds, Londres, 2006 [ed. cast.: La mente moral, Barcelona, Paidós, 2008].
[27] E.O. Wilson, On Human Nature, Cambridge (MA), 1979.
[28] Steven Pinker, How the Mind Works, Londres, 1998 [ed. cast.: Cómo funciona la mente. Barcelona, Destino. 2001].
[29] Ann Arbor Science for the People Editorial Collective, Biology as a Social Weapon, Minneapolis, 1977 [ed. cast.: La biología como arma social, Alhambra, Madrid, 1982].
[30] Véase, por ejemplo, la serie Genes and Gender, editada por Ethel Tobach, Betty Rosoff, Ruth Hubbard, Marion Lowe y Anne Hunter, Nueva York, 1978-1994.
[31] Cuestión incluida en Ruth Hubbard, Mary Sue Henifin y Barbara Fried (eds.), Women Look at Biology Looking at Women, Boston, 1979, pp. 7-36.
[32] Donna Haraway, Primate Visions, Londres, 1989. Haraway denomina a estas narrativas «cuentos», sean los de la primatología androcéntrica y racista dominante o los de la nueva primatología feminista. Bien recibida por los postestructuralistas y los posmodernos que negaban la posibilidad de la verdad, su análisis se topó con una recepción hostil no únicamente de los primatólogos masculinistas sino inicialmente también feministas. La postura epistemológica de Haraway es ambigua, por decirlo suavemente: tras haber dejado de lado los análisis arduamente elaborados de los primatólogos (incluidos los suyos) como «cuentos», ella observa que algunos cuentos son mejores que otros.
[33] Sarah Blaffer Hrdy, The Woman that Never Evolved, Cambridge (MA), 1981, y Mothers and Others, Cambridge (MA), 2009.
[34] Patricia Gowaty, «Sexual Natures», Signs XXVIII, 3 (2003), pp. 901-921.
[35] Robin Dunvar, How Many Friends Does One Person Need?, Londres, 2010.
[36] Frans de Waal, Our Inner Ape, Nueva York, 2005 [ed. cast.: El mono que llevamos dentro, Barcelona, 2007].
[37] C. Darwin, Voyage of the Beagle, Nueva York, 1909, p. 526.

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