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Noticias Amor y Rabia

Como apoyó EEUU al ISIS en Siria e Irak

Published on: domingo, 15 de noviembre de 2015 // , , ,

Por SEUMAS MILNE
(3 junio 2015)

La Guerra contra el Terror, esa campaña militar sin fin puesta en marcha por George Bush hace 14 años, se está enredando a sí misma en contorsiones cada vez más grotescas. El lunes pasado colapsó el juicio contra un sueco, Bherlin Gildo, acusado de terrorismo en Siria, después de que quedase claro que los servicios de inteligencia británicos habían estado armando a los mismos grupos rebeldes a los que le acusaban de apoyar.

La acusación abandonó el caso, aparentemente para evitar una situación embarazosa para los servicios de inteligencia. La defensa argumentó que seguir adelante con el juicio habría sido una «afrenta a la justicia» ya que hay pruebas suficientes de que el Estado británico está suministrando «un amplio apoyo» a la oposición armada siria.

Esto no incluye la «asistencia no letal» de la que alardea el gobierno (incluyendo protecciones corporales y vehículos militares), sino también entrenamiento, apoyo logístico y el suministro en secreto de «armas a una escala masiva». Se citaron informes según los cuales el MI6 (el servicio secreto británico) colaboró con la CIA en crear una ruta clandestina para suministrar armas de los arsenales libios a los rebeldes sirios en 2012 tras la caída del régimen de Gadafi.

Evidentemente, era demasiado absurdo encarcelar a alguien por hacer algo que los oficiales de seguridad y ministros estaban haciendo. Pero no es más que el último ejemplo de una larga lista de casos similares. Menos suerte tuvo el taxista Anis Sardar, que fue condenado a cadena perpetua quince días antes por formar parte en 2007 de la resistencia contra la invasión de Irak por tropas británicas y de EEUU. La oposición armada a una invasión y ocupación ilegales es algo que está claro que no es ni terrorismo ni asesinato en la mayoría de las legislaciones, incluida la Convención de Ginebra.

Pero el terrorismo hoy día depende totalmente del punto de vista del observador. Y en ningún otro lugar del mundo es más cierto que en Oriente Medio, donde los terroristas de hoy serán los luchadores contra la tiranía del mañana —y los aliados son enemigos— a menudo dependiendo del capricho desconcertante de una llamada telefónica de un dirigente occidental.

El pasado año, EEUU, los británicos y otras fuerzas occidentales han vuelto a Irak, supuestamente para destruir el grupo terrorista hipersectario Estado Islámico (anteriormente conocido como Al Qaeda en Irak). Esto ocurrió después de que el ISIS se hiciese con el control de enormes trozos del territorio de Siria e Irak y se autoproclamase como un autodenominado califato islámico.

La campaña no está saliendo bien. El pasado més, el ISIS invadió la ciudad iraquí de Ramadi, mientras que en el otro lado de la actualmente inexistente frontera sus fuerzas conquistaron la ciudad siria de Palmira, y la franquicia oficial de Al Qaeda, el Frente al-Nusra, también conseguía algunos avances en Siria.

Algunos iraquíes consideran que EEUU observó impasible mientras todo esto tenía lugar. Los americanos insisten que están intentando evitar víctimas civiles, y afirman haber logrado éxitos significativos. En privado, los oficiales de EEUU dicen no querer ser vistos arrasando los bastiones sunitas en una guerra sectaria y arriesgarse a contrariar a sus aliados sunitas en el Golfo Pérsico.

Un informe de la inteligencia estadounidense escrito en 2012 y recientemente desclasificado a expuesto cómo hemos llegado a esta situación, al predecir misteriosamente —y en la práctica dar la bienvenida— a la perspectiva de la creación de un «principado salafista» en el este de Siria y un estado islámico en Siria e Irak controlado por Al Qaeda. Contrastando fuertemente con las declaraciones occidentales de esa época, el documento de la DIA (Defense Intelligence Agency: la Agencia de Inteligencia Militar, el servicio de inteligencia del ejército de EEUU) identifica a Al Qaeda en Irak (que se convertiría en el ISIS) y sus compañeros de viaje salafistas de ser «las principales fuerzas que dirigen la insurgencia en Siria», y asegura que «os países occidentales, los estados del Golfo y Turquía» están apoyando los esfuerzos de la oposición de hacerse el control del este de Siria.

Planteando la «posibilidad de que se cree un principado salafista declarado o no», el informe del Pentágono continúa diciendo que «eso es exactamente lo que quieren las potencias que apoyan a la oposición, para poder aislar al régimen sirio, que se considera como la extensión estratégica de la expansión chiita (Irak e Irán)».

Las fuerzas de EEUU bombardean un grupo de rebeldes en Siria mientras apoyan a otro

Lo cual es exactamente lo que ocurrió dos años más tarde. El informe no es un documento estableciendo la política a seguir. El texto está fuertemente censurado y tiene ambigüedades en el lenguaje. Pero las implicaciones que tiene son suficientemente claras. Un año después del inicio de la rebelión siria, los EEUU y sus aliados no solo estaban apoyando y armando una oposición que sabían estaba dominada por grupos extremadamente sectarios; también estaban dispuestos a tolerar la creación de cierto tipo de «estado islámico» —a pesar del grave peligro que implica para la unidad de Irak— como un estado tapón para debilitar a Siria.

Esto naturalmente no quiere decir que los EEUU hayan creado el ISIS, aunque algunos de sus aliados del Golfo jugaron sin duda un papel en ello, como el vicepresidente de EEUU, Joe Biden, reconoció el pasado año. Y los EEUU sin duda han aprovechado la existencia del ISIS contra otras fuerzas de la región como parte de un intento general para mantener el control occidental de la región.

Estos cálculos cambiaron cuando el ISIS empezó a decapitar a occidentales y colgar en la red sus atrocidades, y los estados del Golfo están hoy día apoyando a otros grupos en la guerra Siria, como el Frente al-Nusra. Pero esta costumbre de EEUU y occidente de jugar con grupos yihadistas, que acaban mordiéndoles, tiene lugar al menos desde la guerra de la Unión Sovietica en Afganistán en los 80, que fomentó la Al Qaeda original tutelada por la CIA.

Fue reorganizada durante la ocupación de Irak, cuando las fuerzas de EEUU dirigidas por el general Petraeus organizaron una guerra sucia usando escuadrones de la muerte similares a los de El Salvador para debilitar a la resistencia iraquí. Y se volvió a retomar en 2011 en la guerra orquestada por la OTAN contra Libia, donde la pasada semana el ISIS se hizo con el control de Sirte, la ciudad natal de Gadafi.

En realidad, la política de EEUU y Occidente en el conflicto en que está sumido Oriente Medio hoy día es el modelo clásico de «divide y vencerá» imperial. En Siria las fuerzas de EEUU bombardean un grupo de rebeldes mientras apoyan a otro, y montan lo que son en la práctica operaciones militares conjuntas junto con Irán en Irak contra el ISIS mientras apoyan la campaña militar de Arabia Saudí en Yemen contras las fuerzas Huties apoyadas por Irán. Por muy confusa que pueda ser las políticas de EEUU, Siria e Irak debilitadas y divididas encajan perfectamente con sus planes.

Lo que está claro es que el ISIS y sus monstruosidades no serán derrotados por las mismas potencias que le llevaron al principio a Irak y Siria, o aquellas cuya guerra abierta o encubierta han fomentado su aparición desde entonces. Las intervenciones sin fin de Occidente en Oriente Medio tan solo han traído destrucción y división a Oriente Medio. Es la gente que vive allí quien puede curar las enfermedades que padece la región, y no quienes incubaron el virus.

PRISMA
Nº 3

Turquía, el ISIS y la lucha por el control de Oriente Medio

Published on: domingo, 1 de noviembre de 2015 // , ,

La interminable guerra de Siria, iniciada en 2011, es una fuente inagotable de teorías absurdas. El caleidoscopio de grupos políticos y religiosos, un pasado tan complejo como desconocido y la propaganda de los medios de comunicación dificultan la comprensión de dicho conflicto y facilitan creer la propaganda de los bandos enfrentados. Un ejemplo es el documento desclasificado de la DIA (el servicio de inteligencia del ejército de EEUU) que ha sido calificado como la prueba definitiva de que el Estado Islámico (ISIS) es una marioneta de Washington; en realidad, el análisis de dicho documento (que aquí traducimos) demuestra justo lo contrario, pero para ello es necesario conocer el contexto en que se escribió.

MITO Y REALIDAD DE LA 'PRIMAVERA ÁRABE'

El documento está escrito a mediados de 2012; este es un detalle importante para poder entender su contenido, pero para ello es necesario hacer un repaso cronológico del desarrollo del conflicto sirio y la (mal)llamada «primavera árabe», cuyo carácter escalonado muestra una planificación que buscaba concentrar las fuerzas cada vez en un objetivo para no tener que luchar en varios frentes al mismo tiempo: Finales de 2010: Inglaterra y Francia camuflan un despliegue militar frente a la costa libia como unas «maniobras militares», mientras se introducen armas en Libia a través del puerto de Misurata.

17-12-2010/14-01-2011: En Túnez un «golpe blando» (revolución de colores) lleva al poder a la Hermandad Musulmana y aísla al régimen de Gadafi en su frontera occidental, abriendo el camino a Trípoli y a los suministros de armas a islamistas y a los bereberes libios.

25-01-2011/11-02-2011: Tras derribar al régimen tunecino se inicia una «revolución de colores» contra el régimen egipcio de Mubarak por manifestantes entrenados por EEUU. El carácter artificial de las protestas se pone de manifiesto en que para camuflar su reducido número se concentraron en una simple plaza en El Cairo, modelo repetido en el «Golpe del Maidán» en Ucrania. La negativa de Mubarak a dimitir obligó al ejército egipcio (importante receptor de ayuda de EEUU tras Israel) a dar un golpe de Estado. La Hermandad Musulmana llegó entonces al poder y abrió la puerta al envío sin obstáculos de armas y militantes islamistas a la Cirenaica, en el este de Libia.

15-02-2011/20-08-2011: Tras una campaña de mentiras de la prensa occidental contra el régimen de Gadafi apoyada por las ONGs occidentales, la OTAN pone en marcha una campaña de bombardeos en apoyo de islamistas que lograron hacerse con el control de Bengasi y Misurata, segunda y tercera ciudades de Libia. El fracaso islamista en tomar Trípoli y las inesperadas victorias de Gadafi en el frente occidental prolongaron de forma inesperada el conflicto, forzando a la OTAN a un esfuerzo militar superior al esperado y retrasando el ataque contra Siria e incluso a intentos de negociación con Gadafi.

18-08-2011/21-08-2013: EEUU y la UE exigen a Assad que abandone el poder (18 agosto) mientras tiene lugar la etapa final de una ofensiva conjunta de comandos de la OTAN, nacionalistas bereberes y fundamentalistas islámicos que llevará a la toma de Trípoli (20 agosto); el linchamiento de Gadafi y la desintegración del Estado libio permitió a Occidente concentrar sus fuerzas para intentar destruir el régimen sirio mediante los grupos armados islamistas del FSA (creado en julio) y representados políticamente por el Consejo Nacional Sirio (creado en agosto) dirigido por los Hermanos Musulmanes. El veto ruso-chino en la ONU hace imposible una «intervención humanitaria» occidental en Siria similar a la de Libia, y el apoyo decidido de Rusia al régimen de Assad y su despliegue militar en el Mediterráneo, Golfo Pérsico y Cuerno de África hace imposible repetir el escenario de Kosovo, lo que provoca el empantanamiento de la situación.

LA RUPTURA DE TURQUÍA CON EEUU

Es en este contexto cuando la DIA redacta el documento desclasificado, fechado el 30 de julio de 2012 (meses después de iniciarse el conflicto), en el que afirma 1) que la «oposición» son grupos islamistas radicales, 2) que sólo pueden derrotar a Assad creando un estado propio (un «principado salafista») en el este de Siria, protegido por una «zona de exclusión aérea» (es decir, la protección de la aviación occidental) y 3) se plantea la posibilidad de que el ISI (precursor del ISIS) se unifique con otros grupos islamistas para crear su propio estado (como finalmente ha ocurrido).

El documento de la DIA se escribió mientras la maquinaria propagandística occidental usaba cínicamente las masacres de los rebeldes para pedir una «intervención humanitaria» en Siria (como denunciamos en esa época en el CNT); por ello, confirma la sincronización entre las maquinarias militar y propagandística de Occidente. Lo que el documento no dice en ningún lado es que el ISIS fuese creado por Occidente, como algunos afirman. Para entender quién está detrás de su conversión en uno de los principales actores del conflicto sirio es necesario —nuevamente— mirar el contexto en el que de manera repentina el ISIS hace su aparición como un factor clave del conflicto sirio, a principios de 2013.

Por aquel entonces, la situación militar se había empantanado y Occidente había desistido de iniciar una campaña de bombardeos debido al apoyo ruso-chino-iraní y las amenazas rusas de suministrar misiles antiaéreos al régimen de Assad que, además de haber infligido cuantiosas pérdidas a los atacantes, habrían roto el equilibrio militar en la región en perjuicio de Israel. Es entonces cuando aparecieron las primeras grietas en el seno de la coalición dirigida por EEUU, especialmente entre Obama y Erdogan; Turquía se había jugado mucho al apoyar el rediseño de Oriente Medio que impulsaban Obama y Hillary Clinton, y no se había beneficiado lo más mínimo (lo que hemos analizado en detalle en otro artículo); y mientras Washington podía cambiar sus alianzas en la región, el gobierno turco de Erdogan se había convertido en un apestado, enfrentado con todos sus vecinos.

La imposibilidad de derribar al gobierno sirio hizo ineludible una negociación con Assad y sus aliados, lo que puso de manifiesto los diferentes intereses de Turquía y EEUU. Obama buscaba un acuerdo que afectase lo menos posible sus intereses en Oriente Medio, mientras que Erdogan prefería una escalada en la situación; en este contexto tuvo lugar el 11 de mayo un atentado de falsa bandera en la ciudad turca de Reyhanli, poco antes de una reunión entre Obama y Erdogan; el gobierno turco acusó a Siria de la masacre, y presionó a EEUU para que interviniese en Siria, pero la política de hechos consumados de Erdogan fracasó, ya que Obama se negó a atacar a Siria.

Es entonces cuando se acaba la «paz social» de que había disfrutado el gobierno de Erdogan. El 28 de mayo se puso en marcha de manera apresurada una «revolución de colores» contra Erdogan, mediante la organización de protestas sociales por todo el país con la excusa de la eliminación del Parque Gezi en Estambul; y el uso masivo de twitter para movilizar a la gente, que se organizaron en torno a la ocupación de la céntrica Plaza de Taksim (siguiendo el modelo de Egipto y Ucrania) participó todo el arco político, incluidos anarquistas y fascistas; dichas protestas fracasaron ante el uso decidido del aparato represivo estatal por Erdogan, mientras denunciaba un complot occidental para sacarle del poder. Poco después, Turquía se planteó oficialmente comprar un sistema de defensa aéreo fabricado en China, que hacía imposible integrarle en los sistemas de la OTAN, algo que no quería hacer el gobierno.

A continuación se inició un enfrentamiento entre Erdogan y Fethullah Gülem, antiguo miembro de las redes anticomunistas de la OTAN en la Guerra Fría y colaborador de la CIA en el Asia Central ex-sovietica, líder del movimiento Hizmet, organización islamista similar al Opus Dei particularmente fuerte entre los estamentos policial y judicial de Turquía; los medios de comunicación cercanos a Gülem (incluido Zaman, el periódico turco de mayor tirada) iniciaron la publicación de documentos destapando la corrupción en las altas esferas del gobierno de Erdogan (incluida su familia) y filtrando documentos que mostraban que el servicio secreto turco (MIT) estaba relacionado con el atentado de Reyhanli, que fue llevado a cabo por el aún minúsculo Estado Islámico. Erdogan reaccionó al desafío de Gülem deteniendo periodistas y con una oleada de expulsiones en masa de mandos del aparato policial y judicial miembros del movimiento Hizmet que continúa hoy día, como demuestra la reciente huida a Siria del juez del caso Ergemekon, que desactivó al ejército y llevó a Erdogan al poder.

Erdogan se negó a aceptar la derrota en Siria, y el 21 de agosto de 2013 tuvo lugar un ataque con armas químicas en las afueras de Damasco organizado por la «oposición» islamista siria y el servicio secreto turco. El resultado fue lo contrario de lo que pretendía Erdogan, ya que puso de manifiesto la debilidad en el seno de la coalición antisiria occidental: por primera vez desde 1782 el Parlamento inglés se negó a apoyar una guerra del gobierno, y no había mayoría en el congreso de EEUU en apoyo a un ataque contra Siria. Rusia ofreció entonces a EEUU la destrucción del arsenal químico sirio a cambio de un acuerdo no escrito que excluía cualquier intervención directa en Siria, convirtiendo a Siria en una versión a gran escala del Líbano fragmentado de los 80; Obama aceptó, pero esta solución era inaceptable para Turquía, que veía evaporarse sus planes de ser un «hub» [centro, eje] energético. Es entonces cuando entra en escena el ISIS.

EL ISIS O LA INVASIÓN TURCA DE SIRIA

De manera paralela a la «reactivación» del Estado Islámico, Tenían lugar las negociaciones entre EEUU y Rusia sobre Siria. Cuando Obama hizo público el abandono de los planes de atacar Siria (septiembre de 2013) se inició el ascenso del Estado Islámico (ISIS) como un actor importante en el conflicto sirio; la primera aparición pública del ISIS tuvo lugar en abril de 2013, poco antes del atentado de Reyhanli (que al parecer fue obra suya) y de manera paralela a las crecientes tensiones entre EEUU y Turquía. Al-Baghdadi, líder del entonces minúsculo Estado Islámico, inició una lucha por hacerse con el control del Frente al-Nusra, grupo islamista que forma parte de Al-Qaeda; la jefatura de dicha nebulosa organización intervino mediante un comunicado a Al-Yazira en junio expulsando al Estado Islámico de la organización, tras lo cual el Estado Islámico puso en marcha una campaña de absorción y ataques contra otros grupos «rebeldes» sirios para extenderse territorialmente.

La principal diferencia del Estado Islámico frente a los demás grupos islamistas es su organización profesional similar a la de un servicio secreto, y que en las zonas bajo su control ha puesto en marcha un aparato administrativo propio. Mientras los grupos apoyados por occidente son meras bandas de mercenarios en busca de botín que arrasan los territorios por donde pasan, el ISIS en cambio lleva a cabo tareas típicas de un estado, desde la educación (oposiciones para profesores incluidas) al asfaltado de las calles, para asegurarse el control de los territorios que gobierna. Desde finales de 2014 se inició desde Turquía un goteo creciente de islamistas que pasaban a engrosar las filas del ISIS, que en diciembre de 2014 extendió sus actividades a la provincia Al-Ambar de Irak. A partir de 2014 se puede hablar de una verdadera invasión, ya que el ISIS pasó a tener decenas de miles de combatientes y ser capaz de ocupar gran parte del este de Siria y el norte de Irak, dando lugar a una nueva fase del conflicto sirio.

La aparición del ISIS fue paralela a la desactivación de la Hermandad Musulmana, que había sido hasta entonces el principal aliado de Occidente en la región: el día 24 de junio abdicó «voluntariamente» el emir de Qatar, principal apoyo de la Hermandad Musulmana junto a Turquía, y un golpe militar en Egipto el 3 de julio derrocó al gobierno de la Hermandad Musulmana, llevando al poder al general Al-Sissi, que abandona el frente anti-Assad y se acerca a Rusia. Mientras Arabia Saudí apoyó con generosos créditos de miles de millones a Egipto y declaró la guerra a la Hermandad Musulmana, la reacción de Erdogan a estos acontecimientos fue cortar las relaciones diplomáticas con Egipto y ofrecer refugio a la Hermandad Musulmana frente a la persecución egipcia.

Además de perder el poder en Egipto y ser incapaz de derrocar al régimen sirio, la Hermandad fue incapaz de hacerse con el control de una Libia rica pero hundida en el caos, y la normalización de la situación en Túnez, el país de tendencias más laicas de todo Oriente Medio, acabó con su control del gobierno. De esta forma, en 2014 la Hermandad había perdido la influencia que había ganado galopando la ola de la «primavera árabe».

El fracaso de la Hermandad en hacerse con el control de Oriente Medio fue seguido por el castigo a quienes la habían apoyado. Tras forzar el derrocamiento del emir de Qatar, Arabia Saudí exigió que el nuevo emir se comprometiese a dejar de apoyar a la Hermandad y dejar de atacar al régimen egipcio a través de Al-Yazira. La continuación por Qatar de su apoyo a la Hermandad dio lugar a inicios de 2014 a una tensión creciente en las relaciones diplomáticas de Qatar con sus vecinos, que desembocó el 5 de marzo en la retirada de los embajadores de Arabia Saudí, los EAU y Bahréin. Riad amenazó entonces a Doha con cerrar la frontera terrestre y prohibir el uso de su espacio aéreo a Qatar, dejándola a merced de Irán e Irak, los principales enemigos de la Hermandad. Esta situación insostenible llevó a Qatar a cortar sus lazos con la Hermandad y expulsar a sus representantes el 16 de septiembre, que buscaron refugio en Turquía; de esta forma, Erdogan perdió a su último aliado en la región, y la pérdida del gas qatarí y egipcio convertía en una quimera sus proyectos energéticos. Y la relación con EEUU pasaba su peor momento, ya que Erdogan admitía no hablar con Obama.


A WASHINGTON SE LE CRECEN LOS ENANOS

En junio de 2014, el ISIS inició la ocupación del norte de Siria e Irak, (con ayuda de Turquía y sus aliados kurdos iraquíes) tomando la ciudad de Mosul y proclamando el califato. Desde un punto de vista puramente técnico, la reactivación del Estado Islámico por Turquía para ocupar el este de Siria y crear una zona bajo control rebelde seguía al pie de la letra el análisis del documento de la DIA, salvo en lo relativo a la creación de una zona de exclusión aérea, al menos más allá de la zona cercana a la frontera, donde Turquía, que había derribado un caza sirio meses antes en la zona fronteriza, anunció que planeaba crear una «zona neutral". Pero desde un punto de vista político la situación había cambiado por completo desde el verano de 2012: el gobierno de Assad había sido capaz de sobrevivir a las bandas de mercenarios islamistas de occidente (como preveía la DIA), y el acuerdo entre Putin y Obama consistía básicamente en que occidente no intervendría directamente en Siria a cambio de que Rusia no rompiese el equilibrio estratégico de la región suministrando a Siria armas que pudiesen amenazar la seguridad de Israel.

Para EEUU, más importante aún que proteger a Israel es su política de contención de Irán, que es el eje de su política en Oriente Medio desde comienzos del siglo XXI. El objetivo de EEUU en Siria era eliminar al único gobierno aliado de Irán en Oriente Medio; en lugar de ello, Irán demostró ser un aliado fiable, apoyando con todos los medios posibles al régimen de Asad, incluyendo la intervención de Hezbolá, que logró recuperar para Damasco el control de la ciudad de Al-Qusair y parte de la frontera siriolibanesa. El empleo por Turquía de los grupos islamistas empleados por EEUU para provocar una guerra civil en Irak durante la ocupación aumentó la influencia de Irán en la región, al estrechar los lazos entre Irán e Irak para combatir a los aliados kurdos de Turquía y los fundamentalistas sunitas del ISIS.

Por si todo esto no fuera suficiente, mientras el ISIS extendía sus actividades a Irak, EEUU estaba ocupado poniendo en marcha el golpe del Maidán, lo que dio a Erdogan una ventaja estratégica de varios meses antes de que Washington pudiese reaccionar. Tras el verano, cuando la situación en Ucrania se había «estabilizado» tras el golpe en Kiev, la anexión rusa de Crimea, y la derrota ucraniana en el Donbass, Putin y Erdogan anunciaron la construcción del megagaseoducto Turkish Stream, que habría de sustituir al proyecto ruso South Stream. Tras reunirse con Erdogan por primera vez tras 16 meses, Obama decidió entonces poner en marcha una respuesta a las actividades de Erdogan para impedir que diesen lugar a un nuevo equilibrio en Oriente Medio contrario a los intereses de EEUU.

GRUPOS FANTASMAS Y REACTIVACIÓN DEL PKK

La estrategia de Obama se basó en tres pilares: por un lado, llevó a cabo una serie de ataques en el noroeste de Siria contra el «Grupo Jurasán», milicia islamista hasta entonces desconocida para los expertos que forma parte del Frente al-Nusra, el grupo más eficaz de la oposición anti-Assad y que tiene parte de Alepo bajo su control. Debido a que no hay más candidatos en la zona y el Frente al-Nusra además de formar parte de Al-Qaeda depende de Turquía, el objetivo del ataque contra el «Grupo Jurasán», cuya existencia misma es dudosa, es provocar la ruptura de Al-Nusra para poder «reciclar» a parte de sus militantes; de esta forma EEUU lograría tener aliados sobre el terreno.

El segundo pilar fue poner en marcha una campaña de bombardeos contra el ISIS (y Al Nusra en el norte), que no ha parado desde entonces. Con ello EEUU no pretende aplastar al ISIS, algo imposible con tan solo bombardeos sino destruir las infraestructuras para dificultar su financiación y con ella la explotación neocolonial turca del territorio del ISIS. Debido a que el ISIS utiliza las infraestructuras energéticas del Kurdistán iraquí para exportar a Turquía el petróleo que extrae en las zonas bajo su control y como EEUU no quiere bombardear a los kurdos, los bombardeos contra la infraestructura petrolera bajo control del ISIS sólo pueden tener un éxito relativo. Pero combinados con la puesta en marcha de una campaña de atentados del PKK contra las infraestructuras energéticas en territorio turco y el hundimiento de los precios del petróleo, ha tenido como consecuencia afectar gravísimamente a la economía del Kurdistán iraquí, único aliado turco en la región e importante socio comercial del ISIS.

El tercer pilar es aislar al ISIS de Turquía, su patrocinador, fuente de suministros y logística y, lo que es más importante, su principal cliente, ya que Erdogan ha utilizado al ISIS como un mecanismo neocolonial para poder saquear Siria y comprar sus recursos a precio de saldo. Para ello se estableció una alianza entre los kurdos del PYD (brazo sirio del PKK) y los escuadrones de la muerte del FSA, que pasó a cumplir el papel de tropas al servicio de EEUU, evitando así un despliegue militar estadounidense; la alianza PKK/FSA pasó a estar apoyada por EEUU mediante una campaña de bombardeos a gran escala que lograron impedir que el ISIS se hiciera con el control de la frontera con Turquía (llegados a este punto, es interesante señalar que EEUU no aprovechó para atacar al ejército sirio, respetando lo acordado con Rusia).

La ciudad de Kobane, un importante paso fronterizo con Turquía, fue el lugar elegido para hacer frente al ISIS. Los bombardeos de EEUU la redujeron a un montón de escombros, y lograron debilitar al ISIS facilitando su derrota a manos de la alianza PKK/FSA, en una batalla que se inicia en octubre de 2014 y se prolonga hasta enero de 2015. A continuación, las fuerzas combinadas del PYD/PKK y el FSA iniciaron una ofensiva, y en pocos meses se hicieron con el control de la mayoría de la frontera con Turquía, amenazando con cortar la línea de suministros del ISIS; de manera paralela, los buenos resultados del HDP, partido cercano al PKK, quitaron al partido de Erdogan la mayoría absoluta, imposibilitando el plan de transformar a Turquía en una república presidencialista. Todos estos fracasos han forzado a Erdogan a negociar con Obama, que a cambio comprará misiles a China.

A cambio de permitir que EEUU use sus bases militares en Turquía contra el ISIS, Washington se ha opuesto a que el PYD/PKK atraviese el Éufrates y ha eliminado el apoyo aéreo a los kurdos, paralizando su expansión territorial. Tras el acuerdo con EEUU, Turquía puso en marcha una campaña de bombardeos contra las bases del PKK en el norte de Irak y Siria, y Erdogan anunció la creación de una zona de exclusión aérea en el territorio de la frontera turco-siria en manos del ISIS, para evitar que pueda caer en manos del FSA/PKK. Al mismo tiempo Turquía paralizó las negociaciones con Rusia sobre el gaseoducto Turkish Stream, un gesto meramente simbólico debido tanto a que la UE quiere que Grecia participe, como a la puesta en marcha de una escalada de la tensión étnica en Macedonia por parte de EEUU que amenaza con relanzar el conflicto de hace una década, lo que imposibilita extender South Stream por los Balcanes.


FIN DEL EMBARGO IRANÍ Y GUERRA EN TURQUÍA

Tras cuatro años sembrando el caos en Oriente Medio, Erdogan sólo ha logrado aislar a Turquía, convertir el país en un peligroso nido de terroristas, reactivar el conflicto con los kurdos, poner en marcha un estado policial, volver al terrorismo de estado y atentados de falsa bandera de los 80, perseguir a la disidencia llevando a cabo purgas contra la oposición, y crear una descomunal burbuja inmobiliaria a costa de endeudar a la población. Como consecuencia, Turquía se encuentra en una situación mucho peor que cuando Erdogan llegó al poder; un paso en falso o una nueva ronda de crisis económica y podría convertirse en un estado fallido similar a México.

La fragilidad turca aumenta por al cambio de la política de EEUU. Incapaz de derrotar a Irán, Obama negocia con Teherán no sólo para proteger el petrodólar, como ha dicho Kerry: el fin del embargo convertirá a Irán en el principal suministrador energético de la India, dando lugar a la creación de un bloque indo-iraní que sería el aliado ideal de EEUU para frenar a Rusia y China en el seno de Eurasia. Un Irán libre del embargo dificulta los planes de Erdogan de convertir a Turquía en un «hub» energético: Azerbaiyán, principal socio energético turco, se está acercando a Irán, y lo mismo sin duda ocurrirá con Turkmenistán. Sin aliados, fracasado en todos los frentes e incapaz de aceptar su derrota, Erdoga —y con él Turquía— se acerca lentamente al borde del abismo... ¿dará la vuelta antes de que sea tarde?


Los ateos invisibles

Published on: lunes, 27 de julio de 2015 // , ,
LA DIFUSIÓN DEL ATEÍSMO EN EL MUNDO ÁRABE

Por AHMED BENCHEMSI
New Republic
(23 abril 2015)

El pasado diciembre, Dar Al-Ifta, una institución venerable con sede en El Cairo encargada de emitir edictos islámicos, citó una oscura encuesta según la cual el número exacto de ateos egipcios es 866. La encuesta proporciona recuentos igualmente precisos de los ateos en otros países árabes: 325 en Marruecos, 320 en Túnez, 242 en Irak, 178 en Arabia Saudí, 170 en Jordania, 70 en Sudán, 56 en Siria, 34 en Libia, y 32 en el Yemen. En total, exactamente 2.293 de una población de 300 millones.

Muchos comentaristas ridiculizaron estos números. The Guardian preguntó a Rabab Kamal, una activista laica egipcia, si cree que la cifra de 866 era exacta. «Tan sólo en la Universidad Al-Azhar hay más ateos», respondió con sarcasmo, en referencia a la institución académica con sede en El Cairo, que ha sido un centro de aprendizaje islámico sunita durante casi 1.000 años. Brian Whitaker, un veterano corresponsal en Oriente Medio y autor del libro Arabs Without God, escribió: «Una posible pista es que la cifra de ateos de Jordania (170) corresponde aproximadamente a la de personas que pertenecen a un grupo ateo jordano en Facebook. Así que es posible que los investigadores estaban simplemente tratando de identificar a los ateos de varios países que están activos en las redes sociales».

Incluso siguiendo esa norma, las cifras de Dar Al-Ifta son bastante bajos. Cuando hace poco busqué en Facebook en árabe y en inglés, la palabra «ateo» combinada con nombres de diferentes países árabes dio como resultado más de 250 páginas o grupos, con un número de miembros que van desde unos pocos individuos a más de 11.000. Y estas cifras sólo se refieren a los ateos árabes (o árabes preocupados por el tema del ateísmo) que son lo suficiente comprometidos como para dejar una huella en la red. «Mi teoría es que cada familia egipcia tiene un ateo, o al menos alguien con ideas críticas sobre el Islam», le dijo recientemente Momen, un compatriota ateo, al historiador egipcio Hamed Abdel-Samad. «Lo que pasa es que tienen demasiado miedo como para decir nada a nadie».

Mientras que los estados árabes minimizan el número de ateos entre sus ciudadanos, Occidente es culpable de ser incapaz siquiera de imaginarse a un ateo árabe. En los medios de comunicación occidentales, la cuestión no es si los árabes son religiosos, sino más bien en qué medida su (supuesta) religiosidad puede dañar a Occidente. En Europa, el debate se centra en la inmigración (¿son «inmigrantes musulmanes» adversos a las libertades seculares?), Mientras que en los EEUU, el tema central es el terrorismo (¿son «musulmanes» que simpatizan con él?). En cuanto al debate político, los derechistas sospechan que los «musulmanes» son hostiles a las libertades individuales y simpatizantes de la Yihad, mientras que los izquierdistas tratan de disculpar a los «musulmanes» poniendo de relieve su «pacífica» y «moderada» religiosidad. Pero ninguno cuestiona las creencias de la población árabe. Ambas partes basan su argumento en la premisa de que cuando se trata de pueblos árabes, la religiosidad es un hecho, casi una imposición étnica incuestionable incrustada en su ADN.


(Izda.): «Bajo la Sharia a un ladrón hay que cortarle la mano, convirtiéndole en una carga para la sociedad; en cambio, un criminal noruego es rehabilitado para poder convertirse en un buen ciudadano.» (Dcha.): «Casarse con cuatro (mujeres) y con niñas y tener esclavas sexuales es valido moralmente. Pero una relación sentimental consentida es algo inmoral y contrario al Islam.»

La Primavera árabe puede haberse estancado, o incluso estar en retirada, pero cuando se trata de creencias y actitudes religiosas, una dinámica generacional está en marcha. Un gran número de personas se están alejando de la religiosidad que los occidentales asocian con el mundo árabe. En 2012, una amplia encuesta de WIN/Gallup Internacional encontró que el 5% de los ciudadanos saudíes —más de un millón de personas— se califican a sí mismos de «ateos convencidos», el mismo porcentaje que en los Estados Unidos. 19% de los saudíes, casi seis millones de personas, consideran que «no son personas religiosas» (en Italia, la cifra es de 15%). Estas cifras son aún más sorprendentes teniendo en cuenta que muchos países árabes, entre ellos Arabia Saudí, los Emiratos Árabes Unidos, Sudán y Yemen, practican el uso de la sharia, que castiga con la muerte la apostasía.

La pena de muerte, sin embargo, casi nunca se lleva a cabo; los ateos condenados pasan períodos de duración variable en la cárcel antes de que se les conceda la oportunidad de retractarse. Los países árabes que no tienen leyes contra la apostasía tienen otros medios de disuadir la difusión de la incredulidad hacia la religión. En Marruecos y Argelia esperan penas de prisión a los condenados por usar «medios de seducción» para convertir a un musulmán. Egipto por su parte emplea una interpretación amplia de las leyes contra la blasfemia para condenar a ateos que se manifiesten abiertamente como tal a la cárcel. En Jordania y Omán, abandonar públicamente el Islam le expone a uno a una especie de muerte civil, debido a un conjunto de medidas legales, incluyendo la anulación de los matrimonios y el despojo del derecho a la herencia.

Los castigos sancionados oficialmente pueden ser graves. Este mes de enero, un estudiante egipcio de 21 años de edad llamado Karim al-Banna fue condenado a una pena de cárcel de tres años por «insultar al Islam», por haber declarado que es ateo en Facebook. Su propio padre testificó contra él. En febrero de 2012, el escritor saudí Hamza Kashgari fue encarcelado durante casi dos años sin juicio debido a tres tuits sobre el profeta Mahoma; el más polémico fue: «No voy a ceder ante ti. No voy a besar su mano. Más bien, la voy a dar un apretón de manos como se hace entre iguales». Al mes siguiente, un tribunal tunecino condenó a los blogueros Ghazi Beji y Jabeur Mejri a siete años por «transgredir la moral, difamación y alteración del orden público», después de que publicaran comentarios satíricos y caricaturas del profeta Muhammad. El año pasado, Raif Badawi, el fundador de Free Saudi Liberals, un blog de discusión sobre la religión, fue condenado a diez años de prisión y 1.000 latigazos. Y en diciembre pasado, el columnista de Mauritania Mohamed Ould Cheikh Mkhaitir fue condenado a muerte por escribir una crítica del sistema de castas de su país, que basa su funcionamiento en decisiones tomadas por el profeta Mahoma en el siglo VII. La sentencia está pendiente de apelación.

A pesar de estas medidas draconianas, el porcentaje de personas que expresan un cierto grado de duda religiosa es más alta en el mundo árabe (22%) que en el sur de Asia (17%) y América Latina (16%). Y el 22% tan sólo es un promedio; el porcentaje sube más en algunos países árabes, del 24% en Túnez hasta el 37% en el Líbano. Teniendo en cuenta hasta que punto el entorno social y político árabe impide la expresión del no creer, el número de escépticos y ateos probablemente sería significativamente mayor si las personas se sintieran más libres para decir lo que piensan. En enero, el activista ateo egipcio Ahmed Harqan dijo a Ahram Online: «Si el Estado conservase y protegiese los derechos de las minorías, los números de los que dicen que son ateos se multiplicarían por diez».

En la primavera de 2011, el mundo árabe estaba experimentando una convulsión revolucionaria en toda la región. En Túnez, Egipto, y en otros lugares del Oriente Próximo y África del Norte, miles de jóvenes se apoderaron de las plazas públicas, exigiendo nuevas libertades. Al mismo tiempo, Waleed al-Husseini estaba en una celda de la cárcel en Calquelia en Cisjordania palestina. Con 22 años de edad, había sido arrestado unos meses antes en un cibercafé por agentes de inteligencia palestinos. Al-Husseini fue al café porque había decidido no blogear desde su casa debido a las amenazas que había recibido en su blog «Noor Al-Aqel» («La Luz de la Mente»).

Como informó The New York Times, Al-Husseini había «enfureció al mundo cibernético musulmán al promover el ateísmo, escribir parodias de versos del Corán, burlándose del estilo de vida del Profeta Mahoma y escribiendo en un chat en la red usando el nombre sarcástico de Dios Todopoderoso». Me dijo que fue llevado ante un tribunal militar porque su ateísmo en la red se consideró una «amenaza para la seguridad nacional». Al-Husseini fue encerrado durante diez meses, durante los cuales fue maltratado físicamente e interrogado sin parar. De los cientos de preguntas que le hicieron, una se le quedó grabada: «¿Quién financia tu ateísmo?». «Para expresar mis pensamientos en un blog, obviamente, no hace falta ninguna financiación», me dijo Al-Husseini, «pero la pregunta era un indicio de su total incapacidad para entender que renunciar al Islam fue mi elección personal, tal como podría ser para cualquier otra persona. En su mente, tenía que haber una conspiración extranjera detrás de esto, dirigida preferentemente por Israel. Esa era la única forma en que mi ateísmo podría tener sentido para ellos».


Al-Husseini fue finalmente liberado y huyó a Jordania, donde buscó refugio en la Embajada de Francia. Hoy vive en París y ha publicado un libro de memorias, Blasphémateur ! Les prisons d'Allah («¡Blasfemo! Las prisiones de Alá»). Después de la masacre de Charlie Hebdo, escribió un artículo de opinión en el diario francés Libération defendiendo la libertad de expresión de los caricaturistas muertos. El titular que puso el editor fue: «Yo, un musulmán, estoy comprometido con el laicismo». Al-Husseini, que para entonces ya había publicado sus memorias como un ateo y un blasfemo, comentó en un tono jocoso: «Probablemente pensaron que poner "musulmán" y "laicismo" juntos en la misma frase era lo suficientemente extraño para despertar el interés».

Durante una aparición en 2014 en el programa de la HBO «Real Time with Bill Maher», el autor estadounidense Sam Harris, uno de los pilares del movimiento del Nuevo Ateísmo, cayó en la misma trampa fundamental cuando se refirió a «los musulmanes que son musulmanes nominales pero no se toman la fe en serio». Uno sólo puede maravillarse ante la complejidad tipo oxímoron de esa frase. Si estas personas no se toman el Islam en serio, ¿por qué entonces los llaman musulmanes, «nominales» o no?

Juicios por motivos religiosos como el de Al-Husseini son siempre un asunto serio, con un acusado que es visto no sólo como un enemigo de Dios, sino también del Estado. Todos los gobiernos árabes utilizan la religión, en diversos grados, como una fuente de legitimidad. Expresar incredulidad religiosa representa, para ellos, una amenaza existencial. En 2014, Arabia Saudí fue tan lejos como para declarar que el ateísmo y el cuestionamiento de la fe islámica son actos terroristas. Hay una lógica comprensible detrás de esta decisión. «Arabia Saudí depende en gran medida de las creencias religiosas, ya que las leyes básicas del régimen se basan en el Islam wahabita», me dijo Whitaker, autor del libro Arabs Without God. «Si es usted un ateo en Arabia Saudí, es usted también un revolucionario. Si se permite que el ateísmo florezca, el régimen no será capaz de sobrevivir».

No son sólo las autoridades las que consideran que la falta de fe es un problema. Las sociedades árabes en su conjunto no están preparadas para aceptar ateos declarados en su seno. El primer motivo por el que los ateos árabes guardan silencio es para no molestar a sus familiares. Rodeados de referencias religiosas omnipresentes, decir que no se cree en Dios no se ve como una expresión de la singularidad individual. Más bien se considera un desafío para la sociedad en su conjunto. En el mundo árabe la religiosidad no es tan sólo lo corriente; es la norma, a la que se supone que uno ha de adherirse sin dudarlo, o de lo contrario uno será considerado un «desviado», que es la traducción literal de mulhid, el término árabe más utilizado para los ateos. Y puesto que la religión es vista como la cuna de la moral, la gente sin Dios se supone que carecen de reglas morales. Whitaker cita a Mohammed al-Khadra, un jordano ateo y activista de la sociedad civil, que dijo: «La idea más extendida es que si alguien es... ateo, entonces debe de vivir como un animal. Así es como nos ven. Me han preguntado muchas veces por qué no me acuesto con mi madre». Es aún más problemático cuando el no creyente es femenino. «La asociación popular de ateísmo con la inmoralidad es un obstáculo especial para las mujeres que tienen dudas religiosas, ya que en la sociedad árabe se espera que sean "virtuosas" y no rebeldes para poder casarse», escribió Whitaker en su libro.

En semejante medio social, es de suponer que la gran mayoría de los árabes son practicantes religiosos devotos. La realidad es que, salvo en los relativamente pequeños círculos ultrarreligiosos, los estilos de vida y actitudes laicistas son tolerados en gran medida en el mundo árabe. Por ejemplo, aunque esté prohibido por el Islam, el consumo de alcohol es algo común, sobre todo entre las clases medias y altas. Hasta hace poco en Marruecos, un país que produce grandes cantidades de vino (junto a Argelia, Túnez, Egipto, Líbano y Jordania), el alcohol se vendía en una cadena de supermercados propiedad del rey Mohammed VI, también conocido como el Príncipe de los Creyentes. En un discurso reciente, Nabil al-Fadhl, un miembro del Parlamento kuwaití, deploró la prohibición de bebidas alcohólicas de su país, en vigor desde 1964, por llevar a los jóvenes a consumir bebidas producidas de manera clandestina y siendo, por tanto, peligrosas. El sexo fuera del matrimonio, otra práctica prohibida por el Islam, tampoco es excepcional, especialmente en las zonas urbanas, donde ambos sexos se mezclan en el espacio público desde hace más de medio siglo. En Marruecos, un estudio llegó a la conclusión de que diariamente se realizan 800 abortos clandestinos (presumiblemente provocadas por embarazos fuera del matrimonio).

Del mismo modo, mientras que el Islam exige a sus seguidores orar cinco veces al día a horas fijas, incluyendo dos veces durante las horas de trabajo, los creyentes suelen omitir de manera habitual las oraciones mientras están en el trabajo y las llevan a cabo una vez de vuelta a casa. En Arabia Saudí, uno de los países árabes más celosos cuando se trata de respetar las normas religiosas, las tiendas tienen que cerrar durante unos 15 minutos durante cada llamada a la oración para permitir a los clientes realizar sus obligaciones religiosas. Pero a menudo se pueden ver pequeñas multitudes de personas reunidas en la acera y esperando de brazos cruzados, algunos fumando un cigarrillo, hasta que las tiendas vuelven a abrir.

En el mundo árabe actual, no es la religiosidad lo que es obligatorio; es la apariencia de la misma. Actitudes y creencias no religiosas son tolerados siempre y cuando no sean visibles. Como sistema, la hipocresía social permite existir a estilos de vida laicos, pero conservando la fachada religiosa. El ateísmo, per se, no es el problema. Afirmar que se es ateo en voz alta sí lo es. Así que los que dan a conocer su ateísmo en el mundo árabe están luchando menos por la libertad de conciencia que por la libertad de expresión. No siempre ha sido así. Desde la década de los 60, los intelectuales árabes más importantes, como los palestinos Edward Said y Mahmoud Darwish y el sirio Ali Ahmed Said Esber, también conocido como Adonis, no han evitado desafiar la ortodoxia religiosa dominante. Abdulá al-Qasemi, un escritor saudí que murió en 1996 y es considerado el padre de los ateos del Golfo, pronunció la célebre frase: «La ocupación de nuestro cerebro por los dioses es la peor forma de ocupación». En aquel entonces, esas declaraciones no eran problemáticas. Como informó Diaa Hadid de Associated Press en 2013: «En los años 60 y 70, los izquierdistas laicistas dominaban la política. No era nada especial declararse agnóstico... Pero la región se fue haciendo más conservadora en la década de los 80, los islamistas se hicieron más influyentes, y los militantes religiosos arremetieron contra cualquier signo de apostasía».

Abdel-Samad, el historiador egipcio, experimentó esto de primera mano. Hoy, a los 43, es un ateo declarado, pero era miembro entusiasta de los Hermanos Musulmanes en su época universitaria. Pero mientras asistía a un campamento de verano a cargo de la Hermandad, las dudas empezaron a surgir. «Se suponía que debía ser una especie de esfuerzo físico y espiritual colectivo», me dijo. «Nos dieron a cada uno una naranja y nos dijeron que caminásemos con ella en pleno calor durante horas. Después de una agotadora jornada en el desierto, se nos ordenó pelar la naranja. Estábamos contentos de tener por fin algo para saciar nuestra sed. Pero entonces, nuestro líder de grupo nos ordenó enterrar la fruta en la arena, y comer la piel. Me sentí completamente humillado. El objetivo era, obviamente, romper nuestra voluntad. Así es como se convierte a la gente en terroristas. Abandoné la Hermandad poco después de eso». En 2013 un clérigo extremista egipcio apareció en la televisión y emitió una fetua de muerte contra Abdel-Samad después de que éste afirmó que el Islam había desarrollado tendencias fascistas desde la época del profeta.

¿Por qué hay cada vez más árabes que dan la espalda a la religión? El periodista del The New York Times Thomas Friedman argumentó en una columna el pasado diciembre que los horrores cometidos en nombre del Islam por parte de grupos terroristas como ISIS son los culpables. Esto refleja la mentalidad de muchos expertos estadounidenses, para quienes el terrorismo es fundamental para todas las cosas de Oriente Próximo. En realidad, repudiar el terror rara vez es el motivo de aquellos que abandonan el Islam. «Durante la investigación de mi libro... Pasé mucho tiempo tratando de averiguar por qué algunos árabes se hacen ateos y ninguno de aquellos con los que hablé mencionó el terrorismo o el yihadismo como un factor importante», escribió Whitaker. «Eso no es especialmente sorprendente, ya que el ateísmo es un rechazo a todas las formas de la religión, no sólo a las variantes más extravagantes de la misma».


Algunos de los ateos árabes más conocidos (de Izda. a Dcha.): El saudí Abdulá al-Qasemi, considerado el «padre» del ateismo árabe moderno, pasó del salafismo al ateismo y sufrió dos intentos de asesinato. Una evolución similar siguió el historiador egipcio Abdel Samad, que abandonó la Hermandad Musulmana y se hizo ateo. La nueva generación está unida de manera inseparable con Internet, que han usado para difundir sus ideas, por lo que han sido reprimidos; el egipcio Alber Saber Ayad, juzgado y encarcelado por difundir el ateismo, tras lo cual hubo de exiliarse; lo mismo le ocurrió al palestino Waleed al-Husseini, mientras que el saudí Raif Badaw ha sido encarcelado y condenado a recibir 1.000 latigazos, lo que le puede costar la vida.

Para la gran mayoría de los ateos árabes, el camino hacia la incredulidad religiosa comienza como lo hizo para Abdel-Samad, con dudas personales. Comienzan a cuestionar las cosas ilógicas que encuentran en los textos sagrados. ¿Por qué los no musulmanes han de ir al infierno, a pesar de que muchos de ellos son buenos, gente decente? Puesto que Dios conoce el futuro y lo controla todo, ¿por qué iba a llevar a algunas personas en el camino equivocado, y luego castigarlos como si no tuviera nada que ver con sus elecciones? ¿Por qué está prohibido el vino, si a los musulmanes virtuosos se les prometen ríos del mismo en el cielo? Tales preguntas comenzaron a dar vueltas en la cabeza de Amir Ahmad Nasr, autor sudanés de My Isl@m: How Fundamentalism Stole My Mind— and Doubt Freed My Soul («Mi Isl@m: Cómo el fundamentalismo robó mi mundo - y la duda liberó mi alma») cuando tenía doce años, y se las expuso a su jeque, el imán de una mezquita en Qatar. La respuesta que recibió fue que dudar de los mandamientos de Dios es haram (ilícito religiosamente, pecado) y sólo puede ser inspirado por el diablo, lo que tan sólo logró que continuase haciéndose preguntas. Como dice Islam Ibrahim, fundador de una página atea árabe en Facebook: «Yo quería asegurarme un lugar en el paraíso, así que empecé a estudiar el Corán y las enseñanzas de Mahoma. Pero me encontré con un montón de contradicciones y fantasías sangrientas en el mismo... Cualquier persona que utiliza su cerebro cinco minutos de manera neutral terminará con la misma conclusión».

Al-Husseini, el bloguero palestino, recordó sus vivencias después de que decidió abandonar el Islam. «Empecé a leer todos los libros que caían en mis manos», dijo. «El descubrimiento de la noción elemental de la evolución era alucinante. Libros como el de Dawkins The God Delusion (El espejismo de Dios) y El origen de las especies de Darwin abrieron mis ojos a un nuevo paradigma» El ateo militante marroquí Imad Iddine Habib de 24 años de edad me dijo que había leído libros del astrofísico estadounidense Carl Sagan.

La historia de Iman Willoughby ilustra la segunda razón más citada, después de la duda, por la que los ciudadanos árabes se hacen ateos: la opresión que tuvieron que sufrir en nombre de la religión. Willoughby hoy es una madre de 39 años de edad, felizmente casada con dos hijos con su propia clínica de masajes en Nueva Escocia. Pero ella tuvo que atravesar una pesadilla de dos décadas en su país de origen, Arabia Saudí. Sufrió abusos físicos por un padre que le rompió los huesos y una madrastra que la persiguió con cuchillos, Willoughby fue encarcelada en dos ocasiones por la policía religiosa de Arabia Saudí. La primera vez, fue vista sin velo cerca de un arroyo fuera de su ciudad natal Riad. «Era un lugar aislado, me gustaba ir allí y sólo cerrar los ojos, sentir el viento en mi pelo», me dijo. Pero como a las mujeres no se las permite conducir en Arabia Saudí, un conductor varón tenía que llevarla. El día que la policía religiosa la pilló sin velo, la acusó de tener una relación ilícita con el conductor. Pasó tres días en una comisaría antes de que su padre fuera a liberarla, el cual luego la apaleó brutalmente.

El segundo arresto ocurrió unos años más tarde, cuando Willoughby estaba en la escuela de medicina. La universidad estaba a 45 minutos en coche desde su casa, y una noche su conductor no apareció. Un estudiante masculino le ofreció dar un paseo, y mientras estaban cruzando un pequeño pueblo del desierto, la policía religiosa les obligó a detenerse. Golpearon al compañero de clase de Willoughby hasta dejarlo inconsciente y la llevaron a una comisaría de policía, donde la obligaron, bajo la amenaza de abuso físico, a firmar una «declaración de admisión» según la cual se acostaba con su amigo. A continuación pasó por tres meses de cárcel y una «reeducación religiosa» durante la cual las oraciones obligatorias eran la única distracción en la celda que ocupaba, sin nada más en ella salvo un colchón en el suelo, cucarachas por todas partes, y una cámara de vídeo que la filmaba constantemente. Ni su familia ni sus amigos la dijeron nada durante ese tiempo. Willoughby fue finalmente liberada, sólo para descubrir que había sido declarada culpable y condenada a 80 latigazos. Su hermano intercedió ante un príncipe —«no porque se preocupase por mí, sino sólo para salvar el honor de la familia», dijo— y fue indultada.

Antes de prisión, Willoughby había solicitado una beca para ir a una facultad de medicina en Canadá. La obtuvo, y rogó a su padre que le diera su pasaporte (una escena que recordaba como una «humillación») y se fue para siempre. ¿Su ateísmo? Lo sentía como una vocación natural durante largo tiempo. «Realmente nunca rezaba en mi vida», me dijo. «Incluso en la cárcel, yo sólo lo hacía para que la gente estuviera tranquila.»

«La religión es una forma de vigilancia», dijo Habib. «No es acerca de Dios; es sobre el poder ejercido por aquellos que actúan en su nombre». Habib, Willoughby, y otros muchos más se han vuelto ateos como un acto de rebelión. Pero su rebelión no es tanto contra el Islam como contra los abusos cometidos por individuos que obtienen su poder de la religión y sistemas políticos.

Al principio, muchos ateos árabes no estaban politizados. Pero parece que simplemente no hay manera de evitarlo. Momen dijo a Abdel-Samad que él no tenía intención de politizar su ateísmo. «Pero cuando la fe de la gente es algo político, mi falta de ella es también política, por definición», dijo. «Siempre y cuando los no creyentes son perseguidos, siempre y cuando la religión invade la vida privada de las personas, no puedo considerarlo como un asunto puramente privado.» Y como la política está ahí de todos modos, puede ser que también sea algo bueno. Esa es la conclusión del activista ateo egipcio Islam Ibrahim expresado en el programa de YouTube «The Black Ducks» («Los patos negros»). Puesto en marcha en agosto de 2013 por otro ateo egipcio, Mohamed Ismail, el programa invita a los ateos del mundo árabe a decir lo que piensan. Cuando estás en el anonimato, puede decir tonterías y no ser hecho responsable de ellas, según dijo Ibrahim en el programa. «Yo pensé, si nosotros los ateos dejamos de ser fantasmas y nos materializamos, seremos tomados más en serio, porque nuestras declaraciones se harán más meditadas. Además, nunca vamos a conseguir lo que queremos si no tenemos el coraje de reclamarlo con nuestros nombres y rostros verdaderos.»

A mediados de abril, más de 140 episodios de «Black Ducks» se habían colgado en Internet, y han recibido cientos de miles de visitas. El canal tiene dos objetivos: lograr «una sociedad laica en Oriente Medio y África del Norte... [y ofrecer] consuelo y ánimo a los que son ateos en secreto, para que sepan que no están solos en el mundo». En el episodio que trata de él, Ibrahim dijo: «tu hermano, tus compañeros de trabajo, amigos, y miembros de tu familia podrían ser ateos, como tú, pero nunca se atreverán a decirlo, a menos que te vean salir en Facebook. Esto ocurrió con mi vecino. Nos hicimos amigos en la vida real, como les pasó a muchos». Con ese fin, Ibrahim creó una página en Facebook donde cientos de ateos árabes publican sus historias, incluyendo sus nombres, fotografías, país de residencia, y la razón detrás de su ateísmo.

Estar conectados entre sí es crucial para los ateos árabes. Después de que Willoughby comenzase su blog y cuenta de Twitter en 2008, según dice, numerosos extranjeros se acercaron a ella, dándole las gracias por compartir su historia, y pidiendo con ansiedad consejos sobre cómo lidiar con sus propios dilemas personales. Para ella, esto era como una llamada del deber. Willoughby dice que ha ayudado a una docena de ateos a salir de Arabia Saudí, dándoles acceso a la información, e incluso enviándoles dinero en algunos casos.

En 2007 se creó una red de «ex musulmanes» ahora extendida por todo el mundo para ayudar a refugiados, exiliados y cualquiera con un origen musulmán. El primero de estos grupos fue creado en Alemania por iniciativa de exiliados iraníes prometiendo apoyar la libertad de criticar la religión y de poner fin a «la intimidación y amenazas religiosas». En la actualidad hay sucursales en varios países, incluyendo Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido, Alemania, Francia, Bélgica y Nueva Zelanda. No hay una central, y cada sucursal se organiza de forma independiente, colaborando entre ellos en conferencias y campañas de propaganda. Muchas de las actividades de los ex musulmanes se llevan a cabo en la red, pero una buena parte también tiene lugar en la vida real, lo que provoca problemas de seguridad. «Si celebras reuniones en la vida real, tienes que examinar a cada persona que quiera unirse como medida de seguridad», dice Kiran Fátima Opal, un miembro activo de origen canadiense-paquistaní de los ex musulmanes de América del Norte.

Habib inició el grupo de ex-musulmanes en Marruecos, que cuenta con unos 20 miembros, y ha dado conferencias de prensa junto a otros activistas. El verano pasado lanzó una campaña para obtener el derecho de abstenerse de ayunar durante el Ramadán (romper el ayuno del Ramadán en público es un delito en Marruecos, castigado con entre 1 y 6 meses de prisión.). «He creado el Consejo de ex-musulmanes de manera que hemos dejado de decir 'estamos con los ateos', y hemos empezado a decir, 'somos los ateos'», me dijo Habib. «Al igual que para los gays, ha llegado el momento de reclamar el 'orgullo ateo'.» Habib llamó la atención del público en marzo de 2013. La policía lo buscaba, aparentemente para procesarle por haberse burlado de la declaración de fe islámica, «No hay más dios que Alá» en su página de Facebook, transformándolo en «No hay más dios que Mickey Mouse». En lugar de entregarse, se fue a la clandestinidad, mientras que una campaña de apoyo se puso en marcha en Internet. En el momento en que reapareció a la luz pública, la policía aparentemente había renunciado a detenerlo. Su relativa celebridad internacional (periodistas occidentales como Nicholas Kristof del New York Times lo habían entrevistado) pudo ser lo que le ha protegido hasta ahora de ser detenido.

A pesar de los riesgos y los desafíos sociales y políticos que están enfrentando, todos los activistas ateos que entrevisté dijeron que estaban seguros de que el futuro del mundo árabe pertenece al laicismo. Willoughby me dijo que «el ateísmo se está extendiendo como un reguero de pólvora» en Oriente Medio. Brian Whitaker lo ve como «el síntoma de algo mucho más grande, que es la lucha contra la opresión». La escena musical underground árabe está en pleno auge, lo que es otro ejemplo del impulso irresistible para el cambio que está transformando de manera silenciosa Oriente Medio y el Norte de África. Una revolución cultural completa probablemente tardará algún tiempo. Hablando de su país, dijo Abdel-Samad, «Creo que el laicismo es una certeza, no sólo una posibilidad, para el futuro de Egipto. Todo lo que aún no está claro es qué precio pagará primero el país. La historia me dice que será sangre».

Waleed al-Husseini me dijo que él es «pesimista respecto a los próximos 20 años, pero optimista para lo que viene después». Él se lo puede permitir: para entonces, tendrá sólo 46 años.



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