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Noticias Amor y Rabia

Recuerdos de una ilusión

Published on: miércoles, 18 de mayo de 2022 // ,

por Rabioso


La primera vez que vi a Paco fue en un acto público en memoria de la República, en 1989. Por aquella época estaba yo, punki perdido, en la órbita de la organización llamada CNT que, tras perder el juicio de las siglas, se transformó en la CGT. Tan sólo intercambié con él unas palabras, pero conocerle aquel día fue fundamental para acontecimientos posteriores.


Era aquella una época en la que el papel de la izquierda en Valladolid (y con izquierda me refiero a la extrema izquierda, y no al sector reformista del poder) era cuasi inexistente. De las organizaciones que habían protagonizado las luchas sociales de la Transición sólo quedaba el recuerdo, debido a la brutal desmovilización que siguió a la llegada al poder de Felipe Gonzalez. La pasividad llegó a tal extremo que hubo manifestaciones convocadas por las Juventudes Libertarias en las que hubo más periodistas que manifestantes. Era la paz, la paz de los cementerios.


El anarquismo vallisoletano sobrevivió mediate la búsqueda de grietas en la pacificada sociedad, para sembrar la semilla de la rebeldía. El Garbanzo Negro, un colectivo dedicado a labores contraculturales, jugó un papel clave en sabotear esa sociedad perfecta, o más bien perfectamente lobotomizada. Uno de las semillas de sus actividades sería el Bar Kaos, situado al lado de la delegación del engendro vaticano.


No fue el Kaos el único bar de izquierdas, ya que no muy lejos estaba La Bici, estrechamente relacionada con la CNT / luego CGT. Ambos eran el refugio de los últimos mohicanos que se negaron a rendirse a los cantos del sistema, siendo el Kaos el lugar donde socializaba la juventud más inconformista de la ciudad, gracias a a libertad que nos daban Antonio y Javi. El Kaos era, en definitiva, el lugar en el que se mezclaron los derrotados de la Transición con la nueva generación.


De vez en cuando veía a Paco en la Bici y en el Kaos, y un día le propuse quedar para hablar. En aquella época estaba yo a la búsqueda de un lugar donde pudiese reunirse el Kolectivo Resiste, grupo que pusimos en marcha yo y Gibello, un camarero del Kaos. En aquella época estaba afiliado a la CGT, pero una bronca sobre la supuesta obligatoriedad de poner "CGT" en una revista que quería sacar me llevó a buscar un local en el que pudiésemos estar a salvo de cualquier intento de manipularnos.


Es preciso señalar que la CNT vallisoletana había sido una de las agrupaciones locales que más había sufrido con la escisión, ya que la inmensa mayoría de la militancia se había pasado a la CGT. Tan sólo se quedaron la mayoría de los mayores y los jubilados, y una minoría ínfima de gente jóven, que fue abandonando durante la travesía del desierto que fue la década de los 80: en 1989, la CNT local era, en términos de visibilidad, poco más que la firma de los carteles que pegaban. La herida de la escisión estaba muy presente cuando me reuní con Paco para pedir usar el local de CNT.



La Bici y el Kaos como puntos de encuentro, las Jornadas Culturales Libertarias como instrumento de debate y difusión de ideas libertarias, y el antimilitarismo como mecanismo de movilización y militancia, claves de la revitalización del anarquismo en Valladolid en los 90



En una manifestación de la típica insolencia de la juventud -tenía poco más de 20 años- les pedí no sólo las llaves de su local, sino también que no se pasaran por allí cuando nos reuníamos, para que no nos manipulasen. Hay que recordar que la ruptura entre CNT y CGT había sido no solo dolorosa sino también violenta, y que, mientras en otros lugares había habido agresiones de miembros de la CNT a miembros de la futura CGT, en Castilla y León había sido al revés, con intentos de agresión a miembros de CNT, como me contaría años más tarde Teodoro, de la CNT de Palencia, que sufrió un intento de agresión al ir a trabajar de madrugada. Teniendo esto en cuenta, y que yo reconocía abiertamente ser miembro de la CGT, las posibilidades de conseguir mis objetivos eran objetivamente nulas. Y, sin embargo, ocurrió el milagro: afortunadamente, Paco vino acompañado de Goyo, el cual cortó rápidamente los intentos de Paco de generar una discusión -sobre Federica Montseny-, y yo obtuve poco después las llaves del local.


La CNT tenía por entonces un local en una buhardilla de la Plaza Mayor, que había sido adaptada para su uso por anarquistas ya jubilados que habían sufrido el infierno del nacionalcatolicismo, negándose hasta el final de sus días a renegar de sus ideas. Un buen indicio del estado de la izquerda local es que, para poder pagar el alquiler, la CNT buscó en vano a otra organización que quisiera compartir el local, pero al final la única de confianza que encontraron fue una agrupación cultural dedicada al baile flamenco.


El Kolectivo Resiste se reunió un par de veces en el local en su efímera existencia, pero no tardó en disolverse. Pero eso fue suficiente para que la gente joven conociera su existencia y empezara a acercarse por allí, debido a que estaba cerca de la Plaza de Cantarranas y sus alrededores, foco de los bares alternativos de Valladolid. En un principio, el local estaba bastante desangelado y tenía poco uso, debido a lo minúsculo de la CNT vallisoletana en aquella época y a que carecía de calefacción. Sin embargo, el local empezó a llenarse de jóvenes gracias a las reuniones que se celebraban de manera informal los jueves, en las que tomando un vino se hablaba de manera espontánea de la realidad que nos rodeaba.


Si alguien me pidiese que definiese el paraíso señalaría sin duda a aquella época de mi vida, a aquellas veladas sin fin en el local de la Plaza Mayor. Hijo del lumpenproletariado que tanto despreciaba Marx, acababa de salir de una infancia y adolescencia que habían sido un infierno, y me movía en ambientes marginales, a medio camino entre las drogas duras y la delincuencia. Puedo decir sin dudarlo que ese local, aquellas reuniones y las discusiones que tuvimos fueron para mi la entrada en un mundo nuevo, cambiando el rumbo de mi vida.


De la misma manera que el Kaos daba libertad a los jóvenes para hacer cosas, en las discusiones de los jueves en la Plaza Mayor no había límites en las opiniones. El formato era la lucha de las ideas del debate socrático que defendió Paco toda su vida, y la única regla era que saliéramos de allí tan amigos como habíamos entrado, sin personificar las discusiones ni enemistarnos por pensar de manera diferente. Aquellas discusiones marcaron para toda la vida a los jóvenes que en ellas participaron.


Las reuniones de los jueves eran la continuación de las veladas de la Asociación Luis Vives bajo el Franquismo, y lograron el milagro de la transmisión generacional de ideas y experiencias, evitando el enfrentamiento generacional que tuvo lugar en la CNT tras su reconstrucción y que fue sin duda uno de los principales motivos de su fracaso. La brecha generacional era enorme: con la excepción de Isa, única superviviente de la generación que vivió en su juventud la Transición, el resto podrían haber sido nuestros padres. Afortunadamente, Paco se encargaba de romper el hielo, provocando discusiones con un método muy sencillo: llevarnos la contraria. Cuando alguien repetía consignas contra el ejército, él defendía al militarismo, y si alguien atacaba el Estado, él lo defendía.  Así, en lugar de adoctrinar, nos forzaba a reflexionar sobre nuestras palabras, para no repetir como loros lo que habíamos leído o nos habían dicho.



Según el informe "Vigilando al vigilante. Espionaje policial sobre Nodo50 y el movimiento antiglobalización", publicado el 15 de marzo de 2002, el Ateneo Libertario Gregorio Baticón era una de las organizaciones más vigiladas por la Guardia Civil, al nivel de ATTAC, CGT, o la CNT (ENLACE)



Las reuniones de los jueves pronto atrajeron la atención de gente joven, ávida por conocer cosas y, de este modo, entre vino y vino, y tapa y tapa, las ideas humanistas del anarquismo fueron sembradas entre aquellos jóvenes que se acercaban por el local de la Plaza Mayor semana tras semana. Un detalle importante es la falta de interés de la CNT en esta época por crecer: a mí personalmente me costó una discusión de varias horas el convencerles de que me dejasen afiliarme. Esto era un eco de la organización de la CNT bajo el franquismo, cuando para sobrevivir se organizó por grupos de afinidad. Lo cierto es que esta reticencia a crecer cuando habría sido fácil hacerlo aseguró que el núcleo local de Valladolid estuviera formado de gente convencida, y cuyas ideas se conocían bien, al haber tenido que mostrarlas desde todos los ángulos en las discusiones de los jueves; por ello, cuando la CNT empezó a crecer, si alguien que no se conocía quería afiliarse, se le decía que se pasara por las reuniones de los jueves, lo que nos salvó de más de un disgusto.


Pero los jueves no eran un filtro, aunque acabasen funcionando como tal. En aquellas reuniones nos poníamos a prueba, nosotros y nuestras ideas, forzándonos a aceptar nuestros errores. Recuerdo, por ejemplo, que en una reunión sobre un tema que no recuerdo defendí mi posición con datos y argumentos muy precisos, fruto de haber leído sobre el tema, pero me dio igual: Bea, una compañera trabajadora de la limpieza, sin haberse preparado el tema dijo un par de frases que hicieron que mis argumentos de deshicieran como un iceberg en el Sahara. Y es que de eso se trataba: de que fuese el sentido común, y no el dogma, lo que se impusiera.


La entrega de llaves del local se realizaba en base a la confianza ganada en las discusiones y no en función de la afiliación a la CNT, y su espacio, que antaño se antojaba enorme, empezó a quedarse pequeño, mientras se llenaba de vida. Es por aquel entonces cuando Paco propuso poner en marcha unas Jornadas Libertarias, continuación de las Jornadas Culturales Libertarias que se habían celebrado en Valladolid durante la Transición. Se sacaron para ellos unos carteles enormes gracias a Isa, que trabajaba en Graficas Germinal, una cooperativa creada con ayuda de Paco a partir de las máquinas que antaño había pertenecido al diario Castilla Libre de la CNT durante la Segunda República. Las Jornadas, en cuya organización fue fundamental el papel de Isa (como en todas las que siguieron), fueron un éxito de asistencia, y atrajeron aún más gente hacia la CNT.


No tardó mucho tiempo y en 1991 se formó un grupo anarquista juvenil, Despertar Libertario, formado en su mayoría por insumisos, y el local se convirtió en nuestro centro de reuniones. No tardamos en sacar un órgano de expresión, En la linea del frente, a iniciativa de Pablo, insumiso que publicó después durante años El Aullido. Tras una etapa inicial en la que hacíamos carteles enormes a mano, Isa nos ayudó a sacar carteles en imprenta, más pequeños pero con grandes tiradas, lo cual, junto a pegatinas, nos dio una gran visibilidad en la ciudad. Despertar Libertario no tardó en contactar con otros grupos similares en Palencia y Zamora, que ayudaron a revltalizar la CNT en la región y, tras contactos con la FAI y la FIJL se decidió entrar en esta última. En 1995 se abandonó la FIJL, dando lugar a la creación del grupo Amor y Rabia.


Las actividades de la Plaza Mayor no tardaron en estar en el punto de mira del Estado, especialmente tras abrir las puertas y presentarnos como un Ateneo Libertario. Un análisis de Nodo50, el proveedor de internet para organizaciones de izquierda en el que estaba nuestra web, puso de manifiesto que era una de las más vigiladas de todo el Estado, junto a las de organizaciones como CNT o CGT. Posteriormente supimos que había habido infiltrados policiales que se pasaban por las tertulias de los jueves del Ateneo, y que salían de allí con un lío terrible, al haber esperado encontrar un grupo dedicado a organizar manifestaciones y en lugar de ello encontrarse con debates sobre los temas más variados, algo para lo que no estaban preparados ni entendían.


El crecimiento de la CNT y el amplio número de personas que iban al local puso de manifiesto que se estaba quedando pequeño; por ello, cuando en 1996 la CNT recibió dinero del gobierno a cuenta del patrimonio histórico incautado por el franquismo, se iniciaron trámites para recibir una parte y poder comprar un local, en cuya búsqueda Paco participaría activamente.



Esquela anunciando la muerte de Paco



El nuevo local vino acompañado de profundos cambios en el seno de la CNT vallisoletana. La muerte de Goyo, la marcha de varios jóvenes que habíamos jugado un papel destacado, y la puesta en marcha de la CNT como un sindicato de verdad, todo ello dio lugar a un cambio en la relación de fuerzas en su interior y puso en marcha una nueva dinámica, que aunque aparentemente era similar a la anterior no tardaría en mostrar sus diferencias. Tras el traslado de la Plaza Mayor a la calle Juan Bravo, en la Circular, el Ateneo siguió funcionando, pero no duraría mucho. Al relanzarse la CNT como un sindicato, la forma de actuar pasó a ser la de una organización sindical, sustituyéndose el consenso basado en discusiones con meras votaciones, y dejando de hacer un filtrado ideológico de las personas que se quisieran afiliar; esto permitió crecer, pero también abrió las puertas a una nueva generación que no tenía interés en el ateneo, que se había pasado a denominar Ateneo Libertario Gregorio Baticón en memoria de Goyo.


Fue así como empezó la etapa final de la militancia de Paco: primero se acabó disolviendo el Ateneo, por la falta de interés de la nueva generación ahora mayoritaria en CNT. Luego empezó a darse marcha atrás en temas como la participación en la manifestación del 20-N, antaño rechazada por considerar el antifascismo un instrumento reformista, o el acudir a la fiesta de Villalar, rechazada por ser un símbolo nacionalista y burgués. Finalmente tuvo lugar la salida de Paco de la CNT. Tras apoyar, como representante de la CNT en una coordinadora, a una persona reprimida por el Estado sin pasarlo previamente por la asamblea del sindicato, le fue quitado el cargo en una reunión sin que pudiera defenderse, lo cual le dejó muy dolido. Poco después se fue a su casa a pedirle que devolviese el carnet de CNT, algo que nunca se había hecho antes. Así acabó una etapa del anarquismo en Valladolid. 

Baticón o la forja de un rebelde

Published on: jueves, 5 de mayo de 2022 // ,


por Julio Valdeón Blanco


El Mundo de Valladolid (20.02.2000)


A Francisco Baticón la guerra le sorprendió jugando en la Corredera, aquel camino con cielo de plátanos que iba desde la calle Torrecilla hasta la antigua diputación. Tenía cinco años y era un sabado caliente del mes de julio, un sábado dieciocho que pronto ingresaría en el calendario universal de la infamia. Desde la ingenuidad de su pelo apaisado, sus rodillas negras y su pelota de trapo no podía intuir la conspiración de lápices sin punta que acechaba a España. Salía el ejército de capitanía, enjabelgado de brillos y fusiles, y el pequeño Francisco escapó corriendo.


En Madrid el pueblo pedía armas y en Valladolid los falangistas tiroteaban la sede de la UGT. Pronto los insurrectos fieles a la legalidad republicana (¡fabulosa contradicción!) fueron detenidos y las personas formales respiraron tranquilas. Los últimos pacos disparaban desde las azoteas, entre gatos tuertos, tejas morenas y palomas asustadas, gastando pólvora en una traca con decidida vocación de fracaso.


Francisco Baticón, en fin, vio la luz en una ciudad negra, venturoso bastión de la cruzada, capital del dolor que Francisco Umbral contase, violenta y magistralmente, levantando acta de los muertos, de la sangre por las calles y los caudillos agrarios.


Estas y otras cosas de poca importancia me las cuenta nuestro hombre ante un té con limón. Me ha traído un impagable estudio del profesor Eutimio Martín sobre la represión y el «turismo penitenciario», sádica suerte de exterminio retardado que usara el franquismo por ahorrar municiones.


Baticón tiene los dedos salpicados de tabaco y en el pecho una hoguera libertaria. Los ojos, pequeños y atentísimos, me escrutan algo recelosos, deformación profesional del rebelde genético, supongo, o quizá desconfianza de un viejo anarquista hacia un asalariado del cuarto poder. Pronto regresamos al amargo sabor de la memoria.


Hijo de padre devorado por la tuberculosis, de una madre viuda cuando la viudez era un visado para villa miseria, pronto abandonó la familia el viejo hogar. No había dinero y don Victorino les acogió en el sótano de su parroquia, la iglesia de San Martín.





Y por las noches era el miedo, la luna carnívora de los vencidos, y por las noches eran los moros de Franco y los camisas negras, que llegaban borrachos de vino turbio a la calle de las putas. Los soldados golpeaban las puertas con las culatas, despertaban al niño Francisco, buscaban un catre mercenario donde eyacular su patriotismo. En las cocheras los presos aguardaban su turno, dormían de pie por falta de espacio, salían a la calle cuando todavía no había amanecido. Luego los paseaban. Para recibir su ración de olvido se les sacaba a latigazos.


El olvido es la estación donde se apean los muertos, la coartada para ocultar al asesino que aguarda en las habitaciones del pasado. Al terminar la guerra la victoria afilaba sus mayúsculas y Baticón jugaba a las canicas, frecuentaba los tebeos, «Flechas y Pelayos» etc, engañaba a la tristeza colándose en el teatro Calderón, escondido bajo los capotes de los héroes. Okal, Okal, Okal el lenitivo del dolor, Okal, Okal, es un producto superior. Por los patios del racionamiento las mujeres preguntaban si sabes de él, era gallardo y altanero, y era más rubio que la miel.


Había que sobrevivir y Baticón abandona pronto los estudios, para trabajar primero en la librería Lara y luego gráficas Gerper, cuyo propietario era íntimo de Girón y señorito excéntrico. De esos años Baticón saca el oficio de tipógrafo y un rosario de enfrentamientos laborales a los que le empuja su creciente conciencia ideológica.


Son los años del Rosarillo, germen de resistencia y lecturas prohibidas, de Martín Sampalencia y sus contactos con el exilio y la CNT, de Relieve y Domingo Rodríguez, de autodidactismo y forja en el peligroso oficio de combatir la dictadura. Duros años que le empujarán a un precipitado exilio en Alemania, huyendo de una detención que se antojaba inminente.


Francisco Baticón, crecido en el magma donde nacen los hijos de la insurgencia, vástago del hambre y de la rabia, regresó a España cuando el generalísimo moría de muerte natural. Trabajó en Miñón, levantó un mapa de banderas rojinegras y desde entonces pelea bronco y fuerte por resucitar la utopía anarquista, ese pistón que busca abrir en tajos la injusticia y denunciar la negra fruta de la alucinación humana.

La Asociación Luis Vives y la clandestinidad anarquista en Valladolid

Published on: domingo, 1 de mayo de 2022 // ,

por Rabioso


Un episodio desconocido de la resistencia anarquista en Valladolid durante el franquismo


24 de abril de 2022


A pesar de la brutal represión la guerra civil y en la posguerra, la dictadura franquista fue incapaz de eliminar el movimiento anarquista vallisoletano. En 1944 se refundaron los sindicatos de Oficios Varios y de la Construcción de la CNT de Valladolid (1). Según Leopoldo García, que participó en la refundación y fue nombrado responsable de propaganda de la CNT vallisoletana, "la propaganda venía de Cataluña y de Francia. La que llegaba de Toulouse o de Perpignan era la más valorada". La CNT tuvo una participación destacada en la creación en 1946 de  las Fuerzas Libres del Interior (FLI), organización clandestina de resistencia antifranquista vallisoletana en la órbita de la ANFD (Alianza Nacional de Fuerzas Democráticas), en la que la CNT jugó un papel protagonista. El PSOE y el PCE también participaron en la FLI, que llegó a estar integrada por unas 70 personas.


La ola de represión que desató el Franquismo en 1947 en toda España, que entre otras cosas acabará con la presencia del PSOE en Asturias,  dio lugar a una "caída" importante de miembros de la CNT, detenidos en las redadas policiales que acabarían destruyendo la FLI, dejando muy debilitadas a las organizaciones que habían participado en ella. La represión franquista en la posguerra contra la CNT se cebó especialmente en la Regional Centro, que desde el fin de la guerra civil hasta 1949 sufrió la desarticulación de 13 comités regionales, el mayor número de todas las regionales, siendo seguida por Cataluña, que sufrió la desarticulación de 10 Comités Regionales (2).



La plaza del Rosarillo, donde estaba la casa de Martín, trabajador de Tafisa, donde se reunía la asociación Luis Vives



Tras una década de represión constante y sin cuartel en la que el franquismo desarticuló 11 de 14 comités nacionales y 61 comités regionales, la militancia de la CNT estaba exhausta, mientras que la dictadura había logrado consolidarse nacional ye internacionalmente. Ante la evidencia de la imposibilidad de derrocar al régimen franquista, el movimiento clandestino anarquista abandona el intento de crear una organización de masas y se centra en la mera supervivencia. Según José Riera García, "Riereta", miembro del primer comité nacional de la CNT tras la guerra, creado en abril de 1939 y desarticulado en noviembre, cuando salió de la cárcel a comienzos de los años cincuenta "no había ni CNT ni nada, pero había muchos compañeros que nos dedicábamos a reunirnos de vez en cuando por algún pueblo, por alguna tasca de las afueras de la ciudad, nos reuníamos, charlábamos" (3).


Este tipo de reuniones se convirtieron en una práctica habitual para mantener los lazos que se extendió por toda España y se prolongaría durante todo el Franquismo. En Valencia, por ejemplo, represaliados cenetistas tras una primera etapa de reunirse en tascas y casas particulares pasaron a alquilar un local en el que se reunían, y en Sevilla viejos militantes cenetistas se reunían en la llamada "tertulia de la cuchara" en la más absoluta clandestinidad. Una característica fundamental de esta nueva forma de organizarse es el rechazo a la estrategia de la primera posguerra de intentar formar una organización de masas; en su lugar, estos grupos se basan en la afinidad, la amistad y que las personas que se organizan se conocían entre si. Como explicaba un miembro del grupo Anselmo Lorenzo de Madrid, formado por 5 personas, "no queríamos crecer más en número, si había más gente preferíamos que hicieran otro grupo" (4). El grupo madrileño, del que formó parte Gómez Casas, secretario general de CNT en la Transición, se dedicaba a difundir las ideas anarcosindicalistas mediante propaganda que elaboraban ellos mismos y la que recibían del exilio francés.



Los miembros de la CNT vallisoletana clandestina distribuían la prensa editada en el exilio, a la que también suministraban información. Arriba, CNT (Toulouse, II época, Nº 726, 29.03.1959). Abajo, Solidaridad Obrera (París, Año X, Nº 520 10.03.1955).


También en Valladolid se creó a finales de los años 40 o principios de los 50 un grupo similar al de otras ciudades de España para continuar la existencia de la CNT. El grupo estaba compuesto por unas 6 o 7 personas, todo ellos trabajadores. Entre sus participantes estaban Francisco Baticón (impresor), Martín Sanpalencia (trabajador de Tafisa), Joaquín (albañil), Adalia (electricista) y Teodoro, trabajador en una fábrica.


Para poder reunirse sin despertar sospechas se disfrazaron de asociación cultural: así nació la Asociación Luis Vives, así llamada en memoria de un filósofo, humanista y profesor universitario valenciano perteneciente a una familia judía cuyos miembros se convirtieron al cristianismo para evitar ser expulsados en 1492 pero siguieron practicando clandestinamente el judaísmo. Con esta tapadera se reunían en la plaza del Rosarillo, en casa de Martín, donde hablaban de anarquismo y se intercambiaban libros de filosofía política, novelas de contenido social o textos científicos (Bakunin, Kropotkin, Zola, Hernandez Cata, Federico Urales, Eliseo Reclus, etc).


El grupo estaba además en contacto con la CNT en el exilio, que les mandaban libros, prensa confederal y propaganda, así como informaciones de la lucha contra el Franquismo; el intercambio de informaciones era recíproco: un repaso a la prensa confederal en el exilio indica que los miembros de la CNT vallisoletana suministraban información sobre sucesos locales, desde comentarios a un discurso de un jerarca franquista en un teatro vallisoletano a noticias sobre las desastrosas condiciones de vida de la clase trabajadora bajo el franquismo, como es el caso de la muerte de un padre y sus dos hijos al derrumbarse el tejado de la choza en la que vivían en el barrio de los Pajarillos (5).


Además de reunirse en la plaza del Rosarillo también organizaron excursiones, tanto al campo como a otras ciudades, de lo que dan testimonio multitud de imágenes que se han conservado. El grupo mantenía también contacto con otras fuerzas clandestinas. Se dispone, por ejemplo, de una imagen de 1959 en la que se ve a a miembros de la CNT clandestina reunidos con miembros del Socorro Rojo local, organización ligada al Partido Comunista (PCE) dedicada a apoyar a los presos políticos y a sus familias. Ese año el PCE vallisoletano difundió un panfleto exigiendo la amnistía para los presos  y exiliados políticos (6).



Algunos participantes en excursiones de la Asociación Luis Vives a comienzos de los años 50 (abajo, en 1952).

En el acto público en recuerdo de Paco Baticón celebrado el 24.04.2022 se pudo entrar en contacto con una persona que les conoció y participó en sus actividades, que se fue al exilio por no querer hacer el servicio militar, que formó parte de las actividades de la CNT clandestina en esa época. Según contaba, Joaquin, con quien estuvo haciendo pintadas y esparciendo octavillas en los años 50, fue detenido por la policía franquista ´en 1960, siendo condenado a 2 años de cárcel; un tribunal militar le condenó en 1962 a otros 7 años de prisión, 9 en total. Nada más meterle en la cárcel la policía fue a su casa, destruyó su biblioteca y logró que el padre perdiera su trabajo de portero y fueran desahuciados, acabando en la calle en el sentido literal, donde murieron ambos a los pocos días, primero la madre y luego el padre, que fue encontrado muerto por el frío en un banco en la calle. No se permitió a Joaquín asistir al entierro, y cuando finalmente pudo salir de la cárcel estaba en las listas negras y no pudo encontrar trabajo, por lo que se trasladó a vivir a Barcelona.


SILENCIANDO EL ANARQUISMO


Antes de seguir hay que llamar la atención a un fenómeno  curioso, por su continuidad y persistencia: la tendencia sistemática de la historiografía local a minimizar el papel del anarquismo. Jesús Palomares Ibañez silencia en su historia del movimiento socialista en Valladolid (7) que hasta finales del siglo XIX los anarquistas eran mayoritarios en el movimiento obrero vallisoletano, siendo los responsables de organizar la primera manifestación del Primero de mayo (8)  Lo mismo ocurrirá con el papel de la CNT durante la Segunda república en Valladolid. Según Angel de Prado Moura, "en Valladolid los anarquistas apenas si tienen una fuerza significativa ya que sus miembros oscilarían durante toda la II República entre los 100 y doscientos, todos ellos en la capital ya que el anarquismo no consiguió entrar entre los campesinos vallisoletanos" (9). Enrique Berzal de la Rosa va más lejos, y tras mezclar a la CNT con la extrema derecha y los grupos reaccionarios locales, asegura que el movimiento anarquista local era "minúsculo y poco efectivo... apenas llegará al centenar de militantes, por mucho que en 1931 afirmase contar con 140", y cuestiona incluso que los anarquistas vallisoletanos participasen en la revolución de 1934 (10).


 Estas afirmaciones no coinciden con la realidad. Tan sólo el Sindicato de Oficios Varios de la CNT de Valladolid que asistió en 1936 al IV congreso de la CNT tenía más de 700 cotizantes (11)  y datos publicados en las últimas décadas confirman la presencia de la CNT en múltiples localidades del resto de la provincia, como Tudela, Medina del Campo, Medina de Rioseco, Zaratán, Villalón de Campos, Arroyo de la Encomienda o Villabrágina. Abel Paz, utilizando datos de Gerald Brenan, consideraba el anarquismo la ideología dominante en Tierra de Campos (12)  donde la presencia del anarquismo está fuera de toda duda: había presencia de la FAI (13)  la CNT participó en la insurrección de Medina de Rioseco ("Medina la roja") en la revolución de octubre de 1934 (14)  cuando además se proclamó el comunismo libertario en  Aguilar de Campos (15)  su presencia abarcaba incluso Villalón de Campos, centro del sindicalismo amarillo/clerical, donde se se llevaron a cabo manifestaciones a favor del comunismo libertario (16).


De la misma forma se ha ignorado por completo el papel de la CNT en la lucha antifranquista. De nuevo el profesor Berzal asegura que "una vez concluida la guerra ya no existirá, hasta casi los años setenta, más oposición en nuestra ciudad que la de los comunistas", y añade que las Fuerzas Libres del Interior "desembocarán casi íntegramente en el Partido Comunista" (17)  Que esto no es cierto se evidencia en que la CNT continuó existiendo tras la disolución de las FLI, disponiendo de cerca de cerca de dos decenas de personas entre miembros y simpatizantes, mientras el PCE disponía de unas 40 personas en 1954, según los propios datos de Berzal. Además, la falta de referencias de acciones del PCE en los informes policiales (18) pone de manifiesto que hay que tener prudencia y no tomar al pie de la letra los datos triunfales internos del PCE.


A finales de los años 50 y principio de los 60, la situación política, económica y social había cambiado. Para empezar, la etapa de represión centrada en aplastar a las organizaciones de izquierdas contra las que el ejército había luchado en la guerra civil se dio por terminada tras eliminarse los últimos focos de resistencia armada (19)  Este cambio de rumbo se pone de manifiesto en el caso de Eulogio de Vega Colodrón, secretario de la UGT de la provincia de Valladolid en 1933 y que era alcalde de la localidad vallisoletana de Rueda por el PSOE cuando tuvo lugar el golpe de estado del 18 de julio de 1936. De la Vega estuvo escondido en su casa casi treinta años, hasta que el 30 de septiembre de 1964 fue detenido por la policía, siendo puesto en libertad por un tribunal militar poco después por no encontrar ningún motivo que justificase la detención (20).



Miembros de la Asociación Luis Vives, entre ellos Paco Baticón, y miembros del Socorro Rojo (Valladolid, 1959)



En la década de los 60, tras la llegada al poder del Opus Dei y su liberalización de la economía, el Estado franquista se centró en el desarrollismo económico. El nuevo enemigo a batir era el nuevo movimiento obrero, sobre todo urbano, puesto en marcha por una generación que no había vivido la guerra civil, y que podía obstaculizar los planes económicos de los tecnócratas franquistas. Para impedirlo se llevó a cabo una reestructuración del aparato represivo, en la que la policía sustituyó al ejército en la represión, proceso que generó resistencias en el interior del aparato del Estado y desembocó en la creación en 1963 del Tribunal de Orden Público (TOP) (21).


La huelga de las cuencas mineras asturianas en 1962 puso en marcha un ciclo de protestas del que saldría un nuevo movimiento obrero, dominado por Comisiones Obreras, a su vez dominadas por el Partido Comunista. En marzo de ese año se puso en marcha Defensa Interior (DI) (22)  organismo creado por decisión del segundo Congreso de la CNT en Limoges (agosto/septiembre 1961) para llevar a cabo acciones contra el Franquismo y devolver al anarquismo el protagonismo que había perdido. La existencia de DI, en la que la CNT, la FAI y la FIJL en el exilio unieron sus fuerzas, fue fugaz: según García Oliver, uno de sus integrantes, DI "realizó una labor de seis meses de duración", es decir, hasta septiembre de 1962.


La existencia de DI, a pesar de no tener nada que ver con la CNT de Valladolid, jugó un papel fatídico en el desarrollo del Movimiento Libertario vallisoletano. DI inició en junio una campaña de atentados que se prolongó durante todo el año (23):


▪ 5, 7 y 12 de junio, Madrid: antiguo edificio de la Nunciatura, Banco Popular e Instituto Nacional de Previsión.

▪ 29 y 30 de junio, Barcelona: Residencia de Monterolas, oficinas del Instituto Nacional de Previsión y jardín de la residencia de Falange. 

▪ 14 de julio, el Vaticano: monumento al papa Clemente XII.

▪ 15 de julio, Valencia: entrada de las Casas Consistoriales.

▪ 20 de julio, Barcelona

▪ 23 de julio, Cataluña: tres bombas en los postes eléctricos entre Manresa y Sabadell.

▪ 12 de agosto:  altar de la Basílica del Valle de los Caídos en El Escorial.

▪ 19 de agosto: cerca de la residencia de verano de Franco en San Sebastián, y en los periódicos Ya y Pueblo (Madrid), y La Vanguardia (Barcelona).





La respuesta de la dictadura fue una campaña de detenciones a comienzos de septiembre dirigida contra la FIJL, considerada responsable de los atentados. Fueron detenidos miembros de las FIJL en Barcelona, Madrid, Valencia y Zaragoza, pero por motivos desconocidos también miembros de los núcleos de la CNT de Vigo y Valladolid. En Valladolid la CNT había sufrido una redada en 1960 en la que Teodoro y Joaquín fueron detenidos y condenados a dos años de cárcel y Martín Sanpalencia estuvo en busca y captura, escapando a Alemania, donde le daría cobijo Paco Baticón. En 1962 la policía detuvo a los militantes vallisoletanos Pedro Rodríguez Pérez, Luis Blanco García, Tómás Bueno Ordóñez, Lucio Malpeces Calvo, Hilario Manzano Hernández, Epifanio González Criado y Joaquin Rodríguez Vay, lo que acabó con la existencia de la Asociación Luis Vives.


El 23 de noviembre de 1962 fueron sometidos a un Consejo de Guerra en Madrid, que condenó a Pedro Rodriguez Pérez y a Joaquín Rodrigez Vay a 4 años de prisión, y a Epifanio González Criado a 3 años, por "haber organizado en Valladolid un Comité Local de la CNT, obedecer las órdenes de los dirigentes de la CNT en el exilio, y recolectar fondos y hacer propaganda" (23)  Según Juan José del Águila, se "condenó a tres militantes de la CNT de Valladolid, acusados de la renovación de dicha entidad, de incitación a la huelga, así como de la distribución de propaganda clandestina, prensa y octavillas" (25).


DI sólo estrechó los lazos entre el régimen franquista y la Francia de De Gaulle: España dejó de dar cobijo a la OAS (que en 1962 mató  754 personas e hirió a otras 1.427), y en 1963 Francia ilegalizó la FIJL (26).



Espoir (9 de diciembre de 1962), órgano de la CNT en el exilio, informando sobre las detenciones en España



Tras el fin de la Asociación Luis Vives, parte de la militancia vallisoletana siguió en libertad por haberse marchado de la ciudad, como Leopoldo García, que se trasladó en 1955 a Vigo, o Paco Baticón, que emigró en 1960 a Alemania ante el temor de una redada. A pesar del golpe recibido, la CNT vallisoletana siguió existiendo, ya que, según Tomás Ibañez, formaba parte de las ciudades que en 1967 recibían prensa y propagancla anarquista (27)  La redada debilitó a la CNT, que no se benefició del ciclo de protestas iniciado en 1962/1963.


Tras la muerte de Franco en noviembre de 1975, tuvo lugar en Madrid una reunión en la que se decide refundar la CNT y reconstruir la regional centro, que se adelantará a otras regionales (28)  En Valladolid, según Luis Pasquau, la CNT se reconstruyó por aquella época en una reunión clandestina cuyos asistentes habían acordado en caso de redada decir que se reunían para preparar una obra de teatro (29). Pero esa es otra historia.


NOTAS


(1) AA.VV.: Memoria viva. Ángel Galván, Leopoldo García, David Moano, Santiago Robledo, Ateneo Republicano de Valladolid, 2007, p. 54-55.

(2) Ángel Herrerín López, La represión contra la CNT (1939-1949), en Historia contemporánea N° 28, 2004, pp. 375-395.

(3) Ángel Herrerín López, La CNT durante el Franquismo. Clandestinida y Exilio (1939-1975), Siglo Veintiuno, 2004, p. 175. Heleno Saña escribió en CNT N° 308 (enero 2005) un extenso artículo de Heleno Saña criticando el libro.

(4) Ángel Herrerín López, La CNT..., p. 174-175.

(5) CNT (Toulouse, II época, Nº 726, 29.03.1959). "Se derrumbó una choza", Solidaridad Obrera (París, Año X, Nº 520 10.03.1955).

(6) Cristina Gómez Cuesta, Ecos de Victoria. propaganda y resistencia en Valladolid, 1939-1959, p.219-220; el panfleto del PCE vallisoletano pidiendo la amnistía para los presos políticos se reproduce en la página 221.

(7) Jesus María Palomares Ibañez, El socialismo en Castilla. Partido y Sindicato durante el primer tercio del siglo XX, Secretariado de publicaciones de la Universidad de Valladolid / Caja de ahorros y Monte de Piedad de Salamanca, 1988.

(8) Enrique Berzal (El Norte de Castilla, 28.04.2020): "1890: primer Día del Trabajo": "En esos momentos, los obreros de tendencia anarquista monopolizaban la actividad reivindicativa en nuestra ciudad".

(9) Angel de Prado Moura, El movimiento obrero en Valladolid durante la II República, Conserjería de Educación y Cultura de la Junta de Castilla y León, 1985, p. 179.

(10) Enrique Berzal de la Rosa, El Valladolid Republicano (193-1936), p. 32.

(11) Juan Pablo Calero (Estudios Nº. 7, 2009): Vísperas de la revolución. El Congreso de la CNT (1936).

(12) Abel Paz, Durruti en la Revolución Española. Fundación Anselmo Lorenzo, 1996, p. 371.

(13) Juan Gómez Casas, Historia de la FAI, 1977.

(14) Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica: Medina de Rioseco (Valladolid). Un estudio de la represión en la retaguardia de 1936, 2007.

(15)Norte de Castilla (10.10.1934): “Se proclama el comunismo libertario en Aguilar de Campos".

(16) Mateo Martínez, Tierra de Campos. Cooperativismo y sindicalismo agrario, p. 196.

(17) Enrique Berzal de la Rosa (Coord.): Crónica de Valladolid, 1936-2000, Ed. El Mundo de Valladolid, 2001, p.110.

(18) Cristina Gómez Cuesta, Ecos..., p. 207.

(19) Los últimos guerrilleros anarquistas murieron en 1960 (Sabaté), y 1963 (Caraquemada).

(20) El Norte de Castilla (22.03.2014): Liberado un ‘Topo’ en La Rubia; Wikipedia, Eulogio de Vega.

(21) El TOP fue el pilar de la represión de la lucha contra la dictadura, convirtiéndose en 1977, tras la muerte de Franco y la instauración de la democracia, en la Audiencia Nacional. Juan José del Águila, El TOP. La represión de la libertad (1963.1977), Planeta 2001; Manuel Ballbé, Orden público y militarismo en la España constitucional (1812-1983), Alianza Editorial, 1983.

(22)Wikipedia, Defensa Interior.

(23) Salvador Gurucharri y Tomás Ibañez, Insurgencia Libertaria. Las Juventudes Libertarias en la lucha contra el franquismo, Editorial Virus,  2010; Boletín Exterior de Información del Movimiento Libertario Español, Nº 54, s. f. (septiembre de 1962). Albert Meltzer (ed.): The International Revolutionary Solidarity Movement: 1st of May Group, Cienfuegos Press, 1976. Octavio Alberola y Ariane Gransac: El anarquismo español y la acción revolucionaria (1961-1974), Ruedo Ibérico, 1975.

(24)Espoir Nº 49, Toulouse, 09.12.1962, Au mépris de toute loi. 

(25) Juan José del Águila, El TOP..., p. 61-62.

(26) Juan J.Alcalde, Los servicios secretos en España. La represión contra el movimiento libertario español, Madrid, 1995, p.119ff. 

(27) Salvador Gurucharri y Tomás Ibañez, Insurgencia..., p. 379.

(28) Juan Gómez Casas, Relanzamiento de la CNT (1975-1979), p. 7.

(29) Conversación con el autor. Participante de la refundación de la CNT vallisoletana tras el fin de la dictadura franquista, Luis fue secuestrado y torturado en la Transición por un comando fascista.

Datos biográficos de Francisco Baticón Palenzuela

Published on: martes, 26 de abril de 2022 // ,

Francisco Baticón Palenzuela, Paco (1946)

por Francisco Baticón Aguilar


Nació en 1928 en el Camerino de San Martín. Su madre Maria y su padre Eleuterio. Allí vivió una infancia, hasta los 8 años, más o menos normal. Jugando en la calle y siendo un niño feliz y querido hasta que en 1936 empieza la mal llamada Guerra Civil, es decir la sublevación de parte del ejercito contra el régimen legal de la República.


En 1937 su padre enfermó de tuberculosis y muere. Su madre queda viuda con cuatro hijos en unos momentos en que el país esta en guerra sin medios de subsistencia y a merced de los criminales falangistas que se paseaban por la ciudad como si fueran los amos y señores con derecho a todo.


Paso la guerra y en pleno periodo del hambre que siguió, su hermana mayor, Rufina, murió también de tuberculosis (enfermedad muy común entre el pueblo debido a las condiciones precarias en las que vivían), y su otra hermana, Mari Luz, se metió en un convento para poder subsistir y no seguir su suerte.


Los dos chicos, Paco y su Hermano Jose, con mas posibilidades en una sociedad necesitada de hombres por la cantidad de ellos que habían muerto en la guerra o se encontraban presos o exiliados, se pusieron a trabajar.


Su hermano Jose entró a trabajar en la Renfe de aprendiz, y Paco, a través de un vecino que tenia contactos entro de mozo en la librería Lara.


Es aquí donde empieza a tener contacto con los libros y con los que los escribían y leían.



Paco y Martín Sampalencia, persona que le introdujo en las ideas anarquistas (1957)


De la Librería Lara pasó en pocos años a trabajar en la imprenta Gerper, cuyo dueño, Perdiguero, era uno de los señoritos fascistas del momento.


En la imprenta aprendió el oficio de impresor y empezó a nacer su conciencia social y sus contactos con los pocos que quedaban del sentimiento y las ideas libertarias.


Las imprentas eran un refugio para los resistentes, para aquellos que se habían librado de la muerte, la cárcel o el exilio.


En esos años finales de los cuarenta y principio de los cincuenta, conoció a Martín, un hombre unos años mayor que él y ya con una conciencia libertaria formada que le introdujo en las ideas anarquistas.


Ellos dos y un pequeño grupo de cuatro o cinco hombres más, formaron lo que para ellos era la continuación del sindicato CNT en Valladolid que disfrazaron de asociación cultural para pasar inadvertidos para el régimen fascista de Franco.


Asociación Luis Vives se llamaron. Nombre que para los que tenían encomendado, dentro de la policía, controlar cualquier indicio de asociacionismo contrario al régimen no significaba nada más haya de un personaje nacido hacia 500 años. Pero para ellos, sin embargo lo significaba todo. Luis Vives nacido en 1492 era un profesor universitario valenciano, humanista y filosofo, perteneciente a una familia judía que para evitar ser expulsados se convirtieron al cristianismo aunque clandestinamente siguieron practicando el judaísmo. De alguna manera ellos hacían lo mismo.


Bajo la apariencia de asociación cultural se reunían en la plaza del Rosarillo, en casa de Martín, hablaban de anarquismo y se intercambiaban libros que se habían conseguido salvar de la purga. Libros de filosofía anarquista de Kropotkin y Bakunin. Novelas de Zola, de Hernandez Cata o Federico Urales (padre de Federica Montseny), o libros de ciencia, como los del geógrafo anarquista Eliseo Reclus.



Miembros de la Asociación Luis Vives durante una de sus excursiones (1952). En el acto público en recuerdo de Paco Baticón celebrado el 24.04.2022 se pudo entrar en contacto con una persona que les conoció y participó en sus actividades, que se fue al exilio por no querer hacer el servicio militar, que formó parte de las actividades de la CNT clandestina en esa época. Según contaba, Joaquin, con quien estuvo haciendo pintadas y esparciendo octavillas en los años 50, fue detenido por la policía franquista ´en 1960, siendo condenado a 2 años de cárcel; un tribunal militar le condenó en 1962 a otros 7 años de prisión, 9 en total. Nada más meterle en la cárcel la policía fue a su casa, destruyó su biblioteca y logró que el padre perdiera su trabajo de portero y fueran desahuciados, acabando en la calle en el sentido literal, donde murieron ambos a los pocos días, primero la madre y luego el padre, que fue encontrado muerto por el frío en un banco en la calle. No se permitió a Joaquín asistir al entierro, y cuando finalmente pudo salir de la cárcel estaba en las listas negras y no pudo encontrar trabajo, por lo que se trasladó a vivir a Barcelona.


Todos eran trabajadores, Joaquin albañil, Adalia electricista, Martín trabajador de Tafisa, Teodoro también trabajador en una fabrica y albino para más señas, Paco impresor. No eran intelectuales, eran cultos, muy cultos pero autodidactas y sobre todo trabajadores y por eso se consideraban a sí mismos, y lo eran, Sindicalistas, Anarcosindicalistas. Les interesaba el bienestar de los trabajadores y hacían fundamentalmente un trabajo sindical allí donde trabajaban individual y colectivamente, pero también transmitían las ideas anarquistas, no a la tiranía y la explotación, no al Estado como representante máximo de esa tiranía y explotación. Sí a la Acción Directa, a la Asamblea como órgano colectivo de decisión y a la libertad.


Tenían también contacto con el exilio en Francia de donde les venían libros, textos y noticias de la resistencia en general y anarcosindicalista en particular contra el régimen.


Pero eran tiempos muy difíciles para la resistencia en general y para la anarcosindicalista más todavía, y sobre todo para la que se hacia dentro de España, y haciendo esto se visibilizaban, empezaban a ser conocidos por la policía del régimen franquista y, aunque eran pocos y tomaban precauciones, el peligro de ser detectados y detenidos era cada vez más grande.


Los acontecimiento se precipitaron y las detenciones eran inminentes. Ante esta situación Paco tomo una decisión, tenia familia, dos hijos, compañera y a su madre. Y aunque Milagros trabajaba, dependían de el en gran parte. No podía arriesgarse a ser detenido y dejar a su familia en una situación muy precaria. Incluso, aunque Milagros no participaba de las actividades del grupo, también podía ser acusada y detenida.


Así que, aun con algunas débiles criticas internas, tomo el camino del exilio con Milagros su compañera, dejando en España a sus hijos de 5 y 6 años al cuidado de su madre Maria. Era el año 1960 cuando se fueron a Alemania.



Francisco Baticón, con su compañera Milagros y sus hijos en Alemania, 1962


Efectivamente los temores de Paco desgraciadamente se hicieron realidad y unos meses más tarde se produjeron las detenciones. Dos de los compañeros del grupo Luis Vives, Teodoro y Joaquín, fueron detenidos y acusados de asociación ilícita por los tribunales de orden público del régimen. Fueron condenados y estuvieron presos dos años. Un tercero, Martín, a punto también de ser detenido marcho para Alemania, siendo acogido por Paco que llevaba allí ya un año.


La vida no fue fácil en Alemania. Casi siete años duró este exilio y durante los dos primeros años trabajaron, tanto el como Milagros, en una Fabrica de Leche y sus derivados, residiendo en una vivienda mínima que les facilitaba la propia empresa; esto suponía una gran dependencia de la empresa, si dejaban la empresa perdían la vivienda, y en aquellos momento existían una gran escasez de viviendas en Alemania, que no hacia mucho que había salido de una guerra terrible.


Después de un año y ya mínimamente establecidos decidieron llevarse a sus dos hijos y a Maria, madre de Paco, y a partir del tercer año consiguieron trabajo en sus respectivas profesiones, Paco en una imprenta y Milagros en un taller de costura, cambiando de ciudad y de casa.


Al margen de algún episodio de rechazo fascista hacia los emigrantes españoles que sufrieron en la empresa y que en una ocasión le obligaron a cambiar de imprenta, el pueblo aleman y sobre todo los sindicatos alemanes acogieron bien a los inmigrantes españoles y les ayudaron todo lo que pudieron.



Francisco Baticón en Alemania, trabajando en una imprenta


Siempre mantuvo el contacto con los compañeros de España a través de cartas y de visitas relámpago que se realizaban siempre por algún motivo familiar y siempre con el miedo de ser detenido.


Durante su estancia en Alemania nunca cejo en su empeño de transmitir y poner en practica las ideas anarcosindicalistas del cooperativismo como forma de superar el sistema capitalista de producción. Consiguió formar un pequeño grupo de españoles a los que convenció para formar un cooperativa agrícola que les permitiera regresar a España y seguir adelante en su pelea contra el sistema, manteniendo una vida digna y coherente con sus ideas.


El proyecto sigue adelante, hicieron un fondo económico común para llevarlo a cabo, compraron tierra en Aragón e iniciaron los tramites para ponerla en marcha.


El tema estaba tan avanzado que Paco busco un colegio interno para su hijo pequeño lo mas cerca posible del lugar donde tenían previsto poner en marcha la cooperativa. Encontraron un colegio en Lérida y mandaron allí a su hijo.


Desgraciadamente, el proyecto no pudo llevarse a cabo, todo se vino abajo, lo que supuso para Paco una gran decepción y que su hijo pequeño no volviera a casa hasta cuatro años después, cuando toda la familia se volvió a reunir en España definitivamente.


Ya con la idea de volver a España no dejo nunca de intentar una cooperativa de imprenta ya en Valladolid, donde estaban ya sus hijos y madre. A pesar de sus esfuerzos no lo consiguió hasta bastantes años más tarde.


En el verano del 67 volvieron a España definitivamente. Los compañeros habían salido de la cárcel y la policía político-social del régimen estaba volcada en su lucha contra el movimiento comunista del PCE y su sindicato afín, CCOO. El anarcosindicalismo no representaba un problema para ellos, eran muy pocos y aislados y, aunque mantuvieron el contacto, no volvieron a tener, como colectivo, ninguna capacidad organizativa ni de movilización obrera.



Paco Baticón y su compañera Milagros, con la que compartió toda su vida


Paco debido a su aprendizaje en Alemania de las nuevas técnicas de impresión que empezaban a introducirse en España, encontró trabajo rápidamente en la imprenta más importante de Valladolid, Graficas Miñón.


En estas circunstancias sigue luchando. Su lucha consistía en seguir transmitiendo las ideas anarquistas a los jóvenes que le rodeaban y a apoyar y casi siempre liderar las reivindicaciones de los trabajadores de mejora de salarios y condiciones de trabajo en su empresa.


A partir de los años setenta las luchas obreras se intensificaron con los últimos coletazos de la dictadura y Paco mantenía un trabajo intenso de extensión de las ideas anarcosindicalistas. Dentro de su empresa y a pesar de que ya existían obreros organizados en torno fundamentalmente a CCOO, consigue que fuera en la Asamblea de Trabajadores donde se tomaran las decisiones sobre las reivindicaciones laborales y que tipo de movilizaciones se deberían hacer para conseguirlas, y ademas que fueran los representantes de la asamblea los que negociaran las condiciones de trabajo y los salarios dando cuentas constantes a la Asamblea de trabajadores.


Fueron años de un trabajo sindical intenso donde las posibilidades de despido siempre estuvieron presentes.


Al mismo tiempo nunca abandono el trabajo pedagógico y de transmisión de las ideas Anarcosindicalistas, de la lucha contra el Capital y la explotación, transmitiendo a las nuevas generaciones esas inquietudes y formando un núcleo de jóvenes fundamentalmente que acabaría germinando en el resurgimiento de la CNT de Valladolid y la puesta en marcha de experiencias sociales cooperativistas muy importantes.


Con la llegada de la llamada democracia burguesa y la legalización de los partidos políticos y las organizaciones sindicales a partir de 1976 la CNT es nuevamente legalizada. En Valladolid se reorganiza el sindicato y se alquila el local en la Calle Real de Burgos. Son momentos confusos y en el entorno de la CNT se juntan todo tipo de tendencia anarquistas que generan luchas internas por monopolizar el sindicato y que en último extremo son las responsables de que este no consiguiera una implantación real entre los trabajadores.



Paco en Granada durante el IX Congreso de la CNT (diciembre de 1995)


Por un lado estaban los que promovían las ideas netamente anarcosindicalistas, que defendían que la organización era un sindicato, y que su trabajo principal estaba en las fabricas reivindicando mejoras en las condiciones de trabajo y salario con métodos asamblearios y colectivistas, y que preconizaba a largo plazo una sociedad sin clases y sin Estado.


Por otro los que planteaban que la CNT debería ser un movimiento puramente anarquista y revolucionario que incluía la utilización de la violencia, que promoviera acciones que nos llevaran cuanto antes a la revolución que suponía esa sociedad sin clases y sin Estado.


Y por otro los que creían que la CNT se incorporara con el resto de sindicatos en las estructuras institucionales del estado formando parte del Estado.


En este sentido la CNT sufrió desgarros profundos que la debilitaron. Varios compañeros fueron detenidos con acusaciones graves de actos violentos e incluso armados, y por otro la escisión del sindicato con el surgimiento de la CGT.


Paco siempre se situó en la primera posición, intentado mantener las esencias anarcosindicalistas e intentado que la CNT se volcara en el trabajo sindical en las fabricas, sin caer nunca en la tentación del conchabeo con los empresarios o el Estado. Desarrollo un trabajo intenso sindical en su empresa Macrolibros, donde trabajó hasta que se jubiló en 1979, y a la vez promovió experiencias colectivistas que pusieran en practica sus ideas de organización anarquista de la sociedad.


Gráficas Germinal




Una se esas experiencia fue el nacimiento de Graficas GERMINAL.


El surgimiento de esta cooperativa de trabajadores significó la puesta en marcha de lo que Paco llevaba intentado desde su exilio en Alemania. La creación de una cooperativa de trabajadores anarquistas dispuestos a poner en practica sus ideas de superación de los métodos capitalistas de producción.


Paco, no solo buscó, encontró y formó ideológicamente a los primeros jóvenes de la cooperativa, también buscó y encontró la maquinaria necesaria y enseñó el oficio a estos jóvenes. Siempre contaron con el apoyo de la CNT de Valladolid y Nacional. La empresa logró ser muy importante dentro del mundo de la impresión con la incorporación de nuevos cooperativistas y nueva maquinaria. Se mantuvo fiel a las ideas anarcosindicalistas durante mucho tiempo, y aunque sigue siendo una cooperativa de trabajadores, perdió sus esencias anarquistas y es el momento en el que Paco se aleja de ella.


El otro experimento del que es también protagonista, aunque en este caso solo a nivel ideológico, es la creación de los talleres Maxi. Cooperativa que se forma sobre la base de un pequeño taller que tenia Maxi desde 1969 al que se incorporan 7 trabajadores despedidos por las huelgas de La Sava, entre los que se encuentran Goyo Baticón, alma de este experimento y primo carnal de Paco. Talleres Maxi ha llegado a ser unos de las medianas empresas del metal más importantes del país y, aunque se ha perdido gran parte de la ideología anarquista en ella a raíz de la jubilación o muerte de los que la iniciaron, sigue siendo una cooperativa.


Mantener siempre esta posición de lealtad a las ideas anarcosindidalistas le costó no pocos enfrentamientos en el sindicato y finalmente su alejamiento de él. Son los tiempos de la sede en la Plaza mayor y posteriormente en Pilarica.



Industrias Maxi (antes talleres Maxi)


Paralelamente a su lucha sindical y la puesta en marcha de las experiencias colectivistas, dedica también su tiempo a la puesta en marcha de lo que para el era uno de los principios básicos del anarcosindicalismo, que es acercar al pueblo la cultura que le permitiera tomar conciencia de clase. Para ello colaboró intensamente con otros compañeros en la formación de varios Ateneos.


El “Ateneo Republicano” que posteriormente abandono por su defensa a ultranza de los valores anarcosindicalistas, que le llevaban a enfrentarse a todos aquellos que se alejaran de ellos, formando otro Ateneo llamado “Asamblea Republicana” y el Ateneo Gregorio Baticón llamado así en honor a Goyo, miembro destacado de la CNT y fundador de Talleres Maxi muerto recientemente.


Ateneos qué dedicaban su actividad a la extensión de las ideas republicanas y anarquistas y a la planificación de diversas actividades culturales en tono a la literatura, el cine y la cultura en general.


Un poco defraudado y ya muy mayor se fue alejando de la primera linea de las organizaciones. Seguía relacionándose con las personas con las que él consideraba siempre fieles a sus ideas y con las que al mismo tiempo conservaba una intensa amistad.


Sus últimos años no fueron buenos. Su cabeza privilegiada se fue deteriorando y fue perdiendo el sentido de la realidad, olvidando su pasado y no reconociendo su presente.


Fue cuidado hasta sus últimos momentos por su compañera de vida Milagros, que siempre estuvo a su lado apoyando su lucha desde una posición anónima y que desgraciadamente esta sociedad es incapaz de reconocer en su caso y en el de miles de mujeres sin las cuales la pelea de estos hombres por mejorar esta sociedad no se habría podido realizar.



Mariano y Paco conversando durante una merienda


También algunos de sus amigos y compañeros estuvieron con él hasta el final.


Paco murió en Portillo el 10 de abril de 2021, tenia 91 años y en él se puede reconocer a uno de esos hombres que Bertolt Brecht llamaba imprescindibles por haber luchado toda la vida.

La AIT en Valladolid (1869-1874)

Published on: miércoles, 8 de septiembre de 2021 // ,


por el grupo Memoria Libertaria de la CGT de Valladolid


BAKUNIN, FANELLI Y LA AIT. LOS PRIMEROS INTERNACIONALISTAS ESPAÑOLES


En septiembre de 1868, la revolución “Gloriosa”  destronaba a Isabel II. La insurrección, promovida por personalidades como Juan Prim, el brigadier Topete o Francisco Serrano, fue apoyada desde los primeros momentos por el pueblo; surgiendo por doquier las Juntas Locales y los batallones de Milicianos. Tan exitosa revolución, que abriría una nueva etapa en la Historia de España, no tardaría en llamar la atención en el extranjero. Y entre quienes más se fijaron en la situación española se hallaba el ruso Mijaíl Bakunin, hombre fuerte de la AIT (Asociación Internacional de los Trabajadores) y artífice de la Alianza de la Democracia Socialista, una sociedad libertaria que actuaba en el seno de aquella.


El carácter pasional de Mijaíl Bakunin se puso al rojo vivo tan pronto como saltaba hecha añicos la monarquía de Isabel II. El manifiesto “A los trabajadores españoles”, inspirado por él, es un claro testimonio de sus pensamientos acerca de la rebelión española. Pero Bakunin, como dejó bien claro a lo largo de su vida, no era precisamente un intelectual de salón, ni un revolucionario de gabinete, sino un verdadero hombre de acción. Por lo tanto, no podía conformarse con enviar un saludo a los obreros de España, considerando más acertado pasar a la acción efectiva. Y no encontró otra manera que la de organizar una expedición a España compuesta por hombres de la Alianza.


Pero... ¿Quién iba a componer esa delegación que fuera capaz de propagar en España las ideas libertarias? En principio, Bakunin pensó en Elisée Reclus como el hombre ideal para tan elevada misión, pero éste rechazó llevar a cabo la tarea que Bakunin pretendía encomendarle. Finalmente, el escogido sería el italiano Giuseppe Fanelli, pese a ser un individuo vacilante y hasta tímido en los momentos más decisivos.


Algunos participantes en el Congreso de la AIT en Basilea (1869). De derecha a izquierda: Monchal, Charles Perron, Mikhail Bakunin, Giuseppe Fanelli yValerian Mroczkovsky


Algo después, Fanelli abandonaba Ginebra en dirección a tierras españolas. Hacia mediados de noviembre de aquel 1868, más o menos, nuestro personaje llegaba por tren a Barcelona. No tardó el italiano en contactar con Fernando Garrido y José María Orense, destacadas personalidades del republicanismo español, que eran inmensamente populares entre la clase obrera. Fanelli se unió a la comitiva de ambos políticos, dedicados por aquel entonces a realizar una gira propagandística por Cataluña y Levante. Tras conocer a fondo los asuntos españoles y relacionarse con las multitudes proletarias que escuchaban las promesas de Garrido y Orense, Fanelli se trasladó a Madrid con el firme propósito de fundar el núcleo obrerista que debería instaurar la AIT en España. Según parece, Garrido le proporcionó las señas del tipógrafo Rubau Donadeu.


Fanelli llegó a Madrid el 24 de noviembre, llevando consigo cartas de recomendación dirigidas a Rubau Donadeu y José Guisasola. Este último no era sino el director del periódico “La Igualdad”, quien “le orientó hacia un grupo de obreros de ideas muy avanzadas”. Sea como fuere, el caso es que Fanelli pudo encontrar, gracias a su actividad proselitista, a los hombres capaces de fundar el primer núcleo de la AIT en España. Y así, ante un reducido grupo de jóvenes obreros que frecuentaban el “Fomento de las Artes” madrileño, Fanelli expuso sus teorías libertarias en italiano y francés, ya que no conocía ni una palabra de la lengua castellana. Este pequeño cónclave tuvo lugar en el Círculo Republicano Antón Martín, situado en la calle de la Yedra. Los obreros allí congregados declararon que aceptaban los principios de la AIT, fundando así su sección de Madrid, constituyendo al mismo tiempo tres comisiones organizadoras y decidiendo la redacción de un reglamento orgánico interno. Quedó, pues, instaurada la Internacional en España, inclinándose sus primeros responsables (Anselmo Lorenzo, Tomás González Morago, Rubau Donadeu...) hacia los matices ideológicos de la Alianza de la Democracia Socialista que fundara Bakunin tiempo atrás. 


Terminada su misión, Fanelli regresó a Barcelona, donde entró en contacto con otro núcleo de trabajadores susceptibles de interesarse por los objetivos de la AIT. Surgió así el primer grupo de internacionalistas barceloneses, que celebrarían sus reuniones en el taller del tipógrafo Farga Pellicer.


Fanelli (arriba, centro, con barba), con algunas de las personas con las que se reunió en Madrid y que fundarían la Internacional en España (octubre, 1968)


La importante labor proselitista llevada a cabo por Fanelli en nuestro país, mostrada aquí a grandes rasgos, fue el punto de arranque de la Federación Regional Española de la AIT, que celebraría su primer Congreso en el “Teatro del Circo” de Barcelona (1870). Asistirían a él un total de 90 delegados; entre los cuales había 5 representantes de las Castillas: 3 de Castilla la Nueva (Madrid, Almadén y Villafranca de los Caballeros) y 2 de Castilla la Vieja (Valladolid y Ezcaray). El delegado vallisoletano era el tipógrafo Francisco Cea García, uno de los fundadores de la AIT en Valladolid y miembro de la tendencia más radical que se hizo notar en aquel Congreso.


La ciudad de Valladolid contaba, por aquel entonces, con uno de los núcleos internacionalistas más antiguos de España. Nos consta que, ya en 1869, la AIT ya estaba presente en la capital del Pisuerga. Vamos a examinar, pues, la trayectoria de la Internacional en esta ciudad castellana durante la convulsa época del Sexenio Democrático (1868-1874).


LOS INICIOS DEL ASOCIACIONISMO OBRERO EN VALLADOLID


El asociacionismo obrero dará sus primeros pasos en Valladolid a través de las sociedades de socorros mutuos, que serán alentadas por la misma burguesía local en varias ocasiones. En dichas asociaciones, no era extraño que se prestase especial atención a la instrucción de sus afiliados. Conocemos dos de estas sociedades que, al menos formalmente, combinaban los socorros mutuos y la instrucción, ambas son anteriores a 1868 y tienen  gran importancia en la historia del movimiento obrero de Valladolid. Nos referimos, como no podía ser de otra manera, a la “Sociedad Filantrópica Mercantil de los Dependientes de Comercio de Valladolid” (la “Filantrópica Mercantil”) y la “Filantrópica Artística”. Ésta última, que tenía un gran parecido con el “Fomento de las Artes” de Madrid, se hallaba estrechamente relacionada con el Partido Demócrata, figurando entre su cuadro de colaboradores las más destacadas personalidades del republicanismo vallisoletano: Lucas Guerra, Emilio Vaquero Concellón, Tomás Nieto Imaz, José Muro López...


Valladolid en 1863, mapa de Joaquin Perez Rozas (FUENTE)


Los núcleos obreros más conscientes, situados en torno aún al Partido Demócrata, evolucionarán ideológicamente, dando lugar a otras formas de asociación obrera que acreditan un nivel superior de conciencia de clase: las cooperativas de producción y consumo y las sociedades de resistencia (sindicatos).


HACIA LA FEDERACIÓN LOCAL DE LA AIT


Así, se producen ya en Valladolid las primeras manifestaciones del societarismo, es decir, una forma más compleja de asociación obrera: la cooperativa de producción (y subsidiariamente también de consumo), forma más compleja y superior en tanto que ligada a un proyecto global, aunque utópico, de emancipación social. Como es sabido, esta forma de asociación obrera será difundida en España por los republicanos (como Fernando Garrido, su introductor y principal teórico) y por ello presupone todavía la subordinación ideológica de los trabajadores al republicanismo federal.


Hay que observar, sin embargo, que la formación en Valladolid de tales cooperativas no va a ser propiciada por los republicanos federales, sino por los internacionalistas, al poco tiempo de formar éstos últimos un primer grupo de organización de la AIT en agosto de 1869. Según Francisco Cea (delegado por Valladolid al Congreso Obrero de Barcelona de 1870), habrían sido estos primeros internacionalistas los responsables de la fundación de tales sociedades, después de ver paralizados los trabajos de 1869... Es decir, habrían optado por esa vía alternativa, más aceptable quizás por las autoridades (aunque también por los trabajadores, muy dependientes aún del republicanismo federal) como medio de extender de influencia sobre la clase obrera local, dado que no les era posible hacerlo de forma directa en aquellos momentos.


Congreso Obrero de Barcelona de 1870, en el que el núcleo de Valladolid de la AIT estuvo representado por Francisco Cea, tío materno de Ricardo Mella, que acude también como delegado de las sociedades obreras vallisoletanas.


Estas cooperativas se establecieron en Valladolid a principios de enero de 1870. Eran cinco, en total: de tejedores, sastres, zapateros, tipógrafos y sombrereros fulistas; que contaban con sus propios talleres, donde  sus socios trabajaban los lunes y domingos. Según Francisco Cea, uno de ellos trabajaba continuamente. Debía tratarse del taller perteneciente a la cooperativa de sombrereros, conforme se desprende de una información periodística que anuncia lo siguiente: ciertos oficiales de sombreros piensan abrir, con sus modestos recursos, una fábrica de sombreros en competencia por el buen género, economía y buena elaboración, con las primeras fábricas de Valladolid. Sabemos también el nombre de otra de estas cooperativas (la de tipógrafos, que se llamaba “La Protectora Tipográfica”) y el número total de socios que forman parte de ellas (448 en mayo de 1870; y de ellos, unos 213 pertenecían a la cooperativa de tejedores). Por aquellas fechas, existía también otra cooperativa (aunque no sabemos si se dedicaba a la producción) integrada por obreros en madera, si bien no estaba directamente influida por los miembros de la AIT.


En el momento del Congreso de Barcelona, y según las declaraciones de F. Cea (que asiste al mismo como delegado de dichas sociedades, pero también de la sección local de la AIT, recientemente constituida) estas cooperativas son formalmente independientes de la Internacional. Sin embargo, los internacionalistas vallisoletanos gozaban de enorme predicamento sobre ellas. Y esto se advierte en que, en el dictamen sobre cooperación, Cea vota porque las cajas de las cooperativas sean colectivas en vez de independientes (como hasta entonces eran), a pesar de que, como él mismo reconoce, si le hubieran dado un mandato expreso acerca de la cuestión lo habría hecho en sentido contrario, cosa que justifica expresando su convencimiento de que estas sociedades se someterán en un todo a las deliberaciones del Congreso, y que todos sus socios se afiliarán a la AIT. Así debió ser, y como el Congreso se pronunció negativamente en lo relativo a las cooperativas de producción, en tanto que las consideraba ligadas a una teoría inaceptable para lograr la emancipación social, aquéllas desaparecieron de Valladolid. Al menos, no hay constancia alguna, a partir de estos momentos, de sus actividades. Hemos de pensar que se convertirían en secciones de oficio de la Federación Local de la AIT.


Hubo, sin embargo, otras manifestaciones de cooperativismo en Valladolid; aunque en su versión como cooperativas de consumo, y que se desarrollaron (en algunos casos) al margen o incluso en contra de la AIT... Así, conocemos la existencia de una sociedad cooperativa de empleados y obreros del ferrocarril del Norte, que abre una tienda de comestibles en diciembre de 1870. Y también la de una asociación de tejedores que (a nuestro juicio) es la que abre una cooperativa de consumo. Esta última asociación, enfrentada a la Federación Local de la AIT, recibiría el 21 de julio de 1872 un donativo de 2.000 reales con ocasión de la visita de Amadeo I a Valladolid.


Anuncio de la creación de la sección de Valladolid de la AIT, aparecido en el número 34 (20 de marzo de 1870) de La Federación de Barcelona (FUENTE)


La siguiente fase en la historia del asociacionismo obrero vallisoletano estaría constituida por la resistencia solidaria, encarnada en la aparición de los primeros sindicatos obreros, encaminados a luchar contra el sistema capitalista. Tales sindicatos aparecerán en Valladolid tras el Congreso de Barcelona y, como es fácil de suponer, el tratamiento de este asunto exige hablar de la formación y el desarrollo de la AIT en esta ciudad castellana. Y es que los sindicatos surgidos en Valladolid durante el Sexenio Revolucionario son piezas imprescindibles del esquema organizativo de la AIT en su propósito declarado de resistir al capital.


Anteriormente, hemos señalado como la AIT aparece en Valladolid en fechas tempranas, bajo los auspicios de un pequeño grupo de trabajadores que habría comenzado las tareas organizativas. Es posible que al mismo tiempo que fundan la AIT, organicen también un núcleo de la Alianza bakuninista, y para afirmarlo nos remitimos al marcado carácter antipoliticista que acredita F. Cea en el mencionado Congreso de Barcelona: en el debate que siguió al dictamen sobre la actitud de la Internacional en relación con la política, y que propugnaba la abstención en esta materia de las sociedades obreras (pero dejando libertad a sus miembros para que, individualmente, obrasen como les pareciese), éste aconsejará a los trabajadores “que no sólo abandonen la política dentro de la Internacional, sino que, hasta si quieren (y esto es opinión mía y no del dictamen, pues expreso lo que se me ha encargado como representante o delegado de la Sociedad en Valladolid), debían individualmente abandonarla, para tratar siempre y dedicarse sólo y exclusivamente a la cuestión de su emancipación”.


Es decir, los internacionalistas de Valladolid eran partidarios (a título personal) de abandonar toda relación con la política. Seguramente, este apoliticismo se deba a su desencanto y subsiguiente hostilidad con respecto a los republicanos locales, como acredita otra intervención de Cea, en la cual afirma: “la parte de la Internacional se encuentra un tanto agobiada por la cuestión política. Hay una sección de políticos, nuevos burgueses y aspirantes a comer el pan general del presupuesto, los cuales van a todos los sitios públicos diciendo que se aparten de toda idea social por un momento hasta establecer la república federal; pero sin embargo, donde aparece uno de éstos, siempre hay un internacional que le repele”.


Los Descamisados y El petróleo, dos "periódicos apócrifos, publicados durante 1873, adoptando posiciones internacionalistas extremadas para desacreditar al movimiento obrero", según explica José Alvarez Junco en "La Comuna en España" (1971), p.14. El contenido de estas publicaciones fue utilizado por los Carlistas para defender la vuelta de monarquía, como por ejemplo el siguiente comunicado falso de la Internacional, publicado en El Petróleo y reproducido por el callista Vicente Manterola en su libro "Don Carlos o el petróleo" (Madrid 1871, p.21-22): "200.000 ciudadanos de París y 400.000 de Europa son miembros activos de l Internacional. Os intimamos a que pongáis fin a vuestras diatribas contra la Commune bajo pena de muerte. Los municipales, los guardias de París y sus familias han sido condenados todos a morir antes de un año por el Consejo Supremo de la Asociación, lo mismo que todos los oficiales de los regimientos verdugos. Los capitalistas han sido también condenados. Somos el número, somos la fuerza. La disciplina se organiza. La vieja sociedad debe crecer y perecerá. La Internacional, Señora del Mundo" (Alvarez Junco, op.cit., p.2 nota 2)


Pensamos, además, que la Alianza se funda en Valladolid al mismo tiempo que la AIT por otra razón: como es sabido, cuando Fanelli llega a Madrid en noviembre de 1868, entra en contacto (a través de diversas personalidades republicanas) con un núcleo de obreros procedentes del “Fomento de las Artes”. Dado que esta sociedad había mantenido estrechos contactos con la “Filantrópica Artística” de Valladolid, es presumible que los fundadores de la AIT en Madrid se pusieran en contacto con José Rodríguez Herrero y otros miembros prominentes de esta sociedad vallisoletana para que formasen un núcleo provisional de la Internacional en la ciudad del Pisuerga... Y los vallisoletanos, al igual que los madrileños, fundarían la AIT con los estatutos de la Alianza, a causa del error de Giuseppe Fanelli reseñado por Bakunin en su carta a González Morago.


Ya hemos indicado cómo ese núcleo provisional de la AIT en Valladolid se ve obligado a paralizar sus trabajos organizativos a raíz de los sucesos de 1869, es decir, a causa de la insurrección federal. Imaginamos que la razón de esta interrupción se debería a las medidas adoptadas por el Gobierno para suspender las garantías constitucionales, lo que llevó consigo la supresión de los clubs y asociaciones políticas. En esta coyuntura, los primeros internacionalistas vallisoletanos optaron (como vía alternativa para extender su influjo) por fundar cooperativas de producción, como ya hemos visto. El paso siguiente sería, contando ya con unas condiciones más favorables, la constitución formal de la sección de la AIT de Valladolid el día 4 de marzo de 1870, teniendo como presidente y secretario a los ya conocidos José Rodríguez Herrero y Francisco Cea, tipógrafos de oficio. De esta forma, la sección vallisoletana de la AIT se convierte (según “La Solidaridad”) “en una de las primeras secciones formadas en España”. Seguramente, este proceso constitutivo se llevó a cabo en los locales de la “Filantrópica Artística”; y es que, poco tiempo después, sabremos de la celebración en la sede de dicha sociedad de una votación para elegir el comité de la AIT.


Unos meses después del Congreso de Barcelona, la sección vallisoletana comienza a dar pruebas de su existencia. Sección que, de acuerdo con lo establecido en el Congreso, habría iniciado ya su proceso de transformación en Federación Local (por ello tendríamos que calificarla como Federación provisional) y contaba ya con sus correspondientes secciones de oficio (esto es, de sindicatos) en varias ramas de la producción.


Dos enemigos de la Internacional: A la izquierda, Francisco Miguel Perillán, fundador de El Norte de Castilla, periódico que se destacó en sus ataques contra el movimiento obrero durante la Primera República. A la derecha, Eloy Perillán y Buxó, sobrino del fundador de El Norte de Castilla. Eloy Perillán, a quien aún hoy día se califica de anarquista en Wikipedia, era de una familia afiliada al Partido Progresista de Prim, y estaba cercano al republicanismo federal, que la sección local de la AIT combatía de manera decidida. Perillán fue el responsable de desacreditar a la Internacional y las ideas anarquistas creando entre marzo y septiembre de 1873 varios periódicos apócrifos, como El Petróleo, Los Descamisados, El Degüello o Los Desesperados. Según Gerald Brenan, "el miedo (a la Internacional) era provocado artificialmente por... dos periódicos pseudoanarquistas, El Petróleo y Los Descamisados, en cuyas columnas aparecían terribles invocaciones al pueblo para que se sublevase, asesinara a los burgueses y quemara sus propiedades. J. J. Morato copia algunos divertidos ejemplos de la literatura de estos dos periódicos. Bajo el título, en la primera página de Los Descamisados, se leía: «¡900 000 cabezas! ¡Desgarremos la bóveda de los cielos como si fuera de papel! ¡La propiedad es un robo! ¡Completa y absoluta igualdad social! ¡Amor libre!», y en el primer número aparece un artículo titulado «Nuestro programa», que comienza así: «Nosotros los desheredados, los parias, los ilotas, la plebe, los harapientos, la escoria, la inmundicia de la sociedad; nosotros que no tene- mos sentimientos, ni educación, ni vergüenza, declaramos que hemos llegado al mismo fondo de la miseria y que la hora de nuestro triunfo va a sonar... ¡Guerra a los ricos! ¡Guerra a los poderosos! ¡Guerra a la sociedad!... La anarquía es nuestra única fórmula. Todo para todos, desde el poder a las mujeres... Pero primero ha de llegar un terrible, un extraordinario baño de sangre» Resulta fácil imaginar el uso que se hacía de tales publicaciones. Ya un año antes, Cándido Nocedal, dirigente de los carlistas en las Cortes, decía que el país tenía que escoger entre don Carlos y el petróleo, mientras el liberal ministro de Gobernación, Sagasta, firmemente convencido de que la Internacional en España estaba mantenida por el oro extranjero y por tres- cientos propagandistas también extranjeros, la denunciaba como una «utopía filosófica del crimen»" El Laberinto Español (página 251, nota 1). Considerar estas publicaciones como anarquistas es incomprensible, ya que basta un vistazo para darse cuenta del desprecio de su autor hacia la clase trabajadora. Según Wikipedia, el tercer número de Los Descamisados, por ejemplo, estaba subtitulado "Órgano de la canalla", e incluía artículos con párrafos como los siguientes: "Nosotros, la canalla intransigente y demagoga; nosotros, los incendiarios del lujo y asesions de los tiranos; nosotros, los perturbadores constantes del sosiego público; nosotros, los asquerosos descamisados...". Los apoyos de Eloy Perillán indican además que intereses servía: cuando se trasladó a Montevideo (Uruguay), a comienzos de 1974, consiguió trabajo en el periódico El Siglo gracias a una carta de recomendación del líder republicano Emilio Castelar, presidente de la Primera República (1873-1874) que aplastó con mano de hierro a los enemigos del estado.


Acabamos de decir que empieza a dar pruebas de su existencia: en efecto, el 30 de marzo de 1870 celebra un mitin propagandístico al que acuden entre 300 y 400 obreros de las artes mecánicas e industriales, y que reviste un tono muy virulento, a juzgar por la reseña que del mismo hace “El Norte de Castilla”. En efecto, según este diario, uno de los oradores pronunció un discurso de corte socialista que podría refundirse en estas cuatro palabras: “¡Guerra a los ricos!”. En este discurso se ataca a todos aquellos fabricantes que pagan unos salarios muy bajos a sus obreros, con lo que se embolsan directamente un dinero salido del trabajo de aquellos. Tal vez esta alusión tenga que ver con una reciente huelga de tejedores de una de las fábricas de Valladolid, y que fue organizada por la sección de oficio correspondiente.


Y es que esas secciones de oficio también empiezan a salir a la luz, dan pruebas de sus esfuerzos por poner en práctica el principio de resistencia solidaria: el sindicato de tejedores antes aludido, insta a los compañeros de otras provincias a organizarse y, más concretamente, pide a los de Madrid que no venga ninguno de allí a romper la huelga...O el sindicato de sombrereros fulistas, que envía a su compañeros de oficio de Madrid una cantidad para el sostenimiento de la huelga que están llevando a cabo.


Entre estas actividades iniciales de la sección vallisoletana de la AIT cabe referirse a la organización (en el mes de diciembre de 1870) de una función benéfica en un teatro local para recaudar fondos destinados a socorrer a los obreros de Barcelona atacados por la fiebre amarilla. O la celebración, a finales de ese mismo mes, de bailes en su propio local a beneficio de sus socios pobres.


Aunque no tenemos constancia de ello, parece claro que la Federación provisional de Valladolid prosiguió con  bastante afán sus trabajos organizativos y de propaganda en 1871, como sugiere la atención creciente que la prensa local empieza a mostrar a la AIT. Prueba de ello es que, hasta “El Norte de Castilla” reproduce el manifiesto del Consejo Federal de la Región Española, de 7 de marzo de 1871. Sabemos, eso sí, que la Federación vallisoletana publica un periódico quincenal llamado “La Voz del Trabajador” (según referencias indirectas de “La Crónica Mercantil”, obtenidas del nº 105 de “La Federación”) y tenemos noticias también la de la posible publicación de un periódico satírico, “El Petróleo”, supuesto portavoz de los partidarios de la Commune (aunque tal vez sin dependencia orgánica de la AIT).


Anuncio en La Federación (número 105, Barcelona, 20 de agosto de 1871) de La Voz del Trabajador, órgano del que no ha sobrevivido ningún ejemplar para la posteridad (FUENTE). Según Josep Termes Ardevol (Anarquismo y sindicalismo en España. La primera Internacional (1864-1881), p.313), La Voz del Trabajador eran  “periódico quincenal, órgano de la Federación Local".


MALCAMPO Y SAGASTA CONTRA LA INTERNACIONAL


Y hablando de la Commune, es más que probable que el clima de histerismo suscitado por la misma fuese el causante de las detenciones llevadas a cabo entre miembros de la Federación provisional de Valladolid a finales de mayo de 1871, al haber éstos firmado un manifiesto internacionalista que suscitó un gran malestar incluso entre los sectores políticos más progresistas de la ciudad. Manifiesto bastante duro, y que atacaba los fundamentos principales de la sociedad. Tales detenciones se enmarcan en la campaña represiva que desata Sagasta contra la AIT en los meses de abril, mayo y junio del citado año y que, en lo referente a Valladolid, persiste durante el verano, incluso con posterioridad a la llegada al poder de Ruiz Zorrilla. Pese a que en términos generales se atribuye a este último político una actitud más benévola hacia la AIT, no parece que esa benevolencia se hiciese notar en Valladolid. Y es que, en agosto de 1871, continúan presos los firmantes del manifiesto de mayo; y el gobernador civil de turno se empecina en afirmar que la AIT es una organización ilegal.


De creer a “La Crónica Mercantil”, en el verano de este mismo año se asiste al intento de formar en Valladolid una asociación de trabajadores contrapuesta a la AIT. Son sus promotores un grupo de artesanos del sector textil (tejedores, al parecer) que se encuentran en paro y que, desengañados de las propuestas emancipadoras de la Internacional, pretenden simplemente asegurarse un trabajo. En concreto, dicen de sí mismo que “separándose de los fines que se proponen determinadas sociedades, buscan en la ocupación el medio de procurarse su subsistencia y la de sus familiares...”. Y para ello, en vez de la vía de la confrontación, elegirán la de las peticiones a las autoridades, a los diputados, e incluso tratarán de entrevistarse con el Ministro de la Guerra a su paso por Valladolid, reclamando siempre lo mismo: la desaparición del taller de tejidos del presidio que, según ellos, les hace la vida imposible. Esta misma reclamación, y los términos mismos en que José Muro (diputado republicano federal por Valladolid) se hace eco en las Cortes de tan petición, parecen indicar que nos hallamos ante una asociación formada por pequeños artesanos independientes (y no por asalariados). Es posible que entre ellos se cuenten los tejedores que en enero de 1870 formaron una cooperativa de producción a instancias de los primeros internacionalistas de Valladolid; y lo decimos porque ciertas informaciones posteriores indican que la Federación Local de la AIT había perdido influencia sobre este colectivo de trabajadores. En cualquier caso, esta asociación cuenta con el beneplácito de las autoridades y la burguesía local, e instituye más adelante (como ya señalamos) una cooperativa de consumo.


ARRIBA: Felipe Ducazcal es un ejemplo perfecto de cómo los sectores políticos progresistas, combatidos por la AIT en Valladolid, pasaron rápidamente a aplicar el autoritarismo más brutal. Ducazcal, responsable de imprimir clandestinamente las proclamas de la Junta Revolucionaria de Madrid de 1868, fue amigo y decidido partidario de Juan Prim, secretario del gobierno civil de Madrid y organizador de la "Partida de la porra", una organización represiva compuesta en Madrid por unas treinta personas al servicio del Partido Progresista que se encargaba de dar palizas a periodistas carlistas y moderados, disolvía reuniones de esas tendencias y asaltaba las redacciones de los periódicos conservadores. La Partida de la porra atacó también actos de la AIT (provocó una veintena de heridos al atacar el 2 de mayo de 1871 un banquete de solidaridad franco-española organizado por la sección de la Internacional de Madrid como reacción a la represión de la Commune de París), y Ducazcal se convirtió en un partidario de la Restauración de la monarquía, en la persona de Alfonso XII. ABAJO: La "Partida de la porra", inspirada en la ronda de Tarrés, un grupo de vigilancia parapolicial de Barcelona creado el año 1848 para reprimir a los políticos demócratas durante la fracasada revolución de 1848 y después, famoso por la arbitrariedad y la brutalidad o terrorismo de estado que ejerció.



En el mes de octubre de 1871, el Gobierno concedió una amnistía general que hubo de afectar a los internacionalistas detenidos de Valladolid y, poco después, la Federación Local daría un paso importantísimo de cara a su consolidación: nos referimos a su constitución definitiva. No sabemos la fecha exacta, pero sí que se anota en las actas del Consejo Federal el día 3 de diciembre de 1871.


Según Maz Nettlau, contaba por aquel entonces con 9 secciones de oficio (8, según carta de Valladolid publicada en “La Emancipación” el 9 de marzo de 1872). Este paso adelante se llevó a cabo, sin embargo, en un momento poco propicio, justo cuando las Cortes se hallaban enfrascadas en una discusión acerca de la ilegitimidad jurídica de la Internacional, lo que tal vez explique los contradictorios rumores recogidos por la prensa sobre sobre si la organización vallisoletana de la AIT iba o no a disolverse.


No obstante, lo que es evidente es que con Malcampo (y sobre todo con Sagasta), se abre un período de especial dureza en la trayectoria de la Internacional, especialmente en la época comprendida entre diciembre de 1871 y abril de 1872 (hay que recordar, sobre todo, la circular enviada a los gobernadores civiles fechada el 17 de enero de 1872, autorizándoles a disolver los sindicatos y secciones de la AIT). En tan adversas circunstancias, la Federación Local debió ocultar sus actividades e incluso aparentar su desaparición. A este respecto, es significativa la alusión que efectúa un periódico de Valladolid en junio de 1872, cuando ya soplan mejores vientos, afirmando que “La AIT reanuda su interrumpida marcha en esta capital”.


Pese a la afirmación anterior, la Federación Local no había interrumpido sus actividades, las había proseguido incluso con entusiasmo, tal y como atestiguan las cartas remitidas desde Valladolid a “La Emancipación” en marzo de 1872. Según se atestigua en una de ellas, los internacionalistas vallisoletanos llegaron a organizar hasta un acto conmemorativo de la Commune (eso sí, celebrado de forma clandestina); y, sobre todo, se llevó a cabo una actividad huelguística a la que nos referiremos más adelante.


Reparto de la población en España a finales del siglo XIX


Tras su retorno a la luz pública, la Federación Local conocerá (en la segunda mitad de 1872) su época de mayor actividad, tanto en materia de propaganda como en el aspecto huelguístico y organizativo. En  efecto, es en este período, que cabe prolongar hasta los primeros meses de 1873, cuando el núcleo vallisoletano conoce su momento más brillante, lo que se verá confirmado cuando en el Congreso internacionalista de Córdoba, celebrado en diciembre de 1872, Valladolid resulte elegida como sede del siguiente Congreso de la AIT en España (que no llegaría a celebrarse, debido a las circunstancias políticas).


En lo que a propaganda se refiere, la Federación Local llevará a cabo varias asambleas, así como dos manifestaciones públicas (una de ellas el 29 de septiembre y la otra el 23 de octubre, siendo protagonizada esta última por los miembros de la sección de curtidores). Participará, además, en una manifestación que organizan los republicanos federales el día 31 de diciembre, en apoyo de las reformas en Ultramar. También se ocupará, durante estos meses, de difundir profusamente los reglamentos de la AIT, así lo prueban los frecuentes pedidos que de los mismos hace al Consejo Regional.


Estructura económica de España en la segunda mitad del siglo XIX


Actividades propagandísticas en las que detectamos una cierta radicalización de los internacionalistas vallisoletanos. Esto se hace notar, por ejemplo, en uno de los discursos pronunciados en el mitin con que finaliza la manifestación del 29 de septiembre, cuando uno de los oradores califica de “miserables” a todos aquellos que cuenten con algún capital, y otro anima a sus compañeros a unirse para constituir una fuerza que concluya con todos los que “no gasten blusa, tengan callosas las manos y duerman en malas camas”.


Este clima de radicalización se relaciona con el grave enfrentamiento que mantienen los obreros de las fábricas de curtidos con sus patronos, como consecuencia de los despidos de obreros pertenecientes a la AIT que éstos últimos han efectuado. Este conflicto se convertirá en la huelga más dura y larga que los obreros vallisoletanos llevaron a cabo durante el Sexenio Democrático. Señalemos, simplemente, que este enfrentamiento parece expresar la máxima tensión entre la burguesía y la clase obrera de Valladolid en aquella época. Se trata de una prueba de fuerza, y como tal será vivida por ambas partes, de forma plenamente consciente.


Es decir, esta radicalización se relaciona con un clima enrarecido en lo que atañe a las relaciones laborales, y que ha venido preparándose con la creciente actividad huelguística que tiene lugar durante el año de 1872 y con la extensión del espíritu asociativo y reivindicativo entre amplias capas de la población laboral vallisoletana.


Sello del Consejo Federal de la sección española de la AIT


Esa mayor actividad de la Federación Local de la AIT va a dar sus frutos. Así, va a aumentar el número de sus secciones de oficio, de sus sindicatos. En efecto, éstos ascienden ya a 10 durante el verano; y algo más tarde (seguramente debido a la relación con la huelga que mantienen los curtidores) se formarán 3 nuevas secciones que, sumadas a las 10 anteriormente citadas, hacen las 13 que estarán representadas en el Congreso de Córdoba. Como es lógico, también creció el número de afiliados a la AIT (como testimonia un periódico local en el mes de octubre), número de afiliados que era de 550 al celebrarse el Congreso de Córdoba, lo que convertía a la Federación vallisoletana de la AIT en la más importante fuera de las zonas donde los internacionalistas se hallaban mejor implantados (Andalucía, Levante y Cataluña). Desde luego, era incluso más importante que la de Madrid, compuesta sólo por 380 afiliados...


Parece que se trataba, además, de una Federación Local especialmente cohesionada, unida, de tono marcadamente aliancista y a la que, por tanto, no han llegado las disensiones entre los partidarios del Consejo General y los de la Alianza. Desde luego, no hay referencia alguna a las actividades de los primeros en Valladolid. Esa cohesión, más el deseo de impulsar a la AIT en Castilla la Vieja, parece que fueron las razones que llevaron a elegir a Valladolid como sede del futuro Congreso internacionalista de España, que debería celebrarse en mayo de 1874, si bien no se llevó a cabo por razones obvias. Y es que la Federación vallisoletana estaba en la línea antipoliticista marcada por el Consejo (luego Comisión) Federal. Prueba de ello es que su delegado en el Congreso de Córdoba, Marcelino Yarza, es elegido para formar parte de la comisión que, durante el transcurso del mismo, elabora un dictamen sobre la cuestión de la Alianza, y que resulta sumamente elogioso y favorecedor de este última.


LA FEDERACIÓN LOCAL DURANTE LA PRIMERA REPÚBLICA (1873-1874)


En lo que respecta a las actividades de la Federación Local durante la I República, las mismas parecen decaer. Da la impresión de que la organización pierde influencia sobre los trabajadores vallisoletanos, como lo prueba el radical descenso del número de sus afiliados: en junio de 1873 sólo cuenta con 247, algo menos de la mitad que en el mes de noviembre de 1872. Además, la actividad huelguística prácticamente desaparece, y son escasos los actos públicos y reuniones que se llevan a cabo. Como también son escasas, lo que nos parece significativo, las referencias de la prensa local. Es más, cuando tales referencias aparecen, es para indicar, directa o indirectamente, la atonía y el carácter inofensivo de la Federación vallisoletana. En el mes de junio, por ejemplo, “El Norte de Castilla” afirmará que Valladolid es una de las ciudades más tranquilas de España, entre otras cosas porque en ella no tienen eco los excesos de la AIT. Más tarde, en agosto, “La Crónica Mercantil” se referirá explícitamente a la poca peligrosidad de la Internacional en Valladolid, por el desinterés con el que se miran sus actividades, patente en la escasa afluencia a sus reuniones. Parece como si la “prensa burguesa” pasara del temor al menosprecio...



Ese alejamiento de los trabajadores respecto a la AIT, ese decaimiento en las actividades de la Federación Local, pudo deberse a varias razones. En primer lugar, a la persistencia del Consejo local en la línea antipolítica tras el establecimiento del régimen republicano. Lo que se pone claramente de manifiesto en el mitin celebrado el 2 de marzo de 1873, en el que se descalifica todo tipo de autoridad e implícitamente toda participación en la política, y como alternativa se exhorta a los trabajadores a asociarse para luchar con éxito contra el capital. Es evidente que esa descalificación de la actividad política y de cualquier forma de gobierno va dirigida contra la militancia federalista y la República. Es decir, ese antipoliticismo es fundamentalmente en estos momentos un antirrepublicanismo y, en consecuencia, las relaciones de los internacionalistas con los republicanos federales van a ser especialmente malas, adquiriendo un marcado tono de crispación.


Relaciones que, por otra parte, nunca habían sido buenas. Entre otras razones porque, en nuestra opinión, los dirigentes del Partido Republicano Federal venían intentando (desde hacía cierto tiempo) contrarrestar la influencia de la AIT sobre los trabajadores. A base de montar, por ejemplo, una completa campaña sobre la cuestión social desde una óptica reformista, que se va a llevar a cabo en aquellos lugares que pueden tener una mayor credibilidad entre la clase obrera, como la “Filantrópica Artística” o determinados clubs republicanos. Esta campaña se va a llevar a cabo, precisamente, en los primeros meses de 1872, cuando arrecia la persecución de Sagasta contra la AIT y cuando, por tanto, esta organización no puede replicar. Las conferencias de campaña que nos ocupa serán pronunciadas por el Gobernador Civil (Oller y Cánovas), así como por destacados dirigentes del republicanismo vallisoletano como Manuel Pérez Terán o Lucas Guerra. Sospechamos, además, que la dirección del Partido Republicano Federal apoyó ese intento de crear una asociación obrera contrapuesta a la AIT... Véase, si no, la celeridad con que José Muro (diputado republicano federal por Valladolid) tramitó en las Cortes en julio de 1871 la queja de los integrantes de esa presunta asociación obrera sobre los perjuicios que les infería el Taller del Presidio.


Revueltas cantonales (LLAMAS) y actividades carlistas (ROJO) durante la Primera República


El problema, sin embargo, es que ese antirrepublicanismo obró efectos contrarios a los deseados por los internacionalistas desde el momento en que los trabajadores vallisoletanos mostraron su entusiasta apoyo al régimen republicano, tal y como se advierte en el abandono generalizado de talleres, fábricas y obras que efectuaron el mismo 12 de febrero de 1873, con objeto de sumarse a la alegría causada por el cambio política. Y si bien es cierto que había serias diferencias entre la base obrera del Partido Republicano Federal y sus dirigentes benévolos, no lo es menos que con el advenimiento de la República se produjo un reagrupamiento de las clases populares en torno a la misma, confiando sin duda en que muchas de sus aspiraciones iban a ser losatisfechas. La tenaz resistencia que, en la ciudad del Pisuerga, opondrá la Milicia Nacional al pronunciamiento de Pavía (el 4 de enero de 1874) es bien expresiva de la fe que los trabajadores vallisoletanos tenían en la República.


Otra razón del decaimiento de la AIT en Valladolid, en fin, sería la represión ejercida por las autoridades republicanas, bastante intensa al parecer, hasta el punto de que el Consejo local manifestará al Federal en el mes de agosto de 1873: “esta federación, durante los ominosos tiempos de Sagasta, no ha sido tan perseguida como lo es hoy por los cafres que se llaman republicanos bené volos (sic).” Desconocemos que modalidades adoptó tal persecución, pero sin duda hay que ponerla en relación con el frustrado intento de provocar una insurrección cantonal en Valladolid, en el que tal vez participase la AIT, en connivencia con los intransigentes; o bien que, en todo caso, la Federación Local quisiera aprovechar la proclamación del cantón en la ciudad para poner en marcha la revolución social. De creer a González Morago en la carta que envía el día 6 de julio a la sección belga de la AIT, la Federación de Valladolid y sus homólogas de la Comarca del Centro estarían preparadas para desencadenar la revolución, hallándose sus miembros armados y a la espera de las consignas del comité federal madrileño para pasar a la acción.


La Primera República fue para la clase trabajadora una época de represión por parte de la burguesía progresista, confirmando las críticas de los anarquistas a la participación en el aparato político burgués. Pi y Margall, líder republicano federal cuyas ideas influenciaron poderosamente la ideología del anarquismo español, no fue una excepción.  Según cuenta Manuel Ballbé en su muy recomendable "Orden público y militarismo en la España constitucional (1812-1983)", tras ser nombrado en 1873 Ministro de Gobernación y luego presidente de la Primera República española, "Pi y Margall mostró un absoluto respaldo al cuerpo de la Guardia Civil, y a la vez recurrió a dicho cuerpo para impedir manifestaciones antigubernamentales... ante levantamientos armados de los carlistas, Pi y Margall pidió a las Cortes "poderes extraordinarios" que le fueron concedidos por la Ley de 2 de julio de 1873" (p. 218-9); dicha ley, denunciaron sus críticos, implicaba "la concesión de facultades extraordinarias en abstracto, en absoluto; una especie de dictadura ilimitada" (p. 219, nota 54), medidas excepcionales que "fueron utilizadas inmediatamente en la capita y no ya para los carlistas. El gobernador de Madrid dictó acto seguido un bando anunciando medidas como el toque de queda y la posibilidad de entrada en los domicilios", bando que instauraba el uso del confinamiento de toda la población en su primer artículo: "Desde el momento en que se altere el orden público todos los vecinos que no pertenezcan a los voluntarios de la República se retirarán inmediatamente a sus casas, dejando libres las calles, teniendo entendido que de no hacerlo así serán considerados como perturbadores y tratados como tales" (p.219, nota 55). La clase trabajadora repetirá a manos de los socialistas la desgraciada experiencia de la Primera República durante la Segunda República, la "República de Casas Viejas".


Participaran o no los internacionalistas en este intento insurreccional, nos parece indicativo de su pérdida de influencia entre la clase obrera el que el mismo fuese paralizado exclusivamente por los Voluntarios de la República: por los trabajadores, en suma. Supuesta esa participación de la AIT, no debe extrañarnos la animosidad y las medidas represivas de las autoridades republicanas, quejándose de ellas los internacionalistas.


Tras el golpe del general Pavía, sabemos de la existencia normal de la Federación Local de Valladolid en los primeros meses de 1874. No parece que sus dificultades fueran especialmente graves desde el momento en que, en varias ocasiones, remite a la Comisión Federal dinero para los presos y emigrados de otras Federaciones. Y esto nos confirmaría, por otra parte, la poca peligrosidad de la Federación vallisoletana, como ya hemos sugerido. La noticias que proporcionan Max Nettlau y Josep Termes indican que la AIT se mantiene en Valladolid durante el periodo represivo siguiente, consiguiendo sobrevivir hasta la llegada de los liberales al poder, en febrero de 1881...


FUENTES:


Abel Paz - Los internacionales en la Región española (1992)

José Peirats - La CNT en la revolución española (1971)

Rafael Serrano García - El Sexenio Revolucionario en Valladolid. Cuestiones Sociales (1868-1874) (1986)


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